P. Otavio Ortiz Luna

20 de enero de 1979

Era sábado, 20 de enero de 1979. Un retiro juvenil se estaba llevando a cabo en la casa de retiros El despertar, en la parroquia de San Antonio Abad, San Salvador. El párroco era el sacerdote diocesano, Octavio Ortiz Luna, quien la noche anterior había abierto el retiro y se había quedado a dormir. En la actividad participaban aproximadamente 30 jóvenes entre 15 y 24 años de edad y los servidores, una religiosa, las cocineras y un par de seglares más. A las 6 de la mañana de ese sábado, una tanqueta de las fuerzas de “seguridad” abrió el portón de la casa de retiro. Inmediatamente entraron corriendo policías y guardias nacionales, buscaron cualquier cosa en qué parapetarse y empezaron a disparar a todo lo que se moviera. Los jóvenes dormían, pero con semejante estruendo, sacaron sus guitarras, sus libros de cantos, sus biblias, sus cuadernos de apuntes, pero estos no disparan balas, por lo cual fueron incapaces de detener semejante operación militar.

El padre Octavio y los jóvenes sin embargo, se levantaron asustados y salieron al patio, tratando de entender qué era lo que pasaba. Ahí inició el tiroteo. Las “fuerzas de seguridad” disparaban a lo que se movía. El padre fue el primero en caer, lo hizo en el patio de la casa de retiros, la tanqueta le pasó encima y le aplastó el rostro, cuatro jóvenes más cayeron heridos de muerte por las balas, la gran mayoría corrió a esconderse donde se pudiera.

Las fuerzas estatales, habían vencido en este “combate”, como era lógico, no tenían un solo herido, pero para que no quedara ninguna duda, tomaron los cadáveres de los jóvenes y los colocaron en el techo y les pusieron armas en las manos, para que el país entero se diera cuenta del fiero combate que acababan de tener. El siguiente día, los medios de prensa escritos, publicaron fotografías de los “guerrilleros” que habían sido sorprendidos.

Cinco fueron los muertos, al resto, se los llevaron capturados. Monseñor Romero, el arzobispo, fue informado a primera hora de estos sucesos. Cuando monseñor se enteró del informe que el gobierno daba sobre los sucesos de El Despertar, se dio cuenta de cómo el gobierno decía que las guitarras eran fusiles, los libros de cantos, literatura subversiva, que la Guardia había tocado la puerta y que desde dentro les respondieron con balas. Monseñor dijo “Es mentira de principio a fin”

El siguiente día, 15 mil personas se juntaron en las afueras de la catedral de San Salvador para la misa de cuerpo presente del padre Octavio y de 4 jóvenes, Ángel Morales, Jorge Alberto Gómez, Roberto Orellana y David Alberto Caballero. Cuando se entonó el canto de entrada y apareció el inicio de la fila de más de cien sacerdotes que concelebrarían, la multitud estalló en aplausos. Octavio era el cuarto sacerdote asesinado en una diócesis que contaba ya por centenares, a los catequistas y celebradores de la palabra asesinados, la persecución a la Iglesia estaba en su apogeo. El aplauso finalizó y siguió la espera con el canto hasta que la fila de los sacerdotes terminó, pero de nuevo un estruendoso aplauso inició cuando por fin salió el féretro del padre Octavio, cargado por seis sacerdotes. La gente estalló en orgullo y en alegría de ver cómo los sacerdotes de la única Iglesia de Cristo, seguía los pasos del Maestro, el martirio. Este aplauso se intensificó impresionantemente, cuando apareció al final de toda la procesión de entrada, la figura pequeña del pastor de esta arquidiócesis, que venía con su báculo y su mitra que lo identificaban como el pastor legítimo de esta grey: Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien en su memorable homilía dijo cosas tan sabias como las siguientes:

 “Nuestros Cuerpos de Seguridad no son capaces de reconocer sus errores sino que los hacen más graves falsificando la verdad con la calumnia. Y así van echando a perder cada día más la credibilidad de nuestro Gobierno y de nuestros medios de comunicación social, obligándonos a acudir a los organismos y publicaciones internacionales porque ya no creemos en la justicia y en la verdad de nuestro propio ambiente”

“Y me alegro de decirles, queridos hermanos cristianos, que hoy, cuando es más peligroso ser sacerdote, es cuando estamos recibiendo más vocaciones en el seminario. Este año va a batir el récord, 27 jóvenes bachilleres están ya a las puertas del nuevo curso del Seminario, porque este reino de Dios que está en el mundo es un reino de Dios que a los nobles, a los jóvenes, verdaderamente les hace decir como aquel del evangelio: «Vayamos con Él y muramos con Él».

“¡Basta ya! -Y lo decimos no con pesimismo sino con un gran optimismo en las fuerzas de nuestro noble pueblo-. El ambiente se ha saturado de brutalidad y es necesario un retorno a la reflexión que haga sentirnos seres racionales capaces de buscar las raíces de nuestros males y realizar sin miedo los cambios audaces y urgentes que necesita nuestra sociedad”

Monseñor Romero, 21 de enero de 1979

Y así recordamos al padre Octavio, en el 40 aniversario de su martirio. Prohibido olvidar esta sangre derramada.

La Iglesia Católica, la única iglesia de Cristo

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