En estos tiempos donde convergen 60 mil sectas protestantes y la Iglesia católica, es muy pero muy común, escuchar a los pastores protestantes y a sus adeptos, descalificar a la Iglesia Católica por cualquier razón que se les ocurra. Por la oración a los difuntos, por el santo rosario, por la veneración a las imágenes, por la confesión, por la doctrina de los dogmas, por la persona del Papa, por el edificio del Vaticano, etc. Pero sobretodo, la descalifican por esos casos vergonzosos de pecado en sus ministros, específicamente, la pedofilia, la falta al celibato, por amor al dinero, que lamentablemente, algunos ministros de la Iglesia y fieles, han cometido.

Ciertamente son vergonzosos estos pecados en nuestros ministros, no vamos a justificarlos ni a encubrirlo, no es el interés ni el objetivo de este artículo, porque la Escritura es clara. Mt 18, 6 “Sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo hundieran en el fondo del mar”, sin embargo, los católicos debemos estar muy claros en algo. Una cosa es la “Ortodoxia” y otra muy distinta la “Ortopraxis”. El verdadero católico, tiene su fe cimentada en Cristo y no en los miembros de la Iglesia que son humanos, frágiles y pecadores. Ir a la Iglesia por el sacerdote y no por Cristo, hacen que la fe sea pasajera.
La doctrina es fiel
La doctrina de la Iglesia es fiel al Señor Jesucristo y no envía a un ministro a realizar esos actos impuros, escandalosos y pecaminosos. La doctrina de la Iglesia enseña la verdad, enseña a Jesucristo en su esplendor divino ya que este fue su mandato Mt 28, 20 “enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”, y esto es lo que hace la Iglesia, pero está exenta de toda responsabilidad de los actos pecaminosos de cada miembro de la Iglesia. Es cada persona que, dejándose llevar por el maligno, realiza esas atrocidades, aun a costa de traicionar al rey de Reyes, pues al hacer esas cosas, traicionan su ministerio y se vuelcan contra Cristo, pero la Iglesia no los manda a ello, no los incita a ello. No se trata pues, tampoco de ignorar esos actos pecaminosos, sino de entenderlos en su correcta dimensión.
Veamos la diferencia entre una cosa y la otra.
La ortodoxia, es “enseñar lo correcto”, la correcta enseñanza de lo mandado por el Maestro, la ortopraxis, es “hacer lo correcto”, caminar correctamente de acuerdo a lo que se cree y se predica. La Ortodoxia es tener plena conformidad con los principios de la doctrina católica, aceptarlas y creerlas.
La Ortopraxis Tiene que ver con el cuidado por la acción correcta, de acuerdo a la ortodoxia, una acción que sea la exacta expresión de las creencias que se sustentan y que esté en todo de acuerdo con los principios que se afirma creer y seguir.
Por ortopraxis entendemos la recta práctica de lo que se cree; son las acciones y proyectos que inciden en la realidad de los que nos rodean. Por ejemplo, si recomendamos a los demás que es bueno “leer” y nosotros leemos todos los días, la Ortodoxia y las Ortopraxis van de la mano, porque lo que recomiendo es lo mismo que hago. Cuando actuamos de acuerdo a nuestros buenos principios, la ortopraxis transforma la realidad que se vive, pero si actuamos de manera incorrecta, cuando predicamos una cosa y hacemos otra, entonces no actuamos de acuerdo a los principios que predicamos, en este caso, la ortodoxia y la ortopraxis, son contrarias y entonces decimos “es hipócrita”, porque no hace lo que predica.
Orto: “Correcto”, “recto”
Doxia: “Opinión”, “creencia”
Praxis: “Hecho”, “acción”, “práctica”
Por tanto, el hecho de que un seglar, una religiosa, un sacerdote, un diácono, un obispo e incluso el Papa, realice una mala acción, solo es el reflejo de su propio pecado. Es la inclinación al mal de cada uno, traicionando así nuestra entrega a Cristo a quien decimos servir, pero eso, nada tiene que ver con la doctrina que predicamos
Por otra parte, la Iglesia no nos envía a nadie a hacer el mal, a pecar, es cada persona la que realiza esa acción, pero la doctrina que se predica, es verdadera, esto no es cuestionable.
Por supuesto que la recta doctrina debiera producir en nosotros el recto comportamiento, esa es la lucha que tenemos los cristianos, ser rectos en nuestro proceder, pero el poder demoníaco contra el que nos enfrentamos a diario, es enorme, “nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio” Ef 6, 12 y es por eso que muchos de nosotros caemos en la tentación. Pero el pecado dentro de la Iglesia no debe escandalizar a nadie, ya que todos los seres humanos estamos inclinados al pecado, San Pablo dice Rom 7, 15 “Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco” Esto nos pasa a todos, pues queremos hacer el bien, pero nos inclinamos a hacer el mal, cada quien en diferente nivel.
Los cristianos sabemos que debemos esforzarnos por hacer la voluntad del Padre, porque si predicamos o decimos creer en Cristo, pues eso debe notarse en nuestras acciones, bien dice el dicho popular que “las palabras convencen pero los hechos arrastran”, y aunque en muchos de nosotros, la ortopraxis y la ortodoxia, no siempre van de la mano, son muchos los hombres y mujeres que sí han hecho vida esa unión y han hecho grandes cosas. San Francisco de Asís, Santa Teresa de Ávila, San Padre Pio de Pietrelcina, San Martín de Porres, Santa Faustina, etc.
Evangélicamente hablando lo podemos definir de la siguiente manera:
Ortodoxia es : “Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado” Mt 28, 20
Ortopraxis es : “«Hagan lo que él les diga»” Jn 2, 5
Ortodoxia es enseñar lo que dijo el Maestro y para eso, la Iglesia es experta, pues lo hace desde hace XX siglos, a través de las Sagradas Escrituras, de encíclicas papales, documentos apostólicos, decretos, reuniones episcopales, etc.
La ortopraxis es un poco más complicada, ya que aquí, entra en juego la voluntad de cada quien, por eso, no hay que confundir estos dos términos y comprender su diferencia en su verdadera dimensión. El pecado de un ministro de la Iglesia, no elimina la verdad de la doctrina que ese ministro predica, porque esa verdad está cimentada en Jesucristo, el Hijo de Dios, el anti testimonio de vida, es parte de nuestra humanidad frágil y pecadora.
Por eso cuando te digan que “la Iglesia Católica no es la verdadera porque en ella hay pecadores”, debes responder que la Ortodoxia es infalible.
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, Noviembre de 2019