
Hoy la Iglesia celebra la fiesta litúrgica de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir.
San Ignacio es considerado uno de los padres apostólicos, nació entre el año 30 y 35 después de Cristo y fue martirizado en el año 107. Como podemos observar, casi es contemporáneo de Cristo, solo nació 30 años después, es prácticamente del mismo tiempo.
Ignacio conoció a Cristo de primera mano, es decir, escuchó predicar a quienes le conocieron (a Cristo) en persona. Ignacio recibió el evangelio del mismísimo Juan, el apóstol más querido por Jesús aunque también conoció a Pablo de Tarso quien también le predicó sobre Jesús.
Para este tiempo, el apóstol Pedro gobernaba la Iglesia de la ciudad de Antioquía, y San Ignacio fue su sucesor.
San Ignacio reviste una gran importancia en la historia y en la Iglesia puesto que fue el primero en nombrar a la Iglesia cristiana como “Católica”. Los pobres protestantes, adolecen de algo que se llama “ignorancia”, cuestionan que la Iglesia Católica fue fundada por el emperador Constantino pero este emperador nació en el año 272 después de Cristo y la madre de Constantino ya profesaba la fe de la Iglesia cristiana existente, la única existente, es decir, la Iglesia Católica. Se confunden porque Constantino convocó el Concilio de Nicea en el año 325, el cual otorgó legitimidad al cristianismo en el Imperio romano por primera vez y así se dejó de perseguir a la Iglesia cristiana, pero, como veremos, fue Ignacio de Antioquía, quien le nombró por primera vez “Católica” y eso fue casi 200 años antes de que naciera Constantino. De San Ignacio es que conocemos los primeros años de la sucesión apostólica, de su puño y letra.

Es autor de siete cartas que redactó en el transcurso de unas pocas semanas, mientras era conducido desde Siria a Roma para ser ejecutado.
Entre las cartas de San Ignacio se encuentran la carta de San Ignacio a los Efesios (la Iglesia de Éfeso), la carta de San Ignacio a los esminiotas (la Iglesia de Esmirna). Al igual que San Pablo, San Ignacio escribe a los Efesios y aparte de ello, escribe a la Iglesia de Esmirna.
La doctrina de la Iglesia Católica se remonta desde dos mil años, por eso, no es mentira decir que “tenemos dos mil años de existencia”. San Ignacio recoge en sus cartas parte de la doctrina que aun hoy predicamos los católicos. Esto dice Ignacio en sus cartas:
Obediencia jerárquica
“Reunidos en una misma obediencia, sometidos al obispo y al presbiterio, vosotros seáis santificados en todas las cosas” Carta a los Efesios # 2
“Pongamos, pues, esmero en no resistir al obispo, para estar sometidos a Dios” Carta a los Efesios # 5
La virginidad de María
“Al príncipe de este mundo le ha sido ocultada la virginidad de María, y su alumbramiento, al igual que la muerte del Señor: tres misterios sonoros, que fueron realizados en el silencio de Dios” Carta a los Efesios # 19
Sobre los que tergiversan la fe, nótese de cómo desde Cristo, la Iglesia Católica ya viene batallando contra los que tergiversan la fe, contra los que la tuercen, es decir contra los protestantes. Nótese también en este mismo párrafo, que San Ignacio ya habla de la Eucaristía, como algo primordial en la fe.
“Pero observad bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a vosotros, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad” carta a los Esmirnianos, # VI
Y aquí habla de la Iglesia Católica, recuerden que “Católico” significa “Universal” de hecho, era la única Iglesia que existía ¿A quién más se podría referir San Ignacio?
«Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la iglesia universal», carta a los Esmirnianos, # VIII
Estas cartas de San Ignacio, bien podrían ser parte del canon bíblico, pero la Iglesia Católica, por medio del Papa San Dámaso I, en el siglo IV, por alguna razón, no juzgó oportuno incluirlas en el canon bíblico, de haberlo hecho, nuestro nuevo testamento tuviera estas cartas de San Ignacio y los protestantes también predicaran de estas cartas, es decir, que si los protestantes no predican sobre estas cartas es porque la Iglesia católica no las incluyó.
Regresando a la vida de San Ignacio, como la persecución de la Iglesia cristiana estaba en su apogeo, Ignacio sufrió esa misma persecución. Fue condenado a ser parte del “circo” romano, es decir a ser espectáculo para los anticristianos, para ser devorado por los leones. Una escena, que si nos la planteamos, debió ser cruel, terrible, inimaginable para nuestros tiempos, de cómo las fieras se abalanzaban sobre los cristianos y les devoraban mientras estaban vivos. San Ignacio sufrió este destino, por eso, en la iconografía, lo encontramos con leones que le asechan.
San Ignacio, es de los primeros mártires de la Iglesia, no sufre por su destino, no pide a Dios que lo salve, no llora por su trágico final, sino, como enamorado de Cristo, sabe que de Él es la vida y hacia Él se conduce
“Dejadme ser pasto de las fieras, por ellas me será dado, llegar a Dios” CIC # 2,473

“No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mí morir (para unirme) a Cristo Jesús que reinar hasta las extremidades de la tierra. Es a él a quien busco, a quien murió por nosotros. A él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca…” CIC # 2,474
«…para ser trigo de Dios, molido por los dientes de las fieras y convertido en pan puro de Cristo».
Y esto contrasta totalmente con la “teología de la prosperidad” que predican muchos protestantes donde el mensaje es “Dios, dame una casa” “Dios, dame un buen trabajo”, “Dios dame prosperidad”, “Dios, dame un buen coche”, “dame, dame, dame”… la Iglesia primitiva sabía qué significaba estar con Dios. Sabía que ser cristiano era servir como trigo y ser triturado, y eso mismo predica hoy nuestra Iglesia Católica. Monseñor Romero, 1900 años después, dirá en su testamento espiritual, antes de su propio martirio:
“Mi disposición debe ser dar mi vida por Dios, cualquiera que sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Jesucristo asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero más valioso que el momento de morir, es entregarle toda la vida, vivir para El. Me basta estar feliz y confiado, saber con seguridad que en El está mi vida y mi muerte”
¿No te sientes orgulloso de ser católico? Lo que se predicó hace dos mil años, es lo que hoy mismo, se predica.
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, octubre de 2021
Octubre de 2019