Aurelius Augustinus Hiponnensis, es el nombre de un cristiano tan lejano en el tiempo, como el mismo Cristo Jesús. Nacido el 13 de noviembre del año 354 (Siglo IV) y fallecido el 28 de Agosto del 430 (Siglo V). San Agustín, como luego se le conocería, sería una de esas extraordinarias lumbreras de la Iglesia, del cual pasan el tiempo, los años, las décadas, los siglos y sigue vivo en la mente de los cristianos. Se cumple la palabra del Maestro “Aunque este muerto vivirá”, porque el tiempo no borra su memoria y su testimonio de entrega a Cristo, permanece intacta.

Pero para llegar al conocimiento de Cristo, Aurelius Augustinus tuvo que dar vueltas en su vida, tropezar, pecar, abrazar la herejía y ser contrario al evangelio de Cristo, para luego ser transformado y embebido por El.
Sus padres fueron Mónica y Patricio, de buena posición social. Agustín en su temprana edad de la juventud, tuvo un hijo de una relación ilícita, a quien llamaron Adeodato, quien murió siendo un adolescente. La madre de Agustín, fue una mujer abnegada que, como es lógico, amaba a su hijo, pero tuvo una vida de lágrimas al ver del cómo su hijo abrazaba la herejía maniquea. Los maniqueos, eran una secta creada por el príncipe persa Mane en el siglo III después de Cristo. Esta creencia era una herejía que sostenía que en el mundo había dos principios, uno del bien y otro del mal y se complementaban entre sí. Luego, basada en el maniqueísmo, surgió con los años, el gnosticismo, que entre otras cosas, cree hoy día, por ejemplo, lo siguiente.
«En el paraíso, ¿Quién engaño a quién? ¿Fue la serpiente la que engaño a Eva o fue Dios? Dios dijo – Si comen de ese árbol morirán -, la serpiente dijo – no morirán, sino que se les abrirán los ojos y serán como dioses – Eva comió del fruto y “no murieron sino que se les abrieron los ojos”, ¿Quién dijo la verdad entonces? Fue la serpiente la que habló con la verdad, por tanto, la serpiente es el verdadero dios»
El maniqueísmo ha dado lugar a herejías como esta que se acaba de describir, por lo cual podemos entender la clase de secta en la que estaba Agustín.

Mónica, su madre, oró insistentemente al Dios de la vida para que transformara la vida de su hijo, le reprendía le aconsejaba, oraba y lloraba para lograr su conversión, pero Agustín era de carácter fuerte, estudió mucho y así fue dotado de una inteligencia sin igual y aunque buscaba la verdad, una venda se había quedado pegada en sus ojos y en su alma.
Siendo crítico consigo mismo, había algunas cosas de su creencia maniquea que no lograba del todo comprender y creía que se contradecían entre ellas. Todo empezó a cambiar cuando Agustín escuchó de un gran predicador cristiano, era Ambrosio, Obispo de Milán, Italia, quien también había sido dotado de una inteligencia extraordinaria. Agustín había encontrado a un orador tan grande como él. Desde fuera del templo, Agustín replicaba a Ambrosio. Dos pensadores, dos lumbreras, pero en posiciones encontradas, en pleno combate verbal, ambos defendiendo su creencia uno (Agustín) a costa de perder su prestigio y otro (Ambrosio) a costa de perder las almas que le habían sido encomendadas.
Pero al igual de como pasó en la cruz, satanás y su teoría fueron vencidas por la luz de la verdad: Jesucristo. Ambrosio, San Ambrosio de Milán, le fue mostrando la verdad de Jesucristo de manera tan eficaz y convincente que Agustín no tuvo más que aceptarla, esto fue el inicio, para que Agustín dejara a los maniqueos y fuera a abrazar la fe, Ambrosio terminó por bautizar a Agustín.

Las oraciones de Mónica habían dado fruto, sus lágrimas no fueron en vano, ahora se conoce a Mónica como santa Mónica y a su hijo Agustín, como San Agustín de Hipona, Obispo y Doctor de la Iglesia. A la madre se le celebra en la liturgia el 27 de agosto y a su hijo Agustín, el siguiente día, el 28 de agosto. Agustín llegará a decir “Soy el hijo de las lágrimas de su madre”.
La altura intelectual de Agustín, no pasó desapercibida para el mundo. Tiene muchos escritos extraordinarios, para la edificación de las almas, entre ellos, La ciudad de Dios y las Confesiones, que son considerados los de mayor valor espiritual, pero tiene muchos otros libros, como las “Retractaciones” que es donde se retracta de lo que antes, siendo maniqueo, había aseverado. Su intelecto es tal, que San Agustín ha llegado a ser Doctor de la Iglesia. Los Doctores de la Iglesia son un grupo exclusivo de 36 personas, entre hombre y mujeres, que son la pura crema y nata de la cristiandad. Su testimonio y su intelecto iluminan a la cristiandad peregrinante por los siglos de los siglos. Incluso, San Agustín es uno de los cuatro reconocidos “Padres” de la Iglesia occidental, junto con San Ambrosio de Milán, San Jerónimo de Estridón y San Gregorio Magno.
Entre sus miles de pensamientos podemos señalar.
- Pretende alabarte un hombre, pequeña migaja de tu creación
- ¿Por qué invitarte a que vengas a mí, si yo no existiría si Tu no estuvieras en mí?
- Ay de los que te silencian porque son mudos que hablan demasiado
- ¿Qué importancia tiene que alguien no lo entienda? Que también él se alegre y diga ¿qué es esto?. Que se alegre también así y que prefiera encontrarte a ti, aunque no encuentre la respuesta, a encontrar ésta, sin encontrarte a ti.
- Libra a los que no te invocan para que te invoquen y los libres
- Ama y haz lo que quieras

Para terminar solo señalo un pensamiento extraordinario de San Agustín, quien reflexionando sobre el nacimiento de Cristo y la virginidad de María, decía.
“Ese mismo poder que sacó los miembros del infante de las virginales entrañas de su madre, como más tarde introdujo los miembros de un adulto por las puertas cerradas” por eso “Si al nacer El, se hubiese violado su integridad (de María), ya no hubiera nacido de una virgen y entonces, seria falso, muy lejos de nosotros, tal blasfemia, que Él hubiese nacido de María Virgen como confiesa toda la Iglesia”
San Agustín de Hipona
La virginidad de María es una doctrina desde casi los inicios de la cristiandad y que la Iglesia católica guarda con mucho celo. San Agustín nos deja su gran pensamiento sobre la virginidad de la madre María.
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«Y Tú que llenas todas las cosas, las llenas con la plenitud de tu ser ¿O es que al no ser capaces de alojarte en tu totalidad, alojan una parte de Ti, todas la misma parte y a la vez? ¿O cada uno de los seres acoge una parte de Ti, más grande los mayores, más reducida los menores? ¿Es que en Ti, hay partes mayores y menores? ¿O en todas partes te encuentras en tu totalidad y no hay ser alguno que te abarque por entero? »
Confesiones de San Agustín Libro I, 3: 3
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“Vine a caer en manos de unos hombres de orgullo delirante carnales y charlatanes a más no poder. A pesar de todo, seguía pensando que lo que me servían eras Tú, seguía comiendo pero no con avidez, porque ni tenías sabor en mi paladar, ni te saboreaba como eres. La comida de los que sueñan, se parece muchísimo a la comida de los que están despiertos, sin embargo la comida de los que sueñan, no alimenta a los que duermen, estos se limitan a dormir. Al desviarme de la verdad me creía ir al encuentro de ella”
Confesiones de San Agustín Libro III, 6: 10 – 12
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, Agosto de 2020