IX. Reconocimiento mundial

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

RECONOCIMIENTOS IMPORTANTES A MONSEÑOR ROMERO

EL DOCTORADO HONORIS CAUSA, UNIVERSIDAD DE GEORGETOWN

Fue a principios de 1978. Debido al gran renombre que monseñor, sin quererlo, se estaba formando en torno a la defensa de los derechos humanos, así como habían instituciones y personas que le odiaban y le atacaban, también existían otras que al conocer su situación, se disponían a mostrarle su admiración, su respeto y su apoyo. Los que le atacaban eran nacionales, los que le apoyaban, eran también nacionales y algunos entes internacionales. Es así como la Universidad de Georgetown en Washington DC se dispuso a proporcionarle un estímulo como apoyo a su causa. La universidad norteamericana quiso distinguirlo con un título honorífico. “…desde el asesinato de Rutilio Grande y las amenazas a muerte a los jesuitas en El Salvador, muchos jesuitas en Estados Unidos se interesaron por El Salvador y su arzobispo. A raíz de este interés, surgió la idea de establecer un acuerdo entre la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y Georgetown y la decisión de darle un titulo honorifico a monseñor Romero…” [1]

Este título, visto de manera global, era un reconocimiento interesante. Representaba un apoyo importante para la labor del arzobispo. Implícitamente la universidad norteamericana reconocía que el arzobispo tenía mucha razón en la forma de desarrollar su pastoral y, con ello, motivaba a otras instituciones a que hicieran lo mismo, mostrarle su apoyo. La figura de monseñor Romero se acrecentaba cada día más. Su situación era muy conocida.

Es curioso observar que, en este punto, en este apoyo en forma de título honorifico, hubo otra institución muchísimo más poderosa que se sumó al esfuerzo… pero para evitar que se lo dieran.

“…a pesar de que Georgetown rutinariamente notificaba con dos meses de anticipación al delegado apostólico en Washington cuáles eran sus planes, cuando solo faltaban dos semanas para entregar esta distinción, el Vaticano mostró inquietud por el asunto. El Arzobispo Jean Jadot, delegado apostólico, llamó al rector de Georgetown, Timothy S. Healy, sacerdote jesuita, para preguntarle si Georgetown podría reconsiderar o por lo menos aplazar la entrega del título a monseñor Romero en vista de la situación política en El Salvador. Mientras tanto el cardenal Gabriel Garrone, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, escribió al superior general de los jesuitas  para que tratara de detener la entrega del título. Sin embargo, los jesuitas consideraron  que era demasiado tarde  para cambiar los planes y el vaticano no hizo otro intento para evitar que se le diera el titulo a monseñor Romero…” [2]

Una muestra más de las contra corrientes que tuvo que sortear monseñor Romero en su difícil ministerio. El Vaticano tenía siempre sus reparos en el ministerio de monseñor Romero, siempre había dudas, de aquí sus pretensiones para evitar el reconocimiento al arzobispo. Pero si había dudas ¿por qué siempre iban en contra? A pesar de todo ello, al final, el reconocimiento le fue entregado el 14 de Febrero de 1978, en su catedral, precisamente en la misa dominical, de frente al pueblo y a la nación. Las autoridades de Georgetown se hicieron presentes y se lo entregaron.

“…La catedral de San Salvador se ha transformado esta noche en el paraninfo de la célebre Universidad de Georgetown. Se revive así aquel antiguo consorcio de la fe y de la cultura académica que, en otro tiempo, vivieron clásicas catedrales y famosas universidades. Se recuerda también que fue a la sombra de las catedrales donde nacieron estos centros académicos de alta cultura que hoy son gloria de todas las ramas del saber en el mundo. Pero hay algo original en este ambiente sacro-académico que conjugan Georgetown y nuestra Catedral. Y es que soy yo mismo -Pastor y Maestro de la fe en esta Arquidiócesis- quien viste, en su propia cátedra, el honroso atuendo de un doctorado en Letras Humanas que «honoris causa» viene a conferirme generosamente el Alma Mater de Georgetown…”        14 febrero 1978

Ese título honorifico, “…tiene estas cuatro dimensiones que, con mi Iglesia y con mi Pueblo, agradezco con gratitud inmortal:

1. Es un sólido apoyo a la causa de los Derechos Humanos;

2. Es un reconocimiento a todos los colaboradores de esa causa;

3. Es una solidaridad de consuelo y esperanza para con todos los que sufren el atropello de su libertad y de su dignidad; y

4. Es un eco de la denuncia y de la llamada a conversión…”

Así entendía monseñor este reconocimiento. No como un premio a su persona sino como un apoyo importante a la causa de los derechos humanos y en definitiva, a sus pobres. No se empalagaba con el poder, no dejaba que la vanidad anidara en su corazón, siempre pensaba en sus pobres, como pastor siempre pensaba en sus ovejas.

EL TITULO DE LA UNIVERSIDAD DE LOYOLA EN NUEVA ORLEANS

Un título que nunca fue.

Este supuesto intento de reconocimiento, fue una situación envuelta en misteriosos sucesos que, solo conociendo el contexto de mentiras y engaños en que transitaba El Salvador, pueden entenderse.

Los detractores de monseñor Romero, en un principio, utilizaron todos los medios para obligarle a cambiar su postura de denuncia de la injusticia social, pero al darse cuenta que era imposible doblegarlo, se dedicaron a desprestigiarlo, para que, al menos, la gente que le seguía le despreciara, cosa que tampoco lograron, pero sí lo intentaron.

Los medios de comunicación propiedad de los grandes oligarcas salvadoreños, siempre fueron perversos y dadas las circunstancias, trataban de envolver a monseñor Romero en simples confusiones, por insignificantes que parezcan, para luego con sus grandes megáfonos (prensa escrita, radio y tv), gritarla al pueblo.

Con tal de mantener a la opinión pública en el cauce que ellos, los oligarcas, quería, tergiversaban la información dándole los giros necesarios para dar una apariencia de lo que ellos querían que la gente creyera. Igual trato daban a cualquier cosa en beneficio de sus intereses. Si algún Obispo era invitado a una reunión social, ahí estaban los fotógrafos de estos medios de desinformación social, con sus cámaras listas a hacer la fotografía del prelado con una copa de vino en la mano, muy sonriente a la par del presidente, del ministro o del militar, recuérdese que habían cuatro Obispos que aceptaban gustosos reunirse con militares, miembros del gobierno y familias adineradas. Luego, el siguiente día, dirían “hay comunión entre la Iglesia y el Estado”, “hubo diálogo” o algo similar. Esto debido a la situación social, era confundir al pueblo pues el arzobispo en sus homilías reflejaba otra cosa.

Los medios se prestaban consiente, perversa y deliberadamente, para esto y muchas cosas más. Aprovechaban estas situaciones con la presencia de las diferentes personalidades para fotografiar y “demostrar” al pueblo, cosas que no eran, es por eso, que monseñor Romero, desde el asesinato de Rutilio Grande prometió que no asistiría a ninguna reunión oficial con miembros del Estado, para que no fuera mal interpretado. ¡Y lo cumplió!.

El caso de este supuesto título, fue una trampa puesta a monseñor Romero y sucedió luego del Honoris Causa de Georgetown.

“…Monseñor Romero recibió poco después una carta de la Universidad de Loyola de New Orleans, la cual le ofrecía otro título. Era el rector de  Loyola, el padre James C. Carter, jesuita, con quien monseñor Romero se había encontrado brevemente en el mes de noviembre, cuando Carter estuvo en San Salvador…” [3]

Por medio de una nota, otra Universidad le ofrecía un nuevo título, y como había un sacerdote de por medio, e incluso, era su rector, parecía no haber nada malo. El padre Carter, preocupado por la situación de El Salvador, conversó en Estados Unidos con el cónsul de El Salvador y, el cónsul invitó al padre a visitar El Salvador, probablemente con la intención (del cónsul) de que (el padre Carter) se hiciera una imagen de que la situación era peligrosa, pero que el Gobierno tenía toda la razón de actuar como actuaba y no era responsable de lo que sucedía. En su visita, preparada por el cónsul, el padre Carter se entrevistó con el Presidente de la República (ciertamente crítico de la labor de monseñor Romero), con el Nuncio (también crítico de monseñor Romero), el embajador de Estados Unidos (que desconfiaba de la misión profética de monseñor Romero), entre otros. “…El presidente le pidió (al padre Carter) que tratara de conseguir que el arzobispo entablara un dialogo con el gobierno…” [4]

Como buen sacerdote y buen cristiano que buscaba la paz y el entendimiento, el padre Carter, inocentemente, y de muy buenas intenciones, le transmitió a monseñor la petición del presidente, que tratara de entablar conversaciones con el gobierno. Seguramente monseñor le explicó la situación social que se atravesaba, lo cual hacía complicado un diálogo, pero sobre todo, un dialogo sincero, y que ya se había iniciado un diálogo, pero que el Gobierno había dado muestras de su hipocresía al momento de dialogar, era pantalla, falsedad, por ello, la Iglesia ponía condiciones para entablar dicho diálogo sincero, entre ellos, la investigación exhaustiva del asesinato del Padre Grande, cosa que había quedado en el olvido, dejar de reprimir, de calumniar, etc. Pues bien, el Departamento de Estado (de los Estados Unidos) sabiendo que el padre Carter conocía a monseñor Romero y viceversa, le pidió que intentara de nuevo reunir al presidente y al arzobispo, y fue el Departamento de Estado, quien sugirió el grado  honorifico.

“…el Departamento de Estado le pidió (al padre Carter) que continuara tratando de reunir a los dos Romeros. Un grado honorifico podría ser el camino para arreglar una reunión en New Orleans, ciudad que el presidente Romero visitaba con frecuencia…” [5]

El grado honorifico seria la excusa, para reunir a ambos en Estados Unidos. Una vez reunidos, inevitablemente el arzobispo, por simple educación, debía saludar y compartir algún coctel con los invitados. Las cámaras fotográficas abundarían y estarían al asecho. El siguiente día, estas fotografías inundarían las primeras planas de los periódicos salvadoreños con el Presidente de la República y el arzobispo, sonrientes y/o dándose la mano, como señal de un “entendimiento” entre ellos. Esto, lejos de pensar en otras cosas que podrían decir de este encuentro. Tal vez insinuando que monseñor en el país lo rechazaba, pero en el extranjero todo era paz, entendimiento y tranquilidad. Se identificaría, maliciosamente, una doble moral del arzobispo, y los periódicos, se esforzarían por remarcarlo.

“…el arzobispo Romero contestó la carta del padre Carter agradeciéndole el ofrecimiento del título honorífico, pero pidiéndole antes que le aclarara dos puntos. Carter le había mencionado que “un prominente ciudadano de El Salvador” había ofrecido conseguir dos pasajes gratis en la aerolínea salvadoreña TACA, para el arzobispo y un acompañante. Monseñor Romero deseaba saber quién era ese prominente ciudadano y cuáles eran sus intenciones al hacer ese ofrecimiento…” [6]

Es que monseñor poco a poco había ido comprendiendo que debía ser astuto en cosas como esta, para no ser sorprendido en una reunión o una ceremonia en la que se le podía dar una interpretación totalmente diferente de lo que en verdad se pretendía. Monseñor sabía que sus detractores tergiversaban cualquier cosa y que los periódicos eran sus aliados (de sus detractores), entonces, debía tener mucho cuidado de los pasos que a cada momento debía de dar.

“…estaba muy interesado en saberlo por la publicidad que se le había dado en El Salvador a una fotografía del padre Carter con el presidente Romero en un congreso sobre comercio realizado en New Orleans en febrero. En cambio, los medios de comunicación, habían casi ignorado el título de Georgetown, aún cuando el evento, había llenado la catedral…” [7]

Es que así era, así fue y aun hoy, así es. Los grandes medios de comunicación salvadoreños, siempre están al servicio de sus propios intereses, o mejor dicho, de sus dueños.

Poco les importaba que el arzobispo recibiera un reconocimiento por la defensa de los derechos humanos por una Universidad extranjera, y, por tanto, no había espacio en sus páginas, pero cuando se trataba de algún ministro o máxime, el presidente de la república, reunido con cualquier persona que les diera legitimidad o un aire de “buen gobierno” o de “gobierno dialogante”, “gobierno justo”, “gobierno sensato”, ahí, las fotografías abundaban y salían en primera plana y en tamaño gigante, acompañadas de textos totalmente conciliadores, alabando y destacando al gobierno.

“…a Carter lo habían engañado para fotografiarlo durante el congreso, le ofrecieron un pequeño obsequio y le solicitaron que saliera al frente para recibirlo. El había hablado previamente con el presidente en privado, quien le pidió invitar  al arzobispo a New Orleans. En esta reunión, el presidente le ofreció los dos pasajes aéreos gratis…”

“También, hermanos, quiero hacer una aclaración muy necesaria; el Señor Embajador de El Salvador ante la Santa Sede me ha autorizado para decirles que en la Cancillería se ha propagado una falsa especie del Arzobispo, como si hubiera puesto como condición para dialogar con el Señor Presidente el ir a hacer este diálogo afuera del país. Yo quiero decir, hermanos, que es completamente falso. Sería una estupidez para mí, sabiendo que aquí podría tener acceso a platicar directamente con el Señor Presidente, poner como condición salir los dos del país. ¿Qué objeto tiene? y ¿qué intentan con esta falsa especie?. Ya se ven las intenciones de calumniar, de distorsionar las actitudes de la Iglesia. Lo que la Iglesia espera es un ambiente de confianza garantizado por hechos en servicio, en respeto de nuestro querido pueblo” 12 Febrero 1978
El Presidente fue, entonces, la persona que le ofreció los pasajes. Conociendo las tensas relaciones entre el gobierno y la Iglesia, era poco probable este gesto de conciliación, mucho menos esta generosidad tan grande.

“…El Gobierno había utilizado el encuentro del padre Carter con el presidente Romero para darle publicidad favorable lo cual demostraba la falsedad de sus pretensiones…”

“…recordando el incidente casi 3 años más tarde, el provincial de los jesuitas comentó que el presidente Romero una vez le preguntó en una de sus conversaciones “¿Por qué el arzobispo quiere hablar conmigo fuera del país?”. Quizá ni el mismo entendió todo lo que su cónsul y el Departamento de Estado de Estados Unidos estaban haciendo…”[8]

Al parecer fue el Cónsul quien, junto con el Departamento de Estado lo planearon todo y el Presidente, quizá de buena fe, le ofreció los pasajes para que asistiera a recibir ese título, pero conociendo las falsas acciones del gobierno, incluso esto es fácilmente puesto en duda.

Monseñor Romero, nunca recibió este reconocimiento.

EL DOCTORADO HONORIS CAUSA, UNIVERSIDAD DE LOVAINA, BELGICA

Este reconocimiento puede entenderse desde el conocimiento de la colaboración que algunas diócesis de Bélgica proporcionaban a la arquidiócesis de San Salvador, en especial la arquidiócesis de Brujas con monseñor De Smet a su cabeza. Monseñor De Smet enviaba a sus sacerdotes (los que quisieran) a El Salvador para ayudar en el trabajo pastoral. Entre ellos, podemos mencionar al Padre Juan Deplanck, quien era uno de los artífices de este reconocimiento, el padre Rogelio Poncele, valiente sacerdote que sobrevivió a toda la guerra de El Salvador, allá en las montaña de Morazán, el padre Esteban Alliet, etc. Monseñor Romero estaba contento de poder visitar a una diócesis hermana que tan solidaria había sido con él y con su diócesis, agradecerle personalmente tan evangélico detalle.

“…la alegría de saludar a monseñor De Smet, agradecerle toda su colaboración, para nuestra Iglesia y a todos los belgas que nos habían dado tan valiosa ayuda de personas, ayudas económicas y toda clase para nuestra pastoral…”    su diario, 31 Enero 1980

El padre Deplanck, había sido una pieza clave en promover este reconocimiento, otorgado por la Universidad de Lovaina, Bélgica. Muy probablemente, el más grande reconocimiento que se le hizo a monseñor Romero ¡en vida!, fue en Febrero de 1980, cincuenta días antes de su asesinato.  

Fue un homenaje a su labor en pro de los derechos humanos, de la paz, de la defensa de la vida. El reconocimiento se lo entregaron personalmente el 02 de Febrero de 1980. El viaje lo hizo a finales de Enero, no sin antes pasar por una dura prueba de escrúpulos, como siempre.

El 22 de enero de 1980, se organizó en San Salvador, una gigantesca manifestación de las organizaciones populares de izquierda. Más de cien mil personas, maestros, estudiantes, jóvenes, sindicatos, obreros y campesinos, se dispusieron a marchar por las calles, en lo que es considerada, la más grande demostración de fuerza convocatoria en la historia de El Salvador. La manifestación iniciaba en el monumento al Salvador del Mundo, miles de personas esperaban pacientemente su turno de incorporase a la marcha en el parque Cuscatlán, cuando estos que esperaban incorporarse, aún no lo habían hecho, la manifestación ya llegaba a catedral metropolitana, las fuerzas del gobierno, la Guardia Nacional, apostada en el Palacio Nacional, abrió fuego contra la manifestación. Hubo estampida de gente. Algunos de los manifestantes iban armados y se dio un tiroteo. Más de 20 muertos y más de cien heridos. Su denuncia, como siempre, no se dejó esperar. “…Como pastor y como ciudadano salvadoreño, me apena profundamente el que se siga masacrando el sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle para pedir justicia y libertad. Estoy seguro que tanta sangre derramada y tanto dolor causado a los familiares de tantas víctimas, no serán en vano…”   27 Enero 1980

En esos días, en medio de esas circunstancias de sangre, muerte y dolor, monseñor Romero debía hacer el viaje a Bélgica, pasando antes por Roma, sería un viaje de unos 10 días. “…Este día también y en el consejo del senado presbiteral, acordamos que mi viaje no era tan oportuno en un momento en que el pueblo está sufriendo, sin embargo, los días que faltan decidirán…”                                                                                      Su diario, 23 de enero de 1980

Todos los días eran críticos en El Salvador, pero estas fechas fueron realmente incómodas para el arzobispo ya que en semejante situación, monseñor debía ausentarse de su silla arzobispal para ir a recibir un “reconocimiento” en el extranjero, parecía chocante, contradictorio y esto, no lo dejaba del todo convencido. Dejar al pueblo por ir a recibir una distinción.

Pero el trasfondo de este homenaje, las circunstancias del mismo y el consejo de muchas personas, le convencieron de que no era un simple premio, sino que era la oportunidad para llevar el testimonio evangélico de su arquidiócesis, de estas tierras bañadas de sangre al pueblo cristiano en Europa, un continente muy alejado de las dolorosas pruebas por las cuales se pasaba aquí en Centroamérica. Sería entonces una ventana en Europa a la realidad latinoamericana.

“…Una llamada telefónica del padre Juan Deplank desde Bélgica, me hace decidir el viaje a aquel país… El también está de acuerdo en que la situación de nuestro país es muy grave, y por eso hará lo posible de recortar lo más posible el viaje. Se trata de un servicio a la diócesis y de apoyo a nuestra pastoral y en ese sentido creo que debo hacer el sacrificio de ir…”   Su diario 24 enero 1980

“…Recibir este honor no es simplemente un homenaje a mi persona, sino que es un apoyo a la pastoral de nuestra arquidiócesis…”                    su diario, 28 enero 1980

Con todo y su preocupación, monseñor se fue. Partió a recibir ese reconocimiento a su pastoral. Viajo junto con el padre Jesús Delgado.

El viaje lo dividió entre Roma y Bélgica. Como en este apartado no nos interesa el viaje a Roma ni lo que hizo ahí, hablaremos solo del viaje a Bélgica.

Llegaron a Bruselas el 31 de Enero de 1980, con una agenda apretada que le había preparado el Padre Juan Deplank, quien era quien le había empujado a recibir la mención honorifica.

“…El padre Deplank me llamaba para que fuéramos a cumplir varios compromisos que él tenia en su programa, el primero fue a la casa de gobierno donde nos recibió el primer ministro que es la suprema autoridad práctica en el país…”                                           su diario 01 Febrero 1980

Su investidura como arzobispo le hicieron en su vida, codearse con personajes de primer nivel, como podemos observar, en este caso lo recibió el Primer Ministro, la suprema autoridad en Bélgica.

El propio día de la investidura académica, el 02 de febrero, fue impresionante. Un evento lleno de glamour, elegancia y de seriedad. Veamos cómo lo describe monseñor Romero en su diario, la ceremonia de investidura.

“…me vestí con mi sotana de obispo para asistir a la universidad de Lovaina a la imposición de mi título del doctorado honoris causa. Un desfile con todos los profesores vistiendo sus togas se dirige hacia la Iglesia de la Universidad, donde se canta una misa en gregoriano, se celebra la santa misa muy solemnemente, una homilía en la cual se da bastante importancia a la vida de nuestra arquidiócesis, en flamenco, yo no entendí, pero sí sonaban los nombres muy queridos de Aguilares, de Jesús Jiménez, del padre Rutilio Grande, donde noté y después me explicaron, que había sido un elogio muy grande a la pastoral de nuestra diócesis. Eran cuatro, los doctorados honoris causa, pero el elogio se me dirigió de manera especial a mi… el rector hizo la presentación del acto y me cedió la palabra, ya que a mí me tocaba disertar el tema principal, sobre “la dimensión política de la fe”.

Al ocupar el estrado, la muchedumbre me saludo con un caluroso aplauso casi interminable, que agradecí naturalmente. Dije unas palabras que me habían preparado en flamenco, para decir que sentía mucho no poder hablar en su lengua, pero hablaría en el lenguaje de mis pobres, a los que yo venía a representar…

Al terminar aquel aplauso, fue muy extraordinario, me sentí abrumado, de verdad, por el entusiasmo y la acogida.    Su diario, 02 Febrero 1980

Es impresionante leer según las mismas palabras de nuestro arzobispo mártir, de cómo fue esa ceremonia. Todo un ambiente de seriedad, muchísima formalidad, un ambiente sobrio, elegante, distinguido, selecto, aristocrático. Un ambiente poco habitual para monseñor Romero, pero en el que estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. Su lenguaje tuvo que ser más teológico, más sapiencial, puesto que no le escuchaban sus pobres de la catedral. Aquí su discurso, sus palabras, debían ser más refinadas. El tema sobre el que disertó fue “la dimensión política de la fe”, y lo hizo no como teólogo ni mucho menos político, sino, como un pastor auténtico, de esos pocos, que dan la vida por sus ovejas.

“…Sencillamente voy a hablarles más bien como pastor, que, juntamente con su pueblo, ha ido aprendiendo la hermosa y dura verdad de que la fe cristiana no nos separa del mundo, sino que nos sumerge en él…” [9]

Fe y política, política y fe. Dos temas complicados, controversiales, difíciles de unir, llenos de muchas aristas, finos hilos, que, con otro auditorio, no todos comprenderían y dos temas en los cuales muchos se pueden equivocar cuando se atreven a tocarlos.

Entre muchas otras cosas que fueron parte de esa admirable y conmovedora cátedra, podemos señalar algunos pasajes.

“…Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país. Estos textos de los profetas Amós e Isaías no son voces lejanas de hace muchos siglos, no son sólo textos que leemos reverentemente en la liturgia. Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos a diario. La vivimos cuando llegan a nosotros madres y esposas de capturados y desaparecidos, cuando aparecen cadáveres desfigurados en cementerios clandestinos, cuando son asesinados aquellos que luchan por la justicia y por la paz… la Iglesia se ha puesto del lado de los pobres y ha asumido su defensa… Por defender al pobre ha entrado en grave conflicto con los poderosos de las oligarquías económicas y los poderes políticos y militares del Estado… 0 servimos a la vida de los salvadoreños o somos cómplices de su muerte. Y aquí se da la mediación histórica de lo más fundamental de la fe: o creemos en un Dios de vida o servimos a los falsos de la muerte…” [10]

Pasajes dignos de análisis. En otra ocasión, podremos hablar de ellos.

Pero volviendo a la descripción de la ceremonia, dice monseñor “…me sentí abrumado…” ante la ovación de tan distinguido auditorio. Es que monseñor Romero tenía un corazón sencillo, que se sentía en familia entre pobres, entre campesinos, entre hombres de sombrero, con cumas[11], tecomates[12] y matatas[13], entre obreros con manos callosas, de camiseta y pantalón acampanado[14], entre mujeres de refajo[15], canastos y yaguales[16], entre amas de casa de delantal, de pie en la cocina de su casa, entre niños descalzos con chuchos aguacateros [17] por mascotas. Pero Dios le puso en su vida también otros ambientes como Roma, España, Francia, y entre ellos, Bélgica en los cuales se codeaba con otro tipo de personas, las de la alta alcurnia, las de hablar refinado, las de modales exquisitos, y algunas de ellas, de corazón solidario con sus pobres, como los belgas.

 “…fueron cuarenta minutos que yo noté que había una atención extraordinaria…”    Su diario, 02 de febrero de 1980

Después de su discurso, un aplauso interminable.

Tan grande y selecto auditorio lo ovacionó, y esto fue mucho para él. Se “cohibió”, se sintió “poca cosa”, lo cual muestra el concepto que tenia de sí mismo. Se sentía, un servidor, se sentía sirviente, se creía uno más, “el que quiera ser el primero, que se haga el último”, decía el Maestro. Monseñor no se creía digno de una ovación tal, pero ese es un juicio no le corresponde darlo a él (a monseñor), sino  al pueblo. Es el pueblo a quien le corresponde ese veredicto final, el pueblo a quien sirvió, el pueblo a quien amó y nosotros, su pueblo, decimos… !!!!CLARO QUE ERAS DIGNO¡¡¡¡¡

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, al momento de ser investido
con el título Honoris Causa.  

Junto a monseñor Romero, les fueron investidas a tres personas más, el titulo honoris causa, pero fue a monseñor Romero en quien se centraron y a quien dieron el honor de exponer la cátedra del acontecimiento.

Monseñor Romero por unos breves instantes se sintió apoyado por tanta gente, que, después de hacer escuchado su discurso, le mostraban su solidaridad y muchos otros que le agradecían por haberles explicado algunas cosas que ellos, no comprendían.

“…los saludos de todas esas personas me llenaron de mucho aliento… que había hecho pensar a muchos en la situación del país… algún teólogo que tenia prevenciones contra la teología de la liberación, manifestó que había entendido muchos puntos que él no entendía, y que sentía que, de verdad, América Latina tenía su propia teología, sin dejar de ser teología de la Iglesia… darle gracias a Dios y a la Virgen por este impulso y apoyo moral que yo he sentido en este acontecimiento…”   su diario, 02 de febrero de 1980

Muy probablemente un “vaso de agua fresca” después de caminar en el desierto, o un “oasis” de amor y comprensión que el Señor Jesús quiso darle, 2 meses antes de su muerte. En este pueblo europeo, en este acontecimiento importante, monseñor sintió que no estaba solo, que después de todo, había mucha gente, aunque sea fuera del país, que entendía perfectamente lo que ocurría y cuál era el mejor servicio que la Iglesia debía dar al pueblo.

Monseñor Romero vivió un momento de acogida cálida y sincera. Seguramente, le “recargó” su decidido servicio a la Iglesia. Le animó a seguir viviendo con amor y determinación, 50 días más, al final de los cuales seria clavado en la cruz de Cristo.

¿Qué habrán pensado los promotores de este reconocimiento, los que le saludaron, los que le conocieron, los que simplemente, le vieron, monseñor De Smet, y todos los que le escucharon ese día, al darse cuenta que ese hombrecito que compartió con ellos, 50 días después cayó víctima de eso que tanto denunciaba? ¿Qué habrán pensado de que ese hombrecito fuera asesinado, aquel que vieron, palparon y escucharon hace menos de dos meses?

Sea lo que fuere, deben sentirse orgullosos. Orgullosos de haber animado y apoyado a un hombre de Dios, a alguien que se sentía abandonado de mucha gente que se suponía debía apoyarle. Deben sentirse con la conciencia tranquila de que apoyaron a un santo, cuando este lo necesitaba.

Gracias Bélgica.

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ

La nominación fue en 1978, pero para el premio de 1979, el cual, al final no le fue otorgado, sin embargo, es importante hacer mención de él, pues solo proponerlo para el premio fue un elogio de carácter internacional.

Fue un grupo de 118 congresistas del Reino Unido quienes lo propusieron para dicho homenaje. No fueron 5 ni 10, sino 118. Luego de esto, en enero de 1979 el congresista norteamericano Tom Harkin, intentó que el congreso de los Estados Unidos, apoyara la postulación.[18]

“Esta tarde tuve una entrevista con tres senadores británicos, que vinieron para informarse de la situación del país y para comunicarme personalmente la postulación que en el parlamento inglés se hizo, de mi persona, como candidato al Premio Nobel de la Paz” Su diario 03 Diciembre 1978

Monseñor Romero había elevado al país, El Salvador, a reconocimientos mundiales. ¿Quién se había fijado en este país, hasta antes de la figura de monseñor Romero? ¿Qué personaje nacional era tan grande como para que su nombre figurase entre parlamentos de naciones del primer mundo? ¿Qué personaje nacional había existido que hiciera que otros países se fijaran en el nuestro? NADIE.

El Salvador era un país insignificante, pequeño, muy pequeño, donde la vida (y la muerte) transcurría sin que tuviese importancia para los demás países, mucho menos para las potencias mundiales, europeas, asiáticas, etc.

Este reconocimiento, que por primera vez se le hacía a un salvadoreño, era sin precedentes.

En El Salvador, de monseñor Romero, sus detractores decían que era un desquiciado, que era un loco, un subversivo, un revoltoso, un comunista, un desequilibrado mental, un vendedor de almas al diablo, que con su prédica alimenta la violencia, que era el responsable de tantos muertos, de haber sido esto cierto, ¿Qué colaboración estarían dando los parlamentarios a El Salvador? ¿Alentarían al loco a que siguiera haciendo locuras? ¿Alentarían al revoltoso a que siguiera agitando al pueblo? ¿Le darían semejante distinción a un desequilibrado mental? ¿A un guerrillero? ¿A un revoltoso? ¿A un agitador?

“Quiero mencionar también, hermanos, en este marco de la comunión de nuestra Iglesia, un sincero agradecimiento al Reino Unido de Inglaterra, que ha tenido ese gesto para mí verdaderamente sorpresivo, de postular mi pobre nombre para el Premio Nobel de la Paz. Han llegado muchas felicitaciones y quiero hacer, pues, a todas estas personas una manifestación sincera de gratitud”

26  Noviembre 1978

Para conocer mejor la situación de este arzobispo que geográficamente estaba lejísimo de su país, “una delegación de parlamentarios ingleses, integrada por Lord Chitnis, Peter Bottoomley y Dennis Canavan visitó El Salvador entre el 02 y el 09 de diciembre”[19] y así conocer de primera mano por qué lo iban a postular.

Los tres congresistas después de hacer diversas visitas claves a numerosos lugares y haber tenido entrevistas importantes, se llevaron una tremenda impresión de la realidad que se vivía, confirmando con ello que en verdad era una excelente idea proponerlo a tan distinguido honor.

“Hemos tenido visitas muy importantes: Como fue la del domingo pasado: de los parlamentarios ingleses que entregaron la nominación de mi persona como candidato al Premio Nobel de la Paz, junto con 118 firmas… Uno de los parlamentarios -lo digo no por vanidad, porque como he repetido, mi persona queda muy al lado de este honor que es para ustedes-, me dijo: «Ahora que he conocido la realidad en que ustedes viven, no sólo una vez sino dos veces pediría el Premio Nóbel para usted»… Mostraron su preocupación sobre la violación de los Derechos Humanos en el país”

 10 Diciembre 1978

Aunque al final no se lo otorgarían, al menos, con esta nominación, se daba un poco de reconocimiento internacional a alguien que era atacado y calumniado ferozmente por sus compatriotas. Aunque no se lo darían, esta mención, de un premio serio y de prestigio, al menos servía de megáfono para que el mundo entero se fijara en la labor del arzobispo en su defensa por la paz. Localmente, al menos algunas instituciones nacionales no pasaron por alto esta propuesta de tan alto honor.

“Entre las felicitaciones, quiero decirles un pensamiento de la del Colegio de Profesionales de las Ciencias Jurídicas, que dicen entre otras cosas que esta postulación es un aval de parte de las autoridades y gremios auténticamente representativos del pueblo inglés y que ella sola ya es una respuesta de la opinión pública internacional a los detractores de la línea del Arzobispado”

 26  Noviembre 1978

 “Así lo veo, hermanos, como un apoyo que yo agradezco profundamente y quiero aclarar para algunas personas que lo confunden, no se trata del Premio Nobel, simplemente es una postulación, una candidatura. Yo sé que eso es muy difícil, llegar a tener el Premio Nobel; y quiero que sepan que yo soy el primero en comprender que hay otras personas que lo merecen mucho más que yo y que estaré muy alegre si al llegar la adjudicación del premio no se tiene en cuenta esta postulación de Inglaterra, sino que se dará según justicia, al que honor merece y me rendiré con cariño, como candidato del Premio Nobel, al que tenga el honor de merecerlo” 26  Noviembre 1978

Los amigos y los conocedores de la labor de monseñor, felices de su nominación. A los detractores de monseñor Romero en el país, les tenía sin cuidado el reconocimiento, porque era una afrenta a ellos. Claro, estaban en contra y combatían al que era propuesto para un premio de carácter mundial. Poco ruido hicieron los periódicos al respecto. Todos los detractores, siempre buscaban la manera de despotricar a monseñor y esto les cerraba la boca al menos momentáneamente. Es sorprendente saber que estos personajes, lejos de ver en este acontecimiento un momento para re pensar su forma de actuar, lo usaron para seguir criticando a quien era pospuesto para este honor.

“El Señor Presidente acusó en México crisis en la Iglesia a causa de clérigos tercer-mundistas. Denunció la predicación del Arzobispo como una predicación política y que no tiene la espiritualidad que otros sacerdotes sí siguen predicando. Que me estoy aprovechando de mi predicación para promover mi candidatura del Premio Nobel. ¡Qué tan vanidoso me creen!” 21 Enero 1979

Lejos de analizar en que, si el arzobispo estaba siendo considerado para la más alta distinción de un premio como este y reflexionar en que el arzobispo podía tener razón en su actuar y en que ellos a lo mejor podían estar haciendo algo mal, mejor se enfocaron en no hablar del tema o en minimizarlo. No vieron lo evidente, estaban ciegos. Su corazón, era en verdad de piedra. Eran como los ídolos inertes del antiguo testamento. “Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, tienen nariz, pero no huelen. Tienen manos, pero no palpan, tienen pies, pero no caminan; ni un solo sonido sale de su garganta” Sal 115

Tenían cerebro pero no pensaban, tenían capacidad de análisis pero ellos mismos se cerraron, veían que monseñor era reconocido pero no les importaba, escuchaban que él era apoyado pero ellos ni se inmutaron. ¿Y los medios de comunicación? ¿Qué dijeron? ¿Se alegraron? ¿Lo comunicaron? ¿Lo dieron a conocer? ¿Lo sacaron en sus primeras planas? Dejemos que sea el mismo monseñor Romero quien nos lo diga.

“La noticia que aquí corrió algunos días antes, ha sido acogida de manera muy opuesta. De parte de los amigos, naturalmente, ha sido motivo de regocijo y de muchas felicitaciones, pero de la parte oficial y de los medios de comunicación social, ha habido más bien, un silencio significativo”

Su diario 03 Diciembre 1978

Pero esto no es de extrañar. En El Salvador, los medios de comunicación social siempre han sido, son y serán, defensores de los intereses de sus dueños y sus dueños, son de tendencia oligarca, contrarios a la voz de las mayorías. En El Salvador, no existe, aún hoy, el “periodismo” verdadero, pues el periodista habla con la verdad, cuenta los hechos, tal como suceden y no oculta las realidades de su pueblo. Aquí eso de que el periodismo es “objetivo”, “dice la verdad”, es “imparcial”, “explica los hechos tal como son”, es una simple utopía.

Por otra parte, el premio nobel de la paz, si somos literales, era para quien buscaba la paz, para quien incansablemente hiciera méritos que fuesen en combatir la violencia y llamar a la paz y la tranquilidad. Y efectivamente, si era un premio “Por la paz”, ¿Quién más lo merecía sino, monseñor Romero? Como estamos hablando de un reconocimiento a nivel mundial, es difícil sopesar todos los casos en todas las regiones del mundo, en ese momento, donde posiblemente había un hombre o una mujer trabajando por la paz, es por esto, que cuesta discernir si no había otra persona más merecedora de este reconocimiento que monseñor Romero. Pero juzgando por quién lo ganó, no había otra persona que llamara a la paz, más grande que don Oscar Romero. Monseñor hablaba del Evangelio, daba esperanza y denunciaba las violaciones a los derechos humanos, y su fin último era LA PAZ. Monseñor Romero en verdad abogaba por ella, desde su púlpito, desde su cátedra, que ya no hubiera violencia, que se dejara de asesinar, de torturar, de secuestrar. Si había alguien merecedor de este título, ese era monseñor Romero.

Al final, el título fue otorgado a una gran persona, una gran santa, una mujer excepcional, la Madre Teresa de Calcuta. No puedo quitarle mérito a esta santa mujer, pero como señalamos anteriormente[20], le dieron el premio a una mujer que no exigía ni pedía nada a nadie, ella solo amaba.

Pero sopesando el testimonio de ambos y el concepto del premio que estaban otorgando, hubiese sido más coherente dárselo a monseñor Romero. A pesar de eso, él, lejos de sentir pena porque el premio lo otorgaron a otra persona, elogió el día que supo que se lo habían dado a la Madre Teresa y hasta la puso de ejemplo.

Es que monseñor no se entristeció porque no se lo dieran, somos nosotros, los que nos entristecemos porque no se lo dieran.

“En estos días nos ha dado ejemplo la Madre Teresa de Calcuta quien fue a recibir el Premio Nobel de la Paz. Renunció al banquete de gala con que debería haberse celebrado aquella entrega. Y dedicaron los $30.000.00 que iba a costar una comida para gastarlo en servicio de los pobres de la India” 16 Diciembre 1979

Este premio, traía consigo una ofrenda económica de vario miles de dólares y dadas las necesidades urgentes del arzobispado, le hubieran caído como “agua de mayo”[21]. Aunque monseñor sabía que era difícil que ganara el premio, ya sabía en qué utilizaría el dinero si se lo otorgaban.

En estas noticias quiero hacer llegar el llamamiento de las hermanas Carmelitas del Hospital La Divina Providencia porque su obra tan caritativa: de construir un hogar a los huérfanos de las enfermas que allí mueren, todavía necesitan 290 mil colones. Lástima que el Premio Nóbel se fue para la India, ¡lo hubieran tenido!… Pero tanto en la India como en El Salvador el camino de los pobres es el camino de la paz. Yo les suplico que ayudemos a esta gran obra que sin duda traerá muchas bendiciones de paz sobre nuestro pueblo” 21 Octubre 1979   

Monseñor nunca pensaba en él, siempre su preocupación eran los demás, en su escala de necesitados, él estaba en último lugar. De haber ganado el premio, bien pudo pensar en quedarse el dinero, pues el premio le hubiese sido otorgado a él, pero monseñor siempre fue un pastor desprendido de todo. Las hermanas carmelitas hubieran recibido tan noble cantidad de dinero y en verdad, ni siquiera ellas lo hubieran disfrutado, pues los destinatarios últimos hubiesen sido, los niños huérfanos de las enfermeras. Así era monseñor, como San Francisco, quien lleno de una certeza evangélica dijo “es dando a todos, que Tú nos das”.

A mi insignificante juicio, este premio se lo hubiesen otorgado a quien clamaba por la paz, no a quien repartía amor. La Madre Teresa, de haber existido, perfectamente hubiese ganado “El premio nobel del amor”, y aún aquí, monseñor Romero se lo hubiese peleado férreamente, pues como dice el Maestro, “nadie tiene más amor, que el que da la vida por sus amigos” Jn 15, 13

MONSEÑOR ROMERO Y LA ABADIA DE WESTMINSTER

La Iglesia anglicana se ha adelantado al juicio certero de la Iglesia Católica. Más temprano que tarde, la Iglesia Católica tomará la misma decisión. Ese día se mostrará que la Iglesia Anglicana acertó muchísimo más rápido, pero hoy por hoy, los anglicanos han salido adelante. La Iglesia Anglicana ha decidido contar entre sus santos a monseñor Romero y juzgó oportuno rendirle un homenaje al inmortalizarlo en su principal templo cristiano, en Inglaterra.

Recordemos primero lo que es la Iglesia Anglicana. Anteriormente se apuntó que un arzobispo fue asesinado. Thomas Becket. Fue en el 1,170. Esto por órdenes del rey Enrique II. Pues bien, como ese fue un hecho consumado, la fidelidad al Papa fue debilitándose. Posteriormente con el Rey Enrique VIII, se rompen totalmente las relaciones con el Papa y es así como surge una nueva Iglesia, la del Rey Enrique VIII, es decir, la Iglesia Anglicana, o “de los ingleses”. Las catedrales, las capillas, los templetes y toda infraestructura, pasó a ser de la Iglesia Anglicana.

La catedral de Santo Tomas Becket, es la Abadía de Westminster, ubicada en el centro de una de las más grandes urbes de la actualidad, Londres, Inglaterra. Construida en el primer milenio, el siglo X, hace tanto tiempo, que nos cuesta imaginar su antigüedad. Este templo, ha sido testigo de mil años de historia. Es un templo gótico, imponente. Su dignidad es tal, que solo está asociada a los grande, a lo majestuoso, a lo aristocrático. En ella a lo largo de los siglos se han desarrollado las coronaciones de los monarcas ingleses y el entierro de los mismos. Es un templo reservado única y exclusivamente a lo grandioso, a lo sobresaliente, a lo digno. Es el principal templo anglicano. El más sobresaliente. 

El templo tiene en la parte frontal, 10 nichos vacios. Nichos en los cuales pueden estar 10 imágenes de vírgenes, santos y/o apóstoles. Todo el que llegue a Westminster antes de entrar a tan magno templo podrá apreciarlos. Pues bien. En el siglo XX, la Iglesia anglicana tuvo la idea de designar a 10 personajes que ocupen esos nichos. Ah pero se debe hacer una escogitación minuciosa de quienes son dignos de estar en este templo principal, reservado únicamente a lo grande. ¿Quiénes deben ser estos personajes? Si la abadía está reservada a lo grande, a lo digno, entonces los personajes también deben ser dignos, dignos de crédito, dignos de su testimonio. Entonces la Iglesia anglicana decide que “deben ser mártires”, si, “mártires del siglo XX”. Se entró entonces en un proceso de selección de los 10 personajes dignos de ser contados entre los 10 mártires del siglo XX, dignos de adornar el principal templo anglicano, no importando si fuesen o no anglicanos. Esta selección además, debía unir a los cinco continentes, como signo de universalidad del cristianismo, en otras palabras, signo de ecumenismo. Y es así, como la selección fue la siguiente.

  1. Duquesa Elizabeth, 1918, de Rusia, santa de la Iglesia ortodoxa, asesinada por los bolcheviques (los revolucionarios soviéticos)
  2. Manche Masemola, 1928, sudafricana. Una jovencita de 15 años asesinada por sus padres debido a su fe cristiana.
  3. Maximiliano Kolbe, polaco, sacerdote franciscano que en 1941, se ofreció a ser ejecutado por los nazis en un campo de concentración, en lugar de un padre de familia que había sido sentenciado.
  4. Lucian Taipedi, de Nueva Guinea, asesinado en 1942, en la invasión japonesa a Papua.
  5. Dietrich Bonhoeffer, alemán. Pastor luterano, asesinado por los nazis en 1945
  6. Esther John, Pakistaní, asesinada por musulmanes en 1960
  7. Martin Luther King, norteamericano, pastor baptista, asesinado en 1968 por alzar su voz, en defensa de sus hermanos
  8. Wang Zhiming, chino, pastor evangelista asesinado en 1973 durante la revolución cultural.
  9. Jasnani Luwun, arzobispo anglicano en Uganda, asesinado en 1977
  10. Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez

El 09 de Julio de 1998, las estatuas de estos 10 mártires cristianos fueron instaladas en sus nichos respectivos. Cabe destacar que ante este acontecimiento, se realizó una ceremonia especial, contando con la participación de primeros ministros, jefes de estado, monarcas, reyes, reinas, parlamentarios, etc. Los personajes homenajeados son de este siglo y dado las diferentes fechas de sus martirios, monseñor Romero resulta ser prácticamente el último, familiares de los homenajeados estuvieron presentes, y por lógica, siendo monseñor Romero el último, aun tiene familiares vivos, al menos en primer grado. Ese día hubo dos ponencias en la catedral de Londres. Una sobre el martirio en general y la segunda sobre Monseñor Romero. Un detalle que no debemos pasar por alto. Un tema hablando en general y el otro, hablando específicamente del testimonio martirial de monseñor Romero. Los anglicanos son consientes de que las circunstancias que rodean el martirio de monseñor Romero, son excepcionales y decidieron un tema específicamente de él. La comitiva que representaría a El Salvador en Londres fueron la Dra. María Julia Hernández, compañera de mil batallas de monseñor Romero, monseñor Orlando Cabrera, obispo de Santiago de María, monseñor Ricardo Urioste y Don Gaspar Romero, hermano de sangre de monseñor. Iban otras personas.

Los 10 mártires del siglo XX. Al centro Martin Luther King y monseñor Romero, con un niño en sus brazos.

Bien dice el Maestro, “nadie es profeta en su tierra”, puesto que, lo que los extranjeros han entendido con el paso de los años, los nacionales se empecinan en desacreditarlo y despreciarlo, aunque sus razones no son de fe, sino, simplemente, políticas, las cuales van amarradas a intereses económicos e ideológicos. El 27 de Julio de 1998, 20 días después de tan magno evento, apareció un artículo de un prominente personaje político de derecha, don Gerardo Escalón Gómez[22], por cierto y para variar, diputado por el partido ARENA, en esos años, en el cual dispara directo a este homenaje a monseñor Romero y en ese entonces (1998) como antes (cuando monseñor estaba vivo), cualquier cosa que desprestigiara a monseñor Romero, tenía las puertas abiertas y cabía gustosamente en los “periódicos” salvadoreños.

“… el gran espíritu ecuménico de nuestros hermanos anglicanos, ocasión hábil y maliciosamente aprovechada por los impulsores de la cacareada canonización, del que a pesar de sus múltiples “errores y horrores”, quieren convertirlo en el primer santo “equivocado” de la Iglesia Católica, y que se valen de situaciones como esta para lograr sus no muy santos propósitos… y lo esculpió en una posición no muy usual en él, ya que lo hizo “chiniando[23]”, en lugar de hacerlo con su inseparable micrófono, o de perdido, con un megáfono piquetero, instrumentos que uso muy a menudo, no solo para sus típicas arengas, sino para confundir a los pobres de espíritu. Indudablemente es para darlo a conocer como una mansa paloma, envuelto en un gran hábito, hecho de pieles de blancas ovejas, para con esto tratar de vender una falsa imagen, que no concuerda con su controversial y verdadera personalidad…”  

El señor Escalón, representa a todos los personajes nacionales que se retuercen como babosas[24] cuando les echan sal, al darse cuenta de los homenajes que alrededor del mundo le ofrendan al Obispo de los pobres. Su total desconocimiento del Evangelio le hace vomitar palabras que él cree que son cuerdas, pero están fuera de toda lógica evangélica. El y muchos tantos otros, condenan a monseñor Romero desde su opción política, y, como dice monseñor Rafael Urrutia, “si a monseñor Romero lo juzgamos desde la concepción ideológica, siempre le vamos a condenar”. Es imposible juzgar y sopesar la labor pastoral de monseñor Romero desde los estatutos de un partido político. Si queremos juzgar a este pastor, debemos tener el Evangelio de Jesús en la mano, acompañadas del Magisterio de la Iglesia, El catecismo universal, Puebla, Medellín, El Concilio Vaticano II, la Rerum Novarum, la Pacem in terris, la Fidei Depositum, la Populorum Progresio, los discursos de los santos padres, San Jerónimo, San Agustín, San Ignacio de Antioquia. También debemos tener a la mano los libros de Isaías, Jeremías, Amós, Habacuc, Sofonías, las cartas de San Pablo, conocer las historias de Matatías, Judas Macabeo, y así como comenzamos, terminamos conociendo el Evangelio de Jesús.

A la luz de estos documentos, podemos juzgar el ministerio de monseñor Romero. No es según mis criterios políticos e ideológicos, no es lo que yo creo, y lo que mis amigos dicen que debe ser, sino la autoridad de Dios y la Iglesia a la que pertenece el pastor. Es a la luz de estos escritos que vamos a valorar y sopesar su manera de actuar y de predicar. Si encontramos contradicción entre los escritos apuntados y la vida de monseñor, entonces estamos aptos para juzgarle.

Solo quien conoce el Evangelio, su mensaje y sus exigencias, es capaz de decir lo que no es Evangelio. O sea que quien desconoce el Evangelio, no nos puede decir, qué es el Evangelio.

Nota importante: Monseñor Romero recibió otros reconocimientos mientras fue arzobispo, en este apartado solo se mencionan algunos de ellos. Por ejemplo recibió el Premio de la Paz de 1980 que lo confería la acción ecuménica de Suecia[25]. Posteriormente, recibiría otros reconocimientos de manera “post mortem”

ROBERTO CAMPOS

OCTUBRE DE 2014


[1] La palabra queda. Pág. 151

[2] La Palabra queda. Pág. 151 – 152

[3] La palabra queda. Pág. 153

[4] La palabra queda. Pág. 152

[5] La palabra queda. Pág. 154

[6] La Palabra queda. Pág. 154

[7] La Palabra queda. Pág. 154

[8] La Palabra queda. Pág. 155

[9] La dimensión política de la fe. Discurso en la Universidad de Lovaina, Bélgica.

[10] Discurso en la Universidad de Lovaina, Bélgica. “La dimensión política de la fe”.

[11] Una especie de cuchillo grande que usan los campesinos para trabajar en el campo

[12] Especie de calabaza de cuello estrecho y corteza dura, que sirve para contener agua. El “tecomate” lo usa el campesino cuando va a trabajar, para guardar agua e hidratarse en el trabajo.

[13] Es una especie de bolsa, que parece red, hecha de fibras de una planta, que el campesino usa para guardar y llevar cosas, como la cuma, sus depósitos para comida, papel de diario, etc. La matata la lleva el campesino cuando sale de su casa, a trabajar o a hacer alguna diligencia.

[14] El pantalón acampanado era una moda de los años setentas y ochentas. En la parte final del pantalón, la parte que cubría los pies, el pantalón era más ancho, más grande, como una “campana”

[15] El “refajo” es una pieza de vestir que usan las mujeres campesinas, como una falda.

[16] El “yagual” es una especie de almohada que usan las mujeres para llevar pesadas cargas en su cabeza. Puede ser una toalla, la cual enroscan en sí mismas, en círculos y se la ponen en la cabeza.

[17] Chuchos aguacateros : Perros criollos, perros del lugar, así les decimos a los perros que deambulan sin dueño o que no son de raza, como los gran danés, los doberman, los bulldog, los terrier, etc. “Chuchos aguacateros”.

[18] Puede leerse en “su diario”, el 12 de abril de 1979

[19] La Palabra queda, James Brockman, Pán 214

[20] Parte VII. Su proceso de canonización. La Madre Teresa de Calcuta

[21] “como agua de mayo”, decimos los salvadoreños cuando algo llega en el momento justo y cuando lo necesitamos, haciendo referencia a la lluvia que cae en nuestras tierras en mayo, cuando inicia el período de invierno.

[22] La Prensa Gráfica. Comentado una develación. Lunes 27 de Julio de 1998

[23] “Chinear” es cuando cargamos a un bebé

[24]  Molusco terrestre, sin concha, que cuando se arrastra deja como huella de su paso una abundante baba. Cuando un salvadoreño ve una de ellas en su casa, va, toma un poco de sal y se le echa encima. El pobre animal se retuerce del dolor.

[25] Su diario, 09 de marzo de 1980

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