Día de la mujer

08 de marzo, día internacional de la mujer

Este día se ha designado a nivel mundial para conmemorar a la mujer, su existencia. Ese ser humano fuerte y frágil a la vez, que pisa esta tierra y que es capaz de albergar la vida y desarrollarla para que el hombre, siga existiendo.

Muchas mujeres lo celebrarán rezando el rosario a la mujer más grande que ha pisado esta tierra, la Madre María. Otras lo celebrarán asistiendo a misa y otras trabajando abnegadas en su hogar, cuidando de sus pequeños tesoros, trabajando arduamente en sus casas sin que eso sea considerado trabajo y no les paguen, pero ellas no necesitan sueldo para amar y servir a sus seres queridos.

Otras, sin embargo, lo celebrarán marchando en las diferentes capitales del mundo manchando edificios, sobre todo Iglesias Católicas, gritando consignas a favor del aborto, pidiendo a la Virgen que “aborte a Cristo” y se haga “feminista”, insultando sacerdotes, obispos, al Papa, denigrando a la Iglesia, como si la Iglesia fuera su enemiga. A estas queremos hablarles y cuestionar su corazón de madre, de mujeres, de hijas, esposas y hermanas.

Queremos decirles a las mujeres que hoy marchan y se ensañan contra la Iglesia, que nuestra Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, fundada hace más de dos mil años, solo predica el mensaje de Cristo y Cristo es el personaje que ha dignificado a la mujer en la historia. En primer lugar, necesitando a una de ellas para ser efectiva la salvación de la humanidad, la Virgen María, la que desde su fidelidad dijo “Sí” aun y cuando esto, le podría traer incomprensiones, ataques y la muerte. María, la mujer fiel, amante y abnegada a la que todos debemos respeto por ser la madre de nuestro Señor. La que se contrapone a la desobediencia de Eva y eleva la dignidad del sexo femenino. No debiera ser María, ni la Iglesia el blanco de sus ataques.

Debieran estas pobres mujeres protestar contra el Islam, que sí es una religión que desprecia a la mujer, la considera un objeto, un animal, una propiedad que se puede maltratar, golpear, insultar, humillar por un machismo enfermizo, que no va con el desarrollo del siglo XXI ni con el plan del verdadero Dios.

Cristo, en su divinidad, ha dado dignidad a la mujer en toda su grandeza.

En tiempos del antiguo testamento, Moisés, Abraham, Isaías, Habacuc, Nabucodonosor, David, salomón, la mujer no era digna de muchas cosas. No podía entrar al templo, le era vedada la lectura de las sagradas Escrituras, era denunciada por adulterio, era lapidada, no le estaba permitida, ni siquiera la opinión en cosas “de hombres”.

Cristo, viene a este mundo y dignifica a la mujer. Eleva la dignidad de la mujer, ese ser despreciado y lo coloca a la altura del hombre. Cuenta la sagrada Escritura que…

“Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices? Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante». Jn 8

Los ancianos, los hombres hipócritas, creyéndose limpios e impolutos, le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, curiosamente solo le llevan a la mujer y no a su acompañante de adulterio, quizá él mismo estaba entre los acusadores, como la hipocresía más vil… ¿Era adúltera? Claro que lo era… ¿era culpable? ¡Lo era!, la sentencia era justa, la sentencia era lícita, la lapidarían y solo cumplirían la ley de Moisés, no harían nada ilegal, solo “cumplirían la ley”… era un caso totalmente definido, estaba absolutamente claro cuál sería su desenlace… de hecho, lo que habían puesto frente a Jesús, era a “una mujer muerta”, “un cadáver viviente”, solo era cuestión de tiempo para que se cumpliera la ley, pero el Maestro del amor, les botó “su caso”, y de una manera extraordinariamente espectacular, el Maestro no quiso ver la verdad de la culpabilidad, se decidió por a ver por encima de los despojos humanos, se decidió a ver por encima del pecado que nos consume… Cristo se decide por “el amor”, “el perdón” y lanzó su veredicto inobjetable

“El que esté libre de pecado, el que nunca haya cometido un error en su vida, el que sea blanco, puro, intachable como la nieve, ese que se acerque, el que sea digno, el que esté limpio, el que se crea justo a los ojos del Altísimo, ése que lance la primera piedra, su santidad le da el derecho de segar la vida de esta mujer pecadora. Venga pues, ese santo, que tire la primera piedra”.

Jesús no solo resucitó al hijo de la viuda de Naím, ni a Lázaro en aquel cuarto día, sino también a este “cadáver viviente”, Cristo resucitó a esta mujer a una vida nueva, un borrón y cuenta nueva. El cristianismo empuja a proteger al ser humano, independientemente de sus pensamientos políticos y sociales, incluso de su culpabilidad.

Jesús no fue “imparcial”, como hacen los hipócritas, que quieren quedar bien con Dios y con el diablo. Se puso del lado de la que estaba a punto de ser lapidada y esto, salva la vida a la mujer.

Eso mismo hace la Iglesia. Grita por la mujer que quiere ser asesinada desde el infame aborto o desde la infame “muerte asistida”, palabras bonitas, para un destino igual de perverso.

Las mal llamadas “feministas”, se lanzan contra la fe y podemos ver en ello, una estrategia más del maligno, que se abalanza contra la Iglesia, la que defiende la dignidad, la verdad de Jesucristo y la creación.

Mujeres que manifiestan su inconformidad a este mundo perverso, Si van a protestar machando edificios, háganlo en los burdeles donde se denigra a la mujer por dinero. Protesten contra el crimen organizado que trafica con mujeres para convertirlas en esclavas sexuales. Protesten contra los medios de comunicación que muestra sus anuncios comerciales con mujeres semidesnudas para vender un simple chocolate. Protesten contra el Islam, que tiene en la mujer a una pertenencia más. Protesten contra los salarios injustos que pagan menos a una mujer que a un hombre aunque los trabajos sean en iguales condiciones y con las mismas responsabilidades. Protesten contra el regueton, que tanto insulta y ofende a las mujeres y aún hay mujeres que lo bailan alegremente… pero no protesten contra la Iglesia católica, porque es de las pocas instituciones que defienden el género femenino.

Templos católicos atacados y quemados durante protestas femninistas

La Iglesia tiene el altísima estima a las mujeres, pues es la enseñanza del Maestro. La Iglesia sabe que la mujer no solo es necesaria para la humanidad, sino “indispensable”. La Iglesia ama y defiende el feminismo, pero bien entendido, no segado por un odio visceral contra Cristo.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, marzo de 2020

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