
16 de noviembre de 1989
El P. Joaquín López es el único salvadoreño de los seis jesuitas asesinados, nació en Chalchuapa, Santa Ana, el 16 de agosto de 1918. Ingresó a la Compañía de Jesús, en 1938. Fue enviado al noviciado de El Paso en Texas porque no había noviciado en Centroamérica. Estudió humanidades clásicas y filosofía. Obtuvo licenciatura en ambas especialidades, en 1943 y 1946, respectivamente. Entonces regresó a Centroamérica, al Colegio Externado San José, en San Salvador. En 1949 retornó a los estudios personales, esta vez para estudiar teología, en Saint Mary’s, en Kansas. Desde aquí fue enviado en 1951 al teologado de Oña (España), entre 1954 y 1955 estudió ascética en la Universidad de Comillas. Aquí se ordenó sacerdote en 1952 e hizo profesión solemne en la Compañía de Jesús en 1956.
De regreso en El Salvador, la vida apostólica de Joaquín López transcurrió entre el Colegio Externado y Fe y Alegría, su obra apostólica. Llegó al colegio por primera vez en 1947, donde fue profesor e inspector hasta 1949. Al terminar sus estudios en España, sus superiores lo destinaron al colegio de nuevo. Fue profesor, padre espiritual y responsable de la construcción de la capilla del colegio.
La UCA
En 1964, trabajó para conseguir que la Asamblea Legislativa aprobara una ley de universidades privadas que permitiera la fundación de lo que sería la UCA. Al momento, solo existía la universidad Nacional y la demanda de los jóvenes era muchísimo mayor. Una vez superado ese escoyo, el padre Joaquín López contribuyó a promover la nueva universidad que después llegaría a ser un referente de los estudios superiores.
También colaboró con la recolección de fondos entre las familias adineradas del país. Junto con los padres José María Gondra (el primer Tesorero de la UCA) y Florentino Idoate (su primer Rector), Joaquín López (su primer Secretario General) y algunas familias amigas consiguieron comprar la finca de café Palermo, al sur de San Salvador, donde hoy se encuentra el recinto universitario. Los largos años pasados en el Colegio Externado forjaron una buena amistad entre estos tres jesuitas, fundadores de la UCA. Joaquín López hizo gestiones hasta el último momento para conseguir los votos necesarios para que la ley fuera aprobada, lo cual no fue fácil, pero al final lo consiguió.

Fe y alegría
Pero más que la enseñanza, al padre Joaquín le desgarraba el corazón por ver tanta pobreza en un país centroamericano con mucha riqueza, pero mal distribuida. La formación profesional de las clases populares era lo que iba a promover. En 1969, con la ayuda de un grupo de señoras, Joaquín López consiguió un poco de dinero, que complementó con un préstamo bancario, y fundó Fe y Alegría. Abrió dos talleres de carpintería en el barrio Santa Anita, puso otro de corte y confección en La Chacra e inauguró tres escuelas primarias, una en la colonia Morazán, otra en Acajutla y la tercera en San Miguel. Fue director de la obra hasta su asesinato. Fe y Alegría administraba treinta centros educativos, en ocho departamentos, con 48 mil beneficiarios. La obra era mantenida con una rifa anual, donativos y préstamos, pero nunca los ingresos satisfacían los egresos de tanta obra de ayuda a los necesitados. Por eso, bajo su dirección, Fe y Alegría siempre estuvo endeudada, lo cual hubiera solucionado si hubiera cerrado algunos de los proyectos que tenía, pero esa, no era opción para el padre Joaquín, el pueblo lo necesitaba.
El padre Joaquín, en su último año de vida, padecía de un cáncer que le hizo sufrir mucho. Se sometió a dos intervenciones quirúrgicas. En los últimos meses, experimentó dolores muy fuertes. Sus asesinos le adelantaron varios meses una dolorosa muerte, porque visto con fe: “Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman” Rom 8, 28
La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019