Diciembre 02 de 1980

Estos son los que yo llamo verdaderamente justos… el hecho de haber dejado que les quitaran la vida y no haberse huido, no haber sido cobardes y haberlos situado en esa situación de tortura, de sufrimiento, de asesinato, para mí es tan valioso como un bautismo de sangre y se han purificado. ¡Tenemos que respetar su memoria!… San Óscar Arnulfo Romero 23 Septiembre 1979
Ita Ford (religiosa Mariknoll), Maura Clark (religiosa Mariknoll), Dorothy Kazel (religiosa ursulina) y Jean Donovan (seglar).
El 02 de diciembre de 1980, las religiosas venían de Nicaragua de una reunión general de la orden en el cual también hicieron un retiro en la población de Diriamba. En El Salvador, la orden Mariknoll tenía asistencia pastoral y humana, en Chalatenango y en la Libertad. Dos de las religiosas regresaban de Nicaragua y las otras dos fueron a traerlas. Estamos en el año 1980, donde la guerrilla, contraria al gobierno, se estaba formando y como las Fuerzas Armadas no tenían un enemigo concreto a quien perseguir, pues usaban su torpe inteligencia para rastrear a los que “parecían” ser sus enemigos. La Iglesia católica estaba en la lista de sus enemigos, de hecho, era la primera en su lista y ya lo habían demostrado, recordemos, estamos a finales de 1980, ya habían casas parroquiales dinamitadas, cateadas, ya seis sacerdotes y un arzobispo habían sido asesinados. Las religiosas eran parte activa de esa Iglesia a la cual perseguían, de esa Iglesia solidaria con los pobres, obreros y campesinos y por si fuera poco, tenían dos enormes agravantes, uno era que se reunían con ellos, los pobres y campesinos salvadoreños y esto era ya un delito para las fuerzas de seguridad, y lo otro y aún peor, era que venían de Nicaragua, “qué horror”, “comunistas”, decían los militares, cuando en verdad venían de su “casa madre”, de un retiro espiritual.
Miembros de la Guardia Nacional vestidos de civil las capturó cuando ya iban de regreso, desde el aeropuerto a sus hogares. Claro, no actuaron al margen de sus superiores, al contrario, fueron órdenes superiores. Las religiosas fueron detenidas, interrogadas, abusadas, ejecutadas y enterradas en San Luis Talpa.
El coronel Carlos Eugenio Vides Casanova, director general de la Guardia nacional, se enteró que el sub sargento Luis Antonio Colindres Alemán había recibido órdenes superiores de asesinar a las religiosas y entonces, se dedicó a hacer su trabajo. ENCUBRIMIENTO. Probablemente él también ya sabía de las tales órdenes.
Los cuerpos de las religiosas, fueron descubiertos el siguiente día, 03 de diciembre y notificado del hecho, el juez de paz de la zona, procedieron a sepultarlas como “desconocidas”, cometiendo la sospechosa, ilógica y cómplice omisión de NO comunicar a nadie del hallazgo, aun y cuando las características físicas de las asesinadas era indiscutiblemente, las de extranjeras. El juez no notificó al Estado ni a ninguna embajada.

¿Extraño verdad?
Es que los asesinos no dejaban cabos sueltos. El sargento Colindres informó a cinco de sus subalternos que detendrían a las religiosas que regresaban de Nicaragua, luego fue al puesto militar de San Luis Talpa con la instrucción de informar y prevenir al comandante de ese puesto militar de que si escuchaban algún combate, hicieran caso omiso. El juez de paz, por su parte, había sido informado de que no debía hacer nada para que las religiosas, es decir, sus cadáveres, fueran descubiertos.
Como las asesinadas eran norteamericanas, las autoridades de ese país estaban muy disgustadas por lo ocurrido, entre ellas, el embajador Robert White. La junta revolucionaria de gobierno encargó una investigación para esclarecer los hechos a sus cuerpos de seguridad, por su parte el coronel Vides Casanova, también ordenó una investigación a sus subalternos. Como bien dice el sabio dicho salvadoreño “los perros cuidando los chorizos”. Ambas investigaciones, como era de esperar, no llevaron a nada, más que a confirmar que ningún miembro de las fuerzas de seguridad tenía nada que ver en este caso.
El FBI tuvo que actuar y fue entonces que el gobierno de EEUU aportó pruebas del caso y solo así se pudo llevar a juicio y condenar, por primera vez en este país, a miembros de las FFAA. Les condenaron a 30 años de prisión.

Cuatro mujeres martirizadas, torturadas y violadas por las fuerzas Estatales el 02 de diciembre de 1980. Lamentablemente ya no teníamos la voz profética de San Romero para denunciar este acto grotesco e infame. Al analizar este caso, las palabras de monseñor Romero, resuenan una vez más como una profecía inapelable, incontestable y tan cierta como su misma existencia, sus prédicas tan certeras demuestran que solo hablaba con la verdad, evidenciada ese 02 de diciembre de 1980.
“…el que se compromete con los pobres tiene que correr el mismo destino de los pobres. Y en El Salvador ya sabemos lo que significa el destino de los pobres: ser desaparecido, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres…” 17 febrero 1980
El Estado salvadoreño, terrorista que faltó a su principal razón de ser, expresada en el artículo uno de la Constitución.
Art.1.- «El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común.»
El Estado violó horriblemente la Constitución… traicionó a la patria, de paso, violó los acuerdos de Ginebra…
El Estado salvadoreño falló en la persecución del delito
- Fueron las fuerzas Estatales, a quienes irónicamente se les llamaba “fuerzas de seguridad”, las que planearon este crimen
- Fueron los mismos miembros de las “fuerzas de seguridad” los que perpetraron el hecho
- No solo las asesinaron, sino las torturaron y las violaron
- Fueron los superiores de estos cuerpos de seguridad los que obstaculizaron las investigaciones para esclarecer este hecho
- Una vez encontrados los cuerpos y al no reconocerlas, el personal del juzgado de paz de Santiago Nonualco, no acudió a ninguna embajada a informar de estos cadáveres, aun y que a todas luces tenían características de extranjeras.
El Estado salvadoreño fue el máximo violador de los derechos humanos en la década de los setentas, ochentas y noventas.
¡¡¡PROHIBIDO OLVIDAR!!!
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo
Les dejo este link, para que puedan ver un documental de Audiovisuales UCA sobre estas valiosas mujeres.