P. Rutilio Grande

12 de marzo de 1977
Rutilio nació en la Villa El Paisnal, municipio de San Salvador, El Salvador, Centroamérica, cerca de Aguilares, aquella población que, años después, sería el centro de la actividad pastoral y militar a la vez en un país que vivía aires de revolución, el 5 de Julio de 1928. Su padre fue Don Salvador Grande, un personaje económicamente importante en el municipio donde la gran mayoría eran campesinos pobres. En un lugar como este, no hay que ser necesariamente “rico” para decir que se es “rico”. Bastaba que un niño tuviera un carrito de plástico, para decir que sus padres eran “ricos” y podían comprarle un juguete de plástico. Don Salvador se dedicaba al comercio recorriendo los municipios vecinos con una carreta de bueyes. Esto le había provisto de muchos contactos en los pueblos de los alrededores. Con el tiempo, don Salvador fue durante diversos períodos, Alcalde de El Paisnal.

Cristina García, era la madre de Rutilio, pero lamentablemente murió cuando él tenía, sólo cuatro años. Huérfano tan pequeño. Por esta razón, Rutilio fue criado por su abuela, una mujer muy religiosa, ella tuvo la  responsabilidad de sentar las bases de su espíritu cristiano, y lo hizo tan a la perfección que después, Rutilio, quiso ser sacerdote. Inició sus estudios en la escuela del Paisnal, luego la secundaria la hizo en el seminario menor y al final, se decidió por estudiar para sacerdote.

La vocación al sacerdocio de Rutilio nació de un encuentro que tuvo en su parroquia con el señor arzobispo de San Salvador, Monseñor Luis Chávez González quien era arzobispo desde 1938. A pesar de las dificultades económicas.

Rutilio inició sus primeros pasos para sacerdote en el Seminario Central San José de la Montaña de San Salvador en el año de 1941. Los jesuitas eran, en ese momento, los encargados de la formación de los seminaristas en el seminario Central.

Rutilio Grande es aceptado en la Compañía de Jesús, es trasladado al noviciado, en Caracas, Venezuela. El 23 de septiembre de 1945, tenía 17 años, entró al noviciado de Los Chorros, en Venezuela, siendo su maestro de novicios el P. Vicente Pardo, el 24 de septiembre de 1947, pronuncio sus votos del bienio, esto es votos perpetuos y privados de pobreza, castidad y obediencia, según costumbre y derecho de la Compañía de Jesús.

Los primeros votos de vida religiosa, los profesa Rutilio ahí en Los Chorros, Venezuela, el 24 de septiembre de 1947, luego fue a estudiar a Ecuador. Llegó a Quito, para continuar sus estudios en el Colegio Loyola donde obtuvo el título de bachiller en Humanidades Clásicas, el 25 de marzo de 1950.

En 1951 regresó a El Salvador, fue enviado al Seminario San José de la Montaña, en San Salvador, en donde desempeñó el cargo de subprefecto de Gramática e impartió clases de materias sociales y letras a los nuevos sacerdotes.

Rutilio Grande es ordenado Sacerdote el 30 de julio de 1959 en la ciudad de Oña, España.

El padre Rutilio fue un innovador en la pastoral que predicaba, vivía y enseñaba, siempre con su deseo de aplicar el Concilio Vaticano II a la realidad que le había tocado vivir. Estaba convencido que los seminaristas debían hacer su trabajo pastoral en la parroquia para que ellos vieran la realidad y crear en ellos la sensibilidad social además de la humana. Esto fue mal interpretado por las autoridades salvadoreñas, por los empresarios, la gente de poder, quienes vieron en esta forma de proceder a un fantasma “el comunismo”. Las autoridades militares brazo armado del poder, le perseguirían despiadadamente, primero a sus catequistas y luego a él mismo.

El 24 de septiembre de 1972, fue nombrado, por el señor arzobispo, Párroco de la Parroquia El Señor de las Misericordias en Aguilares, y por tanto, también daría atención pastoral al Paisnal, su lugar de origen.

Las predicas del padre Rutilio, no eran sobre un Dios lejano que está allá arriba, viendo a sus hijos perecer en la miseria. El padre hablaba de un Dios que sufre con los necesitados y que está aquí, entre nosotros, exponemos estos pequeños fragmentos de la homilía de la misa en la comunidad de Apopa, parroquia de Aguilares, El Salvador, en respuesta al hostigamiento y expulsión del país del sacerdote jesuita Mario Bernal por parte del gobierno salvadoreño.

 “¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Es peligroso ser verdaderamente católico! Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro país. Porque necesariamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva. ¡Y así tiene que ser, no puede ser de otra manera! ¡Nos encadena un desorden, no un orden!

Las chiltotas pueden volar y poner trepadas allá en las ramas los nidos. El pobre salvadoreño es esclavo de esta tierra, que es del Señor, según la Biblia”

Por palabras como estas, las huestes de la muerte se apresuraron a tenderle una emboscada y a asesinarle cobardemente, pero el padre Rutilio, ya lo había profetizado.

“Aquí en el país existen grupos de caínes, y que invocan a Dios, que es lo peor.

¡Ay de ustedes hipócritas que del diente al labio se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia de maldad! ¡Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre de Manuel, con el nombre de Luis, con el nombre de Chabela, con el nombre del humilde trabajador del campo!

El cristiano no tiene enemigos. Son nuestros hermanos caínes. No odiamos a nadie. El amor, que es conflicto y que exige en los creyentes y en la Iglesia como cuerpo, la violencia moral. No he dicho violencia física. ¡La violencia moral! -lo digo para la grabadora, porque vi a lo largo del camino grabadoras que no son de fieles que oían al Padre Mario; son de los traidores de la Palabra de Dios”

Padre Rutilio Grande, homilía del 13 de febrero de 1977

El 12 de marzo de 1977, se celebraba la novena en honor a San José, en El Paisnal. El padre Rutilo fue invitado a presidir una de estas Eucaristías lo acompañaban Manuel Solórzano y el niño Nelson Rutilio Lemus. A las 5:45 pm de esa tarde, el Padre y sus compañeros fueron asesinados, a la altura del cantón Los Mangos.

Las fuerzas militares disfrazados como escuadrón de la muerte los esperaron a un costado del camino polvoriento y cuando los divisaron, abrieron fuego, una lluvia de balas tuvo como blanco el pequeño safari, que el padre Grande manejaba. Nelson, Rutilio y Manuel, dejaron escapar sus espíritus para unirse a la Iglesia triunfante que sube de la gran persecución. Pero para los mortales aquí en la tierra, la persecución apenas empezaba y una ola de acontecimientos se desencadenaría a partir de este cobarde asesinato.

Roberto Campos, marzo de 2020

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