San Juan María Vianney

Juan María, fue el cuarto hijo de Mateo y María Beluse. Nació el 08 de mayo de 1786. Eran tiempos convulsos. La guillotina se dejaba escuchar. Era “La revolución francesa”

Juan María, será el ejemplo de que no todos los santos deben ser “eruditos” para llegar a Dios. San Juan María Vianney mejor conocido como “El santo cura de Ars”, es la antítesis de san Agustín de Hipona o de santo Tomás de Aquino.

Aquellos, sabios, eruditos, educados, elocuentes extraordinarios, con una inteligencia excepcional, ambos, Doctores de la iglesia. Juan María era todo lo contrario. Torpe, malo para el latín, malo para las matemáticas, no es que no estudiara, sino que aunque estudiara y estudiara, las cosas no se le quedaban en la cabeza. Era lento para memorizar, era torpe para aprender. No le era fácil concentrarse en la Iglesia. No entendía el latín, ni cuando joven ni siquiera cuando estudió en el seminario. Sus profesores y compañeros, se esforzaban en tratar que comprendiera el latín, pero era inútil. Sus maestros llegaron a agotar todos sus esfuerzos pedagógicos y le animaban a que dejara el seminario. –Tu lugar es el campo- le aconsejaban. Pero esos sí, asistía a la misa con más fervor que todos los que lo entendían bien. Se santiguaba con enorme fe y sabiendo que iba al encuentro del Dios de la historia.

Pero su vida estuvo llena de santidad. Por verdadera misericordia de Dios, llegó al sacerdocio. Ahí empezó a destellar santidad. Lo que le faltaba en sabiduría, Dios se lo dio en fidelidad al evangelio, en santidad.

Visitaba el Santísimo Sacramento del altar cuando estaba expuesto, ahí pasaba horas y horas “haciendo nada”… una vez un joven le preguntó

  • Padre, ¿Qué hace tanto tiempo frente al santísimo?
  • A lo que al santo cura de Ars le respondió
  • ¡¡Nada!!, Yo lo veo y El me ve.

A todos atendía con educación y respeto y a pesar de que la revolución francesa había despertado rechazos y odios por los sacerdotes y la Iglesia católica, a él nunca se le vio molesto o enfadado por tantas injurias contra la iglesia. Nunca se le vio molesto. Un joven le dice

  • Padre, ¿usted nunca se ha enojado?
  • Sí. Dice Juan María, – una vez me enojé tanto pero tanto, que ¡¡¡empujé esta mesa!!!

En otra ocasión un espiritista visitó su parroquia, el cura de Ars estaba ocupado en otras cosas, en algún momento se encontraron dentro del templo. El espiritista había llegado a para probar qué tan santo era este sacerdote, se hincó a la par suya y pensó –si este sacerdote fuera santo, sabría que tengo algo que decirle

El cura de Ars en ese momento, se volvió a él y le dijo

Paciencia hermano, ya casi estoy con usted-.

Así era el cura de Ars, sencillo, paciente, modesto pero iluminado con la santidad que procede de lo alto.

Tuvo sus encuentros demoníacos. Junto con el padre Pio, ese extraordinario italiano del siguiente siglo, el cura de Ars debió luchar físicamente contra el demonio, a quien llamaba “el garfio”. – si no te has topado con el demonio, es porque vas en su misma dirección- decía el padre Juan María.

Conozcamos estas joyas de la Iglesia para que nos sintamos orgullosos de ser católicos.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, 2021

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