
En los últimos años, se ha hecho muy común entre los pastores protestantes, el “Evangelio de la prosperidad”, claro, no todos los pastores protestantes lo predican, sino un grupo que ha visto en el evangelio, una forma de vida en la opulencia, en el glamour, en la abundancia. Según ellos, esta es la manera en pedir la bendición de Dios.
Cash Luna, el pastor guatemalteco de la iglesia “Casa de Dios”, predica que “a la iglesia hay que ir con dos cosas, Biblia y chequera, Biblia para entender lo que Dios nos dice y chequera para que le adores”. https://www.youtube.com/watch?v=tkh1FINQD80 Al parecer, Dios necesita de dinero metálico o papel moneda para ser adorado, según estos pastores protestantes, desgraciadamente mucha gente cae en su trampa y allá van a dejar lo poco que ganan, lo poco que tiene, porque según esa “teología” el Señor te dará el doble de lo que des, es decir, que lo consideras como una “inversión” de la cual obtendrás el 100%, esa es la fe de nuestra gente, la que es socavada por charlatanes.

Algunos pastores o pastoras, dicen que los billetes hablan, otros que debes adorar a Dios con billetes de a 100 dólares o con joyas, otros dicen que vendas tu vehículo para ofrendar, otros incluso, te dicen que a punta de chequera, te “meten al cielo” y otros hasta te dan un “diploma” para entrar al cielo, pero ese diploma lo debes obtener pagando con tu tarjeta de crédito cierta cantidad y como ya tienes el diploma, seguro San Pedro, te deja entrar. Increíble.
Los cristianos debemos estar atentos a estas falacias, a estas mentiras de los charlatanes que solo buscan su propio beneficio. Algunas personas dicen que dan sus recursos porque “tienen un testimonio”, es decir, que vivieron una experiencia hermosa, según ellos y por eso creen en esa iglesia.
El cristianismo no se trata de “sentir bonito”, sino de creer y aceptar el evangelio. Por eso las sectas se aprovechan de la gente porque les venden una noche de sentimentalismo barato y así caen en la trampa miles de personas. De esto ya nos había advertido el Maestro.
Lc 9, 33
Pedro dijo a Jesús: «¡Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». El no sabía lo que decía.
Jesús los baja a la realidad y les dice que deben trabajar, que no se trata de quedarse ahí. El evangelio no se trata de “sentir bonito”, qué trampa más agradable que el demonio ha puesto en nuestros hermanos y lo peor, es que se sienten a gusto. Los católicos debemos trabajar para al menos intentar sacarlos de esa trampa. No se trata de pelear, ni de criticarles, sino de cumplir la palabra de Dios.
Lv 19, 17
«No odies en tu corazón a tu hermano, PERO CORRIGE A TU PRÓJIMO, PARA QUE NO TE CARGUES CON PECADO por su causa»
Lc 17, 3
Cuidaos. SI TU HERMANO PECARE CONTRA TI, REPRÉNDELE; y si se arrepintiere, perdónale«
2 Tim 3, 16
Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia
Hay que reprender a nuestros hermanos, hay que predicarles que ese tal evangelio es falso, no es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, así NO es como el Señor nos bendice.

Pero veamos, ¿Cómo era el evangelio de los primero cristianos? Aquí reconoceremos la verdadera doctrina
Hch 21, 10 – 14
“Un Profeta de nombre Agabo, vino a vernos, tomó el cinturón de Pablo, se amarró pies y manos y dijo : “Esto dice el Espíritu Santo, así amarrarán los judíos al dueño de este cinturón y lo entregarán en manos de extranjeros. Al oir esto, nosotros y los de este lugar rogamos a Pablo que no subiera a Jersusalen. Entonces Pablo contestó ¿Por qué me destrozan el corazón con sus lágrimas? Yo estoy dispuesto por el nombre del Señor Jesús, no solo a ser encadenado, sino a morir en Jerusalen, como no lo convencieron dejaron de insistir y dijeron “hágase la voluntad del Señor”
2 Co 11, 23 – 27
Con frecuencia estuve al borde de la muerte, cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche en medio del mar. En mis innumerables viajes, pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los extranjeros, peligros en la ciudad, peligros en lugares despoblados, peligros en el mar, peligros de parte de los falsos hermanos, cansancio y hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y desnudez.
Observamos que no es así como la Iglesia primitiva alaba a su Dios y como se siente bendecida por el Señor Jesucristo. Si vamos a los archivos históricos de los primeros cristianos, esos que fueron la primera generación después de los apóstoles, a quienes la Iglesia, la única que tiene dos mil años de existencia, nuestra Iglesia Católica llama “LOS PADRES APOSTÓLICOS”, encontraremos otra manera de pedir la “Bendición del Señor”.

La Iglesia de los padres apostólicos nos enseña otra cosa, totalmente diferente a la que hoy se predica, bueno, al menos la que los pastores protestantes predican y nuestros hermanos protestantes creen, no se trata de “siempre pedir”, sino de “siempre servir”. San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Ireneo de Lyon, Santo Tomás Moro. La Iglesia de los santos Padres vive tratando de DAR al Señor, no de pedir.
Estos hombres y mujeres que hoy veneramos con orgullo y con amor, cuyo amor por ellos es criticado, atacado y deformado por el odio anticatólico, por esos pastores protestantes que no tienen idea de lo que es un santo, nos enseñan lo que significa ser “bendecido” por Dios. Son seguidores de Cristo dispuestos a “Servir”. Miren su entrega a Cristo en sus siguientes expresiones, antes de entregar su vida en el martirio.
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“Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires Has cumplido tu promesa. Dios de la fidelidad y de la verdad, por esta gracia y por todo esto te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo sacerdote, Jesucristo tu Hijo amado, por El que está contigo y con el Espíritu te sea dada la gloria ahora y en los siglos venideros. Amén”
San Policarpo de Esmirna (a punto de ser martirizado)
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“Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios”
“Dejadme ser triturado por los dientes de los leones, por ellos me será dada la presencia de Cristo”
“No me servirá de nada, los atractivos del mundo, ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mí, morir para unirme a Cristo Jesús, que reinar hasta los confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros. A El quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca”
San Ignacio de Antioquía (A punto de ser devorado por los leones)

«Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor» (carta).
Santo Tomás Moro, antes de su martirio, consolando a su hija
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Esta era la manera en que los Padres Apostólicos entendían la “bendición” del Señor. SERVIR, ENTREGARSE, DARSE, OFRECERSE a los demás, SERVIR de alimento de los leones, para dar testimonio del Evangelio, SERVIR era la manera de ser “bendecido”. No es que Dios te dé, lo que deseas, sino SERVIR.
SERVIR, NO RECIBIR NI PEDIR. Esto lo comprendió perfectamente San Francisco de Asís, cuando mil años después de estos primeros cristianos, retoma la bandera de la fe y recita al Amor de los amores, con esa hermosa oración
Hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, lleve yo amor. Donde haya injuria, siembre yo perdón. Donde haya duda, siembre yo fe. Que no busque ser amado, sino amar. Que no busque ser comprendido, sino comprender. Que no busque ser entendido sino entender. Porque dando, es como recibimos. Perdonando es que Tu nos perdonas. Y muriendo en Ti, es que volvemos a nacer.
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Qué lejos están nuestros hermanos protestantes de la verdadera fe. Qué lejos estamos nosotros, los que poseemos la bendita verdad, cuando solo “pedimos, pedimos, pedimos y pedimos”.
No pidamos al Señor, porque Él sabe perfectamente nuestras necesidades y si pedimos, pidamos por los demás, no por nosotros.
El cristianismo, o mejor dicho, la predicación de la fe cristiana, de nuestro tiempo se ha deformado con el pasar de los años, de los siglos. Las Iglesias protestantes predican con insistencia este FALSO “Evangelio de la prosperidad”, el cual te insiste a tiempo y distiempo que, si te va bien, si prosperas, si lo tienes todo, si nada te falta, entonces estás en la Iglesia correcta y entonces, solo entonces, el Señor “te bendice” y claro, no olvidar dar el diezmo y la ofrenda respectiva.
Y muy probablemente, nosotros los católicos nos hemos dejado llevar en ese vaivén de teologías deformadas, falsas y tergiversadas a conveniencia, por mercaderes de la fe. Han insistido tanto en esto, que ellos mismos, los pastores protestantes se están dando cuenta de ello.
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Nuestro cristianismo, hermanos, es algo más que “Ser bendecido”.
Las Iglesia protestantes se esfuerzan por decirnos que en “la bendición” está la prueba de que Dios está con nosotros. Y ¿Qué hay de las situaciones difíciles? Y ¿qué hay de los malos momentos? Y ¿Qué hay de cuando sufres o estás a punto de demostrar tu fe en Cristo? Y ¿Qué hay de cuando eres perseguido por la causa de Cristo? Y ¿Qué hay de cuando aparentemente es el que rechaza a Cristo el que parece que ha vencido sobre el que ama a Cristo?
Todos queremos ser bendecidos, todos queremos recibir, todos quieren que Dios haga algo por ellos, “Bendíceme Señor”, “Bendíceme Señor”, “Luce sobre mi Señor”, “Llueve sobre mi Señor”, “Sáname Señor”, “Dame fuerza Señor”, “Dame la casa sobre el cerro”, “Dame un auto”, “Dame un buen trabajo, Oh Señor de mi vida”, “Dame una buena esposa”, “Dame un buen marido”, “Dame tranquilidad”, “Dame paz, Príncipe de la paz”, “Dame abundancia”, “Dame alegría, Dios mío”, “Dame lo necesario para vivir”, «Dame sabiduría», «Dame tus dones», “Dame…”, “Dame…”, “Dame…”, “Dame…”, “Dame…” esto lo identificó claramente el ex pastor pentecostal Alex Jones, que se convirtió al catolicismo y en otra oportunidad hablaremos de él.
Por eso la Iglesia católica guarda ese depósito de la fe con mucho celo y lo mantiene íntegro y así ha sido transmitido de generación en generación, al dar un salto descomunal desde el siglo I hasta el siglo XX, pasando por miles de mártires, siguen existiendo los mártires que SIRVEN a Cristo. Y muy orgullosamente, veamos lo que un mártir contemporáneo nuestro decía. SAN ROMERO DE AMÉRICA
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“Si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad… Me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible… mi disposición debe ser la de dar mi vida por Dios cualquiera sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y si es necesario lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero, más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para él… acepto con fe en él (Cristo), mi muerte, por más difícil que sea. Me basta, para estar feliz y confiado, saber con seguridad que en él está mi vida y mi muerte…
Febrero de 1980, cuaderno de ejercicios espirituales
“Hermanos cristianos, el que piense que el cristianismo es una clave para no sufrir, está equivocado” 16 abril 1978
“Servir es sacrificarse” 02 abril 1978
Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Y así, se demuestra otra vez, la falsedad de las sectas protestantes que solo han venido a deformar el verdadero evangelio de Cristo, y sus adeptos lamentablemente han quedado ciegos y no ven que les engañan y andan detrás de un falso evangelio, su entendimiento está totalmente anulado. Se cumplen las palabras de San Pablo
2 Co 4, 3
Si nuestro Evangelio todavía resulta impenetrable, lo es sólo para aquellos que se pierden, para los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les ha enceguecido el entendimiento, a fin de que no vean resplandecer el Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo.