
Sumo pontífice, elegido Papa en el 366. Nació en el 304 y murió el 11 de diciembre del 384. La Sagrada Tradición nos enseña que:
- San Dámaso, defendió con vigor la fe católica, amenazada constantemente por la comunidad arriana (Seguidores de Arrio, que enseñaban, entre otras cosas, que somos malos por naturaleza y que no tenemos la culpa de nada malo que hagamos)
- Fue el Papa que introdujo en las oraciones el «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén», pero por supuesto, el Papa San Dámaso, hizo mucho más que esto.
- Compuso numerosas inscripciones sepulcrales de los primeros cristianos quienes en las catacumbas yacían como si fueran desconocidos. Inició una labor de embellecimiento de las catacumbas, construyó nuevas entradas y se dispuso a la identificación de las tumbas con sus correspondientes epitafios, por esto fue proclamado como patrón de la arqueología cristiana.
- Destacó el culto a los mártires, escribiendo con gran elegancia cerca de cincuenta poemas a santos y mártires. Hizo investigaciones para encontrar sus tumbas olvidadas, los honró con bellas inscripciones de gran interés para conocer la historia y el enterramiento de los mismos.
- Estableció el principio de que la comunión con el obispo de Roma es signo de reconocimiento de un católico y de un obispo legítimo. Defendía que Constantinopla debía obediencia a Roma.
Sin embargo, hay una obra muchísimo más importante que destacar de Dámaso I: “El canon Bíblico”. En este tiempo, los libros considerados “sagrados” no estaban definidos claramente. Con el pasar de los años, después de la muerte de los apóstoles, un creciente número de libros se presentaban como sagrados y causaban controversia, unos eran aceptados en algunas regiones y rechazados en otras. Existían escritos que daban lugar a confusión. El evangelio de Tomás, el evangelio de Pedro, el evangelio de María Magdalena, otras cartas que se adjudicaban a San Pablo, el apocalipsis de Pedro, la carta a Bernabé, etc. Son los que llamamos “libros apócrifos”. Algunos eran de influencia gnóstica, había que poner orden. Con la autoridad Apostólica que Cristo le dio, la Iglesia iba a tomar cartas en el asunto para definir los libros sagrados de la Biblia.

Con ayuda de toda la cristiandad, se reunieron los libros que se considerarían «inspirados de Dios», aceptando los del Antiguo Testamento, y bajo ciertas características que se debían cumplir, se agregaron 27 libros a las Sagradas Escrituras. Se recopilaron las diferentes cartas diseminadas en todo el territorio conocido y se fue dando forma a lo que más adelante, sería considerado como “Palabra de Dios”. Es importante entender entonces, que la Iglesia fundada por Cristo, precede al Nuevo Testamento. Es la Iglesia, la autoridad que establece el canon de la Biblia y no al revés, como creen algunos protestantes. La Biblia salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Cuando en el Nuevo Testamento habla de las «Escrituras» se refiere al A.T. El nombre de «Nuevo Testamento» no se usó sino desde el siglo II.
San Dámaso promulgó en el sínodo romano del año 374, el Canon de Escritura Sagrada. En el año 377, Dámaso convocó a un concilio en Roma (en el cual también se condenó el arrianismo), se editó una primer lista de los libros que conformarían el Nuevo Testamento, los 73 libros que la cristiandad deberá considerar la palabra inspirada de Dios. Como no era un Concilio ecuménico, no era definitivo, pero sí, la base de él.
En el concilio de Roma, en el 382, la Iglesia católica constituyó el Canon bíblico, por eso, los libros sagrados se llaman también canónicos, que conformaban los 46 ya conocidos del Antiguo Testamento y que la Iglesia primitiva había recibido, el canon del Antiguo Testamento de la tradición judía, y se agregaban 27 que constituirían el Nuevo Testamento.
En el concilio de Hipona en el 393, donde participó San Agustín, se ratificó esta lista de Roma 382. El concilio de Cartago en el 397, de nuevo ratificó los libros inspirados de Roma 382. Aún con esto, todavía quedaban dudas sobre las cartas de Santiago, Judas y la epístola de los Hebreos por lo cual en el II Concilio de Cartago, en el 419, se reafirmó definitivamente. El canon dogmático se constituyó en el siglo XVI.

Una vez definido el canon, la Iglesia católica prohibió la lectura de las biblias que no tenían estrictamente este canon, esto debido a que había traducciones particulares que los herejes usaban para esparcir sus errores doctrinales, haciendo traducciones alteradas, incluyendo o excluyendo libros desechados o aceptados formalmente por el canon de la Iglesia. Por ejemplo, los albigenses del siglo XIII hicieron una traducción de la Biblia que correspondía con sus enseñanzas. En el siglo XIV, John Wycliff estaba en contradicción de la Iglesia Católica por cuestiones doctrinales, después de esto, tradujo la biblia del latín al inglés y con esto iniciaría la reforma protestante. Santo Tomás Moro dijo que «Wycliff tradujo la Biblia por sí mismo. Y en esta traducción, él, a propósito, corrompió el texto sagrado agregando palabras para aportar a las enseñanzas erróneas que sembraba«.
Los protestantes, hoy día, dicen que “La Iglesia Católica prohibía leer la Biblia” y en parte es cierto, pero prohibía la lectura de las adulteraciones de las Sagradas Escrituras, precisamente para evitar desviaciones de fe, para cuidar ese depósito de la fe que le había sido encomendado.
Como podemos observar, casi 400 años después de la muerte y resurrección de Cristo, se formaría la biblia como hoy la conocemos, en parte porque durante ese tiempo, la Iglesia había sido perseguida sin descanso, por lo mismo, hubiera sido muy peligroso reunir todos los libros y fue hasta que el emperador Constantino, dejó de perseguir a la Iglesia, que con el empuje del Papa Dámaso, se reunieron los libros sagrados. La definición dogmática final sobre el canon bíblico del Antiguo y del Nuevo Testamento fue proclamada por el Concilio de Trento en el 1546.
Retomando la historia del Papa San Dámaso, podemos también anotar que en este tiempo coincidieron con Dámaso, hombres ejemplares, santos y eruditos, como San Jerónimo de Estridón (340 – 420), San Atanasio de Alejandría (296 – 373), San Agustín de Hipona (354 – 430), quienes le ayudaron con este tema del “canon bíblico”, Cristo siempre suscita estos apoyos a su Iglesia, nunca le abandona, es la promesa del Maestro (Mt 16, 18). En el caso muy particular de San Jerónimo, Dámaso supo apreciar sus dotes. Lo designó como su secretario, por eso, con los libros del canon definidos, Dámaso ordenó a San Jerónimo de Estridón, la traducción de las Sagradas Escrituras y es lo que hoy conocemos como “Biblia” en el amplio sentido de la palabra. San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras de las lenguas originales al latín, traducción que ahora conocemos como “La Vulgata”.
Entre San Jerónimo y san Dámaso, existió comunicación epistolar, recogemos un extracto de una de estas cartas donde Jerónimo, implícitamente, expresa su fidelidad al Papa en Roma.

«El enemigo infatigable me sigue de cerca, y los asaltos que sufro en el desierto son más severos que nunca; para delirios de frenesí de los arrianos y los poderes mundiales lo apoyan. La Iglesia está dividida en tres facciones y cada una de ellas está impaciente por cogerme para sí. La influencia de los monjes es de alto nivel y está dirigida contra mí. Mientras tanto, sigo gritando: «Únicamente quien se una a la silla de Pedro será aceptado por mí».
San Jerónimo de Estridón, Carta XVI enviada a San Dámaso
Con una enorme labor realizada, Dámaso murió en el 384. Sobre su sepulcro está construida la Basílica que lleva su nombre.
En la cripta de los Papas de las catacumbas de San Calixto, Dámaso redactó su propio epitafio así:
«Yo, Dámaso, hubiera querido ser sepultado junto a las tumbas de los santos, pero tuve miedo de ofender su santo recuerdo. Espero que Jesucristo que resucitó a Lázaro, me resucite también a mí en el último día».
Celebramos este día a San Dámaso, Papa, quien por inspiración del Espíritu Santo, nos dio las Sagradas Escrituras. Creer en el canon bíblico es “Dogma de fe” de la Iglesia, aquí podemos comprobar que los protestantes creen en los dogmas, pero ni ellos lo saben. En este caso, el Dogma no lo constituye la Iglesia, sino que solo lo reconoce y lo acepta.
Si tenemos biblia es gracias al orden dentro de la Iglesia Católica, la cual, con el pasar de los siglos preservó las Sagradas Escrituras hasta nuestros días. La Iglesia Católica es a la que debemos estar todos agradecidos, hasta los protestantes, que si no fuera por la Iglesia, no tuvieran la verdad revelada, ni fe, ni siquiera la biblia conocieran, esa que tienen en sus manos y que, irónicamente, utilizan para despotricar a la santa madre Iglesia.
La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, diciembre de 2019