XII. La culpabilidad del Estado

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

LOS INTENTOS POR ECLARECER SU ASESINATO. NINGUNO.

Como bien decía monseñor Romero, “La ley es como la serpiente, pica nomás al que está descalzo”, esa enorme serpiente que era y sigue siendo, la justicia salvadoreña, se suponía que debía aclarar el magnicidio de monseñor. Una vez ocurrido ese acto demente, ¿No debía el Estado, como dicen los expertos en la materia, “de oficio”, investigar y esclarecer tan horrendo crimen? ¿No se suponía que debía ser investigado inmediatamente para demostrar al mundo entero que aquí en El Salvador no se pasaría por alto tan execrable crimen? ¿No era la “oportunidad de oro”, para demostrar al mundo que aquí en El Salvador, quien cometía un crimen era perseguido hasta que lo pagara? Era un verdadero magnicidio. UN ARZOBISPO ASESINADO. ¿Cómo se comportaron las instituciones, los medios y los instrumentos de investigación en el caso de este terrible asesinato? ¿Cuál fue la forma de actuar de las instituciones estatales que se supone, están, por ley, por constitución, destinadas a proteger la vida, la legalidad, los derechos de los salvadoreños y a castigar a los responsables de los crímenes?

“…este crimen polarizó aún más a la sociedad salvadoreña y se convirtió en hito que simboliza el mayor irrespeto por los derechos humanos y preludio de la guerra abierta entre gobierno y guerrilla”[1]

El Gobierno salvadoreño, el cual en ese momento era una “Junta Revolucionaria de Gobierno”, tenía dos caras. Por un lado hicieron saber a la opinión pública en comunicados en sus medios de prensa, que estaban “consternados” con el asesinato.

Por otro lado, estaban los hechos mínimos, minúsculos, que el Estado realizaba para esclarecer el asesinato y los esfuerzos institucionales para obstaculizar toda acción seria que se encaminara a dar con los autores del crimen. Sin embargo, había que hacer una “pantalla”, un “acto de teatro”, para luego decir “hicimos lo posible”.

Una vez se salió del golpe que el caso provocó, el órgano Judicial tomó cartas en el asunto, claro, no podía dejar que la sociedad viera que se quedaba de brazos cruzados, por ello, encomendó la tarea de investigar y esclarecer el crimen a sus brazos de investigación. Delegó entonces como juez del caso (quizá por la jurisdicción del lugar donde fue cometido el crimen, recayó en este juzgado, la responsabilidad de su investigación) a Atilio Ramírez Amaya, en el juzgado cuarto de lo penal, quien realizó sus primeras indagaciones al respecto, tratando de hacer a un lado los temores que lógicamente cualquier juez tendría en el caso. Pero esto no sería tan fácil, después de todo, los asesinos no eran tan desquiciados, dementes y sinvergüenzas, como parecía, pues bien sabían que un crimen tan grande y tan cobarde efectuado contra un gran personaje de la vida pública, no debía tener la mínima posibilidad de ser investigado, ellos no se darían el lujo de ser descubiertos, es por eso que, casi inmediatamente de su nombramiento, el juez a cargo del caso fue víctima de un atentado contra su vida, para que todo mundo supiera, que ese caso no debía, por ningún motivo, ser investigado.

El juez Ramírez Amaya, logró, por sus propios medios repeler el atentado contra su vida, pero sabía perfectamente que no podía otorgar una segunda oportunidad a los asesinos, pues se jugaba la vida contra un grupo de desalmados, quienes eran capaces de todo y ya lo habían demostrado. Inmediatamente salió exiliado del país, quedando el caso, en el limbo.

Por supuesto que habían más jueces, pero ¿Quién en su sano juicio, querría semejante caso?

Por esta y por muchas razones más, nunca hubo una investigación seria del asesinato de monseñor Romero y a esto apelan los que defienden al asesino y a su partido político, a que nunca hubo una sentencia condenatoria contra él, por eso dicen que “solo son rumores”, “no fue él”, “son calumnias”, etc. ¿Cómo iba a existir una condena si ni siquiera hubo una investigación? ¿Cómo iba a investigarse el crimen si las condiciones de persecución eran sumamente intimidantes para cualquiera que se atreviera siquiera a intentarlo? Ni siquiera permitieron que iniciara la investigación. La maquinaria de la muerte estaba bien aceitada, lista y dispuesta a eliminar a cualquiera que se atreviera a desafiarlos. ¿No era el Estado el responsable de dar las condiciones necesarias para investigar el crimen? El Estado no solo NO se esforzó para dar las condiciones de seguridad, sino que tuvo un rol en sentido contrario, asumiendo el papel de encubridor para que el crimen quedara en el olvido. …uno de los motivos de la creación de la Comisión fue precisamente que las partes en los Acuerdos de Paz sabían, y la Comisión de la Verdad recogió amplias pruebas en ese sentido, que el sistema de justicia salvadoreño era corrupto, ineficaz e incapaz de pronunciar sentencias imparciales cuando se trata de los llamados “casos políticos”…”[2]

Todo el aparato de los escuadrones de la muerte se movilizaron para evitar la investigación y todo el aparato Gubernamental se movilizó para cubrir a los escuadrones de la muerte, uno asesinaba y el otro encubría, uno actuaba en la oscuridad y en la ilegalidad y el otro operaba a plena luz del día, en la legalidad de los tribunales y a la luz de la Constitución de la república… ¿qué calificativo tiene esta simbiosis?, esta era la “democracia salvadoreña”, me parece que esta hipocresía, no tiene nombre.

El informe de la Comisión de la Verdad, concluye que “Hay suficiente evidencia de que el fallido intento de asesinato contra el juez Atilio Ramírez Amaya fue una acción deliberada para desestimular el esclarecimiento de los hechos”[3]

Aunque hubiera habido una investigación, fue el Estado el que siempre mantuvo una complicidad vergonzosa al respecto.

En el caso del asesinato de los padres Jesuitas por ejemplo, en el cual seis sacerdotes jesuitas fueron salvajemente asesinados por el ejército salvadoreño, fue el Estado quien a través de todos los ministerios, jueces, Órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, obstaculizaron e incluso ocultaron toda prueba que incriminaba a los asesinos, las Fuerzas Armadas de El Salvador, pero como la verdad no puede ser ocultada para siempre, al final, gracias a la tenacidad de los padres Jesuitas de la UCA, que nunca desfallecieron al luchar para que se descubriese lo acontecido, ya sabemos la verdad de los hechos sucedidos la madrugada del 16 de noviembre de 1989, en verdad, aún hace falta una parte de esa verdad que sea revelada, pero al menos lo esencial, ya lo sabemos.

Volviendo al caso de monseñor Romero, a todas luces, existía alguien (persona natural o jurídica), que no deseaba que este crimen fuese investigado y ese “alguien”, tenía a todo un aparato estatal detrás, que empezaba a mover su engranaje para que nada de este caso se supiera y mucho menos saliera a la luz. Las ironías de la vida. El Estado que debe guardar el orden en la sociedad, que debe de castigar a los que cometen un crimen, fue el principal implicado en que este caso, permaneciera en la total impunidad, ocultando, tergiversando, retardando.  

MONSEÑOR ROMERO Y EL INFORME DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD

“Yo tengo fe, hermanos, que un día saldrán a la luz todas esas tinieblas y que tantos desaparecidos, y tantos asesinados, y tantos cadáveres sin identificar, y tantos secuestros que no se supo quien lo hizo, tendrán que salir a la luz, y entonces tal vez nos quedemos atónitos sabiendo quiénes fueron sus autores.” 17 de Junio de 1979

“La fe de monseñor”, sí, esa era su fe, la que creía y transmitía y tal como la historia lo ha desvelado, la fe de monseñor era certera, claro, ¿Y cómo no iba a serla si se cimentaba en Jesús de Nazareth? “Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado” Lc 8, 17.

Con lo que no contaban los señores asesinos, era con que todo esto desembocaría en una guerra, y esa guerra algún día terminaría. Las partes en conflicto al fin se sentarían en una mesa, dialogarían y llegarían a acuerdos y como parte de los acuerdos que pondrían fin al conflicto, se crearía un “Informe”[4] de todos los abusos cometidos para conocer la verdad. Este informe tendría el respaldo ni más ni menos que de la Organización de las Naciones Unidas.

La “Comisión” fue creada en común acuerdo de las dos partes en conflicto y su responsabilidad le fue dada a tres personalidades extranjeras, para que, libres de toda posible parcialidad y sospecha de afinidad hacia alguno de los dos lados en conflicto, pudiese explicar quiénes, por qué y para qué habían cometidos los más atroces crímenes antes y durante la guerra.

Las tres personalidades elegidas por las Naciones Unidas y aprobadas por las partes en conflicto para investigar esas atrocidades fueron:

  1. Belisario Betancur, Presidente

Colombiano, político, ex senador, ex embajador, ex ministro de trabajo, ex presidente de la república, abogado, periodista.

  1. Reynaldo Figueredo Planchart

Venezolano, ex ministro de relaciones exteriores, ex ministro de la presidencia, con diversos cargos de instituciones internacionales

  1. Thomas Buergenthal

Checoslovaco, que creció en los campos de concentración de Auschwitz y Sachsenhausen. Profesor en Derecho y especialista en derecho internacional.

La introducción al Informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas, inicia diciendo que “…la república de El Salvador estuvo sumida en una guerra que hundió a la sociedad salvadoreña en la violencia, le dejó millares y millares de muertos y la marcó con formas delincuenciales de espanto…” [5]

“…de espanto”. Así fue. Unos hechos de espanto, por tanto, una verdad de espanto. Una verdad de horror, arrolladora. Porque la verdad nos lleva a conocer las más crueles atrocidades, por muy espantosas que sean, pero así debe ser. Nunca la mentira podrá ayudarnos a seguir adelante. Este documento importantísimo para la historia salvadoreña, para que sea estudiado en las aulas de escuelas, colegios y universidades, recoge, entre varios otros casos, la negligencia, apatía, desidia, desinterés y obstaculización referente al asesinato de monseñor Romero. Era a todas luces evidente que el Estado, no estaba interesado en lo más mínimo que se investigara este crimen. El Estado y los actores intelectuales de este magnicidio, creyeron estúpidamente que, asesinando a monseñor Romero, se callaba la voz de un “comunista” más, y que tres meses después, nadie se recordaría de él. Con cientos de muertes mensuales, una muerte más, la de este arzobispo, no incomodaría a nadie, pensaron los torpes. Creyeron que unos 5 años después, ningún salvadoreño sabría quien fue siquiera, Oscar Arnulfo Romero y si alguien lo recordaba, le sacarían los enunciados de primera plana de El Diario de Hoy y de La Prensa Gráfica para explicarle, que “era un comunista”.

El Informe de la Comisión de la Verdad, entre muchas otras cosas, recoge el conato de “proceso investigativo” que las autoridades salvadoreñas realizaron sobre el magnicidio de monseñor.

A continuación un pequeño resumen del informe de la Comisión de la Verdad.

La investigación oficial.

El proceso investigativo para determinar las responsabilidades del asesinato del arzobispo resultó, además de ineficaz, muy controvertido y plagado de motivaciones políticas. Algunos de los elementos relevantes que la comisión tuvo en cuenta en su propia investigación son reseñados a continuación.

Las primeras diligencias e incidentes

La Policía Nacional se presentó en la Capilla del Hospital La Divina Providencia con el propósito de levantar evidencias. Sin embargo actuaron en forma deficiente, por cuanto no recolectaron indicios materiales del crimen en el lugar.

Atilio Ramírez Amaya, titular del juzgado cuarto de lo penal, dispuso en la policlínica salvadoreña que se le practicara la necropsia al prelado… se había (el proyectil) fragmentado provocándole una hemorragia interna mortal… luego de sufrir (el juez Ramírez Amaya) un intento de asesinato en su domicilio, el día 27 de marzo, el juez Ramírez Amaya presentó su renuncia y abandonó el país.

El 07 de mayo de 1980, un allanamiento en la finca San Luis en Santa Tecla, se capturaron doce militares de alta y de baja y doce civiles que se encontraban allí reunidos, incluido el ex mayor roberto d´abuisson[6]. Se les acusó formalmente de conspiración para derrocar al gobierno por medio de un golpe de Estado.

Entre los documentos incautados en ese allanamiento, se encontró una “Relación de acusaciones hecha por informante suramericano en contra de monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador…” y una agenda perteneciente al ex capitán álvaro rafael saravia y dos listas con nombres de jefes y oficiales de la Fuerza Armada salvadoreña.

Esta “Agenda Saravia”, aportaba varios datos relevantes respecto al asesinato de monseñor Romero. Se hacía referencia a compras y entregas de muchas armas y municiones…

Además varios nombres, que aparecían múltiples veces en la agenda correspondían a personas con respecto a las cuales hay suficiente evidencia ya recibida por la Comisión (de la verdad), de haber participado en la planificación, comisión o encubrimiento del asesinato…

Un tercer documento titulado “Cuadro general de la Organización de la lucha anti – marxista en El Salvador”, reflejaban los lineamientos y objetivos del grupo de la finca “San Luis”… se trazaron como meta… incluso atentados individuales.

Ninguno de los documentos incautados en la finca “San Luis” se puso a disposición  del juzgado cuarto de lo penal…[7]

La Comisión de la Verdad realizó entrevistas, confrontó documentos, escuchó testimonios, etc. Haciendo su propia versión de los hechos, sin tomar en cuenta opinión de alguna de las dos partes en conflicto y después de su análisis, concluye, entre otras cosas, lo siguiente.

  • Hay suficiente evidencia de que el fallido intento de asesinato contra el juez Atilio Ramírez Amaya, fue una acción deliberada para desestimular el esclarecimiento de los hechos
  • Hay plena evidencia de que la Corte Suprema asumió un rol activo que resultó en impedir la extradición desde los Estados Unidos, y el posterior encarcelamiento en El Salvador del ex capitán saravia. Con ello se signaba, entre otras cosas, la impunidad respecto a la autoría intelectual del asesinato.

Como bien puede observarse, las instituciones que por mandato constitucional estaban obligadas a defender los derechos de los salvadoreños y a esclarecer los crímenes, eran las que precisamente obstaculizaron la justicia. Así como miles de salvadoreños fueron asesinados y cuyos crímenes quedaron en la impunidad más vergonzosa, así también el caso de monseñor Romero. Hasta en esto se pareció a su pueblo, a sus pobres, no solo en que fue asesinado sino en que hasta su caso, el de mayor envergadura, quedó en la triste impunidad.

“…con frecuencia los escuadrones (de la muerte) se coordinaban con la Fuerza Armada y eran una estructura de apoyo a sus actividades. El carácter clandestino de esas acciones permitía esconder la responsabilidad estatal sobre dichos actos y creaban un ambiente de impunidad total para los asesinos que trabajaron en los escuadrones…”[8]

EL ASESINO

“…Entonces el Señor preguntó a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?». «No lo sé», respondió Caín. «¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?». Pero el Señor le replicó: «¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo. Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti” Gen 4, 9 – 11

Es por esto que nunca se supo, al menos oficialmente por parte del Estado, quiénes fueron los asesinos intelectuales y materiales del magnicidio, aunque en los pasillos, canchas, corredores, carreteras, oficinas, plazas, parques, cines, mercados, universidades, sindicatos, hospitales, gasolineras, escuelas y colegios, todos sabían que el asesino había sido roberto d´abuisson[9] y sus huestes de la muerte, un secreto a voces, un secreto en boca de todos, la “Vox populi” no se equivoca. 13 años después del execrable crimen, el Informe de la Comisión de la Verdad revela la verdad ocultada por el Estado.

  • Existe plena evidencia de que el ex mayor roberto d´abuisson dio la orden de asesinar al arzobispo… actuando como escuadrón de la muerte.[10]

Que a nadie quepa la menor duda, entonces, sobre quién es el asesino de monseñor Romero, eso está TOTALMENTE COMPROBADO, por mucho que se esfuercen sus simpatizantes en querer apartarlo de ese crimen. La sombra de ese magnicidio camina con ellos.

Por supuesto que no fue él solo, pues los grupos de exterminio, para operar, necesitaban algo más que “voluntad” y un “alma negra”… necesitaban logística, armas, vehículos, casas de seguridad, personal de confianza, contrainteligencia, sueldos a pagar, etc. y esto lo proporcionaban los más acaudalados salvadoreños. Ellos financiaban todo, a la sombra del Estado salvadoreño. Por eso estamos convencidos de que el señor d´abuisson solo hizo “el trabajo sucio” de gente desalmada y sin escrúpulos pero con mucho dinero. 

“…algunos de los más ricos terratenientes y empresarios del país y fuera del país prestaron sus fincas, sus casas, sus vehículos y sus guardaespaldas para ayudar a los escuadrones de la muerte. También proporcionaron finanzas utilizadas para organizar y mantener escuadrones, en particular los dirigidos por el ex mayor d´abuisson…”[11]

El Padre, el Buen Dios, el Dios de la historia, sabrá qué hacer con todos ellos.

DESPEDIDA DE ESTE LIBRO

Es difícil abarcar toda la vida de una persona en un solo libro, mucho menos cuando esta ha estado tan densamente cargada de evangelio, testimonio y profetismo como la de este hijo de Dios llamado Oscar Arnulfo Romero Galdámez.

Sirvan estas líneas para conocer un poco mejor su talante de cristiano. Espero en Dios, haya otra oportunidad de seguir hablando de él, puesto que su testimonio de vida debe ser lámpara que ilumine nuestras vidas y que guíe nuestros pasos hacia Cristo. Testimonios como este, se dan cada 800 años y no podemos ni debemos dejar de hablar de ellos.

Este libro tiene una finalidad. Llevar a Cristo a quienes lo leen, conociendo la figura de este santo, profeta y mártir. Si el lector ha pensado en Cristo como fuente única de la que emana todo el amor, la justicia y la valentía que desprendió Oscar Arnulfo, el autor puede darse por satisfecho y si no lo pensó, piénselo ahora. Aprendamos de nuestro santo pastor. No importa la situación que pases en tu vida, problemas con tu conyugue, con los hijos, con los padres, con los vecinos, con los amigos, con los compañeros de trabajo, si vives o transitas por lugares complicados, si vives en medio del peligro, del horror o del terror, así como le pasó a monseñor Romero, que vivía en medio de la muerte, sí, por más difícil que sea, podemos aspirar a la santidad y este es el mensaje central de Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez:

“Toda situación en el mundo es buena para ser santo con tal que el hombre muestre en esa situación que no está de acuerdo con el pecado. De ahí que la lucha de los cristianos es por convertirse ellos y convertir al mundo del pecado al reino de Dios que ya está cerca” 21 Enero 1979

ROBERTO CAMPOS

Junio 2016


[1] Informe de la Comisión de la Verdad. III Cronología de la violencia, introducción, año 1980.

[2] Thomas Buergenthal, Vanderbilt Journal of Transnational Law, Número 3, Tomo 27, Octubre de 1994. Buergenthal fue uno de los Comisionados del Informe de la Comisión de la verdad para El Salvador, de las Naciones Unidas

[3] Informe de la Comisión de la Verdad, De la locura a la Esperanza, Caso ilustrativo, Monseñor Romero, Conclusiones.

[4] Informe de la Comisión de la verdad para El Salvador, “De la locura a la Esperanza”

[5] Informe de la Comisión de la Verdad, De la locura a la esperanza, Introducción

[6] Se recuerda nuevamente que los nombres de las cosas, animales, traidores, tiranos y asesinos… se escriben con minúscula.

[7] “De la locura a la esperanza”. Informe de la comisión de la verdad, El Salvador, Naciones Unidas. Asesinato de los escuadrones de la muerte. Caso ilustrativo, Monseñor Romero.

[8] “De la locura a la esperanza”. Informe de la comisión de la verdad, El Salvador, Naciones Unidas. El patrón de los escuadrones de la muerte.

[9] Los nombres de las cosas, animales, traidores, tiranos y asesinos se escriben con minúscula

[10] “De la locura a la esperanza”. Informe de la comisión de la verdad, El Salvador, Naciones Unidas. Asesinato de los escuadrones de la muerte. Caso ilustrativo, Monseñor Romero. Conclusiones

[11] “De la locura a la esperanza”. Informe de la comisión de la verdad, El Salvador, Naciones Unidas. Asesinato de los escuadrones de la muerte. El grupo dirigido por el ex mayor d´abuisson.

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