Padre Miguel Pro, Beato

El padre Miguel Agustín Pro es mexicano, nacido en el año 1891 en Zacatecas. Entró a la orden jesuita a la edad de 20 años, estudió en Nicaragua a finales de 1920, pero luego, fue enviado a Bélgica, donde estudió la teología, fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1925, tenía 34 años, regresó a su tierra natal en 1926, en una época convulsa para el país norteamericano.

En México se había desatado un conflicto entre la Iglesia y el Estado. El gobierno mexicano había realizado algunas acciones de carácter oficial que afectaban directamente a la Iglesia católica. Negó la personería jurídica a la Iglesia, negaba el derecho de posesión de bienes a la Iglesia, prohibido la libertad de culto, etc., pero muchos católicos no estaban dispuestos a acatar tal ley. 50 años después un santo de la Iglesia, monseñor Romero dirá “Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla”. Esto llevaría a un serio conflicto entre el Estado y su aparato militar y el pueblo católico. Conflicto que llevó a herir de muerte, sangre y dolor a la sociedad mexicana. Desde la revolución mexicana que inició en 1910, los problemas políticos afectaron a toda la población. Los historiadores no se ponen de acuerdo en qué año terminó la revolución, pero en 1920, llegó a la presidencia Álvaro Obregón quien gobernó hasta 1924, y daría rienda suelta a la persecución religiosa, o mejor dicho, a la persecución de la Iglesia Católica. Pero todo empeoró con la llegada al poder de Plutarco Elías Calles entre los años 1926 y 1929.

Este conflicto fue llamado “la guerra cristera”. La Iglesia era perseguida, por no acatar las disposiciones del gobierno. El culto a Dios estaba prohibido, Las reuniones, las Eucaristías, los sacramentos, todo estaba prohibido. Si esto, estaba prohibido, los ministros de la Iglesia no eran bienvenidos. Un presidente se había empeñado en hacer desaparecer uno de los pilares fundamentales de la sociedad mexicana, la fe, la Iglesia, pero el pueblo de México, no iba a permitir tal disparate. Se dispuso a soportar la prueba, siendo fieles con ello, a la fe, a la Iglesia y a Cristo. El caso es que no solo soportó la prueba sino que la combatió. El pueblo se armó y se fue al combate, porque no creían que hubiera otra salida más que la militar. No es fácil tomar esta decisión, pues nuestro Señor Jesucristo nos dice que debemos ofrecer la otra mejilla cuando nos golpean la primera, lo que sí es fácil es criticar, 100 años después de sucedidos los hechos de si lo que hizo la feligresía mexicana estuvo correcto o no. En cualquier caso, la fe estaba en la médula espinal de México, renunciar a ella, era impensable para el pueblo y no era una opción.

El padre Miguel estudió en Roma, pero regresó a México en el año 1926. Conociendo las dificultades de su país, se dedicó a la evangelización aun en esas situaciones de persecución. Celebraba misas en la clandestinidad. Confesaba, bautizaba, casaba, todo lo hacía al amparo de la oscuridad debido a la situación difícil que vivía su país. La fe, en estos años, se vivía al estilo de las catacumbas. Todo a escondidas, todo en sigilo, todo sin levantar sospechas. Para lograr despistar a sus perseguidores, el padre Pro se disfrazaba como un mexicano más, sin ningún atuendo clerical, y así lograba sortear a los perseguidores. Se hizo el borracho para escapar de ellos. En otra ocasión, se tomó del brazo de una señorita a quien le pidió que dijera que “eran novios”, y así pudo escapar en esa ocasión.

El Estado tenía en la mira al padre Pro y de una o de otra manera debían detenerlo. El padre Pro, fue arrestado y acusado de participar en atentados terroristas, sabotajes al Estado mexicano. No hubo juicio ni oportunidad de defenderse legalmente. Simplemente fueron acusados y se decretó su fusilamiento. Era claro que no buscaban justicia por lo sucedido, sino simplemente eliminar al padre Pro, quien era “una piedra en su zapato”. El junto a sus dos hermanos, Humberto y Roberto, fueron condenados al paredón. Ahí serían fusilados por orden directa de don Plutarco Elías Calles. (Hay información de que se le acusó de un atentado contra el presidente Álvaro Obregón, por lo cual no se sabe cuál es lo correcto, si el presidente obregón ó Plutarco Elías Calles)

El día de la ejecución fue el 23 de noviembre de 1927. Fue fusilado primero el padre Miguel Pro y luego su hermano Humberto, también murieron el mismo día, el ingeniero Luis Segura, y un joven de 22 años, Juan Tirado, todos acusados del mismo delito. Pero un indulto llegó al paredón aunque demasiado tarde para los ya fusilados, pero a tiempo para su hermano menor.

Al momento de ser fusilado, el padre Pro extendió los brazos en cruz. Tenía el Rosario en una mano y el Crucifijo en la otra. Exclamó: «¡Viva Cristo Rey!». Esas fueron sus últimas palabras. Los soldados dispararon y así acabaron con la vida de un santo sacerdote que aun a costa de los riesgos que eso significaba, llevó el evangelio a quien lo necesitaba.

El martirio fue la puerta para ser parte de los altares de la Iglesia Universal, el Padre Miguel Pro, fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en septiembre de 1988, sus restos se veneran en la Iglesia de la Sagrada Familia, en la colonia Roma de México DF. Se espera su pronta canonización, para la cual el Vaticano sigue exigiendo un milagro. Se han presentado ya varios, pero todos han sido desestimados por la santa sede por diferentes motivos. No es fácil que el Vaticano acepte un milagro para elevar a los altares a los hijos de Dios. El proceso del milagro, debe pasar por diferentes etapas y cumplir estrictas normas y características para que no quede ninguna duda. Los protestantes creen que con solo que alguien diga “yo soy testigo del milagro”, ya creen que el Vaticano lo aceptará. Para esto hay que pasar por una serie de requisitos legales.

Honor y veneración al Padre Pro.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

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