P. Alfonso Navarro Oviedo

11 de mayo de 1977

Alfonso, fue el segundo sacerdote asesinado en el arzobispado de monseñor Óscar Romero. Atendía la parroquia de La Resurrección, una iglesia céntrica, cerca del centro comercial metro centro, en San Salvador. El asesinato del padre Navarro, se dio en el marco de la escalada de violencia desde el asesinato del padre Rutilio Grande, sucedido dos meses antes.

El 19 de abril de 1977, las fuerzas revolucionarias de la izquierda, habían secuestrado al Ministro de Relaciones Exteriores, el ingeniero, Mauricio Borgonovo Pohl. Los secuestradores exigieron como “rescate” la liberación de 37 presos políticos[1] en poder de las autoridades. Monseñor Romero, pidió en su homilía, fuera liberado o al menos que le respetaran la vida. “Hemos defendido la vida del Canciller Borgonovo Pohl, y estamos queriendo defenderla. No queremos que lo vayan a hacer víctima de la violencia” 08 mayo 1977 Ni una cosa ni la otra. El canciller fue asesinado y su cuerpo fue encontrado el 10 de mayo. Un día después, la autodenominada “Unión Guerrera Blanca”, un temido escuadrón de la muerte, se encargó de “ajustar cuentas” en represalia a lo que sucedió con el canciller. A las 5.30 pm del 11 de mayo, entraron 4 hombres armados a la oficina parroquial de la Resurrección y acribillaron al padre Navarro, junto a él, cayó también un adolescente, Luis Torres de 15 años[2]. El escuadrón dijo que fue “en venganza del asesinato del canciller”.

La hora de dar testimonio del evangelio, había llegado para la arquidiócesis de San Salvador, así como la hora les llegó a los apóstoles y aun a costa del martirio, siguieron predicando a Cristo, aunque como Esteban, fueran llevados al martirio Hch 7, 54 – 60. Lo importante era “agradar a Dios antes que a los hombres” Hch 4, 19 – 20. “No matar” Ex 20, 13 era el mensaje del antiguo testamento y también el mensaje de Cristo Mc 3, 1 – 6 y ahora 2 mil años después, es el mensaje de la Iglesia. Monseñor Romero defendió la vida, que es el máximo don de Dios

“La vida es sagrada. La Iglesia está al lado de defender la vida, sin considerar motivaciones políticas o de otro tipo, solamente porque es un pecado quitar la vida, pecado contra la Ley de Dios” Monseñor Romero, 12 mayo de 1977

Las huestes de la muerte se pasearon arrebatando los mejores hijos a la sociedad salvadoreña y a la Iglesia. El Padre Navarro fue crucificado como Cristo, por predicar la justicia, llevando la palabra profética a todos los salvadoreños. No se puede ser cristiano, si se obedece a los hombres, debemos obedecer a Dios, quien nos exige predicar su palabra a tiempo y distiempo (2 Tim 4, 2).

«Y ante esta motivación de la Palabra de Dios y del magisterio de la Iglesia, sentiremos la valentía de los primeros apóstoles para decir: «No nos es lícito obedecer a los hombres antes que obedecer a Dios»» Monseñor Romero, 12 mayo de 1977

“Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes” Jn 15, 20

La sangre del padre Navarro, queda impregnada en el libro de los mártires y jamás, debe ser olvidada.

Roberto Campos


[1] La palabra queda, P. James Brokman, pág. 38

[2] Ibid. Pág. 43

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