Celebraciones litúrgicas

La Iglesia tiene 3 tipos básicos de celebración: Memoria, fiesta y solemnidad.

Estas tres son las categorías litúrgicas que existen y se emplean de acuerdo a la importancia de lo que se celebra. Con ellas, se celebra el testimonio extraordinario de los hombres y mujeres que han vivido el evangelio de Cristo, así como las celebraciones más importantes de Cristo y su Madre María.

De la gran lista de santos y santas existentes en la Iglesia y que cada vez se hace más larga con cada beatificación que se realiza, solo unos pocos han sido elegidos para celebrar su memoria en el año litúrgico. Estos son elegidos debido al impacto que generan a nivel mundial o a nivel de un determinado sector geográfico. Sería imposible, por ejemplo, no celebrar el día de San Francisco de Asís, santo conocido a nivel mundial.

Veamos las categorías.

Fiestas

Las fiestas honran algún misterio o título de Jesús, de la Virgen María y de santos especialmente relevantes, como los apóstoles, los evangelistas y otros de gran importancia histórica como san Agustín, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa, etc.

Memorias

La memoria es generalmente la celebración de un santo, pero podría también celebrar algún aspecto de Jesús o de María. En este caso se subdivide

Memoria libre. Son fiestas de santos que han tenido relevancia en su lugar de origen, donde desarrollaron su ministerio. Gozan de una profunda devoción de parte de sus fieles aunque solo en esta zona geográfica.

Memoria obligatoria. Las memorias obligatorias poseen oración Colecta propia y a menudo también de ofrendas y de después de la Comunión. Son conmemoraciones de santos que tienen repercusión a nivel mundial, por ejemplo San Juan Bosco, San Pío de Pietrelcina.

Solemnidades

Las solemnidades son las celebraciones de grado más alto, reservadas a los misterios más importantes de nuestra fe: por ejemplo, la Pascua, pentecostés, la Inmaculada Concepción, los principales títulos de Jesús, como Cristo Rey o el Sagrado Corazón, además de celebraciones que honran a algunos santos de especial importancia en la historia de la salvación, como es el caso de las solemnidades de los santos Pedro y Pablo y la del nacimiento de san Juan Bautista.

Variaciones geográficas 

Hay casos en los que una determinada celebración tiene una clasificación diferente según la región, ya que algunos santos son más venerados en un lugar que en otros, por ejemplo, San Óscar Romero es venerado en El Salvador y es una enorme fiesta, pero a lo mejor en Eritrea, no sea venerado por lo cual es una memoria libre.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo

Ortodoxia contra Ortopraxis

En estos tiempos donde convergen 60 mil sectas protestantes y la Iglesia católica, es muy pero muy común, escuchar a  los pastores protestantes y a sus adeptos, descalificar a la Iglesia Católica por cualquier razón que se les ocurra. Por la oración a los difuntos, por el santo rosario, por la veneración a las imágenes, por la confesión, por la doctrina de los dogmas, por la persona del Papa, por el edificio del Vaticano, etc. Pero sobretodo, la descalifican por esos casos vergonzosos de pecado en sus ministros, específicamente, la pedofilia, la falta al celibato, por amor al dinero, que lamentablemente, algunos ministros de la Iglesia y fieles, han cometido.

Ciertamente son vergonzosos estos pecados en nuestros ministros, no vamos a justificarlos ni a encubrirlo, no es el interés ni el objetivo de este artículo, porque la Escritura es clara. Mt 18, 6 “Sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo hundieran en el fondo del mar”, sin embargo, los católicos debemos estar muy claros en algo. Una cosa es la “Ortodoxia” y otra muy distinta la “Ortopraxis”. El verdadero católico, tiene su fe cimentada en Cristo y no en los miembros de la Iglesia que son humanos, frágiles y pecadores. Ir a la Iglesia por el sacerdote y no por Cristo, hacen que la fe sea pasajera.

La doctrina es fiel

La doctrina de la Iglesia es fiel al Señor Jesucristo y no envía a un ministro a realizar esos actos impuros, escandalosos y pecaminosos. La doctrina de la Iglesia enseña la verdad, enseña a Jesucristo en su esplendor divino ya que este fue su mandato Mt 28, 20 “enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”, y esto es lo que hace la Iglesia, pero está exenta de toda responsabilidad de los actos pecaminosos de cada miembro de la Iglesia. Es cada persona que, dejándose llevar por el maligno, realiza esas atrocidades, aun a costa de traicionar al rey de Reyes, pues al hacer esas cosas, traicionan su ministerio y se vuelcan contra Cristo, pero la Iglesia no los manda a ello, no los incita a ello. No se trata pues, tampoco de ignorar esos actos pecaminosos, sino de entenderlos en su correcta dimensión.

Veamos la diferencia entre una cosa y la otra.

La ortodoxia, es “enseñar lo correcto”, la correcta enseñanza de lo mandado por el Maestro, la ortopraxis, es “hacer lo correcto”, caminar correctamente de acuerdo a lo que se cree y se predica. La Ortodoxia es tener plena conformidad con los principios de la doctrina católica, aceptarlas y creerlas.

La Ortopraxis Tiene que ver con el cuidado por la acción correcta, de acuerdo a la ortodoxia, una acción que sea la exacta expresión de las creencias que se sustentan y que esté en todo de acuerdo con los principios que se afirma creer y seguir.

Por ortopraxis entendemos la recta práctica de lo que se cree; son las acciones y proyectos que inciden en la realidad de los que nos rodean. Por ejemplo, si recomendamos a los demás que es bueno “leer” y nosotros leemos todos los días, la Ortodoxia y las Ortopraxis van de la mano, porque lo que recomiendo es lo mismo que hago. Cuando actuamos de acuerdo a nuestros buenos principios, la ortopraxis transforma la realidad que se vive, pero si actuamos de manera incorrecta, cuando predicamos una cosa y hacemos otra, entonces no actuamos de acuerdo a los principios que predicamos, en este caso, la ortodoxia y la ortopraxis, son contrarias y entonces decimos “es hipócrita”, porque no hace lo que predica.

Orto: “Correcto”, “recto”

Doxia: “Opinión”, “creencia”

Praxis: “Hecho”, “acción”, “práctica”

Por tanto, el hecho de que un seglar, una religiosa, un sacerdote, un diácono, un obispo e incluso el Papa, realice una mala acción, solo es el reflejo de su propio pecado. Es la inclinación al mal de cada uno, traicionando así nuestra entrega a Cristo a quien decimos servir, pero eso, nada tiene que ver con la doctrina que predicamos

Por otra parte, la Iglesia no nos envía a nadie a hacer el mal, a pecar, es cada persona la que realiza esa acción, pero la doctrina que se predica, es verdadera, esto no es cuestionable.

Por supuesto que la recta doctrina debiera producir en nosotros el recto comportamiento, esa es la lucha que tenemos los cristianos, ser rectos en nuestro proceder, pero el poder demoníaco contra el que nos enfrentamos a diario, es enorme, “nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio” Ef 6, 12 y es por eso que muchos de nosotros caemos en la tentación. Pero el pecado dentro de la Iglesia no debe escandalizar a nadie, ya que todos los seres humanos estamos inclinados al pecado, San Pablo dice Rom 7, 15 “Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco” Esto nos pasa a todos, pues queremos hacer el bien, pero nos inclinamos a hacer el mal, cada quien en diferente nivel.

Los cristianos sabemos que debemos esforzarnos por hacer la voluntad del Padre, porque si predicamos o decimos creer en Cristo, pues eso debe notarse en nuestras acciones, bien dice el dicho popular que “las palabras convencen pero los hechos arrastran”, y aunque en muchos de nosotros, la ortopraxis y la ortodoxia, no siempre van de la mano, son muchos los hombres y mujeres que sí han hecho vida esa unión y han hecho grandes cosas. San Francisco de Asís, Santa Teresa de Ávila, San Padre Pio de Pietrelcina, San Martín de Porres, Santa Faustina, etc.

Evangélicamente hablando lo podemos definir de la siguiente manera:

Ortodoxia es : “Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado” Mt 28, 20

Ortopraxis es : “«Hagan lo que él les diga»” Jn 2, 5

Ortodoxia es enseñar lo que dijo el Maestro y para eso, la Iglesia es experta, pues lo hace desde hace XX siglos, a través de las Sagradas Escrituras, de encíclicas papales, documentos apostólicos, decretos, reuniones episcopales, etc.

La ortopraxis es un poco más complicada, ya que aquí, entra en juego la voluntad de cada quien, por eso, no hay que confundir estos dos términos y comprender su diferencia en su verdadera dimensión. El pecado de un ministro de la Iglesia, no elimina la verdad de la doctrina que ese ministro predica, porque esa verdad está cimentada en Jesucristo, el Hijo de Dios, el anti testimonio de vida, es parte de nuestra humanidad frágil y pecadora.

Por eso cuando te digan que “la Iglesia Católica no es la verdadera porque en ella hay pecadores”, debes responder que la Ortodoxia es infalible.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, Noviembre de 2019

La Inmaculada Concepción de la Virgen María

La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe de la Iglesia, que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción. 

El papel de la Virgen María en la historia cristiana es único así como el de su Hijo Jesús, porque profetas, hubieron muchos profetas, reyes, hubieron varios reyes, jueces, sacerdotes, los hubieron muchos, pero “Salvadores” solo uno, y Madre del Salvador, solo una.

“El Poderoso ha hecho obras grandes por mi”, rezan las Sagradas Escrituras (Lc 1, 46) Efectivamente, las “cosas” que el Señor ha hecho por María, la Madre del Verbo encarnado, son exquisitas y fuera de toda lógica humana, dichas cosas, han sobresalido en su figura.

Recordemos que la Virgen María es la “llena de gracia”, la que “Dios favoreció”, la mujer a cuya humanidad “el Espíritu Santo descendió sobre ella y el poder del Altísimo le cubrió con su sombra, en todo su esplendor”. Su sola presencia, en virtud de ser portadora del Hijo de Dios,  hacía llenar a los demás del Espíritu Santo, Lc 1, 42 “Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó…”

La doctrina de la Inmaculada Concepción, tiene mucha antigüedad en la Iglesia, el primer tratado al respecto, data del siglo XI. San Francisco de Asís (1181 – 1226) era devoto de esta característica de la Virgen. Santo Tomás de Aquino, el fraile dominico, nacido en el año 1224 y fallecido en el 1274, escribió sobre ello, aportando mucho a una enseñanza, que con el pasar de los siglos se convertiría en dogma de la Iglesia.

Aunque ciertamente, la Iglesia, desde los primeros siglos, ha estimado en la Virgen María a alguien especial. San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrarresta la incredulidad y la desobediencia de Eva, por eso dice el Concilio Vaticano II: «el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su fe» Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium.

La “concepción” es el momento exacto, donde surge una nueva vida, cuando el esperma, invade el óvulo, que es el mismo momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica. Aquí comienza la vida humana, es por eso que la Iglesia defiende la vida desde su concepción, porque ya Dios, ha puesto su mirada en el nuevo ser.

El mismo Dios, ese que hizo cosas grandes por la virgen María, suscitó en estos grandes pensadores la verdad revelada sobre la Virgen María. Muchos pensadores, hay que decirlo, también no estaban seguros de esta doctrina, de esta forma de pensar y algunos se oponían, la batalla filosófica y teológica se extendía por toda Europa, tratando de entender qué era lo que el Poderoso había hecho en la Santísima Virgen María. ¿Era posible que la haya preservado del pecado original?

Otro gran pensador y teólogo que ayudó a esta doctrina es John de Duns Scoto, franciscano (1265 / 1308), quien defendió los escritos de Santo Tomás de Aquino sobre la idea de la Inmaculada Concepción de María en un famoso debate en la universidad de Paris, en el año 1305, tres años antes de su muerte.

El problema era complejo, porque se corría el riesgo de contradecir las Sagradas Escrituras y es algo que podría ser considerado como herejía o blasfemia. La Iglesia siempre ha sido depositaria de la fe y ha cuidado con celo ese depósito sagrado (Cfr Constitucion Apostolica Fidei Depositum, Juan Pablo II), por lo cual se cuida con muchísimo celo, que toda doctrina no viole ni contradiga las Sagradas Escrituras. Por eso estos teólogos pidieron discernimiento a Cristo, el Hacedor de todo, para lograr sortear esa finísima línea de la herejía.

La Escritura dice:

Sal 51, 7 “Yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre”

Rom 3, 22 – 23 “Porque no hay ninguna distinción: todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”

1 Jn 1, 8 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”

Según las Escrituras, todos, absolutamente todo los seres humanos, estamos privados de la gloria de Dios por el pecado original, es decir, por el pecado de nuestros primeros padre Adán y Eva, quienes desobedecieron al Padre y de ahí, el pecado de la desobediencia a todo ser humano. El que diga que no tiene pecado, es un mentiroso, por lo cual, decir que María es sin pecado, puede contradecir las Escrituras. ¿Qué era María, sino otro ser humano? ¿No es María otra criatura de Dios? Para ella también debería aplicarse las Escrituras. Mil años habían pasado de cristianismo y este tema no se había tocado, ¿Por qué ahora debía cuestionarse que un ser humano estuviera exento de las leyes divinas? ¿Por qué debiera haber una excepción? ¿No sería eso contrario a las Sagradas Escrituras? Estas y muchas otras interrogantes se planteaban los teólogos, entre ellos, Tomas de Aquino y John Duns Scoto, por lo cual aparte de pensar, pidieron inspiración al Espíritu Santo para dirimir semejante tema espinoso.

Los grandes teólogos señalan, entre otros, estos puntos en defensa de la Inmaculada Concepción.

  1. Dios, como Ser omnipotente, que todo lo puede, no solo sana pecados sino que también los previene.

Sanar o perdonar los pecados está muy claro en las Sagradas Escrituras  Lc 7, 48 “Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados»” Mt 9, 2 “Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados»”

Pero, – dice Duns – que Dios tiene el poder absoluto de prevenir los pecados, y para mostrar su poder, preservó a aquella mujer que tendría como misión traer a su Hijo Jesucristo.

  1. Jesús es el perfecto Mediador

Si es el reconciliador perfecto, debe actuar de forma que al menos una persona fuese preservada del pecado original

  1. Cristo, por quien todas las cosas fueron hechas, en el cielo y en la tierra (Col 1, 16)

María nació sin el pecado original, pero no es por mérito propio sino en atención a Cristo, quien vendría a este mundo a través de ese cuerpo que debía estar inmaculado. Si se puede otorgar la gracia después del primer instante, Dios, en su omnipotencia, puede conceder esa misma gracia santificante antes del primer instante, si no pudiera hacerlo, no sería Dios todopoderoso, Él tiene esa facultad.

Había otro escollo enorme a superar. Sabemos que Cristo es el redentor del mundo, redentor universal. Si María no hubiese tenido el pecado original, significaría que nunca tuvo pecado, porque la santa Madre tuvo que ser limpia para ser elegida como Madre del Señor. Si María no tuvo ningún pecado, entonces no necesitaba redención, por lo cual, Cristo no sería el redentor universal porque había un ser a quien no podía redimir.

“Aunque esta explicación – que la Virgen no tuviera pecado- parece convenir a la dignidad de la Virgen madre, menoscaba, sin embargo, en algo la dignidad de Cristo, sin cuya virtud nadie ha sido liberado de la primera condenación…

No parece conveniente sostener que antes de la carne de Cristo, en la que no hubo pecado alguno, la carne de la Virgen, su Madre, o de cualquier otro haya estado exenta del fomes”

Suma Teológica, Tomo V, Cuestión 27, Art. 3

(Fomes = Inclinación al pecado)

Complejo, muy complejo.

Templos en honor a la Inmaculada Concepción de María

Fue hasta el siglo XIII que el franciscano Duns Escoto aportó la pieza clave a esta problemática.

Duns sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata de una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.

Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Cuenta la historia que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle:

«Dignare me laudare te: Virgo Sacrata»  (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).

1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original?

– Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.

2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original?

– Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.

3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace?

– Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

Entonces Scoto exclamó:

Luego
1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.
2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha
3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

Esto sucedió en el año 1,305, a pesar de ello, la Iglesia siguió esperando, quería estar segura que en verdad esta era inspiración auténtica del Espíritu Santo

Veamos algunas citas que ayudan a comprenderlo mejor.

Lc 6, 43 – 44 “No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto”

Si el Hijo de Dios viene a este mundo, El, que es puro, inmaculado, sin mancha, sin pecado, quien no necesitaba el bautismo de Juan (Mc 3, 14 – 15 “Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»”) ¿Cómo saldría de un depósito (el vientre de María) manchado por el pecado original?

¿Puede acaso lo inmaculado salir de lo maculado? ¿Puede un árbol sucio, dar un fruto limpio?

El pecado corrompe el alma, si venimos con el pecado original, nuestra alma está podrida, el bautismo regenera el alma y le da la vida en Cristo. ¿Cómo sería posible que el alma de quien algunos años después nos dará al ser más puro que haya existido, pueda estar podrida en el momento de la concepción?

La inmaculada Concepción de María es toda una teología discutida a lo largo de los siglos. Los teólogos discutieron mucho y pidieron asistencia al Espíritu Santo. El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente. Al final, la voluntad de Dios se asienta y prevalece. Como “Palabra de Dios revelada a la Iglesia”, el dogma de la Virgen María fue promulgado solemnemente por el Papa Pio IX el 08 de diciembre en el año 1854, por medio de la bula Ineffabilis Deus.

Los que desacreditan, los que critican, los que no creen e incluso, aborrecen el Dogma de la Inmaculada Concepción, no se dan cuenta que en el fondo, sin quererlo ni pretenderlo, están dudando del poder de Dios, porque los dogmas, son ante todo, cristianos, que expresan y explican el poder omnipotente del Dios hacedor de todo. Los Dogmas son acciones sobrenaturales del Dios Altísimo sobre sus criaturas, en este caso, sobre la Virgen María.

En la aparición de la Madre María, en Lourdes, Francia, en 1858 a pedido del párroco Abbé Peyramale, la vidente Bernardette preguntó a la Virgen ¿Quién eres? y recibió esta respuesta “Yo soy la Inmaculada Concepción”, reafirmando con ello, la Madre del Amor hermoso, que ella goza de tan alta gracia, porque “El Poderoso hizo grandes cosas en ella” (Lc 1, 46).

«…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…»

(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, 08 de diciembre de 2019

San Agustín de Hipona

Aurelius Augustinus Hiponnensis, es el nombre de un cristiano tan lejano en el tiempo, como el mismo Cristo Jesús. Nacido el 13 de noviembre del año 354 (Siglo IV) y fallecido el 28 de Agosto del 430 (Siglo V). San Agustín, como luego se le conocería, sería una de esas extraordinarias lumbreras de la Iglesia, del cual pasan el tiempo, los años, las décadas, los siglos y sigue vivo en la mente de los cristianos. Se cumple la palabra del Maestro “Aunque este muerto vivirá”, porque el tiempo no borra su memoria y su testimonio de entrega a Cristo, permanece intacta.

Pero para llegar al conocimiento de Cristo, Aurelius Augustinus tuvo que dar vueltas en su vida, tropezar, pecar, abrazar la herejía y ser contrario al evangelio de Cristo, para luego ser transformado y embebido por El.

Sus padres fueron Mónica y Patricio, de buena posición social. Agustín en su temprana edad de la juventud, tuvo un hijo de una relación ilícita, a quien llamaron Adeodato, quien murió siendo un adolescente. La madre de Agustín, fue una mujer abnegada que, como es lógico, amaba a su hijo, pero tuvo una vida de lágrimas al ver del cómo su hijo abrazaba la herejía maniquea. Los maniqueos, eran una secta creada por el príncipe persa Mane en el siglo III después de Cristo. Esta creencia era una herejía que sostenía que en el mundo había dos principios, uno del bien y otro del mal y se complementaban entre sí. Luego, basada en el maniqueísmo, surgió con los años, el gnosticismo, que entre otras cosas, cree hoy día, por ejemplo, lo siguiente.

«En el paraíso, ¿Quién engaño a quién? ¿Fue la serpiente la que engaño a Eva o fue Dios? Dios dijo – Si comen de ese árbol morirán -, la serpiente dijo – no morirán, sino que se les abrirán los ojos y serán como dioses – Eva comió del fruto y “no murieron sino que se les abrieron los ojos”, ¿Quién dijo la verdad entonces? Fue la serpiente la que habló con la verdad, por tanto, la serpiente es el verdadero dios»

El maniqueísmo ha dado lugar a herejías como esta que se acaba de describir, por lo cual podemos entender la clase de secta en la que estaba Agustín.

Mónica, su madre, oró insistentemente al Dios de la vida para que transformara la vida de su hijo, le reprendía le aconsejaba, oraba y lloraba para lograr su conversión, pero Agustín era de carácter fuerte, estudió mucho y así fue dotado de una inteligencia sin igual y aunque buscaba la verdad, una venda se había quedado pegada en sus ojos y en su alma.

Siendo crítico consigo mismo, había algunas cosas de su creencia maniquea que no lograba del todo comprender y creía que se contradecían entre ellas. Todo empezó a cambiar cuando Agustín escuchó de un gran predicador cristiano, era Ambrosio, Obispo de Milán, Italia, quien también había sido dotado de una inteligencia extraordinaria. Agustín había encontrado a un orador tan grande como él. Desde fuera del templo, Agustín replicaba a Ambrosio. Dos pensadores, dos lumbreras, pero en posiciones encontradas, en pleno combate verbal, ambos defendiendo su creencia uno (Agustín) a costa de perder su prestigio y otro (Ambrosio) a costa de perder las almas que le habían sido encomendadas.

Pero al igual de como pasó en la cruz, satanás y su teoría fueron vencidas por la luz de la verdad: Jesucristo. Ambrosio, San Ambrosio de Milán, le fue mostrando la verdad de Jesucristo de manera tan eficaz y convincente que Agustín no tuvo más que aceptarla, esto fue el inicio, para que Agustín dejara a los maniqueos y fuera a abrazar la fe, Ambrosio terminó por bautizar a Agustín.

Las oraciones de Mónica habían dado fruto, sus lágrimas no fueron en vano, ahora se conoce a Mónica como santa Mónica y a su hijo Agustín, como San Agustín de Hipona, Obispo y Doctor de la Iglesia. A la madre se le celebra en la liturgia el 27 de agosto y a su hijo Agustín, el siguiente día, el 28 de agosto. Agustín llegará a decir “Soy el hijo de las lágrimas de su madre”.

La altura intelectual de Agustín, no pasó desapercibida para el mundo. Tiene muchos escritos extraordinarios, para la edificación de las almas, entre ellos, La ciudad de Dios y las Confesiones, que son considerados los de mayor valor espiritual, pero tiene muchos otros libros, como las “Retractaciones” que es donde se retracta de lo que antes, siendo maniqueo, había aseverado. Su intelecto es tal, que San Agustín ha llegado a ser Doctor de la Iglesia. Los Doctores de la Iglesia son un grupo exclusivo de 36 personas, entre hombre y mujeres, que son la pura crema y nata de la cristiandad. Su testimonio y su intelecto iluminan a la cristiandad peregrinante por los siglos de los siglos. Incluso, San Agustín es uno de los cuatro reconocidos “Padres” de la Iglesia occidental, junto con San Ambrosio de Milán,  San Jerónimo de Estridón y San Gregorio Magno.

Entre sus miles de pensamientos podemos señalar.

  • Pretende alabarte un hombre, pequeña migaja de tu creación
  • ¿Por qué invitarte a que vengas a mí, si yo no existiría si Tu no estuvieras en mí?
  • Ay de los que te silencian porque son mudos que hablan demasiado
  • ¿Qué importancia tiene que alguien no lo entienda? Que también él se alegre y diga ¿qué es esto?. Que se alegre también así y que prefiera encontrarte a ti, aunque no encuentre la respuesta, a encontrar ésta, sin encontrarte a ti.
  • Libra a los que no te invocan para que te invoquen y los libres
  • Ama y haz lo que quieras

Para terminar solo señalo un pensamiento extraordinario de San Agustín, quien reflexionando sobre el nacimiento de Cristo y la virginidad de María, decía.

“Ese mismo poder que sacó los miembros del infante de las virginales entrañas de su madre, como más tarde introdujo los miembros de un adulto por las puertas cerradas” por eso “Si al nacer El, se hubiese violado su integridad (de María), ya no hubiera nacido de una virgen y entonces, seria falso, muy lejos de nosotros, tal blasfemia, que Él hubiese nacido de María Virgen como confiesa toda la Iglesia”

San Agustín de Hipona

La virginidad de María es una doctrina desde casi los inicios de la cristiandad y que la Iglesia católica guarda con mucho celo. San Agustín nos deja su gran pensamiento sobre la virginidad de la madre María.

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«Y Tú que llenas todas las cosas, las llenas con la plenitud de tu ser ¿O es que al no ser capaces de alojarte en tu totalidad, alojan una parte de Ti, todas la misma parte y a la vez? ¿O cada uno de los seres acoge una parte de Ti, más grande los mayores, más reducida los menores? ¿Es que en Ti, hay partes mayores y menores? ¿O en todas partes te encuentras en tu totalidad y no hay ser alguno que te abarque por entero? »

Confesiones de San Agustín Libro I, 3: 3

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“Vine a caer en manos de unos hombres de orgullo delirante carnales y charlatanes a más no poder. A pesar de todo, seguía pensando que lo que me servían eras Tú, seguía comiendo pero no con avidez, porque ni tenías sabor en mi paladar, ni te saboreaba como eres. La comida de los que sueñan, se parece muchísimo a la comida de los que están despiertos, sin embargo la comida de los que sueñan, no alimenta a los que duermen, estos se limitan a dormir. Al desviarme de la verdad me creía ir al encuentro de ella”

Confesiones de San Agustín Libro III, 6: 10 – 12

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, Agosto de 2020

El fundamento protestante de la “Sola Scriptura”

Los Reformadores Protestantes decían que la Biblia es la única fuente de las verdades de la fe, y que para entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto. Es lo que se llama “el fundamento protestante de la Sola Scriptura», o en español «solamente las Escrituras». Esta es la premisa fundamental de la Reforma promovida por Martín Lutero en el cisma del siglo XVI, que se derivan de sus “95 tesis” con las cuales renegó de la fe.

La base en la que se fundamenta la doctrina protestante es la “Sola Scriptura”, es decir, “la sola escritura Bíblica”. Los protestantes creen, mantienen y predican que para creer algo sobre Dios, eso debe estar en la Escritura (en la Biblia). Esta es la base de toda su doctrina. Por eso se apartaron de la Iglesia verdadera, porque echan en cara a la Iglesia Católica que doctrinas como el Purgatorio, la Eucaristía, la Confesión, la asunción de la Virgen, la Inmaculada Concepción, el rito a las imágenes, la oración a los difuntos, la autoridad Papal, la transubstanciación, etc. No están en la Biblia y por tanto, son falsas, de hecho, dicen que son contrarias a las Escrituras.

Muchas de estas doctrinas, con un poco de paciencia, se pueden encontrar en las Sagradas Escrituras, como el purgatorio, la Confesión y la Eucaristía, otras, como la Asunción de la Virgen y la Inmaculada Concepción, ha sido decretado por la Iglesia por medio de los dogmas. Los protestantes dicen que eso de los Dogmas, no es bíblico y por eso ellos no lo creen y aseguran que los católicos estamos en el error. Para ellos, si no está en la Biblia, no es de Dios y no hay que creerlo y por eso “protestan” de la fe.

Razones de cómo refutar la base protestante

Enunciaremos a continuación cinco razones que refutan este principal fundamento protestante de “la Sola Scriptura”.

  1. ¿Cuál es el fundamento bíblico de la Sola Scriptura? Si este es el principio fundamental, ¿Dónde está eso en la Biblia? Es decir, si ellos mismos dicen que solo lo que está en la Biblia es lo que debemos creer, este mismo principio, debe estar explicado o al menos implícito en la Biblia. ¿Dónde está? ¿Cuál es la cita bíblica? Busquémoslo y no lo encontraremos, y es así como el principio fundamental en que se basan TODAS las sectas protestantes, NO ESTÁ EN LA BIBLIA. Tan pronto y “Jake mate”.

La tal «Sola Escritura» NO ES BIBLICA, por tanto, la base fundamental de la reforma protestante, está edificada en arena, su base es falsa, porque esa misma exigencia, les destruye a sí mismos.

  1. Contrario a esa base protestante, en lo que sí es clara la Biblia es en que “no todo está escrito en ella”.

Jn 20, 30 – 31 “Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre”

El apóstol Juan lo dice claramente. No tenemos toda la predicación de Cristo, no todos los signos realizados, no toda su vida está escrita. Fueron tres años de anuncio del evangelio y solo tenemos la esencia de su mensaje.

Jn 21, 25 “Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían”

  1. Cartas desconocidas

Col 4, 16 “Una vez que hayan leído esta carta, háganla leer también en la Iglesia de Laodicea, y ustedes, a su vez, lean la carta que yo envié a esa Iglesia”

San Pablo, era un erudito, que aparte de predicar el evangelio con su ejemplo, por alguna razón, lo escribía y es así como tenemos cartas verdaderamente inspiradas por el Espíritu Santo y en esta ocasión, les manda a los residentes de Colosa que lean esa otra carta que él escribió para Laodicea. Desgraciadamente no tenemos la carta de San Pablo a los Laocetitas, y no forma parte del canon bíblico, pero si la encontráramos ¿no sería de provecho evangélico para nosotros? Aquí se demuestra también que hay muchísimas cosas que no están en la Biblia, pero que serían de enorme edificación cristiana.

  1. ¿Quién escribió los evangelios?

Esto no lo dice la biblia y si algún protestante nos increpa lo contrario, pidámosle que nos responda alguna de estas premisas:

  • Dame una cita bíblica que diga que el Evangelio de Mateo es en verdad el de Mateo
  • Dame una cita bíblica que diga que el Evangelio de Marcos es en verdad el de Marcos

Porque el Evangelio de Juan, dice claramente que él lo redactó Jn 1, 14 – 15 “Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo»”

  • La tradición católica nos dice que el autor del otro evangelio, es un discípulo de Pablo llamado Lucas (Col 4, 14), autor también del libro de los hechos de los apóstoles, los protestantes admiten este dato definido por la Iglesia, ya que Lucas no escribe su nombre en ninguno de los dos libros.
  1. Instrucciones orales y por carta

2 Tes 2, 15 “Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta”

2 Tes 3, 4 “Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones

2 Jn 12 “Tendría muchas otras cosas que escribirles, pero no quise hacerlo por carta, porque espero ir a verlos para hablar con ustedes personalmente, a fin de que nuestra alegría sea completa

3 Jn 13 – 14 “Tendría muchas cosas que decirte, pero no quiero hacerlo por carta. Espero verte pronto para hablarte personalmente

Fil 4, 9 “Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí”

San Pablo y San Juan, dejan entrever y concuerdan que ellos predican el evangelio y que lo hacen por cartas, con su testimonio y con instrucciones verbales. Las instrucciones verbales no las encontramos en las Sagradas Escrituras.

Por tanto, la “sola scriptura” no tiene base alguna en que se fundamente, es totalmente lo contrario, va en sentido opuesto a las Escrituras pues es contraria a las Escrituras. La Iglesia Católica está en lo correcto al no cimentar la fe solamente en las sagradas Escrituras, las mismas Escrituras le dan la razón.

Roberto Campos

Agosto de 2019

Fe vrs. Obras

¿Qué es lo necesario para la salvación? ¿La fe o las obras?

Las sectas protestantes predican que para nuestra salvación, solo es necesario “creer”. “Levanta la mano, confiesa que Jesús es el Señor y serás salvo”, es la fórmula mágica con la cual el cristiano salva su alma y lo demás, no importa. “Solo” debes creer en Jesús y lo demás, sale sobrando. La Iglesia Católica en cambio, nos enseña que para nuestra salvación es importante la fe, por supuesto, pero para que esa fe sea efectiva y verdadera, debe ir acompañada de “obras”.

¿En qué se basa cada posición y cuál es la bíblicamente más acertada?

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La doctrina protestante

La posición protestante se basa en las siguientes citas bíblicas.

Rom 10, 9 “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado

«“Aquí está claro”» que solo debes hacer una confesión pública y creer y entonces serás salvo, dicen los pastores.

Rom 1, 17 “En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe

Como «“el justo vivirá por la fe”», es la fe la importante, únicamente.

Ef 2, 8 “Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe

La salvación es resultado de “la fe” no de las “obras”, aquí está clarito, dicen los protestantes.

Lc 23, 43 “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

El malhechor crucificado junto al Maestro no tenía obras y solo por la gracia de Jesucristo, se ganó el cielo, esto comprueba –dicen ellos- que lo que predicamos, es verdadero.

El error de la doctrina protestante

Pablo dice que la salvación “no es el resultado de las obras” y dice que es “para que nadie se gloríe”, es decir que “es por su gracia, un don de Dios

El pequeño detalle que se les pasa por alto a los protestantes es que San Pablo habla de las obras de la ley, es decir, las obras que eran el resultado de cumplir la ley y que tenían su base en las leyes del antiguo testamento. Escudriñemos con detenimiento.

Pablo era muy religioso desde niño, era fariseo y un judío fiel que cumplía la ley “Si alguien cree que puede confiar en la carne, yo puedo hacerlo con mayor razón; circuncidado al octavo día; de la raza de Israel y de la tribu de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, un fariseo; por el ardor de mi celo, perseguidor de la Iglesia; y en lo que se refiere a la justicia que procede de la Ley, de una conducta irreprochable” Fil 3, 4 – 6

¿Qué es “la ley”? En el antiguo testamento, el Señor Dios le dio al pueblo de Israel, un listado de mandatos a cumplir a los judíos y estos se esforzaban en hacerlo, mencionamos algunos de dichos mandatos

  1.  “No cedas a sus instigaciones (del idólatra) ni le hagas caso. Sé implacable con él, no lo perdones ni lo encubras” Dt 13, 9
  2.  “No plantarás ninguna clase de árbol, para tenerlo como poste sagrado, junto al altar que dediques al Señor, tu Dios” Dt 16, 21
  3.  “No establezcas vínculos de parentesco con ellos (con los idólatras)” Dt 7, 3
  4.  “Ustedes no comerán nada que tenga sangre. No practicarán la magia ni la adivinación” Dt 19, 26
  5.  “No se cortarán el borde de la cabellera en forma de círculo, ni cortarás el borde de tu barba” Dt 19, 27
  6. “Si alguien insulta a su padre o a su madre, será castigado con la muerte” Lv 20, 9
  7.  “Al octavo día será circuncidado el prepucio del niño” Lv 12, 3
  8.  “Durante seis días harás tus trabajos, pero el séptimo deberás descansar” Ex 23, 12
  9.  “Que el séptimo día todos permanezcan en su sitio y nadie se mueva del lugar donde está” Ex 16, 29
  10.  “No comerán ningún animal muerto” Dt 14, 21
  11.  “No recogerás los frutos caídos” Lv 19, 10
  12.  “Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que no se vea tu desnudez” Ex 20, 26
  13.  “Nadie se presentará delante del Señor con las manos vacías” Dt 16, 16
  14.  “No pondrás bozal al buey que trilla” Dt 25, 4
  15.  “No cometerás injusticia con balanzas y pesas” Lv 19, 35

Las 15 leyes anteriores son una pequeña muestra de más de 600 que podremos encontrar en los libros del pentateuco (es decir, Génesis, éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Los fariseos se obsesionaban por cumplirla, muchas veces dejando de lado la justicia, el amor, la misericordia, la solidaridad. Su obsesión, eran “las leyes judías”, a veces las cumplían o aparentaban cumplirlas para que fueran ensalzados por los demás, alabados por la gente, a ellos les gustaba “mostrarse” como grandes religiosos.

Jactarse de cumplir estas leyes dadas al pueblo judío, es a lo que se refiere Pablo, las “obras” por cumplir estas leyes. Pablo las conocía perfectamente y las cumplía, como él mismo dice en la “exacta observancia de la ley”.

Pablo lo dice claramente en Gal 2, 16 “Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley… el cumplimiento de la ley no hará nunca de un mortal, un amigo de Dios

Está diciendo que la fe en Jesucristo supera a esas obras, que creer en Jesucristo es más importante que cumplir esas leyes antiguas. Recordemos que Jesucristo, en su tiempo, fue tratado de endemoniado” (Jn 10, 20), “agitador” (Lc 23, 2), “charlatán” Mt 26, 66, digno de “merecer la muerte” (Mt 26, 66), “Vino a los suyos y los suyos, no quisieron recibirle” Jn 1, 11. Cristo era tratado en ese momento, por toda la sociedad de su tiempo, como un desecho de la sociedad y muestra de ello, fue la forma de morir, un “maldito colgado de un madero” Dt 21, 23.

Pablo quiere entonces, revertir ese concepto y les explica quién era Jesucristo. Pablo les dice a sus compatriotas que Jesucristo era todo cuanto Él decía de Él mismo. Pablo les predica que Él es el importante, que Él es el hijo del Altísimo y que lo demás, ya no importa. Pablo va en contra de lo que la mayoría pensaba, esa era su misión.

Pablo al reconocer que esas leyes y sus prohibiciones quedan obsoletas con la nueva doctrina, el nuevo mensaje de nuestro Señor Jesucristo, llega a decir Fil 3, 8 “Más aún, todo me parece pérdida comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como basura, con tal de ganar a Cristo” y para que Pablo, antiguo fariseo que vivía en la exacta observancia de la ley, una ley sagrada para los judíos por muchos siglos, diga ahora que “es basura”, es porque cree profundamente en Cristo y que Él, ha hecho un cambio radical en su manera de vivir la fe en Dios. Ahora se vuelca a Jesús y quiere que los demás vivan esa fe.

“Todo me parece pérdida”, Todo eso de las leyes antiguas, es un desperdicio, una pérdida, algo obsoleto, superfluo en comparación del conocimiento de Cristo y su mensaje. Pablo quiere que todos sigan a Cristo, pues en Él se cumplió toda profecía y muchos no han creído, esa es la preocupación de Pablo, que superen la ley judía, que la desechen, como él lo ha hecho, que comprendan que Jesús es más importante que esa ley. “Eso es basura, en comparación con el conocimiento de Cristo”

Así como fue un radical fariseo, hoy será un radical cristiano y veamos lo que hoy predica

Rom 7, 4 “De igual manera, hermanos, por la unión con el cuerpo de Cristo, ustedes han muerto a la Ley, para pertenecer a otro, a aquel que resucitó a fin de que podamos dar frutos para Dios

Pablo les dice ahora, que esa ley, que Dios dio a sus padres, ya queda en el pasado, ahora, hay una nueva realidad: Cristo, el Hijo de Dios.

Rom 7, 6 “Pero ahora, muertos a todo aquello que nos tenía esclavizados, hemos sido liberados de la Ley, de manera que podamos servir a Dios con un espíritu nuevo y no según una letra envejecida

Hemos muerto, les dice a los judíos, a la ley, esa que nos tenía esclavizados, por eso, las obras de esa ley, son vanas, ya no se esfuercen en practicarlas. Por eso: Aprender la Torá (Dt 6, 7), Honrarás a quienes conocen y enseñan la Tora (Lv 19.32), No afeitarse la cabeza (Lv 19, 27), No camines más allá de lo permitido ( Ex 26, 29), el sumo sacerdote debe casarse con una mujer virgen (Lv 21, 13), sacar del templo, todo lo que sea impuro (Num 5, 3), No dejar vivir al hechicero (Ex 22, 17), etc. Ya no era importante, ahora, había un “nuevo pacto”.

Gal 3, 11 – 12 “Por el camino de la ley, nadie llega a ser justo a los ojos de Dios, pues está escrito : El justo vivirá por la fe, y la ley no da lugar a la fe, pues según ella, el que cumple los mandamientos tendrá vida por medio de ellos”. También lo repite en Rom 1, 17

Esto lo encontramos en el libro del profeta Habacuc, Hab 2, 4 “El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad”

El justo vivirá por la fe, (la fe en Jesucristo), y la ley (la ley judía) no da lugar a la fe (en Dios o en Jesucristo), pues según ella (la ley judía) el que cumple los mandamientos tendrá vida por medio de ellos (tendrá vida por medio del cumplimento de esos mandamientos de la ley judía). Esto es lo que está refutando San Pablo.

Dicho en otras palabras, el que es justo, dice San Pablo, vivirá por la fe, porque la ley, la ley judía, no da lugar a la fe, es decir, que la ley judía no contempla la fe, sino solo el cumplimiento de esas leyes.

Esta fue la predicación de Pablo, que incluso lo concluye en su carta a los romanos Rom 3, 27 – 28 “¿Qué derecho hay entonces para gloriarse? Ninguna. Pero, ¿en virtud de qué ley se excluye ese derecho? ¿Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley”, Pablo es claro que habla de las obras que se realizaban de practicar la ley judía.

“Hoy estarás conmigo en el paraíso”, nos narra Lucas en su escrito. En este pasaje se apoyan los que han entendido mal el mensaje de Pablo. Creen que aquí está la confirmación de este mensaje. Es decir, con una segunda mala interpretación, creen justificar una primera mala interpretación. El ladrón de la cruz está en el lugar correcto en el momento correcto y pronuncia las palabras correctas, Cristo, como dueño de la vida, la da y la quita, como justo juez, puede condenarte, pero como el Dios hecho hombre, que reboza de infinita misericordia, tiene la autoridad de decir lo que le parezca adecuado y en este caso, le da la salvación al malvado, aun cuando su vida había hecho lo incorrecto, así es la misericordia de Dios.

Pero ahora veamos lo que nos dice Cristo, el propio Dios que nos habla en el evangelio.

Conflictos por no cumplir la ley judía

Cristo invita a la gente a no ser como los fariseos, que se jactaban de cumplir la ley, veamos.

Mt 6, 5 “Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos” Jesús, desaprueba la hipocresía de los que se jactaban de cumplir la ley, pero por dentro eran “sepulcros blanqueados”.

Mt 6, 16 “Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan” Otra hipocresía de los fariseos, que fuera que ayunaran o no, hacían lo posible para que se les notara y los demás los alabaran y dijeran que eran judíos irreprochables que “cumplían “ la ley mosáica.

Imaginemos a una mujer judía, que iba al mercado con su hijo pequeño y en una de las callejuelas de su ciudad, se encontraba a uno de estos personajes, que “oraba” en una esquina. La madre dice al niño «Tú debes ser como ese hombre, que habla con Dios, ellos son especiales». Y más adelante, se encuentran con otro fariseo que ayunaba y se polveaba la cara, para palidecer y que todos notaran que estaba “ayunando”, la madre dice al niño «Mira ese maestro de la ley, hace sacrificio por Dios, ellos son personas extraordinarias a quienes se les debe respeto, porque se sacrifican por Dios, así debe s ser tú». Esto es lo que denuncia Jesús y lo que Pablo explica que ya no es necesario.

Esto mismo, el cumplimiento de la ley, produjo ciertos roces entre Jesús y sus discípulos contra los fariseos, cuando los discípulos comieron las espigas en día sábado, los fariseos se molestaron Mt 12, 1 – 2 “En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas. Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado»”. Efectivamente, la ley del Antiguo testamento dice: Ex 20, 10 “Pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades.

(O bien pudieron referirse a esta otra prohibición: Dt 23, 26 “Si pasas por los sembrados maduros de tu prójimo, podrás arrancar espigas con la mano, pero no aplicarás la hoz)

Más adelante, en el mismo capítulo, estaba el hombre de la mano tullida y los fariseos le preguntaron si era lícito curarlo en sábado, porque como la Escritura dice Ex 23, 12 que “en día sábado ni trabajes ni hagas nada”, de nuevo la ”obra” de los fariseos, era respetar la ley que decía “no hacer nada”, pero Cristo es el dueño del sábado y no solo les reprende sino que sana al tullido para rabia de los fariseos.

El caso de la misma mujer adúltera es revelador. La ley decía que había que apedrearla porque la encontraron en flagrancia y los fariseos iban A CUMPLIR LA LEY, a apedrearla, Lv 20, 10 “Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos serán castigados con la muerte”, esas eran sus obras nacidas de la ley, pero ya sabemos qué fue lo que pasó después. Cristo les destruye su hipocresía.

En otra ocasión dijo el Maestro: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban Mc 3, 4

Y esto se los dijo porque la ley dice que “Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Yavhé, tu Dios; no hagas en él obra alguna Ex 20, 8 – 11

Confunden lo que Pablo quiere decir

Es importante entonces que comprendamos que Pablo, en la cita de Efesios, se refiere a que los fariseos y los maestros de la ley, cumplían (o al menos fingían cumplirla) al pie de la letra la ley del Antiguo Testamento, pero descuidaban el amor a los demás y no se trataba de “cumplir la ley” sino de amar al prójimo, que es el mensaje central de Cristo y por eso dice:

Mt 22, 36 – 40 “«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?». Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti

Las obras que sí debemos realizar

Curiosamente San Pablo mismo nos dice que debemos realizar estas buenas obras.

Ef 2, 9 “Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos”

Cuando las Escrituras hablan de que debe ser la fe y no las obras, se refiere a la manera tergiversada de ver las leyes de la ley judía, no a las que Cristo mismo manda a hacer con el prójimo, las obras de caridad y de solidaridad.

Por eso, la Iglesia, sabiamente nos dice

CIC # 47 “La Iglesia enseña que el Dios único y verdadero, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza por sus obras, gracias a la luz natural de la razón humana

(cf. Cc.Vaticano I: DS 3026)”

Si Dios se conoce según sus obras, de igual manera los humanos se conocen según sus obras. Ahí se puede reconocer si son creyentes o hipócritas.

CIC # 214 “En todas sus obras, Dios muestra su benevolencia, su bondad, su gracia, su amor; pero también su fiabilidad, su constancia, su fidelidad, su verdad”

Y si aun así, no estamos convencidos, veamos lo que dice el Maestro.

Mt 16, 27 “Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obrasSolo esta cita ya bota totalmente la doctrina protestante, ya que Cristo es claro “pagará a cada uno de acuerdo con sus obras”, y “la paga” de las malas obras es la muerte y entendemos por ello “el infierno” y la paga de las buenas obras, es la vida eterna, pero ¿Cuáles obras? ¿Las que provienen de la ley judía?. No… las obras que Cristo predica que hay que practicar.

Mt 24, 34 – 36 “Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver»

Lc 10, 37 “¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús”

Mt 5, 16 “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”

Mt 5, 9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Mt 5, 10 Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Mt 7, 21 No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Mt 10, 42 Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

Mt 12, 50 Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

Mt 23, 23

Los demás apóstoles concuerdan con Pablo

Y los apóstoles comprenden exactamente el mensaje y es lo que nos enseñan.

1 Jn 2, 5 “El que dice: «Yo lo conozco», y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él”, se trata de “cumplir” los mandamientos, no solo de “creerlos”, “cumplir” es sinónimo de efectuar / desempeñar / consumar / cometer / practicar / plasmar.

Stgo 2, 19 “¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan”

Santiago da una clase magistral a los que mal entienden el sentido de esta parte de las Escrituras. No se trata solo de “creer” pues hasta los demonios creen y están privados de la gloria de Dios.

Santiago deja sin excusa alguna, definiendo de una vez por todas esta confusión de los hermanos protestantes cuando dice:

Stgo 1, 22 – 25 “Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la práctica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla”

Stgo 2, 24 “Como ven, el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras”

Stgo 2, 18 “«Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe»”

Jake mate para la doctrina protestante. Las obras son imprescindibles.

La Iglesia, sin embargo, nos enseña que también la fe es necesaria. Fe y obras, van de la mano, ni solo obras, ni solo fe.

“Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa»” Mt 10, 42

Dar “un vaso de agua fresca” es algo bueno, y lo podemos hacer sin ser cristianos, solo por “humanidad”, pero Cristo añade “por ser mi discípulo”… hay una recompensa

Dejamos otras citas que demuestran que las obras son necesarias, no solo la fe. Las obras van de la mano con la fe y viceversa.

Stgo 2, 26 / Stgo 4, 17 / Mt 6, 2 – 4 / 2 Sam 11, 26 / 1 Pe 2, 12 / 1 Pe 2, 21 / 1 Pe 3, 1 – 2 / 3 Jn 3, 18 / Rom 2, 5 – 6 / Gal 5, 6 / Gal 6, 5

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo

Roberto Campos

Cartas manchadas y cartas en blanco

Les propongo en esta ocasión, un texto impresionante de uno de los santos más extraordinarios de nuestra Iglesia, el Santo Padre Pío, de Pietrelcina. El Padre Pío es un fraile capuchino italiano, que se vio favorecido por la gracia de Dios al dotarlo de muchos dones espirituales, como la bilocación y el don de profecía, pero lo más impresionante es que le regaló son los estigmas. Pero no todo eran “dones”. El padre Pío, debió soportar una lucha encarnizada contra el maligno. Durante toda su vida luchó espiritual y físicamente con él, su caso es en verdad extraordinario, les invito a conocer este santo extraordinario. En esta ocasión les comparto una de esas luchas sobrenaturales.

A Satanás le molesta la santidad de este hijo de Dios. Le molesta tanto, que le ataca física y espiritualmente, en todo momento, a toda hora, en todo lugar. Encolerizado, el demonio trata de impedir toda ayuda que el Padre Pío pueda recibir y que vayan en torno a edificar su espiritualidad, que conforte su alma, palabras que le den luz para comprender sus pruebas. Es por eso, que el demonio, no satisfecho con el ataque directo al Padre Pió, se propuso interferir en la dirección espiritual que el Padre Pío sostenía con el Padre Agostino de San Marcos in Lamis, su director espiritual y confidente. Los consejos del Padre Agostino, ayudaban al Padre Pío a sobrellevar sus penas, esto irritaba al demonio.  

Roberto Campos

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El suceso que se va a relatar se remonta a los años de 1911 y 1912, período en el cual los asaltos del enemigo eran continuos e implacables. El episodio es un tanto extraño e insólito en la pedagogía de la dirección espiritual: «!Servirse de una determinada lengua, para disgustar y despechar a Satanás¡». El enemigo quiere impedir a toda costa que se siga la comunicación espiritual entre el Padre Pío y sus padres espirituales. El Padre Pío, comunica esta estrategia diabólica al Padre Agustín y a Don Salvador Pannullo, su confesor espiritual. El Arcipreste le aconseja que, cuando reciba cartas de sus directores, vaya a él, a fin de abrirlas en presencia de ambos, y evitar así ilusiones y vanas estratagemas del demonio.

El Padre Agustín contesta en Francés, lengua que dominaba bastante bien. El Padre Pío lleva la carta al señor Arcipreste, tal como lo habían acordado. La abren en presencia de ambos y la encuentran hecha un borrón de tinta, totalmente ilegible, se impresionan los dos sin saber qué pensar, no pueden comprender que el Padre Agustín les hubiera mandado una carta escrita en semejantes condiciones, sospechan pronto de donde puede venir el engaño, colocan sobre ella un crucifijo y «se hizo un poco de luz sobre ella, de manera que se pudo leer aunque con alguna dificultad» Epistolario I, carta 104. Al pie de esta carta manchada, que se conserva todavía  y está publicada en el Epistolario, se lee la siguiente certificación de Don Salvador Pannullo. «Testigo yo, el abajo firmante, Arcipreste de Pietrelcina, bajo la seguridad de juramento, que la presente, abierta en mi presencia, llegó así manchada, estaba totalmente ilegible. Habiendo puesto sobre ella el crucifijo, rociada con agua bendita y recitados los exorcismos, pudo ser leída como está al presente. Habiendo llamado a mi sobrina, Grazi Pannullo, la leyó esta en mi presencia y en la del Padre Pío, ignorando ella cuánto había ocurrido con la carta, antes de llamarla. En fe de lo cual… Pietrelcina, 25 de agosto 1919. El Arcipreste Salvador Pannullo». Epistolario I

El Padre Agustín, relata este mismo hecho de la siguiente manera: «Entre estas cartas recogidas en Pietrelcina con el fin de guardarlas, hay una totalmente manchada de tinta, otra con la hoja en blanco, una tercera escrita en griego, otras varias en francés. El ángel custodio se lo explicaba todo y el Padre Pío luego me respondía muy a tono con el diálogo epistolar establecido entre ambos. En cierta ocasión, el Padre Pío respondió a una carta mía, en francés, bien escrita al dictado de su ángel custodio. Esta tarjeta no existe ya en la teca o estuche en el que están las demás porque me la pidió el padre Benedetto siendo Provincial y quiso conservarla él. A la muerte del padre Benedetto, no la encontré entre las demás cartas suyas. Con motivo de esta tarjeta me advirtió el Padre Pío que le escribiera yo siempre en francés, porque ¡el enemigo Satanás, se enfurecía con ello mucho más! En 1920 conseguí fe jurada, escrita por el Arcipreste y sobrina, mediante la que acreditan estos hechos.» Diario del padre Agostino de San Marcos in Lamis

Se encuentran en el epistolario dos tarjetas escritas correctamente en francés por el Padre Pío, son las cartas 96 y 104, se encuentran también otras frases en francés escritas en diversas cartas. Es bien sabido que el Padre Pío no estudió nunca francés, el 03 de febrero de 1912 le preguntó el padre Agustín : «Pero, ¿Quién te ha enseñado francés?», «A vuestra pregunta referente al francés, contesta el Padre Pío en posdata, respondo con Jeremías : A, a, a, … Nescio loqui…» sin añadir más explicaciones. Tampoco había estudiado griego y sin embargo, leía el griego y respondía perfectamente a las cartas escritas a él, por el padre Agustín en esa lengua. Al pie de la carta, dirigida al Padre Pío, redactada en griego con fecha del 07 de septiembre de 1912, el párroco de Pietrelcina escribe lo siguiente: «Pietrelcina, 25 de agosto de 1912. El abajo firmante atestigua bajo juramento, que el Padre Pío después de haber recibido la presente, me explicó literalmente su contenido. Habiéndole preguntado yo cómo pudo leerla y explicarla, no conociendo ni siquiera el alfabeto griego, me respondió: “¡Pues ya lo sabe!, El Ángel custodio me lo ha explicado todo”. Firma el Arcipreste, Salvador Pannullo»

De esta misma manera, el 20 del mismo mes de septiembre, le explicaba así el Padre Pío al padre Agustín : «Los celestiales personajes no cesan de visitarme, y si la misión del Ángel custodio es grande, la del mío es ciertamente mayor, llega hasta hacerme de maestro en la lectura de otras lenguas» Epistolario I

Tomado del libro: Pio de Pietrelcina, místico y apóstol, Leandro Sáez de Ocáriz, Pág. 182 Æ 185

Santo Domingo de Guzmán

Domingo, nació en Caleruega, España, en el 1170 y falleció en Bolonia, en el 1221. Fueron 51 años de testimonio evangélico. Fue el fundador de un grupo de religiosos dedicados a la predicación del evangelio y se les conoce como “Los dominicos”, hermanos de “los Franciscanos”. Ambos santos Francisco y Domingo, se conocieron y se halagaron entre ellos. Ambos fundaron sus órdenes para el servicio de la Iglesia y a ambos se les llama “frailes”.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo. Mayo de 2020

El templo Arka Pana

El templo Arka Pana (Madre de Dios), en la Polonia ocupada por los comunistas

Más conocida como la iglesia de Nowa Huta, ubicada en Cracovia, Polonia.

Construida en la década de los sesentas cuando Karol Wojtila, era el Cardenal de Cracovia.
Durante los primeros años de la ocupación soviética de Polonia, las autoridades comunistas decidieron construir una nueva ciudad industrial en el cinturón metropolitano de Cracovia. Se trataba de erigir la ciudad socialista perfecta, planificada como oficialmente atea: sería «la ciudad sin Dios».

«El proyecto ubicaba en el corazón del barrio la gran fábrica siderúrgica, cinco veces más grande que todo el centro histórico de Cracovia, con amplias avenidas, espacios verdes y viviendas para al menos 40,000 trabajadores, tantos como podían trabajar en la fábrica» El ejército de obreros polacos fue descomunal, llegaron a trabajar procedentes de todos los rincones de Polonia. Tadeusz Ptaszycki coordinó el equipo de arquitectos que realizó las construcciones más significativas. Las obras comenzaron el 23 de junio de 1949. La nueva ciudad tenía fábricas, grandes edificios, escuelas, colegios, universidades, parques, espacios de esparcimiento, supermercados, edificios de habitación de familias, parqueos, grandes avenidas, monumentos a la revolución comunista, plazas, es decir tenía de todo, bueno “casi” de todo, porque el pueblo, un pueblo de fe, identificaba que “algo” le hacía falta. El pueblo tenía de todo, pero ¿Y la Iglesia? Los ciudadanos de la “ciudad sin Dios”, comenzaron a hacer exigencias a las autoridades comunistas al respecto. ¿Dónde está ese lugar donde iremos a depositar nuestros sueños, angustias y agradecimientos ante algo que sobrepasa nuestras fuerzas? En 1960 comenzaron las manifestaciones, quienes demandaban la construcción de una iglesia para la ciudad; debido a la firme política del gobierno comunista, se entró en una situación tensa, tan tensa que hubo muertos y heridos. ¿Qué estaba ocurriendo?

Karol Wojtyla, obispo en este tiempo, mantuvo una larga correspondencia con las autoridades para obtener el permiso para levantar una iglesia. Una y otra vez la respuesta fue negativa, hasta que en 1958 el partido concedió, con reticencias, la licencia de obras.

Sin embargo, en 1962 el gobierno retiró definitivamente el permiso de construcción. Entonces comenzó el enfrentamiento directo entre el obispo y las autoridades comunistas. Wojtyla, tenaz y a la vez prudente, evitó choques sangrientos, pero mantuvo la protesta y la presión hasta que en 1967 las autoridades permitieron a los obreros erigir la nueva iglesia; eso sí, la tendrían que levantar con sus propias manos, ninguna facilidad les sería dada por parte de las autoridades, deberían esperar más bloqueos que ayudas. Se usó maquinaria muy rudimentaria, ya que ninguna empresa constructora pudo trabajar en el edificio. Durante los diez años que duraron las obras, cada domingo se celebraban diez o doce misas al aire libre, alrededor de la cruz.
En la Nochebuena de 1973, siendo arzobispo de Cracovia, y ante la intención del gobierno socialista de no dotar de espacio en el barrio para la construcción de un templo católico, Karol Wojtyla fue a Nowa Huta para celebrar la santa misa al aire libre. «La afluencia de gente fue tal que las autoridades civiles y militares no pudieron hacer otra cosa que desistir de su intento de impedir la celebración». Cuando en 1977, un año antes de ser elegido Papa, el cardenal Wojtyla consagró la iglesia de la Madre de Dios, dijo: «¡En Polonia no se puede luchar contra la religión en nombre de los trabajadores porque para el trabajador polaco, la religión es riqueza, luz, verdad y vida!».
2 Años después, en 1979, y ya como Papa, Juan Pablo II volvió a celebrar la eucaristía en el barrio de Nowa Huta en su primera visita a Polonia como Sumo Pontífice.

La historia de este pueblo polaco, la Iglesia y Arka Pana, es digna de ser recordada. Un pueblo y una fe perseguida por los comunistas que queriendo borrar todo vestigio de Dios, tal como hizo Saulo de Tarso, no pudieron en absoluto. La fe fue reafirmada. El templo de Arka Pana, es un recordatorio que Cristo vence todo tipo de obstáculos.

Roberto Campos, octubre de 2019

Magisterio de la Iglesia

Hoy día, cualquiera persona cree poder interpretar las Escrituras. Dicen “Me encierro en el cuarto, leo un pasaje y le pido a Dios que me ilumine”. Las personas que se expresan de tal manera, lo hacen muy en serio y por eso ¡¡¡lo hacen!!!, porque así dice la Escritura que ellos mal interpretan: Mt 6, 6 “Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” por tanto, va, se encierra, hace una oración y pide discernimiento, luego, abre su biblia, lee la palabra y “lo primero que se le ocurra” ya cree que es Dios quien se lo ha revelado. Según esa persona, ya Dios lo ilumina y se cree que ya comprende perfectamente el mensaje de las Escrituras. Esto sucede con los aprendices de pastor,  pero con los pastorcitos, es un proceso de un curso de tres meses, y ya se creen que conocen las Escrituras.

Han leído Mt 6, 6 pero no han leído la segunda carta de Pedro, la cual es muy clara con este tipo de presunciones de creerse inspirado

2 Pe 1, 20

Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura.

Interpretar las Escrituras no es tan simple y sencillo. El apóstol San Pedro, nos sigue diciendo

2 Pe 3, 16

… como les ha escrito nuestro hermano Pablo, conforme a la sabiduría que le ha sido dada, y lo repite en todas las cartas donde trata este tema. En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente –como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura– para su propia perdición.

Es claro que esto se aplica a las sectas protestantes, pues toman la biblia y la interpretan erróneamente desfigurando a Cristo y su mensaje. Por eso entre ellas no creen lo mismo. Los pentecostales creen una cosa y los testigos de Jehová otra, y otra cosa los mormones y otra cosa los bautistas. San Pablo se sorprende con qué facilidad reniegan del verdadero mensaje.

Gal 1, 6 – 7

Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio. No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo.

Es que se van de la Iglesia porque o entendieron mal las Escrituras o fueron engañados por los que tergiversan el mensaje de Cristo.

Los católicos reconocemos que efectivamente, no cualquiera puede discernir correctamente los pasajes bíblicos. Por eso, dice el Concilio Vaticano II

“La función de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o tradicional, solo ha sido confiada al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre vivo de Jesucristo. Este magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio”

Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, Dei Verbum # 10

Los católicos creemos esto porque Jesucristo dijo a Pedro:

Mt 28, 19 – 20

“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Cristo le hizo esta promesa a sus apóstoles y, por la sucesión apostólica, esa promesa sigue vigente. Él está con la Iglesia, con los apóstoles y les inspira en la perfecta interpretación de las Escrituras. Si esto no fuera así, entonces Cristo fuera un mentiroso, lejos de nosotros tal blasfemia. El asiste a su Iglesia, asiste a los obispos y asiste a Pedro porque Cristo ora por Pedro para que no caiga en su fe.

Es importante además, saber que no se trata de que no podamos interpretar las Escrituras cotidianamente. Bien podemos leer un pequeño pasaje bíblico en una reunión del grupo juvenil o en una pequeña comunidad, donde nos reunimos como Iglesia viva, y compartir y reflexionar. No se trata de esto, sino de interpretar las Escrituras para sentar doctrina universal, que atañe a toda la Iglesia universal.

Nosotros los laicos podemos reflexionar la palabra sin problema, pero la doctrina, sólo le corresponde al magisterio de la Iglesia.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo