IV. El sepelio

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

LA FIESTA DE LA SAN BENITO

“La San Benito”. Esta es una colonia residencial de muy alto nivel, quizá, en esos tiempos, la colonia de más alto nivel. En esta residencial, viven los salvadoreños que les ha sonreído el dinero. Acomodados, con más de lo que necesitan para vivir. Casas con grandes salas de estar, grandes cocinas, muebles de lujo, “santas cenas”, “virgencitas” en las paredes, grandes televisores a colores (que en esos tiempos era lo último en tecnología), piscinas, cochera para unos 10 vehículos en promedio, algunas, hasta para más de 20 (y me quedo corto). Esa es “la San Benito”, una opulenta colonia de la capital salvadoreña. La muerte de monseñor fue como el dolor más grande que ha pasado nuestra patria y nuestra gente, pero, por increíble y repugnante que parezca, en algunos círculos de El Salvador de los años 80s, desalmados por cierto, había fiesta por todo lo alto. Pan dulce, café, cremora, gaseosas, vino, champagne, cigarrillos, copas finas, quizá caviar, un buffet, abrazos, besos, sonrisas, carcajadas, “gracias a dioses”, felicitaciones, etc. Así lo celebraron, con alegría, con fiesta y con agradecimientos a sus dioses. El invitado de honor fue un sujeto desalmado, la peor calaña que ha parido nuestra patria, cuyo apellido no vale la pena volver a repetirlo en estas líneas. Ahí, en “la San Benito”, estuvieron, celebrando hasta altas horas de la noche, que por fin callaron al “cura comunista”. Reproduzco un texto del libro de María López Vigil.

La Mila pasó llamando a sus amistades y a sus conocidos más cercanos. Me consta porque a mí me llamó.

– ¿Ya supiste que por fin mataron a ese hijueputa? Esta noche vamos a dar una fiesta para celebrarlo y estás invitada.

– Se juntaron en la San Benito para un carnaval, con champán, con cohetes, con baile, y hasta con d’abuisson de invitado de honor.

– Yo no podía parar de llorar.

Flor Fierro [1]

El pueblo por su parte, había entrado en una atmósfera de incredulidad, de estupor, de espanto, dolor y angustia. El pueblo no podía creer lo que acababa de suceder. Segar la vida del hombre más lúcido de nuestra patria. Del único ser humano que decía la verdad. Del único que había dado muestras de amar al pueblo. Del único que detenía la guerra civil declarada.

Una vez se pudo salir del shock, que el asesinato de monseñor trajo consigo, el pueblo inició a pensar que había que despedir al pastor, ya que no se podía hacer otra cosa, más que despedirlo como hijo, como padre, como maestro, como pastor, como profeta. Ahora, como muestra de afecto, agradecimiento y fidelidad, el pueblo iba a despedirlo de la manera más digna posible. Había que ir a su sepelio, aún a costa de lo que eso significaba en esos tiempos. Todo aquel que era asociado con monseñor, era automáticamente, un blanco militar, era un “comunista”, un “terrorista”, un “subversivo”. Aún y bajo estas circunstancias, el pueblo le acompañaría, aunque, como veremos a continuación, solo serviría para contar una masacre más de entre todas las que ya habían ocurrido, pero también serviría para demostrarle al mundo que monseñor Romero decía la verdad y esa sería una prueba irrefutable que quedaría como testimonio para todas las generaciones. La palabra de monseñor, era verdadera, legítima y sería comprobada por el mundo entero.

EL HISTÓRICO E INCREIBLE ENTIERRO DE SAN ROMERO DE AMÉRICA

El sepelio de monseñor Romero, se lleva a cabo en una fecha especial. Dios así lo quiso. Cuaresma, domingo de ramos de 1980. Cuando conmemoramos la entrada triunfante de Jesús a Jerusalén. Jesús va en un burrito, la gente se agolpa para verlo, saludarlo. Estas exequias son todo un hecho histórico, extraordinario, increíble, impresionante, vil, monstruoso, bestial, cobarde y espantoso… todo a la vez. Este hecho es digno de una película de terror. Se necesita a alguien que la lleve a la pantalla grande.

Los primeros calificativos, son porque el pueblo salvadoreño, en masa, hizo a un lado su temor a ser fotografiado por los escuadrones de la muerte y se encaminó a despedir a su pastor.

Domingo 30 de marzo. Se había previsto, que esta misa iba a ser multitudinaria. Se esperaban miles de personas en esa Eucaristía y sería imposible hacerlo dentro de la catedral, por lo pequeña que es, por eso, se decidió que se celebrara frente a la catedral, en la plaza Gerardo Barrios. Ahí donde quizá tú, más de alguna vez has caminado sin percatarte lo que hace 3 décadas sucedió. Ese lugar tiene historia, lo pisas y a lo mejor no sabes lo que ahí aconteció, la sangre que se derramó, la angustia que ahí se vivió. 11 am, el sol quemaba las cabezas de los presentes, el calor comenzaba a sentirse. Las hojas de los cantos de la misa, se usaban para darse un poco de aire. 30 obispos concelebraban junto a más de 300 sacerdotes de todo el mundo. La gente, con las palmas características de esta fiesta litúrgica, y con fotos del pastor del pueblo, de pie en cualquier lugar de la plaza. 100,000 personas presentes, Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosas de todas las órdenes, frailes, pastores de diferentes iglesias, medios de comunicación de muchos países del mundo, camarógrafos, periodistas, cientos de miles de personas más escuchaban por la radio. El centro del mundo era El Salvador, ya que el asesinato del señor arzobispo, había repercutido no solo a nivel latinoamericano, sino mundial. Muchos conocían la labor pastoral de monseñor, y muchos otros, fue con su muerte cuando dirigieron su mirada a nuestro país. Es decir, fue su asesinato, lo que hizo que el mundo entero se fijara en su testimonio, en su palabra y en su país. Pues bien, todo el pueblo se reunió para despedir al pastor, al amigo, al hermano de este pueblo que sabía muy bien de sus sufrimientos, de sus hambres y de sus angustias y en cuyo nombre, levantaba su voz”.[2] Al profeta, al santo, al sacerdote enviado por Dios. Despedir al señor Arzobispo asesinado por los escuadrones de la muerte por defender a los pobres.

El pueblo hizo a un lado el temor y el terror, solo quería decirle “adiós, monseñor, adiós”.

Así como Monseñor fue fiel con su pueblo, el pueblo fue fiel con Monseñor. Monseñor no abandonó a su pueblo, tampoco el pueblo abandonó a Monseñor en esa última hora. Fue toda una simbiosis entre pueblo y pastor. Solo la agonía del Maestro, supera la agonía de monseñor, puesto que a Jesús, TODOS le abandonaron, sus discípulos, Bartimeo, la adúltera, los ciegos que Jesús curó, los sordos que Jesús sanó… Todo el pueblo le abandonó… solo su Madre fue fiel. Ahí estuvo la Madre al pie de la cruz.         

Vista de la Plaza, frente a Catedral el domingo 30 de Marzo de 1980. El día del sepelio de Monseñor Romero, antes del caos provocado por las fuerzas de “seguridad”. Al fondo, el Palacio Nacional.  

Los siguientes calificativos, son debidos a lo que ocurrió durante esa Eucaristía.

100 mil personas colmaban la plaza, el momento era histórico. Pero la calma pendía de un hilo que estaba tenso. Todo mundo sabía que ir a la Iglesia en esos tiempos, era convertirse en blanco de los escuadrones de la muerte y del ejército, años en que era delito “ser católico”. El Papa Juan Pablo II designó al cardenal Arzobispo de México Ernesto Corripio Ahumada para que le representara en el sepelio. La Eucaristía inició, todo en orden, todo normal, luego “…entró la coordinadora revolucionaria de masas[3], marchaban tras sus banderas y cuando presentaron una corona de flores ante el féretro, la multitud los vitoreó” Dr. Jorge Lara Braud[4], pero cuando el Cardenal, estaba en la homilía, de repente se escuchó un estallido, fue una bomba. La gente se asustó. El hilo de la tensa calma… se rompió. El pánico se apoderó del lugar. Siguieron mas explosiones, disparos. El caos se hizo presente. Gritos, terror, confusión, carreras, empujones, angustia, dolor, la gente corrió a esconderse en cualquier lugar, unos escalaron las rejas del portón de la catedral, donde estaban los concelebrantes y el cuerpo inerte de monseñor Romero, la mesa del altar fue empujada, las hostias, corporales, copones, cruz, velas etc., cayeron al piso, todo fue pisoteado, fue otro caos, similar al del lunes 24 de marzo, aunque aquí, con una estampida de gente que desesperadamente huía de la metralla. La catedral en menos de 10 minutos, se llenó de fieles buscando refugio. Más de 50 muertos ese día. Fue una escena grotesca, dantesca, provocado por el ataque a un pueblo que oraba, que cantaba para despedir al pastor. Una acción abominable de parte del gobierno de ese tiempo.

Las fuerzas gubernamentales habían iniciado el caos. Francotiradores estaban apostados en el Palacio Nacional. Hicieron explotar una bomba porque sabían que ahí había miembros de las fuerzas populares (o guerrilleros). Para el Gobierno, todos los que habían llegado eran guerrilleros. Ciertamente, como ya hemos anotado, llegaron muchos guerrilleros, pero con orden y respeto, a despedir al defensor de los derechos humanos que ellos tanto habían admirado y amado. Después de esos terribles acontecimientos, el Gobierno, a través de sus medios de “desinformación” como siempre, “informaron” al país y al mundo de lo que había ocurrido, la cadena nacional de radio y televisión impuesta, exponía lo que la junta[5] y solo la junta decía. Por supuesto daban “su versión”. Deformada, alterada, mentira de principio a fin. A continuación, el comunicado del Gobierno.

“El Gobierno de la república de El Salvador,  condena los actos de violencia  durante las exequias del arzobispo Oscar Romero, los que únicamente pudieron ser provocados por quienes han hecho pública su decisión de incrementar la violencia en el país… El Gobierno de El Salvador, responsabiliza  de los sucesos a la autodenominada Coordinadora Revolucionaria de Masas. Cientos de personas vieron y pudieron confirmarlo, que los manifestantes de la coordinadora atacaron a ese pueblo congregado para despedir a su pastor… Los extremistas han retenido al interior de la catedral a las distinguidas personalidades visitantes… El Gobierno de El Salvador pide a la conciencia mundial que se solidarice con el pueblo salvadoreño…”[6]

Sabemos que el Gobierno falseaba los hechos, porque esa era siempre su forma de actuar y también porque todos los dignatarios, Cardenales, Obispos, sacerdotes, periodistas de todo el mundo presentes en esos acontecimientos, dieron una versión diferente a la versión gubernamental. Estas personalidades eclesiásticas extranjeras de todo el mundo, fueron testigos de primera línea de lo ocurrido, y gracias a Dios, después de los sucesos, tuvieron el detalle de reunirse en el arzobispado y redactaron los hechos que ellos habían visto ese día. Firmaron los documentos, las pruebas son contundentes.

Estas personalidades hicieron comunicados desmintiendo la versión del Gobierno, dando su testimonio, alejado totalmente de toda posición política y mal intencionada, pero la Junta de Gobierno, se empeñaba en que sus falsedades, fueran tomadas como verdades. Muestra de ello, es la siguiente discusión con periodistas extranjeros.

Vista de la Plaza, frente a Catedral el domingo 30 de Marzo de 1980. El día del sepelio de Monseñor Romero, durante el caos provocado por las fuerzas de “seguridad”.

 “…vamos a ver los hechos, dice Morales Erlich(miembro de la junta),y ordena a uno de los ayudantes poner un videocasset, conectado a un aparto de televisión, justo detrás de donde están ellos sentados, empiezan a correr escenas del principio de la misa. Las caras de mujeres muy humildes, pegadas a las rejas de catedral, despidiéndose con llanto de su pastor. Algunas de esas mujeres estarían después tendidas, muertas en el atrio de la iglesia. Se ve el primer estallido de bomba… Entonces se levanta Carl Hersh, camarógrafo de la ABC News y pregunta a los miembros de la junta

  • ¿dónde tomaron ustedes ese material? Esa película es mía, yo la tomé. ¿pidieron permiso a mi cadena?
  • Hay descontrol entre los miembros de la junta. Se miran unos a otros con interrogantes silenciosas. El camarógrafo insiste
  • Quiero saber, cómo les llego a ustedes mi material
  • Bob Mattison, fotógrafo de UPI, también pregunta quién les entregó las fotografías que él tomó y que ahora la junta las presenta como pruebas a la prensa de la no participación del ejército. Morales Erlich intenta salir al paso
  • Nuestras repetidoras las tomaron de Nicaragua
  • Eso no puede ser, replicó Hersh, porque esto no se difundió en Nicaragua, sino que la enviamos directamente a Estados Unidos por vía satélite. Insisto en saberlo, porque esto es copyright de ABC.
  • Nos damos ese derecho porque en este país estamos bajo ley de estado de sitio, dice Erlich.
  • Es que no se le puede dar uso político a mi material para defender la posición de la junta, replica el camarógrafo.

Periódico EXCELSIOR, 01 de Abril de 1980[7]

  • “… recuerden que podemos incautar cualquier material porque estamos en estado de sitio…
  • Pero ¿cómo es posible que ustedes lo obtengan sin nuestro consentimiento? ¿Y que lo estén exhibiendo para dar su propia versión de los hechos? ¿Para demostrar su versión oficial?
  • Es material noticioso y debe usarse como material noticioso, dijo otro de la junta.
  • Es material noticioso y debe usarse como material noticioso, pero no como prueba de descargo a las posibles complicaciones que la junta tenga en los actos, gritó el periodista.
  • Una ola de protestas se levantó inmediatamente… ¿y las fotos UPI?, ¿y las fotos de la AP?. Ustedes las obtienen copiando el material que transmitimos al exterior.
  • ¿Qué clase de verdad quieren ustedes que digamos?, gritó un periodista. ¿Es que solamente lo que dice la junta contiene la verdad que se vive en El Salvador?
  • Napoleón Duarte tomó el micrófono para responder confundido: “ustedes dirán la verdadera verdad, la que ustedes consideran que sea la verdad. Les estamos presentando nuestras disculpas, es lo único que podemos hacer”
  •  Cuando se proyectaba una de las tantas películas “decomisadas”, el dueño del documento, un periodista fornido dijo: Un momento, detengan la cinta. La cinta se detuvo.
  • Miren -dijo-, en el lado derecho del palacio nacional, ahí se mira una mano que parece arrojar algo, posiblemente una granada
  • Todos los asistentes estuvieron de acuerdo en ello.
  • Visiblemente alarmados, los cinco miembros de la junta consultaron entre ellos, dejando a los periodistas especular sobre lo visto.
  • Uno de los periodistas dijo, casi gritando: Puede alguno de ustedes (a los miembros de la junta) decirme ¿qué significa lo que hemos visto? Claro está que el objeto que aparece grabado fue lanzado desde arriba y no de abajo, donde estaban los de la coordinadora (revolucionaria de masas, los izquierdistas). ¿Qué quiere decir eso? Preguntó
  • Morales Erlich se apresuró a contestar. Bueno, no podemos descartar la posibilidad de que la derecha fue quien inició el desorden en la catedral. Después visiblemente confundido por su declaración agregó. “en todo caso, la derecha solo lo inició, pero fue la izquierda la que lo continuó”…
  • Todos los periodistas extranjeros estaban reunidos ayer tarde en uno de los hoteles para elevar una protesta oficial a nivel periodístico mundial por la fiscalización y la posible retención de las notas, fotografías y material fílmico enviado al exterior desde El Salvador.

Periódico El Independiente, 01 de Abril de 1980[8]

Estos fueron algunos de los enfrentamientos entre los periodistas y los miembros de la junta. Por su parte, los dignatarios eclesiásticos, testigos de los hechos, indignados, compungidos, asombrados de lo que habían visto, dieron su versión de los hechos. He aquí algunos testimonios.

 “…nosotros, Obispos, pastores de diversas iglesias cristianas, superiores de órdenes religiosas, sacerdotes y laicos, nos vemos en la obligación de rectificar el comunicado que el Gobierno de El Salvador ha hecho a las 16.30 del mismo día, 30 de marzo, sobre los sucesos ocurridos con ocasión de los funerales de Monseñor Romero. No solo hay grave falsedad en la narración de los hechos, sino también en la interpretación de los mismos, que puede llevar a graves errores y confusiones. En el mismo comunicado oficial, el Gobierno nos pide que digamos lo que vimos. Pues bien, esto es lo que vimos…”[9]

A continuación, el comunicado de los testigos presenciales hace un relato punto por punto, de los acontecimientos que estaban siendo falseados en el comunicado del Gobierno, se retoman algunos puntos sobresalientes.

“…La coordinadora Revolucionaria de Masas entró en la plaza Barrios pacífica, respetuosa y ordenadamente y sus dirigentes colocaron una corona junto al féretro.

Es falso que haya habido presión alguna por parte de la coordinadora para obligarnos a permanecer dentro de catedral…nos quedamos ahí para acompañar a tanta gente aterrorizada…”

“…Los que vinimos a honrar la vida y muerte de Monseñor Romero, hemos podido experimentar la verdad de su palabra, cuando denunciaba incansablemente la represión del pueblo salvadoreño. Hemos sido testigos del dolor y las angustias del pueblo salvadoreño, pero también de su coraje y su madurez, y en esta oportunidad somos testigos de la grave deformación de los hechos y de la falsa interpretación de los mismos que ha dado el Gobierno de El Salvador…”

Comunicado firmado por dignatarios de diferentes iglesias del mundo[10]

“…hemos podido experimentar la verdad de su palabra…” Eso fue un gran logro de semejante sacrilegio. Este hecho espantoso, esta masacre, sirvió para que el mundo entero a través de estos líderes mundiales, no solo católicos sino también protestantes, comprobaran que monseñor Romero hablaba con la verdad, que no exageraba, que no mentía cuando hablaba de asesinatos, secuestros, masacres, terror, horror, represión violenta. Vinieron a ser testigos de primera línea de “la verdad de su palabra”. En carne propia, vivieron el terror y la angustia de ser barridos por el fuego de la metralla. Fue una experiencia propia, de ellos, ante la muerte, la vieron cerca y jamás la olvidarían. Masacraron al pueblo, sabiendo que cientos de reporteros habían inundado El Salvador, desde el 24 de marzo. Sabiendo perfectamente que docenas de cámaras de video grabarían los acontecimientos y los transmitirían al mundo entero, pero ni esto detuvo su decisión de masacrar al pueblo.

“…nosotros tratamos de calmar a la gente a medida que entraban corriendo a la Catedral como una avalancha. Los gritos de miedo se escuchaban, fue horrible. Creo que lo que la gente más temía era ser barrida por la metralla y la metralla se escuchaba para entonces. Había terror dentro de la catedral, la gente se nos acercaba pidiendo la absolución… este ha sido el acto de mayor salvajismo que yo haya presenciado…”[11] Testimonio de monseñor Eamon Casey, Arzobispo de Galway, Dublín, Irlanda.

“Soy testigo de primera línea de los sucesos que enlutaron el entierro de Monseñor Romero. Me siento feliz de haber podido participar en aquel acto… la multitud que colmaba la plaza, lejos de buscar refugio en el Palacio Nacional o en la Fuerza Armada huía despavorida hacia cualquier lugar opuesto, en la Catedral llegamos al borde de la asfixia colectiva. La gente se agarraba desesperadamente de nuestros hábitos clamando ¡No nos dejen!. Yo lo interpreté, y así se lo dije al Cardenal Corripio Ahumada, que era el grito del pueblo latinoamericano a la Iglesia…”[12]

Testimonio del Padre Juan Vides Suriá, Venezolano.

“…He sido testigo del dolor y desolación del pueblo de El Salvador. Es un pueblo que sufre la más cruel violencia, especialmente en el campo, donde centenares de campesinos son asesinados. Hay caseríos donde no se derrama sangre, porque ya no queda nadie”[13]

Monseñor Luis A. Bambarém, Obispo del Perú

“…Fue una matanza indescriptible. Gente a un lado y otro caía y yo no sabía qué hacer, – dijo por teléfono poco después de los hechos -. En un momento creí que no iba a poder salir de la iglesia, pues los tiros llegaban de un lado y otro.

Lafitte, nuestro enviado especial, se me perdió, y pensé para él lo peor. Cuando logré localizarlo, sentí que no estaba solo. Me dijo: “Juan, que matanza, esto es peor que lo de Nicaragua”, de pronto vi a una mujer, no sé si muerta o no, que era llevada a un lugar de auxilio, agrego Aguilar.

No hubo asco en disparar, y siempre lo hacían a matar, no importándoles quien iba a recibir las balas…”

 Juan J. Aguilar, reportero[14]

“…La que más me impresionó, fue una anciana frágil, vestida de negro, con su tradicional mantilla, plegándosele a su cara de campesina. Aparentemente había sido pisoteada hasta morir. La religiosidad popular, instintivamente comprende cuándo la Iglesia está con su pueblo.

Me siento conmovido y horrorizado y siento también reforzar mi convicción de que el único lugar para el clero es con su pueblo, dijo el padre Simón Smith, secretario ejecutivo de las misiones jesuitas. Aquí no había ricos hoy, ni clase media, ni representantes del gobierno, solamente gente inocente, indefensa, brutalmente atacada, solamente el pueblo con sus pastores…”[15]

“… que el pueblo se sentía desamparado, solo, huérfano frente a la cruel represión que liquida las vidas de pobres campesinos. Si matan al pastor, ¿qué harán con las ovejas? Pensaba en la suerte que aguardaba a humildes campesinos en sus cantones cuando entrasen a sangre y fuego los mismos viles asesinos que en los funerales de monseñor Romero masacraron al pueblo ante los ojos de tantos visitantes y periodistas extranjeros.

Ese domingo sentía vergüenza de abandonar al día siguiente El Salvador, para regresar al Perú, dejándolos tan solos a todos los miembros del pueblo de Dios.

…Sentí la alegría como obispo, de encontrar en nuestra Iglesia de América latina en monseñor Romero, al pastor que soñamos en Medellín y Puebla y la imagen viva y contemporánea del buen pastor del Evangelio…. Siento alegría y pena. Alegría de ver el testimonio cristiano de un pueblo fiel  y pena al constatar el odio armado y la ceguera de quienes quisieran una Iglesia al servicio de sus intereses…”[16]

Monseñor Luis A. Bambarén, Obispo del Perú

Los textos anteriores, se explican por sí mismos y son pruebas inapelables y contundentes de quiénes fueron los responsables de tan monstruosos hechos y que después quisieron falsear para acusar a la coordinadora revolucionara de masas de dichos hechos.

Estos acontecimientos es importante conocerlos, interpretarlos, analizarlos y jamás olvidarlos. Las nuevas generaciones deben saber lo que ocurrió. El salvadoreño que no conoce su historia, no merece llamarse salvadoreño. Solo así construiremos un futuro de respeto y dignidad y sabremos valorar la sangre derramada, no solo del pastor, sino de su pueblo.

Los gorilas no dejaron que el pueblo enterrara a monseñor en paz. Se tuvo que enterrar a la carrera.

Fue un salvajismo lo que ocurrió. Hay videos de lo ocurrido en ese tremendo día, hermanos. Ahí podemos ver la barbarie, la brutalidad, la crueldad de las autoridades que gobernaron este país que llamamos El Salvador y a las cuales Monseñor Romero combatió con la verdad y el Evangelio.

Ni siquiera en ese momento tan doloroso como el sepelio del pastor, mostraron el más mínimo respeto. Para ellos, nada era sagrado. Fueron salvajes, irracionales, cavernícolas, crueles, brutales, insensibles.

Hasta muerto incomodaba, “…El profeta Jeremías tuvo que anunciar cosas muy desagradables, por esto cayó mal, era más fácil halagar y decir a los gobernantes: «¡Todo está bien, sigan por allí!», pero el profeta, en nombre de Dios, tuvo que decir: «¡Eso no está bien!, ¡eso es un error!» y denunció los pecados de su tiempo. Este profeta tuvo que ver cómo se iba despeñando, cada vez más bajo, su propio país…”                                                      22 Julio 1979

“…los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades”  CIC # 64,  “…los profetas llaman a la conversión del corazón y, buscando siempre el rostro de Dios, como Elías, interceden por el pueblo”  CIC # 2595

“El profeta tiene que ser molesto a la sociedad”    14 Agosto 1977

Pero al final ¿cómo fue enterrado monseñor Romero, después de semejante barbarie?

Expongo a continuación los momentos exactos en que introdujeron su cuerpo a su morada final, dentro de la catedral de San Salvador.

EL ATAUD ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

Después de unas horas, cuando ya Catedral estaba llena de muertos, pero algo más desahogada de gente, el Cardenal Corripio con otros obispos y sacerdotes se acercaron al ataúd de Monseñor, por ver de terminar aquella liturgia. Estaban rempapados[17] en sudor. Muchos, subidos a las bancas.

            -Dénme hostias para continuar la misa -dijo Corripio. 

            -No hay hostias, excelencia. 

            -Dénme vino. 

-No hay vino. 

            -Pues entonces un libro para rezar al menos los responsos. 

            -Tampoco hay libro, excelencia.

Entonces, el obispo de Chiapas, Samuel Ruiz, se sacó del bolsillo un librito de oraciones y eso sirvió para al menos rezarle algo antes de enterrarlo. Todo se hizo de prisa. Estaba ya la tumba abierta. En carrera metieron allí el ataúd. Y más ligeros, los albañiles empezaron a poner cemento y ladrillo, ladrillo y cemento. Hasta que lo repellaron todo.

María Julia Hernández[18]

Imaginemos el momento. Una conmoción total por lo que acababa de ocurrir. Estado de shock colectivo. La plaza, ya despejada a la fuerza. La gran mayoría de gente ya se había dispersado, ya se había ido, mejor dicho “había huído”. Solo quedaban los volcanes de zapatos, carteras, bolsones, de los que, en la estampida los perdieron. La catedral, un poco despejada de vivos, pero llena de muertos. Tenían allí dentro más de 40 cadáveres de mujeres, tendidas en el suelo. El ataúd de monseñor Romero, ahí, esperando santa sepultura. En esas circunstancias había que terminar el sepelio. ¿No les parece este un hecho inaudito? ¿Grotesco? ¿Histórico? ¿Increíble? ¿Y digno de una película de terror que plasme esta historia? La Iglesia católica de El Salvador, tiene mucho que contar. Las nuevas generaciones, nacidas desde los años noventa tienen mucho que leer, mucho que informarse, para que estos acontecimientos no queden en el ingrato olvido. Que recuerden de cómo fue el sepelio del profeta, y de cómo se convirtió en una prueba más de la verdad de su palabra. Ciertamente es una historia de terror, pero a la vez, de fe, de esperanza de amor y de fidelidad al Evangelio, porque como dice San Pablo “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” Rom 5 20.

El profeta fue enterrado así, a la carrera, a la ligera, como quien dice “hagámoslo ya, rápido y nos vamos”, no fue enterrado con dignidad, con decoro, como se lo merecía, pero, como hemos visto, no por la voluntad del pueblo, quien sí quiso darle un sepelio a la altura, sino porque las fuerzas de la represión, lo impidieron. ¡Ni muerto lo dejaron en paz!, ¡hasta muerto les incomodaba!

Pero como dice Tertuliano: “La sangre de los mártires, es semilla de cristianos”[19]. Monseñor Romero ha inspirado a cristianos de todo el mundo a seguir su ejemplo, a ser valientes, estos detalles que en un primer momento parecen ingratos, injustos y nos llenan de rabia e impotencia, no hacen otra cosa más que legitimizar y confirmar la grandeza del profeta. Entre más aborrecían a monseñor y su palabra, más se agiganta su figura y se comprende su conflictiva forma de vivir y predicar el Evangelio, y esto fue comprobado por obispos y periodistas del mundo entero. Ahora, 30 años después, se le reconoce su grandeza, y año con año, son más personas las que se suman a respetarlo y amarlo como un gran cristiano de nuestro siglo, incomprendido en su tiempo, vituperado, difamado, calumniado, insultado, pero ahora reivindicado en su pueblo, y la Iglesia universal, más temprano que tarde, le dará el puesto que se merece: Pastor, Santo, Obispo, Mártir, Profeta y, quien sabe, algún día quizá hasta DOCTOR de la Iglesia Universal.

ROBERTO CAMPOS

SEPTIEMBRE DE 2014


[1] Piezas para un retrato, María López Vigil, pág. 382

[2] Parafraseando las palabras de monseñor Romero del 06 de Enero de 1980

[3] La “coordinadora”, era la agrupación política conforma por los grupos organizados de estudiantes obreros y campesinos, tenían un brazo político y otro militar. Aquí estaban conformados el BPR, FAPU, FPL, LP 28, MERS, ERP, PC, etc., que después se convertirían en el FMLN, eran el contrapeso del Gobierno

[4] Pastor protestante. Representante del Consejo mundial de iglesias. Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 248

[5] En ese momento, una Junta Revolucionaria de Gobierno gobernaba el país, ya que en Octubre del año anterior, 1979, se había producido un golpe de Estado. Lo de “Revolucionario” de la junta, no tenía nada que ver, con las fuerzas insurgentes que en ese momento actuaban en el país.

[6] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 267

[7] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 302

[8] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 304 – 305

[9] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 243

[10] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 243

[11] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 259

[12] Monseñor Romero, su muerte y reacciones, Pág. 263

[13] Piezas para un retrato, María López Vigil,  Pág. 490

[14] Monseñor Romero, su muerte y reacciones, Pág. 313

[15] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 315

[16] Monseñor Romero, su muerte y reacciones. Pág. 522

[17] Llenos, bañados

[18] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 396

[19] CIC # 852

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