Iniciamos con esta publicación, una serie de artículos para descubrir a un extraordinario santo de nuestra Iglesia: El Padre Pío. Es una de esas joyas de la Iglesia, que si bien es cierto es venerado a nivel mundial, también es poco conocido para muchos católicos y esa es la intención de estos artículos, dar a conocer al “Santo de los estigmas”, su poderoso testimonio de entrega al Único Dios y Señor de la vida, Jesucristo. Empezamos

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PADRE PIO
Parte I
Mt 5, 15 – 16 “Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa” dice el Maestro, pues bien, ese es el caso de Francesco Forgione, un niño italiano que decidió entregarse a Cristo desde que era niño y ha llegado a ser precisamente “una lámpara” entre nosotros y debemos recoger ese testimonio y colocarlo muy en alto, para que ilumine a los que seguimos las huellas, a los que somos parte de esta Santa Madre Iglesia, Santa Católica, Apostólica, Romana y perseguida… esta, es su historia.
Francesco Forgione, infancia
Franceso Forgione, nace en Pietrelcina, Italia, el 25 de mayo de 1887, región de Apulia, su principal ciudad es Foggia. Manfredonia es una ciudad y una diócesis en la provincia de Foggia. Aquí se llevan a cabo los acontecimientos que se van a describir.
Francesco Forgione, como un niño normal, le encantaba el juego y era travieso, pero a diferencia de sus amigos, tenía un apego mayor a las cosas de Dios. Visitaba la Iglesia, la parroquia de su localidad. Cada día se encariñaba con Dios y con la Virgen y Dios decidió escogerlo. Desde niño veía a la Virgen María en apariciones místicas, pero no le daba mucha importancia, pues, en su mentalidad de infante, creía que era normal, que todos la veían. Así fue creciendo, con su amor por Cristo y recibiendo visitas celestiales que marcaron su vida, sin embargo, no solo tenía visitas celestiales, también el demonio en forma de perro, lo perseguía aunque no tendría permiso para lastimarlo, le causaba mucho miedo, pánico, como es normal en un niño de tan corta edad. El demonio sabía quién sería este niño en la adultez.
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, septiembre de 2020
El convento
Con el tiempo, Francesco Forgione se convirtió en adolescente y decidió entrar al convento de los frailes franciscanos. A Francesco, le impactó mucho un personaje, Fray Camilo, quien con su sotana y su barba, le animaron a entregarse al Señor. Cursó su aspirantado, su noviciado y empezó a profesar los votos dentro de la orden, hasta llegar a la consagración definitiva. Fray Pio, como fue llamado desde que entró al convento franciscano, fue ordenado sacerdote, esto fue en el año 1910. Su ministerio sacerdotal, lo llevó a cabo en San Giovanni Rotondo, ciudad italiana (ver imagen).
Fray Pio será conocido como el “santo de la obediencia”, una característica extraordinaria en su vida. Obediente a Dios, a la Virgen, a la Iglesia, al Papa, a su Obispo, a su congregación, a sus superiores.
El confesionario del Padre Pío
Como sacerdote, inició su trabajo pastoral, fue desde un inicio incansable. Como fraile de un convento, se dedicó a salvar almas para Cristo, ese era su principal trabajo. El confesionario, era su lugar de trabajo. Pasaba 1 hora, 2 / 3 / 4 horas confesando y conforme fueron pasando los años y su fama de santidad se fue difundiendo, ese trabajó aumentó considerablemente. Llegó a confesar 10 horas seguidas, 12, 15… un día le contabilizaron 18 horas continuas en el confesionario, liberando almas de sus pecados. Dieciocho horas, es una bestialidad. Escuchando infamias, pecados, horrores, barbaridades, pero era su trabajo, dar las absoluciones, para esto había sido consagrado.

Llegaba tanta gente, que hubo que organizarse para imponer orden. Las filas eran inmensas, todos quieren confesarse con el Fraile de los estigmas. Para llegar a confesarse con el padre Pío, había que llegar una semana antes, y pedir un número, con ese número, debías esperar tu turno. A veces se esperaba mucho más. Espectacular. Solo así se podía contener a los mares de penitentes que llegaban a San Giovanni Rotondo.
El Padre Pío es un sacerdote fuera de serie. En el confesionario, según el penitente, llegó a negar absoluciones porque descubría, de acuerdo a sus dones extraordinario, que el penitente no estaba arrepentido del todo, pero esto ayudaba al penitente, en verdad no negaba la absolución, solo la retardaba.
Roberto Campos, 17 de septiembre 2019