
Ambrosio nació en el año 340 después de Cristo y falleció en el año 397. Obispo, teólogo, gran orador, es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia occidental y al mismo tiempo uno de los 36 doctores de la Iglesia. San Ambrosio es parte del extracto de la crema y nata de los cristianos. Es parte de “lo mejor de lo mejor”. Proclamado Doctor de la Iglesia en el año 1295.
Ambrosio ejemplifica el renacimiento de una Iglesia que desde sus inicios había sido perseguida, que nació y se desarrolló en la oscuridad, en las sombras de las catacumbas y que siempre llevó la marca de la persecución por los paganos y los emperadores, pero ahora, sale a la superficie, a la libertad y a la vida de la sociedad a la que aún hoy está ligada. El Obispo Ambrosio es el símbolo de una Iglesia que resurge fuerte, audaz, libre, con poder venido desde lo alto a gobernar a los hombres.
Ambrosio era parte de una familia noble, su padre era “prefecto” que es una especie de autoridad administrativa del gobierno, que rige y gobierna en espacio territorial que le es asignado, es como un “gobernador”, parte del gobierno central en un lugar donde hay autoridades locales. Estudió letras y jurisprudencia en Roma. En el 372, Ambrosio fue delegado a Milán, que por aquel entonces era residencia imperial de Roma. En la diócesis de Milán, como en muchos otros lugares, los cristianos estaban divididos entre católicos y arrianos. Los arrianos fueron, en este tiempo, la herejía más problemática, esta doctrina niega la consubstanciación del Padre y del Hijo, Arrio, su fundador, sostenía que la divinidad de Dios Padre era superior a la de Dios Hijo. Ambrosio sería parte de la férrea defensa de la fe católica, una defensa que vencería años después pero con otro santo y doctor de la Iglesia, San Agustín de Hipona. Podemos ver entonces que la Iglesia católica, desde tiempos primitivos, viene luchando por conservar la Divinidad de Jesucristo. Los santos padres han luchado contra las herejías, tanto como hoy, luchamos contra los protestantes.
En Milán había muerto el obispo y se disponían a hacer la elección del nuevo obispo. Es necesario recordar que en estos tiempos tempranos de la fe, la elección del Obispo de una diócesis recaía en una elección libre, entre los que profesaban la fe católica, clero y fieles. Pues bien, estaban dispuestos a la elección, el clero deliberaba y los fieles debían aprobar, pero si el clero elegían a uno que no era del agrado de los fieles, había posibilidad de desórdenes por parte de los fieles, por lo cual, Ambrosio, como responsable y delegado del Estado, fue personalmente a dicha elección, para evitar estos desórdenes en el territorio que le había sido confiado como parte del Estado. Ambrosio era muy respetado y admirado por todo el pueblo cristiano, porque aparte de su sabiduría y su personalidad bondadosa, había abrazado el catolicismo y, de hecho, se estaba preparando para recibir el bautismo. Ambrosio, como representante del Estado, tomó la palabra. Estaba hablando cuando un niño, entre la multitud, gritó “Ambrosius episcopus”. La gente quedó prisionera de aquel grito y se sumó a él y después se sumó el clero. Ahora sabemos que era el Espíritu Santo, disfrazado de un niño cualquiera, quien pidió a Ambrosio para Obispo de Milán. Todos eran unánimes en la elección, solo había una persona que se oponía, protestaba y no estaba de acuerdo con ella, era el mismo Ambrosio, quien no quería aceptar, y tenía la excusa perfecta, ni siquiera tenía el bautismo. Le faltaban todos los sacramentos y luego debía ser ordenado diácono y luego sacerdote, para estar listo para recibir el orden episcopal. Vemos entonces que fue un caso inusual y extraordinario a la vez, pero cuando el Espíritu lo ha decidido, no hay negación humana que prevalezca, por tan lógica y acertada que parezca. Ambrosio se autoevaluó y sabía que no era conveniente que él fuera el obispo, y nosotros, compartimos la opinión de Ambrosio, puesto que ni siquiera era bautizado, aunque sí, estaba en camino de serlo. La elección fue absurda, humanamente hablando, pero acertada de acuerdo al Espíritu Santo. Es que la lógica humana, es despreciable ante la sabiduría de Dios. Los caminos de Dios tienen sus atajos, totalmente desconocidos para los mortales. Al final, en el plazo de una semana, recibió el bautismo, la confirmación, el diaconado y el sacerdocio, estando listo para recibir la investidura de obispo.
Como podemos intuir, el Espíritu Santo no se equivocó. Muy pronto, Ambrosio demostró estar a la altura de la dignidad del cargo. Estudió biblia, compuso himnos solemnes que aun hoy se usan en la Iglesia, introdujo normas litúrgicas a la Iglesia, que se conoce como “liturgia ambrosiana” las cuales aún se mantienen, conservó correspondencia con Atanasio y con Orígenes.
Ambrosio utilizó su influencia para ir quitando poder a los arrianos, ya que estaban enquistados en los puestos de poder del Estado. Con argumentos políticos y teológicos, fue desplazando a los arrianos. Logró movilizar grandes masas de fieles para marchar contra los arrianos. Logró que el Estado dejara de dar ayudas económicas a los templos paganos, desterrando definitivamente, en muchas confrontaciones, a los paganos de la vida política romana. Así defendía la fe el Obispo Ambrosio.
Fue el obispo que pudo alcanzar que se reconociera el poder de la Iglesia, por encima del Estado, puesto que el Estado y el emperador, gobiernan sobre los mortales, pero Jesucristo, por medio de la Iglesia gobierna sobre todas las cosas, objetos y poderes creados, incluyendo el Estado.
Para que Ambrosio pudiera conseguir todo esto, debió dar duras batallas y con su sabiduría, su retórica, su oratoria y sobretodo la ayuda del Espíritu Santo, fue ganando espacios, pero no todo fue sencillo.
Cuando el emperador Graciano, quien era cristiano, fue asesinado, lo sucedió su hijo Valentiniano II, pero era apenas un niño, por lo cual el poder real estaba en manos de su madre Justina, quien era arriana y por tanto, enemiga de Ambrosio. Esto hizo que la lucha entre paganos, herejes, arrianos y católicos fuera más acentuada. Por esta misma razón, que el emperador era un niño, en el año 384, el partido de los pagano aprovechó esta circunstancia para introducir la “Estatua de la Victoria” al senado, (de esta manera, las diferentes religiones existentes, estaban presentes en el Senado, por medio de una estatua) pero esto provocó la ira de Ambrosio, quien luchó contra esto, finalmente Ambrosio hizo declarar a Valentiniano II que los emperadores tenían que someterse a las órdenes de Dios, al igual que los ciudadanos tenían que obedecer las órdenes del emperador como soldados.
Te dejo un enlace con unas escenas de la película de San Agustín de Hipona, donde se ve a San Ambrosio, reprochado por Justina y Agustín.
https://www.facebook.com/Catolico.por.conviccion/videos/1082215085599556
Teodosio, último emperador romano, antes de su separación, cometió una masacre en tesalónica, por lo cual Ambrosio lo excomulgó, con esto se demuestra el poder que había adquirido Ambrosio, ya que en la antigüedad se consideraba al emperador como la máxima autoridad sobre la tierra, casi parecido a los faraones egipcios. Teodosio se tuvo que reconciliar por medio del sacramento de la confesión y debió mostrar públicamente su arrepentimiento público. Así se demostró el poder de Ambrosio y la Iglesia sobre los emperadores y el Estado.
Cierto día llegó al imperio romano, específicamente a Milán, un joven lleno de enormes cualidades, docto, sabio, orador excepcional, que convencía a los demás de lo que fuera, sabía transformar con sus palabras, la mentira en verdad. No creía en Jesucristo, sino en su propia vanidad, su orgullo y su sabiduría humana. Este joven orador llegó a Milán y retó a Ambrosio, ya que este joven era el orador designado por el imperio romano en Milán. Este joven sin embargo, era de la secta de los maniqueos (cuyo fundador era Mani y sostenía, entre muchas otras cosas, que somos malos por naturaleza y que eso no debe hacernos sentir mal. Hacemos la maldad y eso, no es culpa de nadie). Este joven se llamaba Aurelius Agustinus, originario de Tagaste, África.
Ambrosio y Agustín se enfrascaron en debates impresionantes. Hasta la Iglesia llegaba Agustín a refutar las ideas y la fe de Ambrosio, aunque se quedaba fuera y desde fuera refutaba. Ambrosio no se amilanaba y con la sabiduría del Espíritu seguía debatiendo contra estos dones extraordinarios de este joven insolente. Al final de este duro combate de fe, con batallas intelectuales, Agustín cayó vencido. Se convirtió, se bautizó y llegó a ser Obispo Católico y entonces, al igual que Ambrosio, también combatió a los arrianos. Con el tiempo llegó a ser una lumbrera en nuestra Iglesia y ahora le conocemos como San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia.
Actualmente es muy conocida en Milán, Italia, la basílica de San Ambrosio, la cual fue consagrada en el año 387 por el mismo Ambrosio, en el siglo XI fue reconstruida, es visitada a diario por cientos de turistas que desean pisar la tierra de San Ambrosio. En la cripta de la basílica se exponen sus restos mortales junto con los de dos santos más, San Gervasio y San Protasio vestidos con sus mejores galas.

Basílica de San Ambrosio, Milán Italia
En este 07 de diciembre, recordemos a San Ambrosio, que defendió la fe de paganos y herejes. Mil años antes que los protestantes nacieran, ya la Iglesia católica por medio de sus mejores hijos, defendía la divinidad de Jesucristo. Viva la Iglesia católica porque…
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, diciembre de 2019