
Fray Martín, es de los primero santos de América. Un mulato, hijo de español, pero de madre indígena. Nacido en Lima, Perú en 1579. Su santidad no solo recae en “la escoba”, como podría creerse debido a la iconografía con que suele representarse, pues la escoba es inseparable de su persona. Aunque ciertamente, la limpieza fue de sus primeras tareas, la cual la realizó con mucho esmero y bondad.
Pero Martín, es algo más que “el santo de la escoba”. Fue “Hermano cooperador” de la orden de los dominicos. Las leyes de ese tiempo, impedían que fuera sacerdote, por su raza y su color.
Martín, vivió en una época políticamente convulsiva. Los españoles habían doblegado los pueblos indígenas de América por lo cual, muchos indígenas guardaban cierto recelo, temor y odio hacia sus conquistadores y su religión. Martín servía a todos, conquistadores y conquistados y más de alguno lo acusó de traidor, pero Martín había comprendido el evangelio, de que todos somos iguales y lo aplicaba a su realidad.
De clase pobre, supo amar a los suyos y desgastó su vida en su servicio. Fue enfermero de toda Lima “Yo te curo, Dios te sana” decía fray Martín, con lo cual se generalizó su don de sanación, se especializó en las hierbas que proveían todo tipo de curaciones a las distintas enfermedades que existían, también fue barbero, así servía a los demás.
Poseedor de otros dones extraordinario. La bilocación fue uno de ellos. Se le vio en África, México, Japón y China, cuando es sabido que nunca salió del Perú.
Su oración era tan profunda, que levitaba en los momentos de comunicación con el Padre.
Sufrió el ataque del demonio que le alababa en muchos éxtasis, pero Martín supo siempre, saber cuándo una aparición era diabólica y cuándo era del Dios de la vida.
Fray Martín murió en cama, rodeado por sus hermanos dominicos, el 3 de noviembre de 1639, antes de esto, el Virrey Luis Jerónimo Fernández lo visitó en su lecho de muerte y besó su mano, con esta acción (que un virrey bese la mano de un mulato, era inusual, pues eran tiempos donde la esclavitud aún era practicada y donde la persona de raza negra, era considerada inferior) se entiende el respeto que Fray Martín había logrado de propios y extraños. El Papa Gregorio XVI lo declaró Beato en 1837 y fue canonizado por Juan XXIII en 1962.
Sus restos descansan en la Basílica y Convento de Santo Domingo, en Lima, Perú, junto a los restos de Santa Rosa de Lima y de San Juan Macías en un lugar que se denomina: “Altar de los santos peruanos”.
La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019