Magisterio de la Iglesia

Hoy día, cualquiera persona cree poder interpretar las Escrituras. Dicen “Me encierro en el cuarto, leo un pasaje y le pido a Dios que me ilumine”. Las personas que se expresan de tal manera, lo hacen muy en serio y por eso ¡¡¡lo hacen!!!, porque así dice la Escritura que ellos mal interpretan: Mt 6, 6 “Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” por tanto, va, se encierra, hace una oración y pide discernimiento, luego, abre su biblia, lee la palabra y “lo primero que se le ocurra” ya cree que es Dios quien se lo ha revelado. Según esa persona, ya Dios lo ilumina y se cree que ya comprende perfectamente el mensaje de las Escrituras. Esto sucede con los aprendices de pastor,  pero con los pastorcitos, es un proceso de un curso de tres meses, y ya se creen que conocen las Escrituras.

Han leído Mt 6, 6 pero no han leído la segunda carta de Pedro, la cual es muy clara con este tipo de presunciones de creerse inspirado

2 Pe 1, 20

Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura.

Interpretar las Escrituras no es tan simple y sencillo. El apóstol San Pedro, nos sigue diciendo

2 Pe 3, 16

… como les ha escrito nuestro hermano Pablo, conforme a la sabiduría que le ha sido dada, y lo repite en todas las cartas donde trata este tema. En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente –como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura– para su propia perdición.

Es claro que esto se aplica a las sectas protestantes, pues toman la biblia y la interpretan erróneamente desfigurando a Cristo y su mensaje. Por eso entre ellas no creen lo mismo. Los pentecostales creen una cosa y los testigos de Jehová otra, y otra cosa los mormones y otra cosa los bautistas. San Pablo se sorprende con qué facilidad reniegan del verdadero mensaje.

Gal 1, 6 – 7

Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio. No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo.

Es que se van de la Iglesia porque o entendieron mal las Escrituras o fueron engañados por los que tergiversan el mensaje de Cristo.

Los católicos reconocemos que efectivamente, no cualquiera puede discernir correctamente los pasajes bíblicos. Por eso, dice el Concilio Vaticano II

“La función de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o tradicional, solo ha sido confiada al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre vivo de Jesucristo. Este magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio”

Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, Dei Verbum # 10

Los católicos creemos esto porque Jesucristo dijo a Pedro:

Mt 28, 19 – 20

“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Cristo le hizo esta promesa a sus apóstoles y, por la sucesión apostólica, esa promesa sigue vigente. Él está con la Iglesia, con los apóstoles y les inspira en la perfecta interpretación de las Escrituras. Si esto no fuera así, entonces Cristo fuera un mentiroso, lejos de nosotros tal blasfemia. El asiste a su Iglesia, asiste a los obispos y asiste a Pedro porque Cristo ora por Pedro para que no caiga en su fe.

Es importante además, saber que no se trata de que no podamos interpretar las Escrituras cotidianamente. Bien podemos leer un pequeño pasaje bíblico en una reunión del grupo juvenil o en una pequeña comunidad, donde nos reunimos como Iglesia viva, y compartir y reflexionar. No se trata de esto, sino de interpretar las Escrituras para sentar doctrina universal, que atañe a toda la Iglesia universal.

Nosotros los laicos podemos reflexionar la palabra sin problema, pero la doctrina, sólo le corresponde al magisterio de la Iglesia.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo

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