La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe de la Iglesia, que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.
El papel de la Virgen María en la historia cristiana es único así como el de su Hijo Jesús, porque profetas, hubieron muchos profetas, reyes, hubieron varios reyes, jueces, sacerdotes, los hubieron muchos, pero “Salvadores” solo uno, y Madre del Salvador, solo una.

“El Poderoso ha hecho obras grandes por mi”, rezan las Sagradas Escrituras (Lc 1, 46) Efectivamente, las “cosas” que el Señor ha hecho por María, la Madre del Verbo encarnado, son exquisitas y fuera de toda lógica humana, dichas cosas, han sobresalido en su figura.
Recordemos que la Virgen María es la “llena de gracia”, la que “Dios favoreció”, la mujer a cuya humanidad “el Espíritu Santo descendió sobre ella y el poder del Altísimo le cubrió con su sombra, en todo su esplendor”. Su sola presencia, en virtud de ser portadora del Hijo de Dios, hacía llenar a los demás del Espíritu Santo, Lc 1, 42 “Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó…”
La doctrina de la Inmaculada Concepción, tiene mucha antigüedad en la Iglesia, el primer tratado al respecto, data del siglo XI. San Francisco de Asís (1181 – 1226) era devoto de esta característica de la Virgen. Santo Tomás de Aquino, el fraile dominico, nacido en el año 1224 y fallecido en el 1274, escribió sobre ello, aportando mucho a una enseñanza, que con el pasar de los siglos se convertiría en dogma de la Iglesia.
Aunque ciertamente, la Iglesia, desde los primeros siglos, ha estimado en la Virgen María a alguien especial. San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrarresta la incredulidad y la desobediencia de Eva, por eso dice el Concilio Vaticano II: «el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su fe» Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium.
La “concepción” es el momento exacto, donde surge una nueva vida, cuando el esperma, invade el óvulo, que es el mismo momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica. Aquí comienza la vida humana, es por eso que la Iglesia defiende la vida desde su concepción, porque ya Dios, ha puesto su mirada en el nuevo ser.
El mismo Dios, ese que hizo cosas grandes por la virgen María, suscitó en estos grandes pensadores la verdad revelada sobre la Virgen María. Muchos pensadores, hay que decirlo, también no estaban seguros de esta doctrina, de esta forma de pensar y algunos se oponían, la batalla filosófica y teológica se extendía por toda Europa, tratando de entender qué era lo que el Poderoso había hecho en la Santísima Virgen María. ¿Era posible que la haya preservado del pecado original?

Otro gran pensador y teólogo que ayudó a esta doctrina es John de Duns Scoto, franciscano (1265 / 1308), quien defendió los escritos de Santo Tomás de Aquino sobre la idea de la Inmaculada Concepción de María en un famoso debate en la universidad de Paris, en el año 1305, tres años antes de su muerte.
El problema era complejo, porque se corría el riesgo de contradecir las Sagradas Escrituras y es algo que podría ser considerado como herejía o blasfemia. La Iglesia siempre ha sido depositaria de la fe y ha cuidado con celo ese depósito sagrado (Cfr Constitucion Apostolica Fidei Depositum, Juan Pablo II), por lo cual se cuida con muchísimo celo, que toda doctrina no viole ni contradiga las Sagradas Escrituras. Por eso estos teólogos pidieron discernimiento a Cristo, el Hacedor de todo, para lograr sortear esa finísima línea de la herejía.
La Escritura dice:
Sal 51, 7 “Yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre”
Rom 3, 22 – 23 “Porque no hay ninguna distinción: todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”
1 Jn 1, 8 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”
Según las Escrituras, todos, absolutamente todo los seres humanos, estamos privados de la gloria de Dios por el pecado original, es decir, por el pecado de nuestros primeros padre Adán y Eva, quienes desobedecieron al Padre y de ahí, el pecado de la desobediencia a todo ser humano. El que diga que no tiene pecado, es un mentiroso, por lo cual, decir que María es sin pecado, puede contradecir las Escrituras. ¿Qué era María, sino otro ser humano? ¿No es María otra criatura de Dios? Para ella también debería aplicarse las Escrituras. Mil años habían pasado de cristianismo y este tema no se había tocado, ¿Por qué ahora debía cuestionarse que un ser humano estuviera exento de las leyes divinas? ¿Por qué debiera haber una excepción? ¿No sería eso contrario a las Sagradas Escrituras? Estas y muchas otras interrogantes se planteaban los teólogos, entre ellos, Tomas de Aquino y John Duns Scoto, por lo cual aparte de pensar, pidieron inspiración al Espíritu Santo para dirimir semejante tema espinoso.

Los grandes teólogos señalan, entre otros, estos puntos en defensa de la Inmaculada Concepción.
- Dios, como Ser omnipotente, que todo lo puede, no solo sana pecados sino que también los previene.
Sanar o perdonar los pecados está muy claro en las Sagradas Escrituras Lc 7, 48 “Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados»” Mt 9, 2 “Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados»”
Pero, – dice Duns – que Dios tiene el poder absoluto de prevenir los pecados, y para mostrar su poder, preservó a aquella mujer que tendría como misión traer a su Hijo Jesucristo.
- Jesús es el perfecto Mediador
Si es el reconciliador perfecto, debe actuar de forma que al menos una persona fuese preservada del pecado original
- Cristo, por quien todas las cosas fueron hechas, en el cielo y en la tierra (Col 1, 16)
María nació sin el pecado original, pero no es por mérito propio sino en atención a Cristo, quien vendría a este mundo a través de ese cuerpo que debía estar inmaculado. Si se puede otorgar la gracia después del primer instante, Dios, en su omnipotencia, puede conceder esa misma gracia santificante antes del primer instante, si no pudiera hacerlo, no sería Dios todopoderoso, Él tiene esa facultad.
Había otro escollo enorme a superar. Sabemos que Cristo es el redentor del mundo, redentor universal. Si María no hubiese tenido el pecado original, significaría que nunca tuvo pecado, porque la santa Madre tuvo que ser limpia para ser elegida como Madre del Señor. Si María no tuvo ningún pecado, entonces no necesitaba redención, por lo cual, Cristo no sería el redentor universal porque había un ser a quien no podía redimir.
“Aunque esta explicación – que la Virgen no tuviera pecado- parece convenir a la dignidad de la Virgen madre, menoscaba, sin embargo, en algo la dignidad de Cristo, sin cuya virtud nadie ha sido liberado de la primera condenación…
No parece conveniente sostener que antes de la carne de Cristo, en la que no hubo pecado alguno, la carne de la Virgen, su Madre, o de cualquier otro haya estado exenta del fomes”
Suma Teológica, Tomo V, Cuestión 27, Art. 3
(Fomes = Inclinación al pecado)
Complejo, muy complejo.






Templos en honor a la Inmaculada Concepción de María
Fue hasta el siglo XIII que el franciscano Duns Escoto aportó la pieza clave a esta problemática.
Duns sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata de una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.
Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Cuenta la historia que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle:
«Dignare me laudare te: Virgo Sacrata» (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).
1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original?
– Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.
2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original?
– Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.
3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace?
– Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.
Entonces Scoto exclamó:
Luego
1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.
2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha
3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.
Esto sucedió en el año 1,305, a pesar de ello, la Iglesia siguió esperando, quería estar segura que en verdad esta era inspiración auténtica del Espíritu Santo
Veamos algunas citas que ayudan a comprenderlo mejor.
Lc 6, 43 – 44 “No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto”
Si el Hijo de Dios viene a este mundo, El, que es puro, inmaculado, sin mancha, sin pecado, quien no necesitaba el bautismo de Juan (Mc 3, 14 – 15 “Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»”) ¿Cómo saldría de un depósito (el vientre de María) manchado por el pecado original?
¿Puede acaso lo inmaculado salir de lo maculado? ¿Puede un árbol sucio, dar un fruto limpio?
El pecado corrompe el alma, si venimos con el pecado original, nuestra alma está podrida, el bautismo regenera el alma y le da la vida en Cristo. ¿Cómo sería posible que el alma de quien algunos años después nos dará al ser más puro que haya existido, pueda estar podrida en el momento de la concepción?
La inmaculada Concepción de María es toda una teología discutida a lo largo de los siglos. Los teólogos discutieron mucho y pidieron asistencia al Espíritu Santo. El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente. Al final, la voluntad de Dios se asienta y prevalece. Como “Palabra de Dios revelada a la Iglesia”, el dogma de la Virgen María fue promulgado solemnemente por el Papa Pio IX el 08 de diciembre en el año 1854, por medio de la bula Ineffabilis Deus.
A la Iglesia le tomó llegar a definir esa verdad revelada, más de ochocientos años, más de 8 siglos, curiosamente, ese período de tiempo es incluso mucho más de lo que tiene la primera secta protestante, que ahora, con 500, 300, 200, 50, 8 años de existencia, viene a querer poner en duda esta verdad revelada a la Iglesia.
Los que desacreditan, los que critican, los que no creen e incluso, aborrecen el Dogma de la Inmaculada Concepción, no se dan cuenta que en el fondo, sin quererlo ni pretenderlo, están dudando del poder de Dios, porque los dogmas, son ante todo, cristianos, que expresan y explican el poder omnipotente del Dios hacedor de todo. Los Dogmas son acciones sobrenaturales del Dios Altísimo sobre sus criaturas, en este caso, sobre la Virgen María.
En la aparición de la Madre María, en Lourdes, Francia, en 1858 a pedido del párroco Abbé Peyramale, la vidente Bernardette preguntó a la Virgen ¿Quién eres? y recibió esta respuesta “Yo soy la Inmaculada Concepción”, reafirmando con ello, la Madre del Amor hermoso, que ella goza de tan alta gracia, porque “El Poderoso hizo grandes cosas en ella” (Lc 1, 46).
«…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…»
(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, 08 de diciembre de 2019