Reverendo Alex Jones

Alex Jones, conversión sin buscarla

El reverendo Alex Jones, es un hombre de raza negra, norteamericano, pastor pentecostal, que pasó por un proceso de, como él mismo dice, “Formación – Deformación – Transformación”, proceso que le llevó a cuestionarse seriamente el cristianismo pentecostal que vivía y dar el paso hacia “la verdad” que no le había sido revelada, LA IGLESIA CATÓLICA. Alex Jones falleció el 14 de enero de 2017, y es parte de esos testimonios que valen la pena recordarlos. Sus palabras de conversión, revelan algo grandioso que ha dicho este hermano pastor y es lo que vamos a escrutar en las siguientes publicaciones. Es sumamente importante transmitir a los demás la alegría que tenemos de pertenecer al rebaño escogido por el mismo Jesucristo y por pertenecer a una Iglesia que ha tenido miembros, a lo largo de los siglos, tan extraordinarios y tan fieles hasta dar su vida por Cristo mismo. Paz y bien.

Alex Jones murió y partió a la casa del Padre. Fue feliz, tanto cuando era pastor pentecostal como cuando se convirtió al catolicismo, era de las personas que buscan con sinceridad al Señor, solo que en esta segunda etapa de su vida, se sentía en plena comunión con el Creador, no lo dice el que esto escribe, sino él mismo Jones y lo dice de esta manera:

¡¡¡¡¡ LA IGLESIA CATÓLICA, ES LA IGLESIA !!!!!!!

Al analizar las palabras del reverendo Jones (más adelante), veremos que se enmarca perfectamente con la forma de vivir de la antigua Iglesia, la de los primeros siglos.
San Pablo, en el inicio del cristianismo nos explica de una manera asombrosa, qué significa entregarse a los pies de Cristo.

“Un Profeta de nombre Agabo, vino a vernos, tomó el cinturón de Pablo, se amarró pies y manos y dijo : “Esto dice el Espíritu Santo, así amarrarán los judíos al dueño de este cinturón y lo entregarán en manos de extranjeros. Al oir esto, nosotros y los de este lugar rogamos a Pablo que no subiera a Jersusalen. Entonces Pablo contestó ¿Por qué me destrozan el corazón con sus lágrimas? Yo estoy dispuesto por el nombre del Señor Jesús, no solo a ser encadenado, sino a morir en Jerusalen, como no lo convencieron dejaron de insistir y dijeron “hágase la voluntad del Señor”

Hch 21, 10 – 14

Por el mundo, con las tergiversaciones del Evangelio por partes de las sectas protestantes, se ha difundido “el evangelio de la prosperidad”, el cual te predica que eres bendecido por el Señor en tanto tengas posesiones materiales, dinero, vehículos, terrenos, casas, propiedades, etc. Pero esta no es la manera es como la Iglesia primitiva alaba a su Dios y como se siente bendecida por el Señor Jesucristo. Si vamos a los archivos históricos de los primeros cristianos, esos que fueron la primera generación después de los apóstoles, a quienes la Iglesia, la única que tiene dos mil años de existencia, nuestra Iglesia Católica llama “LOS PADRES APOSTÓLICOS”, encontraremos una manera diferente de pedir la “Bendición del Señor”.

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La Iglesia de los padres apostólicos nos enseña otra cosa, totalmente diferente a la que hoy se predica, bueno, al menos la que algunos pastores protestantes predican y nuestros hermanos protestantes creen, no se trata de “siempre pedir”, sino de “siempre servir”. San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Ireneo de Lyon. La Iglesia de los santos Padres vive tratando de DAR al Señor.

Estos hombres y mujeres que hoy veneramos con orgullo y con amor, cuyo amor por ellos es criticado, atacado y deformado por el odio anticatólico, por esos pastores protestantes que no tienen idea de lo que es un santo, pues bien, estos nos enseñan a ser “bendecido” por Dios. Son seguidores de Cristo dispuestos a “Servir”. Miren su entrega a Cristo en sus siguientes expresiones, antes de entregar su vida en el martirio.

 “Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires Has cumplido tu promesa. Dios de la fidelidad y de la verdad, por esta gracia y por todo esto te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo sacerdote, Jesucristo tu Hijo amado, por El que está contigo y con el Espíritu te sea dada la gloria ahora y en los siglos venideros. Amén”

Policarpo de Esmirna (a punto de ser martirizado)

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“Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios”

“Dejadme ser triturado por los dientes de los leones, por ellos me será dada la presencia de Cristo”
“No me servirá de nada, los atractivos del mundo, ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mi, morir para unirme a Cristo Jesús, que reinar hasta los confines de la tierra. Es a El a quien busco, a quien murió por nosotros. A El quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca”
San Ignacio de Antioquía (A punto de ser devorado por los leones)

Esta era la manera en que los Padres Apostólicos entendían la “bendición” del Señor. SERVIR, ENTREGARSE, DARSE, OFRECERSE a los demás, SERVIR de alimento de los leones, para dar testimonio del Evangelio, SERVIR era la manera de ser “bendecido”. No es que Dios te dé, lo que deseas, sino SERVIR.

SERVIR, NO RECIBIR NI PEDIR. Esto lo comprendió San Francisco de Asís, cuando mil años después de estos primeros cristianos, retoma la bandera de la fe y recita al Amor de los amores, con esa hermosa oración

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Hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, lleve yo amor. Donde haya injuria, siembre yo perdón. Donde haya duda, siembre yo fe. Que no busque ser amado, sino amar. Que no busque ser comprendido, sino comprender. Que no busque ser entendido sino entender. Porque dando, es como recibimos. Perdonando es que Tu nos perdonas. Y muriendo en Ti, es que volvemos a nacer.

Qué lejos están nuestros hermanos protestantes de la verdadera fe. Qué lejos estamos nosotros, los que poseemos la bendita verdad, cuando solo “pedimos, pedimos, pedimos y pedimos”.

Pv 30, 15 La sanguijuela tiene dos hijas: «¡Dame!» y «¡Dame!».
No pidamos al Señor, porque El sabe perfectamente nuestras necesidades y si pedimos, pidamos por los demás, no por nosotros.

El cristianismo, o mejor dicho, la predicación de la fe cristiana, de nuestro tiempo se ha deformado con el pasar de los años, de los siglos. Las Iglesias protestantes predican con insistencia el “Evangelio de la prosperidad”, el cual te insiste a tiempo y distiempo que, si te va bien, si prosperas, si lo tienes todo, si nada te falta, entonces estás en la Iglesia correcta y entonces, solo entonces, el Señor “te bendice”.

Y muy probablemente, nosotros los católicos nos hemos dejado llevar en ese vaivén de teologías deformadas, falsas y tergiversadas a conveniencia, por mercaderes de la fe. Han insistido tanto en esto, que ellos mismos, los pastores protestantes se están dando cuenta de ello.

Nuestro cristianismo, hermanos, es algo más que “Ser bendecido”.

Las Iglesia protestantes se esfuerzan por decirnos que en “la bendición” está la prueba de que Dios está con nosotros. Y ¿Qué hay de las situaciones difíciles? Y ¿qué hay de los malos momentos? Y ¿Qué hay de cuando sufres o estás a punto de demostrar tu fe en Cristo? Y ¿Qué hay de cuando eres perseguido por la causa de Cristo? Y ¿Qué hay de cuando aparentemente es el que rechaza a Cristo el que parece que ha vencido sobre el que ama a Cristo?
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Todos queremos ser bendecidos, todos queremos recibir, todos quieren que Dios haga algo por ellos, “Bendíceme Señor”, “Bendíceme Señor”, “Luce sobre mi Señor”, “Llueve sobre mi Señor”, “Sáname Señor”, “Dame fuerza Señor”, “Dame la casa sobre el cerro”, “Dame un auto”, “Dame un buen trabajo, Oh Señor de mi vida”, “Dame una buena esposa”, “Dame un buen marido”, “Dame tranquilidad”, “Dame paz, Príncipe de la paz”, “Dame abundancia”, “Dame alegría, Dios mío”, “Dame lo necesario para vivir”, «Dame sabiduría», «Dame tus dones», “Dame…”, “Dame…”, “Dame…”, “Dame…”, “Dame…”


Algunos han ido más allá “Yo declaro que aquí hay sanidad”, “Yo declaro que aquí hay prosperidad”, “Yo declaro que hoy se derramará el Espíritu Santo”, “Yo declaro que hoy habrá milagros”… ellos declaran y el Espíritu Santo “obedece”. ¿ridículo verdad?
Lejos está la oración de San Francisco…

– que no busque ser amado, sino amar

– que no busque ser comprendido sino comprender

– pues dando, es como recibimos.

Y esto ha sido transmitido de generación en generación, al dar un salto descomunal desde el siglo I hasta el siglo XX, pasando por miles de mártires, siguen existiendo los mártires que SIRVEN a Cristo. Y muy orgullosamente, veamos lo que un mártir contemporáneo nuestro decía. 

“Si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad… Me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible… mi disposición debe ser la de dar mi vida por Dios cualquiera sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y si es necesario lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero, más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para él… acepto con fe en él (Cristo), mi muerte, por más difícil que sea. Me basta, para estar feliz y confiado, saber con seguridad que en él está mi vida y mi muerte…

“Hermanos cristianos, el que piense que el cristianismo es una clave para no sufrir, está equivocado” “Servir es sacrificarse” Monseñor Oscar Arnulfo Romero

Ahora, les invitamos a ver y escuchar lo que dice Alex Jones, quien vivía feliz como pastor pentecostal, pero por alguna razón muy bien definida, el Señor decidió llevarlo al conocimiento pleno de su Majestad. A Alex Jones, un cristiano auténtico, de esos que habla el catecismo de la Iglesia, al decir que en verdad buscaba a Dios en espíritu y en verdad, que era honesto con su forma de vivir el Evangelio, quiso llevarlo al conocimiento pleno, ya que él, no tenía lo más sagrado LA SAGRADA EUCARISTIA. Le faltaba ese aspecto magnánime de todo cristiano verdadero. Eh aquí su testimonio, contado por el mismo Alex Jones.

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, enero de 2020

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