VIII. El Vaticano y su extraña indiferencia

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

Desempolvando intencionalmente mi “hemeroteca” personal, encontré un artículo del diario CoLatino[1], del 05 de mayo del 2000. “El Papa recordará este domingo a monseñor Romero”.

Interiormente, la nota dice que en El Vaticano se realizará una ceremonia en la que serán recordados los mártires del siglo XX, y sorprendentemente, ¡¡¡Monseñor Romero NO se encontraba en la lista!!!, al menos no en la lista original.

La parte humana de la Iglesia en acción, obrando como el “abogado del diablo”, en franco servicio al señor “olvido” y a doña “indiferencia”.

“La iglesia humana y Divina a la vez que en luz y sombras la vez…” [2] Así es la Iglesia, luz y sombras, humana y Divina, por eso no nos extraña que “…tensiones hay, y las habrá, porque nosotros somos hombres, y no ángeles de luz” [3] Por eso comprendemos los pecados del Vaticano.

Una ceremonia oficial, en el propio Vaticano para recordar a esos testimonios de fe alrededor del mundo. Esas vidas dignas de ser recordadas… y monseñor Romero fue hecho a un lado. Increíble.

“…Durante la presentación de esa celebración, hace dos semanas, causó polémica la ausencia de monseñor Romero en la lista de «testimonios de la fe». En ese entonces, los representantes del Vaticano no supieron explicar la ausencia, aunque el Cardenal Roger Etchegaray, presidente del comité para el Gran Jubileo del 2000 aseguró que la lista no era definitiva…” Después de esta reunión, y de cuestionar la ausencia de monseñor Romero, le agregaron y el Papa Juan Pablo II le nombró en una oración dentro de la celebración, pero ¿a qué se debió semejante omisión? ¿El Vaticano “ignora” que monseñor Romero fue asesinado? ¿El Vaticano no cree digno a monseñor Romero de estar en la lista de los testimonios de martirio? ¿Lo agregaron al recibir esta presión? ¿Lo agregaron solo porque se les cuestionó? ¿Qué pasa por la mente de los que dirigen nuestra amada Iglesia? Es evidente que en todos estos años, siempre ha habido en El Vaticano “anticuerpos” en el caso de la canonización de monseñor Romero, y es una de las causas por las cuales el proceso ha avanzado prácticamente nada. Es que “el profeta”, incomoda.

MONSEÑOR ARTURO RIVERA DAMAS, EL SANTO DESCONOCIDO

Su brazo derecho, su apoyo, su “Bernabé”, su bastón.

Monseñor Arturo Rivera Damas, será un “santo desconocido”. Sucesor directo e inmediato de monseñor Romero. Su clarividencia al momento de juzgar el momento que atravesaba El Salvador en esos años convulsos es excepcional. Comprendió muchísimo antes que monseñor Romero, que el Evangelio no solo hay que leerlo y predicarlo, sino vivirlo y encarnarlo en la historia del pueblo. Comprendió mucho antes, que la hora del martirio de la Iglesia salvadoreña, había llegado. Supo perfectamente que la hora del testimonio y fidelidad a Jesús de Nazareth había llegado para los salvadoreños, supo que el documento de Medellín, era continuación fiel del Evangelio.

Monseñor Rivera fue un artífice en el arzobispado de monseñor Luis Chávez y Gonzalez, predecesor de monseñor Romero. Fue clave en la dirección que tomó el clero de la arquidiócesis, es decir, en aplicar los documentos del Concilio Vaticano II y de Medellín. Sin monseñor Rivera, quien sabe si las cosas se hubieran dado igual.

Monseñor Romero encontró en él, al aliado, al hermano, al amigo en quien podía confiar. Monseñor Romero aprendió mucho de monseñor Rivera. Cuando las cosas estaban oscuras, turbias para monseñor Romero, fue monseñor Rivera quien con amor fraterno y como cuando un hermano mayor le explica al hermano menor, le tomó de la mano y le exponía cómo debía ver las cosas, al menos así fue al principio, aunque después, monseñor Romero se le adelantara a monseñor Rivera. Por ejemplo.

Durante la transición del arzobispo titular, en marzo de 1977, entre monseñor Chávez y Gonzalez y monseñor Romero, las capturas de sacerdotes, desapariciones forzadas, asesinatos ya sucedían por cientos. Para atender esta problemática, los obispos se reunieron para analizar cuál debía ser la postura que debían asumir. Monseñor Chávez y Gonzalez era el arzobispo, pero el empuje lo daba monseñor Rivera. “…monseñor Barrera señaló que una ruptura con el gobierno podría acarrear peores males. Monseñor Rivera dijo que el asunto no era “romper relaciones” sino decir la verdad, puesto que la Iglesia era la única capaz de decirla públicamente. Monseñor Rivera propuso hacer una declaración pública y leyó en voz alta una que había traído consigo. La Conferencia designó a monseñor Romero y a mons. Fredy Delgado, secretario, para moderar el tono de unas pocas expresiones…”[4]    

Monseñor Rivera, ya iba adelantado con un modelo de carta. El escrito hacia un llamado a poner fin a la violencia, fuente de tanto dolor en el territorio salvadoreño,  y quedaron en que se leería en todas las misas de todas las diócesis del país.

La decisión de leer la carta fue tomada en firme por la conferencia episcopal, pero un par de días después, monseñor Romero, que acababa de ser nombrado arzobispo, y por tanto, era el responsable de la arquidiócesis, preso de sus escrúpulos, llegó apresuradamente donde monseñor Rivera y asustado le dijo que esa carta NO debía leerse, “… que no era oportuno, que era parcial, él (monseñor Romero) no sabía por qué se había firmado. Monseñor Rivera replicó tranquilamente que sí era oportuno y que, naturalmente era parcial, porque dadas las circunstancias tenían que defender a aquellos cuyos derechos estaban siendo atropellados…”[5]  Clarividente, avanzado, inspirado. La carta “era parcial”, por supuesto, parcial con los que sufrían, parcial con los que lloraban, con los que habían sido atropellados. Como el caso de la adúltera. Jesús no fue “imparcial”, como hacen los hipócritas, que quieren quedar bien con Dios y con el diablo. Se puso del lado de la que estaba a punto de ser lapidada y esto, salva la vida a la mujer. Monseñor Romero, aún no caía en la cuenta de qué hacer ante semejantes circunstancias, eran nuevas para él, monseñor Rivera, ya iba 100 km delante de él.

Un par de días después, Rutilio Grande era asesinado. Monseñor Romero leyó la carta.

La agrupación que le presentó muchos dolores de cabeza, la conferencia Episcopal, estaba en su contra (de monseñor Romero), dentro de ella, solo monseñor Rivera le apoyaba y encontró en él, al fiel hermano en quien sí podía confiar.

“…Monseñor Rivera también me sorprendió gratamente y con él conversamos sobre el documento secreto de una denuncia de los cuatro obispos contra mí, en el cual, ante la santa Sede, me denuncian hasta de asuntos de fe, de politización, de una pastoral con bases teológicas falsas, y un conjunto de acusaciones que ponen completamente en entredicho mi ministerio episcopal…”

Su diario, 18 mayo 79

Fueron como dos gotas de agua, videntes, sinceros, solidarios, fraternos, uno con el otro, fueron verdaderamente “hermanos en el episcopado”. “Pablo” y “Bernabé”. Ambos publicaron una carta pastoral en conjunto. La tercera de monseñor Romero y la primera de monseñor Rivera, como Obispo de Santiago de María, signo de su comunión.

La Iglesia salvadoreña debe mucho a monseñor Rivera Damas, por haber sido tan fiel al Evangelio, aun cuando a él, en un principio, no le apoyaba nadie (monseñor Romero aun era “conservador”). Por eso, monseñor Rivera será un “santo desconocido”, pues vivirá en el anonimato, pero a la sombra de monseñor Romero, se logrará descubrir el gran Obispo que fue. Del resto de obispos… ¿Qué decir? ¿Reflexionamos sobre su actuación ante la situación de su tiempo? ¿Hablamos de su cómplice y traidor silencio? ¿De sus excelentes relaciones con los ricos, poderos, Gobierno y militares? ¿De sus cocteles con generales mientras los campesinos eran masacrados? ¿De su complot en contra de monseñor Romero? Mejor nada, no digamos nada, para no ofender a un Obispo de la Iglesia, porque como dice el Padre Pio, San Pio de Pietrelcina ¿Quiénes somos nosotros para hablar de un Obispo de la Iglesia? Además, así no pronunciamos palabras superfluas.

EL SILENCIO SEPULCRAL RESPECTO A SUS HERMANOS OBISPOS

Ya hemos apuntado que monseñor Romero tenía una férrea posición de sus hermanos obispos. En 1980, en El Salvador existían 6 obispos[6], cuatro de los cuales le eran hostiles y monseñor Rivera. A estos cuatro, se sumaba el Nuncio apostólico Enmanuel Gerada, quien reprendió, a monseñor Romero, por ejemplo en el caso de su decisión respecto a aquella memorable única misa, en protesta por el asesinato del padre Rutilio Grande. También es importante mencionar al secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Fredy Delgado, quien aunque no era Obispo, no era simpatizante de monseñor Romero y después de la muerte de monseñor Romero, monseñor Delgado se sumó a la difamación a monseñor Romero, pues se conoce un escrito que todo parece indicar que es de su autoría. Este documento circula en internet y es tomado como “prueba” de sus detractores de que monseñor Romero andaba en malos pasos. Este documento lleva por título “Mons. Oscar Arnulfo Romero: imagen utilizada por el magisterio paralelo”, en el cual hace un ataque directo a monseñor Romero tildándolo por ejemplo de que era “mentalmente débil” y otras barbaridades que son dignas de un verdadero ataque visceral contra alguien que ya no se podía defender por estar ya fallecido. Más adelante podremos tocar este tema de este documento de monseñor Delgado y poder analizarlo.

Como todo cristiano que trata de ocultar los defectos de sus hermanos, que trata de no predisponer a sus oyentes en contra de esos obispos perversos, monseñor Romero NUNCA habló públicamente en mal de ninguno de ellos. Si se revisan sus homilías, no hay una tan sola referencia a esta desunión entre la conferencia episcopal de El Salvador. Monseñor Romero se cuidaba de no decir nada en contra de ellos, de no decir nada que les pudiera traer rechazo de parte del pueblo. Por supuesto, se sabía, pero por intercesión de terceros.

“…después de una discusión que me dejo, como siempre, amargado, en mis relaciones con la conferencia episcopal, ya que se nota una inquina personal hacia mi, sin embargo, ofreciéndole todo al Señor…” Su diario, 02 Diciembre 1979

“…Yo fui objeto de muchas acusaciones falsas, de parte de los obispos. Se me dijo que yo tenía una predicación subversiva y violenta…. Y otra serie de acusaciones calumniosas y falsas a las cuales preferí no contestar. Ha sido un día amargado por esta circunstancia…”  Diario personal, 03 Abril 1978

“…se trató de que era ya el momento quizá de hacer nuestro propio seminario y no estar siendo víctima de tantas injusticias de la conferencia episcopal, y se acordó preparar un informe a Roma, de cómo la conferencia de nuestro país, no presta los servicios para los que han nacido las conferencia episcopales y cómo existe una tendencia casi personal contra el arzobispo y contra la arquidiócesis…” Su diario, 14 Diciembre de 1979

Como se puede observar, monseñor Romero se desahogaba en su diario, ahí se puede comprender la terrible prueba que tenía que pasar cada vez que se reunía con sus hermanos obispos, y gracias a Dios que nos dejó su diario, pues nos hace comprender de cómo sufría en ese sentido. Monseñor nunca dijo una palabra pública reprochando a sus hermanos obispos, fue solo en privado que lo comentaba, en la intimidad de él y su grabadora, y por supuestos, a las personas de más confianza para él.

PARA SER BEATO, SU MARTIRIO BASTA

La Iglesia solicita un milagro para ser declarado “Beato”, pero también, según las normas de la Iglesia, el mártir que da testimonio de su fe, no necesita de milagro alguno, de hecho, “mártir” significa “testigo”. La sangre del mártir es el pasaporte ideal para entrar entre los elegidos de Dios. Es el “santo viático” para estar con el Padre. La sangre derramada le garantiza (a monseñor) ser parte del santoral de la Iglesia, pero esto, cuando la parte humana de la Iglesia la quiera aceptar. A pesar de ello, de que aún no es parte oficial del santoral de la Iglesia, monseñor Romero ya hizo varios milagros. Milagros verdaderos, no es un juego de palabras o una metáfora. Basta con visitar la casita donde vivió y contemplar las decenas de placas que le han dejado “sus pobres”. Ahí están plasmados, los favores recibidos, los cuales, cada quien, sabrá defender sobre su veracidad. Estas placas en un principio se las llevaban a su tumba, cuando esta estaba dentro de la catedral metropolitana, donde oró Juan Pablo II en su primera visita a El Salvador[7], pero una vez que se inició el proceso de canonización de monseñor Romero se tuvo que sacar el cuerpo de la catedral, atendiendo a las normas de la Iglesia y fue entonces que esas “plaquitas” con esos agradecimientos, fueron llevados a la casita donde vivió, allá con las hermanas carmelitas.

Es interesante también conocer el sorprendente pasaje de sus vísceras. Seguramente todas las religiosas carmelitas del Hospital La Divina Providencia lo conocen, pues la madre Lucita, quien lamentablemente acaba de fallecer, se los habrá contado. En resumen, este episodio es de la siguiente manera. Las vísceras que le sacaron a monseñor Romero, en marzo de 1980, antes de embalsamarlo, las enterraron en el patio de la casita donde vivía, 2 años después, por accidente, al hacer unas excavaciones, las desenterraron y ¿Cómo estaban las entrañas de monseñor Romero?… las encontraron intactas, con la sangre aún líquida y sin ningún mal olor, ni color. ¿Un milagro? ¿Quién puede dudarlo? Para mí, indiscutiblemente un milagro de Dios. Eran las entrañas de un santo, que como las de san Juan Bosco y el Padre Pio, las leyes de la física se apartan de sus cuerpos y les dejan para ser luz de los cristianos. Dios en su infinita misericordia ha enviado un rayo de poder y ha preservado las entrañas del profeta. Este es un episodio digno de conocer a profundidad. Hay varias notas al respecto, el autor tomó estos datos del reportaje hecho a sor Lucita y publicado en el siguiente sitio en internet.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35523 (sitio web activo al 24 de Junio del 2016)

A esta fecha, año 2025, este sitio está inactivo, ha desaparecido, por lo cual el lector NO podrá acceder a él, sin embargo, por esas cosas de la vida, en ese tiempo, me di a la tarea de copiar la nota completa y se las comparto como «documento». Es una nota sobre la muerte de la Hermana Lucita.

Luego vendrá el milagro para ser declarado “santo”. Pero ¿Qué milagro más grande que su vida de tormento? ¿Su fidelidad? ¿Su profetismo? “…nos piden milagros allende del mar, historias grandiosas para no dudar, del juicio de quienes le vimos pasar, amando a su pueblo, los ojos humildes supieron brillar, los paralizados pudieron marchar, los siempre olvidados, ganaron lugar… ¡proclámenlo santo! [8] Aún y con esta exigencia, yo no le veo ningún inconveniente. El Señor Jesús nos dará ese milagro necesario para los ojos de los hombres. Sabemos que los santos, en verdad, no hacen milagros, es Dios, Cristo, quien con su inmenso poder, los elabora, los ejecuta, por la intercesión del santo. Solo Dios es poderoso. Los santos solo interceden, suplican por nosotros. El Dios de los pobres sabrá dar la señal perfecta para elevar a los altares al Obispo de los pobres, al santo de la justicia social, al santo de los desaparecidos, de los torturados, de los masacrados.

MI TESTIMONIO PERSONAL

Quiero plasmar mi testimonio personal con monseñor Romero. Un episodio que guardo cariñosamente en mi “baúl de los recuerdos”. Gracias a Dios, tengo el orgullo de decir “soy contemporáneo de monseñor Romero”. Cuando él predicaba, yo ya tenía aliento de vida. Un niño al menos, pero ya existía. Cuando fue asesinado, yo tenía apenas 12 años, la inocencia aún permanecía en mi ser. Me siento orgulloso de haber existido paralelamente al profeta de nuestra América, aunque lamento profundamente no haberle conocido en persona ni haber escuchado alguna homilía en vivo o al menos por radio.

Cursaba sexto grado, recuerdo que inocentemente, jugábamos con las siglas FPL, BPR, LP 28, FAPU, etc. En los borradores, marcábamos esas siglas, con lapiceros, luego los presionábamos en nuestros cuadernos, como una especie de sellos. En el papel quedaba escrita la peligrosa sigla, ignorantes del terrible peligro que corríamos y en el que metíamos a nuestros maestros.

Cierto día, caminábamos en las calles de mi pueblo natal cuando escuchamos al vendedor de periódicos “asesinan a monseñor Romero… asesinan a monseñor Romero”, el amigo, de mi misma edad, con quien caminaba y yo tuvimos esta corta conversación

  • Mi amigo:       Dicen que mataron a un padre…
  • Yo:                   Ahhh ¿de verdad?
  • Mi amigo:       Sí, y dicen que era guerrillero
  • Yo:                   Ahhh… entonces esta bueno que lo hayan matado

Dos niños de 12 años, hablando de cosas graves, y uno de ellos, mi amigo, haciendo aseveraciones que había escuchado de los mayores o en algún lado, el otro, yo, aprobando el sacrilegio. 35 años después, esa conversación me da risa. Me da risa porque recuerdo la inocencia del niño de 12 años, hablando de cosas que no conocía, mucho menos comprendía. Atreviéndose a aprobar un acto nacido de la locura, del odio y de la maldad. La inocencia en su máxima expresión.

Un niño totalmente envenenado por los “periódicos” de su tiempo. Aquí podemos comprender la fuerza y la manipulación que los medios de comunicación social tuvieron, tienen y seguirán teniendo en la opinión popular. Estos niños, seguramente a diario veían, y quizá leían, las “noticias” de los famosos “guerrilleros” a quienes la prensa nacional calificaba de “terroristas”, “delincuentes”, “subversivos”, “comunistas”. También veían los ataque al pastor, con eso de que “era un guerrillero”, quizá más de alguna conversación de los mayores escucharon donde hablaron del tema. Por eso, aquel niño, no dudó en decir “esta bueno”… mi mente de infante, estaba completamente envenenada por el periodismo salvadoreño.

Como dirá San Pablo, ahora crecí e “hice a un lado las cosas de niño”. Bendito sea Dios que también me ha concedido el don de leer, ser crítico de lo que leo, veo y escucho. Bendito sea Dios que me permitió llegar a la Iglesia, conocer el Evangelio y no ser católico de domingo, sino caminar un poco más adentro y conocer el magisterio de la Iglesia, la vida de los santos, los padres de la Iglesia, etc. Bendito sea Dios pues fui descubriendo lo envenenado que estuve. El Señor fue disipando las negras nubes. Fui comprendiendo el Evangelio y así, fui conociendo al verdadero Monseñor Romero. Ahora le diría al niño de hace cuarenta años… “Hola niño, lamento que te hayan envenenado, pero tu inocencia era comprensible. Me alegra que te hayas hecho hombre y que hayas descubierto la verdad”

De lo que sí estoy seguro es que mis hijos, no serán envenenados por esta prensa diabólica. Mi esposa y yo, les explicaremos la verdad evangélica que grita al mundo entero, ¡¡monseñor Romero, profeta!!

Y NADIE LO QUERIA EN 1976

Y cómo son las cosas. Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez, al Obispo que ningún miembro del clero quería. En principio, lo asociaban con las esferas de poder. Espiritualista, absorto en las cosas celestiales, ignorante de la realidad del pueblo.

Todos esperaban a monseñor Rivera, evangélicamente era lo más acertado, pero los caminos de Dios, no son los de los hombres y en algunos casos, es el hombre el que se impone a la lógica del Evangelio, “…El clero de San Salvador apoyaba a monseñor Rivera, quien había sido auxiliar desde 1960, para suceder a monseñor Luis Chávez y Gonzalez. Para la clase bien acomodada de El Salvador y para el gobierno que esta controlaba, monseñor Rivera era indeseable. No querían a nadie que continuara los caminos de monseñor Chávez. Para algunos, monseñor Rivera era de esos “curas comunistas” que soliviantaban a los campesinos y a las clases bajas con pláticas de justicia y liberación. Estarían satisfechos con uno de los conocidos conservadores, o sea, prácticamente cualquiera, menos monseñor Rivera…”[9]

Cualquiera, menos monseñor Rivera. Y entre esos “cualquiera”, estaba monseñor Romero. En este momento, monseñor Romero gozaba del beneplácito de los 4 obispos de la conferencia episcopal, del gobierno, el presidente de la república, los ricos y poderosos. A los que no les caía en gracia su posible nombramiento era al clero y a los cristianos comprometidos con la pastoral de monseñor Chávez y Gonzalez. Es lógico pensar que se enviaron al Vaticano las sugerencias respectivas, las ternas. Por su parte, monseñor Chávez, ya con 75 años encima y de acuerdo al código de derecho canónico, debía dimitir, su sugerencia fue Monseñor Rivera, pero a pesar de ser el arzobispo, su opinión, “no pesaba”. Cuando monseñor Chávez y González se enteró de la elección, dijo tristemente “Es curioso que la santa Sede no me haya hecho caso con monseñor Rivera que siempre fue mi candidato y lo sabían. Cuarenta años de arzobispo, y no tuvieron en cuenta mi opinión”[10]. Por otra parte, el gobierno los ricos y poderosos, mandaron su elección. Monseñor Romero.

“…La elección de Roma fue Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Hablaba ocasionalmente en tono piadoso acerca de las enseñanzas sociales de la Iglesia, pero había mostrado su conservadurismo como auxiliar de San Salvador y especialmente como director del periódico Orientación. Había denunciado las nuevas “cristologías”, en su homilía  en la catedral de San Salvador el 06 de agosto de 1976…”[11]

Pero como Dios no es ningún “cincu´e yuca”[12], no se quedó de brazos cruzados. Dios sacó su as bajo la manga. “Cambiar el corazón del elegido”.

En Chiliupán estaba, en un cursillo de promoción popular.

-¡Olvidémonos! ¡Este hombre va a acabar con todo esto! -me dice otro cura. Corrí a San Salvador. Le puse un telegrama a Monseñor Chávez. De despedida. Y a Rivera otro. De simpatía. Era a él a quien esperábamos de arzobispo. A Monseñor Romero no le puse ninguno, no lo felicité, no era sincero por mi parte. Estaba profundamente disgustado.[13]

Estas eran las reacciones lógicas de un clero comprometido con su pueblo, a quien le acababan de imponer un Obispo verdaderamente ajeno a su pastoral comprometida. Un clero que acompañaba las penurias de los campesinos, veía cómo su Obispo era propuesto por los responsables de semejante situación y era avalado por el Vaticano.

“…Me caía mal. Era un ser insignificante, una sombra que pasaba pegada a las paredes. Desde que llegó a San Salvador, el padre Romero decidió irse a alojar al seminario San José de la Montaña, a saber por qué razón. Allí vivíamos una comunidad de jesuitas. Pero él nunca comía ni cenaba ni desayunaba con nosotros. Bajaba al comedor a otras horas para no encontrarnos. Era claro que nos esquivaba. Que llegaba a San Salvador cargado de prejuicios…” [14]

Nadie lo quería, nadie esperaba nada de él, nadie del clero le apoyaba, nadie estaba contento, nadie nada. Monseñor Romero era el indeseable, el que acabaría con todo, el que permitiría todo, el que guardaría silencio cómplice de todo, el que  tomaría champan en la San Benito. El elegido de la oligarquía salvadoreña.

¿Cómo es Dios, verdad? !Sorprendente, imprevisible¡ Con Dios no se juega. No se le burla, no se le engaña. “destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días”, pongan a ese arzobispo y lo cambiaré en un segundo exacto.

SU REZO DEL SANTO ROSARIO Y SU AMOR A LA VIRGEN

Decía sor Lucita, la religiosa mexicana, testigo de la santidad de monseñor Romero y también privilegiada testigo de su asesinato, que monseñor Romero jamás se acostaba sin rezar su rosario. Por cansado que estuviera, por noche que llegara, por tanto trabajo que tuviera, por tanta reunión que tenía programada, si no había rezado el rosario, no se acostaba. Se paseaba por los pasillos del hospitalito con la camándula en la mano. Su amor a la Virgen era grande, como cualquier santo, y esto lo podemos comprobar en su palabra diaria, dominical. Las palabras que le dedicaba a la Madre del Amor hermoso, eran tiernas y de mucha sabiduría.

“…Y la tercera lectura que nos presenta a la que yo quisiera que fuera el modelo de estas madres afligidas: María, con su hijo presentándolo en el templo y oyendo de un profeta el destino sangriento de aquel hijo: «Este está puesto para señal de contradicción. Por su causa, una espada traspasará tu alma». Yo siento que estas madres son madres dolorosas con el corazón traspasado. Pero aquí hemos querido tener también en esta ceremonia a la Virgen María, precisamente en el misterio de la Presentación…. nadie ha sufrido como ella, porque ninguna de ustedes, madres, ha llevado durante toda su vida una profecía como la llevó María, desde que su niño se acunaba en sus brazos. Ninguna de ustedes, madres, ha oído en los albores de la vida de sus niños a un profeta que les anunciaba el fin desgraciado, sangriento, de sus hijos, porque si una madre como María oye en la infancia de su niño que va a morir trágicamente y que por él su corazón de madre será traspasado por una espada, hermanos, toda la vida de esa madre es calvario y es sufrimiento…”

01 de Diciembre de 1977

Para consolar a las madres de este pueblo de tanta desgracia, ¿Qué mejor ejemplo que la Virgen cuyo corazón fue traspasado inmisericordemente desde el propio nacimiento de su bebecito? Monseñor Romero, ponía el ejemplo de amor de nuestra Madre, como abnegada, fuerte, fiel, feliz pero también dolorosa. Y se las ponía a las madres que en ese momento lloraban por la desaparición de sus hijos, o por su muerte. Monseñor les señala que con ellas, sufre María, como primera dolorosa.

“…Y le diré a mi madre, la Virgen María, que bendiga siempre este esfuerzo desde la catedral a quien trata de ser el servidor de la diócesis, para dar voz a los que no tienen voz…” 01 Enero 1978

Amaba entrañablemente a la Virgen y quería que todos le amaran. Nos pide, como San Pío de Pietrelcina y como San Marcelino Champagnat “Amad a María y hacedla amar” Monseñor no comprendía un “Jesús” sin “María”. Es como si dijéramos, un rio sin agua, un bosque sin árboles, un pájaro sin alas, una madre sin hijo, o un hijo sin madre… totalmente incomprensible.

“…queridos hermanos protestantes, les falta más amor a María y hay algunos que en su fanatismo hasta la apartan del culto a Cristo. ¡Si nada le quita a Cristo, María!. Al contrario, María hace más simpático, más bello, más atrayente a Cristo. Así como cuando el platero engarza una joya preciosísima en una montadura de oro fino, la hace más bella a la piedra por la montadura de oro. Cristo es la perla preciosa, no hay comparación; es el único salvador entre Dios y los hombres, María no nos ha salvado, es Cristo. Pero Dios quiso escoger que junto a Cristo, la perla preciosa, existiera esta montadura de oro. María es como el marco de oro para presentarnos a Dios, a Cristo Nuestro Señor…”                       01 Enero 1978

Si quieres ser santo, lo primero que debes hacer es “amar a María”, si no haces eso, es difícil que llegues a agradar al Creador. Ama lo más pequeño, para que puedas amar lo más grande, “…el que es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho…”. Sube el escalón más pequeño para pretender llegar a lo más alto de la escalera. No te cuesta nada. Solo “ama”. O como dice San Agustín “ama y haz lo que quieras”… el que en verdad “ama”, no ofende a nadie, ni juzga a nadie, el que ama, es incapaz de hacer a un lado a la Madre del Señor, mucho menos insultarle. El verdadero cristiano amará a la Madre del Salvador sin reservas.

ROBERTO CAMPOS

NOVIEMBRE DE 2014


[1] Periódico salvadoreño

[2] Francisco, repara mi Iglesia. Cesáreo Gabaraín. https://www.youtube.com/watch?v=VIO0BRTlU74

[3] Iglesia soy. Cesáreo Gabaraín. https://www.youtube.com/watch?v=xJN34Xh0BSw

[4] Reunión de la Conferencia Episcopal, el 04 de marzo de 1977. La palabra queda. Pág. 18

[5] La palabra queda. Pág. 19

[6] Ver la Parte VI, “Su relación con los santos Padres”, Juan Pablo II

[7] Véase una imagen en la Parte VII, “Su relación con los Santos Padres, Juan Pablo II”

[8] Exceso de equipaje, “Proclámenlo santo”

[9] La palabra queda. Pág. 13

[10] Monseñor Romero. Maestro de espiritualidad. Martin Maier. I Vida y Obra. 6 Arzobispo de San Salvador. Pág. 43

[11] La palabra queda. Pág. 13

[12] Es una contracción de la frase “Cinco de yuca”. Frase muy salvadoreña que significa : Fácil, sencillo, engañable, inocente.

[13] Ricardo Urioste. Piezas para un retrato, María López Vigil

[14] Salvador Carranza. Piezas para un retrato, María López Vigil

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