P. Nicolás Rodríguez

28 de noviembre de 1970

El padre Nicolás, fue el primer sacerdote asesinado en El Salvador y en la Región centroamericana. Es el primer mártir del siglo XX para esta zona. Nació en mayo de 1921, ordenado sacerdote en enero de 1949. Párroco en varias iglesias de la arquidiócesis de San Salvador. Al momento de su muerte era párroco de San Antonio los Ranchos, en Chalatenango.

El padre Nicolás, vivía su sacerdocio con amor a la Iglesia y entrega a los pobres. Con los resultados del Concilio Vaticano II un nuevo espíritu soplaba en la Iglesia. En Latinoamérica se estaba viviendo también con las conclusiones de los documentos de Medellín.  En El Salvador, los sacerdotes estaban empezando a poner en práctica estos lineamientos y todo apunta a que esta fue la causa del asesinato del padre Nicolás. Según testimonios de la época, el padre Nicolás, “Ayudó a un cantón a romper una calle para que entrara carro… por ese delito, porque rompieron los terrenos de un rico de Cancasque… por eso lo asesinaron, para que no anduviera metiéndose en esos líos” según dice monseñor José Luis Escobar Alas, actual arzobispo de San salvador en su segunda carta pastoral “Ustedes también darán testimonio de mi” # 40. Meterse con las propiedades y los intereses económicos de los terratenientes, siempre ha traído consecuencias graves para los campesinos en El Salvador y en toda latino América.

El 28 de noviembre de 1970, su cuerpo fue encontrado, con verdaderos signos de una muerte macabra:Le cortaron la mano derecha (lo único que no se encontró del cadáver), una herida transversal en el abdomen que cortó los intestinos, otra herida igualmente transversal a la altura de la nuca y como la marca de autoría: le pelaron la cara en tres cortes de arriba abajo; no tenía orejas, no tenía labios, nariz y de los ojos solo la cavidad. Esto último como para que no se le reconociera” Ibid, # 40

De esta manera se estaban estrenando los escuadrones de la muerte, muy conocidos en Latinoamérica. Entre sus primeras víctimas, tenemos a un sacerdote de la única Iglesia de Cristo. Este y todos los testimonios de martirio en nuestra Iglesia, no debemos olvidarlos. Como dijera monseñor Romero, “Son el testimonio de una Iglesia, encarnada en su pueblo”. Monseñor Romero mismo, lo fue a recoger y lo menciona en una de sus homilías Ese crimen se quedó en el misterio y el Padre también sufrió una muerte anónima. Es justo que ahora, cuando recogemos el heroísmo de nuestros sacerdotes, recordemos -yo fui a recoger ese cadáver, ya estaba putrefacto- venía de una confesión, traía los instrumentos de despedir un alma para la eternidad, ministro que murió, pues, en el servicio de su sacerdociomonseñor Romero, 27 noviembre 1977

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

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