
Este día, 01 de noviembre, la Iglesia celebra la fiesta de todos los santos, es decir, a todos y cada uno de los hombres y mujeres, niños y ancianos, que de alguna manera han servido a Cristo Jesús el Señor de la historia.
Este tema de “los santos” es de mucho interés para nuestros hermanos, los protestantes, puesto que, como siempre, ven en este tema una razón más para descalificar a la Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo.
“Idólatras”, “adoradores de ídolos”, “se irán al infierno” son los gritos desenfrenados que nacen de la ignorancia, sin fundamentos sólidos. Ven fantasmas donde no los hay, todo por su irracionalidad, su fanatismo y su desconocimiento de la fe de la Iglesia.
Son muchísimas citas, tanto en el antiguo como en el nuevo testamento, las que nos invitan y nos exigen vivir el evangelio, tratar de ser como Cristo, mansos y humildes de corazón, para así alcanzar misericordia, no se trata “solo de fe”, sino de cumplir la voluntad del Maestro. Ciertamente nunca seremos como Jesús, porque somos carne pecadora, llena de maldad, sin embargo, muchos hijos de la Iglesia han trabajado sus cuerpos pecaminosos y han logrado de alguna manera, asemejarse un poco a Jesucristo, así decía uno de ellos “Por eso a mí me hacen un inmenso honor cuando me rechazan porque me parezco un poquito a Jesucristo que también fue piedra de escándalo” San Óscar Romero, 31 diciembre 1978. Esto es lo que veneramos en estos hermanos nuestros y les recordamos con cariño, que se parecen un poquito a Jesucristo.
Ap 14, 12 En esto se pondrá a prueba la perseverancia de los santos, de aquellos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
Lv 20, 7 – 8 Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo.
Mt 5, 48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
Fil 4, 9 Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.
Esto lo ha entendido la Iglesia, la cual ha motivado a toda la feligresía “ser santos, como Él es santo”.
Muchos hombres y mujeres han aceptado el reto y se han vuelto lumbrera en nuestro camino hacia Dios, dejándonos una estela de ejemplos extraordinarios y que nosotros, la Iglesia peregrinante, debe estar dispuesta a seguir.

San Juan Bosco, santo entre los jóvenes, ayudándoles ser modelos en la sociedad.
Santo Padre Pío de Pietrelcina, un santo con las marcas de Cristo en su cuerpo, el santo de la obediencia.
Santa Teresa de Ávila, mujer de oración, persistente, llena de coraje e inteligencia, doctora de la Iglesia.
San Francisco de Asís, dejando todas sus posesiones, lo dio todo a los pobres y se encaminó a seguir a Cristo.
San Maximiliano Kolbe, santo en un campo de concentración nazi, entregó su vida a cambio de otro.
Santa Teresa de Calcuta, mujer con un amor que se le salía del pecho, dispuesta a amar hasta el dolor.
San Agustín de Hipona, un hombre de sabiduría impresionante, que supo descubrir a Cristo dentro de sí.
San Juan XXIII, un Obispo de Roma, que supo entender el soplo del Espíritu a su Iglesia, en el Concilio Vaticano II
San Óscar Arnulfo Romero, un santo entre las balas, el dolor, la muerte y el secuestro.
Santo Domingo Savio, un niño que supo, desde su corta edad, obedecer a Cristo y prefirió morir antes que pecar.
Santa Clara de Asis, la compañera de San Francisco, que dejándolo todo, se encaminó a su esposo, Cristo.
San Ignacio de Antioquía, que se sintió feliz por caminar hacia las fauces de leones, para ser trigo de Cristo.
San Jerónimo de Estridón, quien nos dejó la edición de las escrituras “La Vulgata” que aun hoy leemos en nuestras Eucaristías.
Santa Faustina Kowalska, quien recibió el mandato del mismo Cristo, de que adoráramos su misericordia.
San Marcelino Chanpagnat, quien amó a Dios en los niños
San Martín de Porres, el mulato que desde su escoba nos muestra a Cristo en lo sencillo
San Antonio de Padua, ese portugués que no quería hablar por humildad, pero tenía palabras de Doctor de la Iglesia.
Y así podemos seguir mencionando grandes portentos de la Iglesia, grandes hombres y mujeres que han usado sus dones para el engrandecimiento del Reino, esto es lo que veneramos, esto es lo que recordamos, muchos santos, muchos mártires, que lo han dado todo por Cristo. Qué poco saben los protestantes. Ignoran que en estos santos, está Dios.
Por eso, debemos alegrarnos cada vez que hay una canonización, una beatificación, porque son más ejemplos que tenemos para seguir a Cristo. Todos los días debieran haber canonizaciones, porque ese es el sello de autenticidad de una Iglesia verdadera que busca a Cristo en el ejemplo, en su imitación auténtica.
La Iglesia pues, celebra hoy a estos ejemplos de vida y nos invita a ser como ellos, para engrandecer el reino de los cielos. Demos gracias a Dios.
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, 01 noviembre 2019