
Sabemos perfectamente que ustedes, los no católicos, rechazan la Eucaristía, que para nosotros los católicos es un “sacramento”, es decir uno de los siete signos sensibles que nos da un efecto interior de fuerza y paz. Muchos además de rechazarlo, ofenden y calumnian. En el amor de Cristo, les voy a dar las bases de nuestra fe con textos bíblicos por supuesto, esperando que al menos uno de ustedes lo lea y se deje tocar por la verdad. No pretendo convencer a nadie, ya que por mucho que escriba o hable, llegar al corazón de cada uno es obra de Dios, no de ningún mortal, simplemente espero que confrontes las Escrituras con las docenas de citas bíblicas que te daré. Solo necesitas “leer”, pero claro, si ni siquiera te gusta leer, nunca entenderás la fe ajena y debes conocerla, pues si la juzgas y criticas, entonces debes conocer lo que juzgas y criticas 1 Pe 2, 15
Introducción
Para los católicos, la Eucaristía es “fuente y cumbre” de toda nuestra vida cristiana. Es la adoración por excelencia, es decir, la mejor forma de adorar a Dios, de verlo, orarle, postrarnos. Expondré a partir de este momento, lo que los católicos creemos respecto a la manera de adorar a Cristo. Sus bases bíblicas y algunas ideas propias que pueden servir de ayuda para una mejor compresión, a quien lo quiera escudriñar y entender, porque nosotros los católicos, debemos dar “razón de nuestra fe y nuestra esperanza, a quien nos lo pregunte” (1 Pe 3, 15) que sepa el católico y el no católico, que TODO, dentro de la Iglesia Católica, tiene respuesta en el Espíritu, la revelación y en las sagradas Escrituras, es una verdad apodíctica. “Nuestra predicación no se inspira en el error, ni en la impureza, ni en el engaño” 1 Tes 2, 3 sino en Jesucristo y en dos mil años de preservación de la fe.
No hay otra adoración
El Verdadero Culto a Dios, es el Culto Eucarístico. No es ni la oración, ni la alabanza, ni el ejercer ningún don espiritual. La Santa Eucaristía, es la adoración por excelencia.

Debemos obedecer a Cristo, se supone que esto es “ser cristiano”. Ser cristiano, no solo es tener “fe” en Cristo, sino obedecer su mensaje (Rom 15, 18), y si aun así lo fuera, es decir, si solo bastara con tener fe, pues esa supuesta fe, debe ser demostrada (Stgo 2, 17), debe ser una fe “viva” (Stgo 2, 17) porque de otra manera, fuéramos como los demonios, que también “creen, aunque por eso tiemblan” (Stgo 2, 19). “La fe se demuestra en las obras” (Stgo 2, 18), es decir, la fe se demuestra en atender, creer y practicar lo que el Maestro enseñó (Lc 10, 37). Pero como este tema no es sobre “la fe y las obras” sino sobre la Eucaristía, entraremos de lleno a tratar el tema propiamente dicho de la Eucaristía.
La Eucaristía, prefigurada
En el antiguo testamento, se nos prefigura la Eucaristía. El pueblo israelita, vagaba por el desierto, cansados y hambrientos protestaban contra Moisés “«Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea»” Ex 16, 3
Moisés intercedió por su pueblo ante Dios y el Señor envió un misterioso elemento del cielo que parecía “pan”, lo que se conoce como “maná” (Ex 16, 4) Esto hizo que el pueblo no muriera de hambre en el desierto. El pueblo vio ese elemento en el suelo, lo comió y recuperó las fuerzas Ex 16, 14 – 15 la protesta cesó y así sobrevivieron los 40 años en el desierto, por ese “pan caído del cielo” Ex 16, 35

Por eso, miles de años adelante, los judíos le replicaban a Cristo “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo” Jn 6, 31 Y Jesús les decía “«Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo»” Jn 6, 32 – 33 Los que creían le dijeron entonces “«Señor, danos siempre de ese pan»” Jn 6, 34 a lo que el Señor empieza a actualizar aquel maná de hace miles de años y les dice: “Yo soy el pan de Vida” Jn 6, 35 “Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera” Jn 6, 49 – 50
Hay más citas que indicar en este apartado, pero por espacio, lo dejaremos aquí.
El mensaje de Cristo
Durante la estancia de Jesucristo, nuestro Dios hecho hombre, en esta tierra (Jn 1, 1), muchas cosas nos quiso enseñar (Mt 4, 23 ; Lc 5, 3 ; Mt 7, 29 ; Jn 7, 14; etc.), para que nosotros a su vez, las enseñemos a las nuevas generaciones (Mt 28, 20) es por eso que cuando predicaba, siempre daba un mensaje que a continuación, sería su doctrina (Jn 17, 14. 19 – 20). Entre los muchos misterios que nos predicó, está La Eucaristía, que es lo que nosotros los católicos conocemos como el Cuerpo (Mt 26, 26) y la sangre (Mt 26, 28) de nuestro señor Jesucristo. Un regalo de nuestro Señor, hecho un día antes de su muerte. En Él, se quedó misteriosamente para ser fuerza y alimento del cristiano.
Desprecio de lo desconocido e incomprensible
Sabemos perfectamente que muchos desprecian esta verdad revelada, se creen “sabios” pero hablan y opinan como necios (Rom 1, 22) muchos rechazan este hecho histórico, bíblicamente comprobado, otros, aparte de rechazarla, la profanan, vertiendo palabras mordientes, que sirven para su propia condenación (2 Pe 3, 16) y, por si fuera poco, aplauden y se complacen en quienes lo hacen (Rom 1, 32). Los que no profesan la fe católica, de toda doctrina no aceptada por ellos, piden sustento bíblico. A decir verdad, para algunas prácticas no existen citas bíblicas expresas que las sustenten (lo cual no es sinónimo de que no son correctas, pero ese es otro tema), pero en otros casos, como este, hay docenas de citas bíblicas con que se puede demostrar, pero curiosamente, aun así, se niegan a creer, sin citas, no creen y con citas, tampoco creen, o dicho en palabras de Cristo “«¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!» Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: «¡Ha perdido la cabeza!». Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores»” Mt 11, 17 – 19 esta gente necesita que un ángel del cielo baje del cielo y les visite en sus sueños, para que crean (Mt 1, 20). Pero en verdad, el rechazo y el desprecio por ellos externado, sabemos perfectamente que lo hacen por ignorancia (Jd 10), ciertamente, ignorancia bíblica (Hch 3, 17) y del Espíritu, es el enemigo, quien les ha seducido con las mieles de su poder, han sucumbido ante el poder y los engaños de “los tronos y potestades, los espíritus del mal que dominan este mundo” Ef 6, 12, por eso no es su culpa, porque leen y no comprenden y no comprenden porque nadie les explica (Hch 8, 31). Pues bien, entonces vamos a “explicar”, vamos a dar las bases de esta doctrina revelada por el mismo Jesucristo, para que, de ahora en adelante, no ignoren que “la Eucaristía”, es doctrina de nuestro Señor Jesucristo, y de ninguna manera “palabra de Satanás” como muchos injurian y vomitan.
El discurso Eucarístico

Es el evangelio de Juan, quien nos transmite el primer mensaje de Cristo respecto a este gran misterio de la Eucaristía. De los labios de Cristo salieron las siguientes palabras, para asombro de propios y extraños:
“Yo Soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” Jn 6, 51
A esto (todo el capítulo 6) se le conoce como el discurso eucarístico. Y nos lo muestra el evangelio, cuando Cristo ha predicado a una gran multitud (verso 2) y se acercaba el momento de comer. Cristo tiene pena de que la gente esté sin comer, se siente responsable y va a hacer algo al respecto. A continuación se da el milagro de los cinco panes y los dos peces (v. 9), el suceso termina y Cristo y los discípulos, se van a Cafarnaúm (v. 16 – 17), pero “la gente le sigue” (v. 24) y es entonces cuando el Señor da a conocer este gran misterio de fe.
“Ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre” v. 26 – 27 Cristo habla de una especie de “pan” que les dará la vida eterna, el que al comerlo, les producirá un efecto diferente al pan normal, con el que se sacia el hambre del cuerpo, este otro “pan” no sirve para saciar el hambre sino para algo más especial. Por eso, la Eucaristía, no es ningún pábulo necesario y la blasfemia que algunos profesan de que “Entra por la boca y sale por el ano”, no es más que una ofensa sacrílega, mordiente, al Cuerpo de Cristo, porque la Eucaristía no tiene ninguna intención de ser alimento para el cuerpo sino para el espíritu. Estas ofensas bien pensadas, salen de los enemigos de Dios, porque son “hábiles para lo malo” Rom 1, 30 y no puedo más que conmiserarme de su sacrilegio. Notemos también que Jesús dice “les dará” tiempo futuro, porque aún estaba en la tierra y no se había realizado la santa cena que sería donde explicaría su misterio.

Cristo sigue hablando a la muchedumbre de este gran misterio:
“Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre” v. 35
“Yo soy el pan bajado del cielo” v. 41
“Yo soy el pan de Vida” v. 48
“El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” v. 51
El pan que Él dará ¿Es su carne? ¿Cómo puede ser eso?
La gente de entonces que le escuchaba, judíos todos, estaba confundida, tal como hoy, dos mil años después, muchos creyentes lo siguen estando, y “murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo” v. 41 El Señor, conociendo sus dudas, pensamientos, cuestionamientos e intenciones, les replica que “No murmuren entre ustedes” v. 43
Ellos, los judíos, se preguntaban “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” v. 52 Hay que reconocer que era un discurso hasta cierto punto perturbador, que jamás habían escuchado decir a ningún otro profeta que se había aparecido en Israel Hch 5, 36 – 37 ¿No te parece, hermano, reconocer en los judíos tus propias interrogantes? ¿No te sientes representado por ellos, al tener tus dudas al respecto? Es muy normal estos cuestionamientos, pues si salidos estos misterios de la propia boca sagrada de Cristo, no le comprendieron, ahora si las escuchas o las lees de nuestros cuerpos mortales e impuros, tampoco lo comprenderás. Este discurso, no era ninguna tramoya de Cristo, sino la verdad que quería revelar.
Sigamos leyendo el evangelio, ahí están las respuestas a tus dudas. Cristo, lejos de retractarse en su enseñanza, les repite esa verdad nada digerible para ellos. “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” v. 51, pero ellos seguían discutiendo, sin entender. No cabía en sus mentes, semejantes palabras “Los judíos hablaban entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»” v. 52

Esta forma de hablar, les desorientaba, era un lenguaje nuevo. Piden explicaciones y el Señor les da esas explicaciones, pero simplemente, ellos nunca entenderían, porque en verdad no querían entender.
“Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes” v. 53
Les afirma que deben beber su sangre y comer su carne si quieren vida eterna y que Él los resucitará, quienes le escuchaban eran los que le seguían y si le seguían era porque creían en sus mensajes, al menos hasta este momento “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” v. 54
“Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida” v. 55
“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” v. 56
Lo recalcó, lo enfatizó una y otra vez, una y otra vez, pero por mucho que lo dijera, no le entendían.
Y ¿Qué nos dice el evangelio, que sucedió después de tanta explicación? Muchos de sus seguidores, no soportaron tal lenguaje, “se escandalizaron” v. 61, les parecía sorprendente, demagógico, una locura, una blasfemia, un dislate, era inasible para ellos “«¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»” v. 60
Y porque muchos no pudieron o no quisieron creer, “Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo” v. 66
Sin embargo, Cristo no retrocedió en su mensaje, sigue adelante con la doctrina que debe instaurar, volviendo a ver a sus más allegados seguidores, “Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»” v. 67 Muy seguramente los apóstoles también tiene las mismas dudas que los que se han ido, pero ellos deciden quedarse y “creer”, porque saben que Jesús es el Hijo del Dios vivo (Mt 16, 16) y Él no puede mentirles, y aunque no lo comprendan por el momento, saben que Él habla siempre con la verdad.
Y la respuesta de Pedro, queda grabada para la eternidad y es la respuesta de cada católico bien formado.
“«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna” v. 68
Tenemos aquí dos tipos de grupos, los que no entienden y se van y los que no entienden pero creen y se quedan. ¿De qué grupo eres tú? ¿De los que se retiraron, o de los del grupo de Pedro?
La ultima cena
El suceso donde se da la Santa Eucaristía, nos llega a nosotros por medio de los tres evangelios sinópticos, Mt 26, 26 – 29 ; Mc 14, 22 – 25 ; Lc 22, 14 – 20 San Juan no nos lo describe en su relato, pero nos ha dejado el “discurso Eucarístico” como ya lo hemos visto. Las complicadas y confusas palabras que Jesús pronunció en Cafarnaúm (v. 17) tomaron total sentido en la última cena del Señor. Aquella tarde previa al apresamiento de Cristo, para luego llevarlo a Anás y Caifás (Jn 18, 13), Cristo terminaría de revelar su misterio, pero “solo a los suyos”, es decir, a los más allegados a Él, a los apóstoles Mt 26, 17 aquello que no le habían entendido completamente en Cafarnaúm, y lo hizo de la siguiente manera.

“Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo». Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados” Mt 26, 26 – 27
Lo que Cristo les pasó a sus discípulos fue un jarro conteniendo “vino” verdadero, el fruto de la uva (Mc 14, 25), sin embargo, les dijo que “era su sangre”, y lo confirma diciendo que esa sangre “será derramada, para el perdón de los pecados”. ¿No está totalmente claro el mandato de Cristo? Alguno se preguntará ¿Y por qué hizo esto? ¿Por qué no fue café en vez de vino? ¿Por qué no agua? ¿Por qué no carne pura, en vez de pan sin levadura Ex 12, 15? (Mc 14, 12) Esas son preguntas que solo el Señor tiene respuesta, cuando cada quien regrese a Cristo, puede preguntarle. Son los misterios que los creyentes estamos sujetos a creer, cumplir y obedecer, sin cuestionar ni rechazar. Como un militar obedece las órdenes de su superior.
Este misterio, inasible para todos los creyentes, donde el pan no deja físicamente de ser pan, se ve como pan, sabe como pan, pero en verdad es “la carne” de Cristo Jesús el Señor y el vino, aunque siempre se ve como vino y sabe como vino, pero en verdad es la Sangre de Cristo Jesús el Señor, Él lo dijo, no hay nada que cuestionar. Los que cuestionan esta verdad revelada, se equivocan si creen que con ello cuestionan a la Iglesia Católica y su doctrina, a quien cuestionan sin quererlo ni pretenderlo es a Cristo mismo. “En realidad, ustedes no protestan contra nosotros, sino contra el Señor” Ex 16, 8 San Ambrosio (340 – 397 DC), tratando de que no cuestionemos al Hijo de Dios, nos lo explica de la siguiente manera
“Estemos bien persuadidos de que esto (El pan y el vino) no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado, y de que la fuerza de la bendición supera a la de la naturaleza, porque por la bendición, la naturaleza misma resulta cambiada… La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía? Porque no es menos, dar a las cosas su naturaleza primera, que cambiársela”
San Ambrosio de Milán
Es la “Nueva alianza”
Sabemos que desde tiempos antiguos, existe una “vieja” alianza, la cual se llevó a cabo entre Dios y Abraham / Moisés. El pueblo israelita, el elegido, vivía bajo esa “alianza” y se sentía orgulloso de ella, pero se debía establecer una “nueva” alianza.
El profeta Jeremías, nos habló de esa “nueva” alianza, que reemplazaría a la “vieja”.
“Llegarán los días –oráculo del Señor– en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño –oráculo del Señor–.” Jer 31, 31 – 32
Cristo se dispone a establecer esa “nueva” alianza, la cual, Él mismo nos lo dice, será sellada con su sangre
“Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” Lc 22, 20 y Pablo dirá exactamente lo mismo (1 Co 11, 25)
Sus nombres
Debemos saber que Eucaristía significa “acción de gracias”, y es llamada así porque es lo que hace el Maestro “da gracias” cuando la celebró por primera vez (Lc 22, 19). “Fracción del pan” porque el Señor fraccionó el pan de su Cuerpo para dárselo a los discípulos (Lc 2, 19) y porque, después de resucitado, hizo exactamente lo mismo y aunque en un principio no le reconocieron (Lc 24, 16), fue en este momento, al partir el pan, cuando le reconocieron (Lc 24, 30 – 31). “Comunión” porque todos los creyentes, como una sola Iglesia, nos unimos en torno a Él, somos uno (Gal 3, 28), con una sola fe (Ef 4, 5), un mismo sentir (1 Pe 3, 8) y un mismo pensar (1 Co 1, 10), tal como Él lo quería (Jn 17, 11).
La Iglesia incipiente continúa el mandato
Una vez el Señor Jesús ascendió a los cielos Mc 16, 19, la Iglesia cristiana iniciaba el largo camino de expandirse por el mundo, pero antes debía hacerlo entre los suyos. Nos cuentan los primeros hechos llevados a cabo que “Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones” Hch 2, 42 La “fracción del pan” fue el rito que el Señor hizo en esa última cena que ya hemos visto. Y lo practicaron siempre, siendo obedientes al mandato de Cristo (Lc 22, 19) “El primer día de la semana, cuando nos reunimos para partir el pan…” Hch 20, 7
Los que recibieron el mandato de celebrarlo
“Haced esto, en memoria mía” (Lc 22, 19) dijo el Maestro. Fue un mandato explícito, para que los elegidos (Mt 10, 2 – 4), los que Él quiso (Mc 3, 13), lo siguieran haciendo en su ausencia pero si algún día los apóstoles morían, con ellos moriría el mandato. De ninguna manera, esto debía perpetuarse por la eternidad.
Pablo recibe el ministerio, quien a su vez lo trasmite
Pablo no estaba el día en que Cristo instituyó la Eucaristía, ni fue parte de los doce sentados a la mesa ese día en que Cristo dejó ese gran misterio para la humanidad. Bien sabemos que Saulo, era un judío, un fariseo, que vivía su adoración a Dios desde la fe judía (Fil 3, 4 – 6). Sabemos también que Pablo fue llamado por el mismísimo Cristo, en el camino a Damasco (Hch 9, 1 – 19). Luego de su conversión, a Pablo le fueron impuestas las manos, el Espíritu Santo descendió sobre él y fue consagrado al servicio del evangelio (Hch 13, 2 – 3).
Saulo, ahora llamado Pablo, consagrado como “ministro” de Dios (1 Tim 1, 12) recibió la tradición de los apóstoles, de celebrar “la fracción del pan” y dice claramente que él la ha trasmitido a la Iglesia (1 Co 11, 23). La transmisión de unos a otros, será vital para la iglesia incipiente.
“Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía»” 1 Co 11, 23 – 25
Y San Pablo, continúa hablándonos de este misterio. No se queda en compartirles el misterio, sino que les exhorta a que lo tomen en serio y que se cuiden de no tomar la sangre de Cristo y el Cuerpo de Cristo a la ligera. Les pide y les advierte que lo hagan en serio, es sagrado.
“Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor” 1 Co 11, 26 – 27
El Cuerpo y la sangre de Cristo es verdadero y no puede ser profanado. Cristo nos lo dejó y San Pablo nos lo confirma.
Vemos pues, que el rito de la Eucaristía, fue dejado por el mismo Cristo, les dio a los apóstoles el poder de celebrarlo y éstos a su vez, lo transmitieron a la siguiente generación, para que ellos, lo transmitieran a la siguiente.
Posteriormente, la siguiente generación serán a los que Pablo saluda en sus diferentes cartas y de quienes se refiere muy cariñosamente: Aristarco, Demas y Lucas (File 24), Timoteo (1 Tes 3, 2), Tíquico (Col 4, 7), Marcos (Col 4, 10), Arquipo (Col 4, 17), Acaico (1 Co 16, 17), Urbano y Estaquis (Rom 16, 9), Trisca y Aquilas (Rom 16, 3), Rufo (Rom 16, 13), etc.
La Iglesia primitiva continúa el mandato
Los libros sagrados terminan al cerrarse el canon bíblico, sin embargo, la sucesión apostólica continua y con ella, el mandato de Cristo en aquella última cena. La Iglesia siguió celebrando el culto por excelencia a nuestro Señor Jesucristo. Obviamente ya no podemos citar textos bíblicos porque el tiempo ha rebasado el primer siglo después de Cristo. Recurrimos entonces a la historia. Como una cosa lógica y obvia, la historia continúa su marcha, los cristianos siguen existiendo y el mandato sigue obedeciéndose. Por favor, no pidan más citas bíblicas, es inepcia total, seguir pidiendo textos bíblicos de lo que la Iglesia en el siglo II o III hacía, puesto que los escritos bíblicos son de los años siguientes a Cristo.
Los Escritos sagrados del nuevo testamento, fueron escritos entre el siglo I y II, el canon bíblico se cerró aproximadamente en el año 354, con los escritos más cercanos a los años de la vida de Cristo.

Ignacio, nacido en Antioquía entre el año 30 – 35 después de Cristo, donde se les nombró por primera vez a los seguidores de Cristo “cristianos” (Hch 11, 26) fue uno de los primeros miembros de la Iglesia primitiva, que se sintió seducido por la predicación de Juan, el discípulo a quien Cristo amaba (Jn 21, 20). Ignacio terminó abrazando la nueva doctrina cristiana y tomó en serio aquello de “toma tu cruz y sígueme” (Mt 16, 24), llegó a ser obispo de Antioquia, de hecho, fue el segundo sustituto de Pedro en el gobierno de la Iglesia aquí en Antioquia, y desde su posición de pastor, predicó el evangelio. Son conocidas siete cartas de San Ignacio mientras era llevado a Roma para su martirio, en el circo romano. La carta a los cristianos de Esmirna, dice
“Respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo. Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda.”
San Ignacio de Antioquia, Carta a la Iglesia de Esmirna # VI
Como podemos analizar, Para San Ignacio, la Eucaristía, es de suma importancia, por lo cual podemos afirmar que la Iglesia primitiva le siguió dando, a la Eucaristía, enorme importancia.
Ignacio de Antioquia fue martirizado aproximadamente en el año 107, era el tiempo de la gran persecución a la Iglesia. Fue devorado por los leones y rubricó con su sangre, su fidelidad a Cristo, pero eso, para él, al igual para Pablo que se gloriaba de ser perseguido por amor a Cristo (2 Corintios 11, 23 – 25), era un honor y por eso, al momento de ser llevado al “circo” donde sería devorado, San Ignacio dice:
“Escribo a todas las iglesias, y hago saber a todos que de mi propio libre albedrío muero por Dios, a menos que vosotros me lo estorbéis. Dejadme ser pasto de las fieras puesto que, por ellas me será dado, llegar a Dios.
Soy el trigo de Dios, y soy molido por las dentelladas de las fieras, para que pueda ser hallado pan puro [de Cristo]. Antes atraed a las fieras, para que puedan ser mi sepulcro, y que no deje parte alguna de mi cuerpo detrás”
San Ignacio de Antioquia. Carta a los Romanos, IV
San Justino nacido aproximadamente en el año 100 y martirizado entre el 162 y el 168 DC escribe en el año 155 lo siguiente:
“Cuando terminan las oraciones y las acciones de gracias todo el pueblo presente pronuncia una aclamación diciendo: Amén. Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo le ha respondido, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes pan, vino y agua «eucaristizados» y los llevan a los ausentes”
Es así como vive la verdadera Iglesia de Cristo, sirviendo y soportando en el amor, y lo que le daba la fuerza para seguir adelante, era la Eucaristía, vivirla, celebrarla, compartirla porque es “verdadera comida y verdadera bebida” Jn 6, 55.
Después de san Ignacio, otros seguirán celebrando “el Gran sacramento de nuestra fe”. Juan Crisóstomo, Ambrosio de Milán, Agustín de Hipona, Antonio de Padua, Juan Bosco de Turín, Miguel Pro de México, Francesco Forgione de Italia, Oscar Romero de El Salvador, y hasta llegar a nuestros días.

Iglesias históricas
Debes saber que este gran sacramento de nuestra fe, es decir, la Eucaristía, lo mantienen muchas otras Iglesias históricas, la Iglesia Católica, ha mantenido este “depósito de la fe” 1 Tim 6, 20 y las siguientes Iglesias que se han separado de ella, lo han mantenido porque reconocen que es verdadero y bíblicamente inapelable.
La Iglesia Católica Ortodoxa, La Iglesia Católica Copta, la Iglesia Anglicana, la Iglesia Luterana, la Iglesia Episcopal, mantienen esta verdad revelada, claro, llevan un tesoro en vasijas de barro (2 Co 4, 7), porque han renegado de la institución que ha sido designada por el mismo Jesucristo, para guardar esta fe Mt 16, 18
¿Símbolo?
Muchos pastores protestantes, enseñan que “el pan” de la última cena es “un símbolo”, y que en verdad Cristo no quiso decir que eso, en verdad “era su cuerpo”, sino que “era una representación” de su cuerpo. De éstos es que hablan las Escrituras cuando dicen “las personas ignorantes y poco firmes en su fe tuercen… para su propia condenación” 2 Pe 3, 16
Las Escrituras son claras y explícitas, no muestran ni indican ni siquiera insinúan, que sea solamente una representación. Las Escrituras son apodícticas y muy concretas en este pasaje “esto ES mi Cuerpo” (Mt 26, 26), “Esta ES mi Sangre” (Mt 26, 28). Los pastores protestantes y sus fieles, no aceptan literalmente que ese pan, sea el Cuerpo del Señor y que ese vino, sea la Sangre de la nueva Alianza. Pero sí aceptan literalmente otros pasajes como textuales.
No se dejen llamar maestro Mt 23, 8
No llames padre a nadie Mt 23, 9
El padre de la mentira (Jn 8, 44), les ha cegado el entendimiento, para que viendo no miren, oyendo no escuchen, leyendo no entiendan, explicándoles no acepten, porque “tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, tienen manos, pero no palpan,” Sal 115, 5 – 9 Tienen inteligencia pero no la usan, tiene fe, pero es muerta, tienen corazón, pero es de piedra.
Los que ofenden sin cesar
Es penoso y vergonzoso que haya gente que se dice llamar cristiana, se cree a sí misma, portadora de la luz de Cristo (1 Jn 1, 7 ; 1 Tes 5, 5), y la fe en su dios, que no es Jesucristo, la proclaman ofendiendo la fe ajena, la fe del otro, la fe de aquel que no piensa ni cree como él.
“La maldita hostia”, “La hostia satánica”, “se va al inodoro”, son solo algunas mordientes expresiones de los “que desprecian a Dios, incultos, desleales, injustos, perversos, altaneros, orgullosos, farsantes” (Rom 1, 28 – 32) Satanás les impide ver la verdad revelada (1 Tes 2, 18). Bien dice el apóstol Judas “Estos impíos, en cambio, hablan injuriosamente de lo que ignoran” Jd 10 porque efectivamente son eso, impíos, que hablan y critican lo que desconocen, actúan así por pura ignorancia (Hch 3, 17) es por eso que el Señor nos decía “No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen” (Mt 7, 6)
La Eucaristía es esa perla preciosa que guardamos en la fe, que la Iglesia Católica ha conservado desde el siglo I (1 Tim 6, 20)

Conclusión
Y estas son las bases de la sagrada Eucaristía, que es ni más ni menos, el mismísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Ya no te podemos dar más citas bíblicas porque no las hay (bueno, sí las hay, pero…), si con estas no crees, una más que podamos darte no harán la diferencia “¿Por qué ustedes no comprenden mi lenguaje? Es porque no pueden escuchar mi palabra” Jn 8, 43 Si no eres de este mundo, sino de Dios, obedecerás su palabra (Jn 17, 6) Las palabras que Cristo nos ha dejado, son de Dios y si las has recibido (Jn 17, 8) estás en camino al Padre. Si has leído esto, ya no tienes excusa de que “no conoces” de dónde sale la creencia de la Eucaristía. Para finalizar, una pregunta.
¿Celebra tu iglesia, la Eucaristía?
Si crees seguir a Cristo, debes preguntarte si tu congregación celebra la Eucaristía, pero no como un símbolo sino como lo que es. El verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo. Nosotros los católicos respondemos con un alegre “Sí la tenemos, sí la celebramos, sí la conmemoramos”.
Abre tu corazón de carne, para poder llegar al entendimiento del que vive en “la luz inaccesible” 1 Tim 6, 16
Roberto Campos, año 2015
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Un comentario en “La Eucaristía, el verdadero culto a Dios”