San Ambrosio de Milán

Ambrosio nació en el año 340 después de Cristo y falleció en el año 397. Obispo, teólogo, gran orador, es uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia occidental y al mismo tiempo uno de los 36 doctores de la Iglesia. San Ambrosio es parte del extracto de la crema y nata de los cristianos. Es parte de “lo mejor de lo mejor”. Proclamado Doctor de la Iglesia en el año 1295.

Ambrosio ejemplifica el renacimiento de una Iglesia que desde sus inicios había sido perseguida, que nació y se desarrolló en la oscuridad, en las sombras de las catacumbas y que siempre llevó la marca de la persecución por los paganos y los emperadores, pero ahora, sale a la superficie, a la libertad y a la vida de la sociedad a la que aún hoy está ligada. El Obispo Ambrosio es el símbolo de una Iglesia que resurge fuerte, audaz, libre, con poder venido desde lo alto a gobernar a los hombres.

Ambrosio era parte de una familia noble, su padre era “prefecto” que es una especie de autoridad administrativa del gobierno, que rige y gobierna en espacio territorial que le es asignado, es como un “gobernador”, parte del gobierno central en un lugar donde hay autoridades locales. Estudió letras y jurisprudencia en Roma. En el 372, Ambrosio fue delegado a Milán, que por aquel entonces era residencia imperial de Roma. En la diócesis de Milán, como en muchos otros lugares, los cristianos estaban divididos entre católicos y arrianos. Los arrianos fueron, en este tiempo, la herejía más problemática, esta doctrina niega la consubstanciación del Padre y del Hijo, Arrio, su fundador, sostenía que la divinidad de Dios Padre era superior a la de Dios Hijo. Ambrosio sería parte de la férrea defensa de la fe católica, una defensa que vencería años después pero con otro santo y doctor de la Iglesia, San Agustín de Hipona. Podemos ver entonces que la Iglesia católica, desde tiempos primitivos, viene luchando por conservar la Divinidad de Jesucristo. Los santos padres han luchado contra las herejías, tanto como hoy, luchamos contra los protestantes.

En Milán había muerto el obispo y se disponían a hacer la elección del nuevo obispo. Es necesario recordar que en estos tiempos tempranos de la fe, la elección del Obispo de una diócesis recaía en una elección libre, entre los que profesaban la fe católica, clero y fieles. Pues bien, estaban dispuestos a la elección, el clero deliberaba y los fieles debían aprobar, pero si el clero elegían a uno que no era del agrado de los fieles, había posibilidad de desórdenes por parte de los fieles, por lo cual, Ambrosio, como responsable y delegado del Estado, fue personalmente a dicha elección, para evitar estos desórdenes en el territorio que le había sido confiado como parte del Estado. Ambrosio era muy respetado y admirado por todo el pueblo cristiano, porque aparte de su sabiduría y su personalidad bondadosa, había abrazado el catolicismo y, de hecho, se estaba preparando para recibir el bautismo. Ambrosio, como representante del Estado, tomó la palabra. Estaba hablando cuando un niño, entre la multitud, gritó “Ambrosius episcopus”. La gente quedó prisionera de aquel grito y se sumó a él y después se sumó el clero. Ahora sabemos que era el Espíritu Santo, disfrazado de un niño cualquiera, quien pidió a Ambrosio para Obispo de Milán. Todos eran unánimes en la elección, solo había una persona que se oponía, protestaba y no estaba de acuerdo con ella, era el mismo Ambrosio, quien no quería aceptar, y tenía la excusa perfecta, ni siquiera tenía el bautismo. Le faltaban todos los sacramentos y luego debía ser ordenado diácono y luego sacerdote, para estar listo para recibir el orden episcopal. Vemos entonces que fue un caso inusual y extraordinario a la vez, pero cuando el Espíritu lo ha decidido, no hay negación humana que prevalezca, por tan lógica y acertada que parezca. Ambrosio se autoevaluó y sabía que no era conveniente que él fuera el obispo, y nosotros, compartimos la opinión de Ambrosio, puesto que ni siquiera era bautizado, aunque sí, estaba en camino de serlo. La elección fue absurda, humanamente hablando, pero acertada de acuerdo al Espíritu Santo. Es que la lógica humana, es despreciable ante la sabiduría de Dios. Los caminos de Dios tienen sus atajos, totalmente desconocidos para los mortales. Al final, en el plazo de una semana, recibió el bautismo, la confirmación, el diaconado y el sacerdocio, estando listo para recibir la investidura de obispo.

Como podemos intuir, el Espíritu Santo no se equivocó. Muy pronto, Ambrosio demostró estar a la altura de la dignidad del cargo. Estudió biblia, compuso himnos solemnes que aun hoy se usan en la Iglesia, introdujo normas litúrgicas a la Iglesia, que se conoce como “liturgia ambrosiana” las cuales aún se mantienen, conservó correspondencia con Atanasio y con Orígenes.

Ambrosio utilizó su influencia para ir quitando poder a los arrianos, ya que estaban enquistados en los puestos de poder del Estado. Con argumentos políticos y teológicos, fue desplazando a los arrianos. Logró movilizar grandes masas de fieles para marchar contra los arrianos. Logró que el Estado dejara de dar ayudas económicas a los templos paganos, desterrando definitivamente, en muchas confrontaciones, a los paganos de la vida política romana. Así defendía la fe el Obispo Ambrosio.

Fue el obispo que pudo alcanzar que se reconociera el poder de la Iglesia, por encima del Estado, puesto que el Estado y el emperador, gobiernan sobre los mortales, pero Jesucristo, por medio de la Iglesia gobierna sobre todas las cosas, objetos y poderes creados, incluyendo el Estado.

Para que Ambrosio pudiera conseguir todo esto, debió dar duras batallas y con su sabiduría, su retórica, su oratoria y sobretodo la ayuda del Espíritu Santo, fue ganando espacios, pero no todo fue sencillo.

Cuando el emperador Graciano, quien era cristiano, fue asesinado, lo sucedió su hijo Valentiniano II, pero era apenas un niño, por lo cual el poder real estaba en manos de su madre Justina, quien era arriana y por tanto, enemiga de Ambrosio. Esto hizo que la lucha entre paganos, herejes, arrianos y católicos fuera más acentuada. Por esta misma razón, que el emperador era un niño, en el año 384, el partido de los pagano aprovechó esta circunstancia para introducir la “Estatua de la Victoria” al senado, (de esta manera, las diferentes religiones existentes, estaban presentes en el Senado, por medio de una estatua) pero esto provocó la ira de Ambrosio, quien luchó contra esto, finalmente Ambrosio hizo declarar a Valentiniano II que los emperadores tenían que someterse a las órdenes de Dios, al igual que los ciudadanos tenían que obedecer las órdenes del emperador como soldados.

Te dejo un enlace con unas escenas de la película de San Agustín de Hipona, donde se ve a San Ambrosio, reprochado por Justina y Agustín.

https://www.facebook.com/Catolico.por.conviccion/videos/1082215085599556

Teodosio, último emperador romano, antes de su separación, cometió una masacre en tesalónica, por lo cual Ambrosio lo excomulgó, con esto se demuestra el poder que había adquirido Ambrosio, ya que en la antigüedad se consideraba al emperador como la máxima autoridad sobre la tierra, casi parecido a los faraones egipcios. Teodosio se tuvo que reconciliar por medio del sacramento de la confesión y debió mostrar públicamente su arrepentimiento público. Así se demostró el poder de Ambrosio y la Iglesia sobre los emperadores y el Estado.

Cierto día llegó al imperio romano, específicamente a Milán, un joven lleno de enormes cualidades, docto, sabio, orador excepcional, que convencía a los demás de lo que fuera, sabía transformar con sus palabras, la mentira en verdad. No creía en Jesucristo, sino en su propia vanidad, su orgullo y su sabiduría humana. Este joven orador llegó a Milán y retó a Ambrosio, ya que este joven era el orador designado por el imperio romano en Milán. Este joven sin embargo, era de la secta de los maniqueos (cuyo fundador era Mani y sostenía, entre muchas otras cosas, que somos malos por naturaleza y que eso no debe hacernos sentir mal. Hacemos la maldad y eso, no es culpa de nadie). Este joven se llamaba Aurelius Agustinus, originario de Tagaste, África.

Ambrosio y Agustín se enfrascaron en debates impresionantes. Hasta la Iglesia llegaba Agustín a refutar las ideas y la fe de Ambrosio, aunque se quedaba fuera y desde fuera refutaba. Ambrosio no se amilanaba y con la sabiduría del Espíritu seguía debatiendo contra estos dones extraordinarios de este joven insolente. Al final de este duro combate de fe, con batallas intelectuales, Agustín cayó vencido. Se convirtió, se bautizó y llegó a ser Obispo Católico y entonces, al igual que Ambrosio, también combatió a los arrianos. Con el tiempo llegó a ser una lumbrera en nuestra Iglesia y ahora le conocemos como San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia.

Actualmente es muy conocida en Milán, Italia, la basílica de San Ambrosio, la cual fue consagrada en el año 387 por el mismo Ambrosio, en el siglo XI fue reconstruida, es visitada a diario por cientos de turistas que desean pisar la tierra de San Ambrosio. En la cripta de la basílica se exponen sus restos mortales junto con los de dos santos más, San Gervasio y San Protasio vestidos con sus mejores galas.

En este 07 de diciembre, recordemos a San Ambrosio, que defendió la fe de paganos y herejes. Mil años antes que los protestantes nacieran, ya la Iglesia católica por medio de sus mejores hijos, defendía la divinidad de Jesucristo. Viva la Iglesia católica porque…

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, diciembre de 2019

Debate : Palabra «Católica»

Roberto Cruz

Y si jesus dijo bayan y agan disipulos atoda criatura por todo el mundo no esta hablando de la religion catolica esta hablando de la iglesia primitiva LA IGLESIA PRIMIYIBA ES UN MISTERIO, EL QUE USTEDES LO USURPEN COMO ROMANOS ES OTRO CUENTO

PUES SOSTIENEN QUE TIENEN SICESION APOSTOLICA OK DIME CUANTOS APOSTOLES TENIA CRISTO NO ERAN 12

AHORA DIME TIENEN LAS SUSESIONES DE LOS 12 AVER

Roberto Cruz

El que diga que significa no combense a nadie mejor explica en esto roberto campos

El por que no dise catolica en mateo 16.18

Dise pedro no catolica y esos textos dan siempre al confrontarlos si me llamo roberto campos debo de tener un documento legal que diga mi nombre yo no asptaria ningun significado que me digan ok kedo claro esto

  • Me gusta

Roberto Cruz

si no existe esa palabra por que tanto chonchuyo de que catolica aqui q catolica aya etc tambien ye explique mi argumento el que diga bayan y agan disipulos etc no te da credibilidad de que se refiere atu religion, tanto es asi que maria y jose eran judios en pentecostes resibieron el santo espiritu acaso catolicos pues no, no y no, no existain ustedes como catolicos y lo sabes muy bien

Roberto Cruz

No digas que denominaciio no.existia, dime de cual era pablo, dime de.cual era jose y maria ahhhhy los saduseos , que eran ?

No mientas amigo todo se te descubre ya no hay nada que enseñar de nuebo

——–

Roberto Cruz

Tu pregunta ”Por que disen que jesus fundo la religion q es católica”

Roberto Cruz

quien te saca de ahi adonde dise católica

Roberto Cruz

en pentecostes nase la iglesia y se cinfirma en mt 16.18 PERO COMO TE AGO ENTENDER QUE USTEDES NO EXISTIAN!!!!!!¡¡¡¡¡¡¡¡ PUES NO ES OBLIGACION ENTIENDAS

——-

Roberto Cruz

en pentecostes nase la iglesia…

——-

Roberto Cruz

USTEDES COMO ROMANOS NO EXISTIAN….

SABIAS QUE LOS CROSTIANOS SOLO GARAGES TENIAN PARA REUMIRSE.

LOS QUE TENIAN GRANDES PIRAMIDES ERAN LOS ROMANOS DE AHI BIENEN LOS CATOLICOS DESDE AHI ES SU INICIO DE PARTIDA, LA VERDADERA IGLESIA EA UN MISTERIO NO REVELADO ENTIENDES POR ESO TODO MUNDO TIENE PLEITOS

Roberto Cruz

ABER EXPLICAME ESTO SI EL PAPA ES SUSESOR DE PEDRO , DIME NO LO ES POR DOS RAZONES.

1…las verdaderas susesiones eredaban lo que el otro le dejaba y con creses esta el ejemplo de eliaz y eliseo fue real susesion le.paso al.otro todo lo q Dios le abia dado

Ahora dime que es lo que tiene el papa de pedro🙄🙄🙄🙄🙄 nada ni la mosca

El lo que tiene es susesion de consrantino de ahi biene eso y mira que duro es apoc 17.13

Dise estos tienen un solo proposito entregarle su poder ala vestia….(el poder mundial del papa ea grande pero es politico NO CRISTIANO.

La doctrina de la confesión

Mt 28, 20 “Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado”, nos dice el Maestro y esto es lo que hace la Iglesia, “guardar, enseñar y defender lo que el Maestro enseñó.

El sacramento del perdón de los pecados es una actividad litúrgica que la Iglesia realiza desde hace XXI siglos. Totalmente documentada en la Biblia, instituida por nuestro Señor Jesucristo, quien dejó este sacramento para la salvación de las almas.

“Es llamado sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una «confesión», reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.

Se le llama sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente «el perdón y la paz»  Catecismo de la Iglesia Católica, CIC[1] # 1424

Los cristianos pedimos a diario que Dios perdone nuestras faltas, cuando decimos en el padre nuestro “Y perdona nuestras ofensas” puesto que esto fue lo que el Señor mismo nos enseñó al orar: «Perdona nuestras ofensas» (Lc 11,4)

Pedir perdón es propio del que se siente una nada ante el Dios todopoderoso que nos ama.

El perdón de los pecados en el antiguo testamento

Ya desde el antiguo testamento, se prefiguraba el sacramento de la penitencia. Reconocemos que todos los humanos estamos manchados por nuestras iniquidades, este es una realidad innegable

Rom 3, 23 “Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”

Solo el que se sienta limpio, puede decidir no acceder a que sus pecados le sean perdonados, pero “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” 1 Jn 1, 8

El apóstol Juan dice claramente que el que lo niega, no posee la verdad. Somos pecadores desde el vientre de nuestra madre. Esto es por el pecado original de nuestros padres Adán y Eva.

Sal 51, 7 “Yo soy culpable desde que nací” El Señor sabe de nuestra condición humana, frágil y pecadora, es por eso, que nos dejará una forma de limpiar nuestras faltas. Desde antiguo se tenía esta costumbre, de expiar los pecados, era una especie de “confesión” pero a la forma del antiguo testamento.

Lv 5, 5 – 8 “Si alguien se hace culpable por alguno de estos motivos, deberá confesar aquello en que ha pecado. Además presentará al Señor, en reparación por el pecado que cometió, una hembra del ganado menor –cordera o cabra– como sacrificio por el pecado; y el sacerdote practicará en favor de esa persona el rito de expiación por su pecado…. Los llevará al sacerdote, que ofrecerá en primer lugar la víctima destinada al sacrificio por el pecado”

El libro del Levítico deja claro que cuando una persona cometía un pecado, debía realizar una acción en compensación, para que el pecado le fuera borrado. En este caso, “confesaba” el pecado, debemos entender entonces, que expresaba con palabras sonoras su pecado, no de manera secreta, en voz baja, ni a solas en su cuarto o tienda de campaña, puesto que llevaba una “ofrenda” al sacerdote, que era un animal para ser sacrificado, pero el penitente no realizaba la acción, sino solo la confesaba y llevaba la ofrenda, había un grupo de hombres encargados de realizar, de hacer efectivo el sacrificio, de presentar la ofrenda a Dios y este grupo era el de los sacerdotes de Levi, había muchos hombres pero solo este grupo, era el encargado de hacer estos ritos. Vemos de cómo en la expiación de pecados en el antiguo testamento participan tres personas, el penitente que pide el perdón, Dios que da el perdón, y el sacerdote que actúa en favor del penitente y luego, en nombre de Dios.

Lv 16, 21 “Aarón impondrá sus dos manos sobre la cabeza del animal y confesará sobre él todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas, cualesquiera sean los pecados que hayan cometido, cargándolas sobre la cabeza del chivo”

Aquí podemos ver otro elemento importante, “la imposición de manos”, pero esto se perfeccionaría cuando Cristo viene al mundo.

Num 5, 7 “Ellos confesarán el pecado que han cometido”

Prov 28, 16 “El que encubre sus delitos no prosperará, pero el que los confiesa y abandona, obtendrá misericordia”

La Escritura siempre nos insiste en “confesar”, o sea expresar, exclamar a viva voz, los pecados, no quedarse con ellos. Es claro entonces que desde antiguo, el ser humano que comete pecado, debe reconciliarse con Dios y también es claro que los sacerdotes del antiguo testamento, jugaban un papel importante en esta relación de “expresión / perdón” de los pecados.

El perdón de los pecados en el nuevo testamento

Al sacramento de la confesión, también le llamamos “sacramento de la reconciliación”, porque “reconcilia” a dos personas, al humano pecador con Dios, pues su amistad se había roto debido al pecado del primero.

 2 Cor 5,18 “Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación”

2 Cor 5, 20 “«El apóstol es enviado «en nombre de Cristo», y «es Dios mismo» quien, a través de él, exhorta y suplica: «Dejaos reconciliar con Dios»»[2]

Esta práctica se mantuvo por siglos para el pueblo de Israel. Pero Cristo vendría a darle el nuevo sentido. En Mc 1, 5, vemos que se mantiene la costumbre de pedir perdón por los pecados, pero ahora lo hacía Juan bautista Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.”

Podemos concluir entonces, que confesar los pecados no es algo “inventado” por la Iglesia, es algo ancestral que solo ha ido modificándose de acuerdo a los designios de Dios.

Por supuesto que hay personajes (los protestantes de la fe) que juzgan y critican esta forma de perdonar los pecados. Estos que critican y que niegan que esto sea palabra de Dios, son los mismos que cuestionaron a Cristo su proceder.

Lc 7, 48 – 49

“Después (Jesús) dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?»”

Lc 5, 21

“Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: «¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»” Son “fariseos” los que no lo aceptan, son anticristos, disfrazados de cristianos, son lobos disfrazados de ovejas, son hipócritas disfrazados de ángeles de luz que tuercen las Escrituras para su propia condenación.

El apóstol San Juan nos dice que 1 Jn 1, 9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, pero a este punto cualquiera podría decir que hay que confesar los pecados de manera general, en un cuarto, a solas con Dios, en la intimidad de la oración. Esto fuera cierto, si es que Cristo no hubiese dado un mandato a un cierto grupo de hombres en un momento y lugar específico.

Jn 20, 21 – 23 “Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan»” Solo esta cita, debiera ser suficiente para que los que protestan aceptaran la palabra del Señor. Antes, el grupo de hombres que realizaba la acción eran los sacerdotes de la tribu de Leví, pero hoy, Cristo da esa tarea a otro grupo de hombres, sus apóstoles.

¿Qué más claro que estas palabras del Maestro?

Yo los envío a ustedes (a los discípulos). Reciban (los discípulos) el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a quienes ustedes (los discípulos) se los perdonen y serán retenidos a quienes ustedes (los discípulos) se los retengan.

Lo cual concuerda exactamente con aquello que dijo a Pedro en Mt 16, 19 “Lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos”

Precisamente por esto, el apóstol Santiago dice en su carta Stgo 5, 16 “Confesaos vuestras ofensas, unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” y los cristianos de los primeros siglos obedecían a Santiago puesto que, dice San Pablo en Gal 2, 9 Santiago era “considerado como columna de la Iglesia”.

Los primeros cristianos obedecían el mandato, veamos Hch 19, 18 “Y muchos de los creyentes, o fieles, venían a confesar y a declarar todo lo malo que habían hecho.”

Los que se resisten a rechazar las enseñanzas de Cristo pueden argumentar que Santiago dice Confesaos unos a otros”, es decir, que el pecador es cualquiera y el confesor cualquiera, porque son incapaces de comprender que Cristo ya fue muy claro en Jn 20, 21 – 23 este mandato fue solo para los apóstoles, ellos son los encargados de perdonar los pecados.

Pero aún así, si fuera así como dicen los protestantes, entonces debieran ellos ir con sus pecados y confesarlos públicamente en sus templos.

“Confieso a la comunidad, para que todos lo sepan, que la semana pasada me acosté con la hermana Ercilia, que no es mi esposa”

“Confieso ante todos ustedes que el mes pasado tomé $ 100  del diezmo que ustedes dieron”

“Confieso que ayer, le dije una mentira al hermano Alberto y la mentira fue…”

Pero no hacen ni lo uno ni lo otro. Ellos se van  a lo más fácil y conveniente, dicen “confesar” sus pecados a solas con Dios.

En definitiva, El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada «del hijo pródigo», cuyo centro es «el Padre misericordioso» (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza[3]

Los detractores, los que se niegan a creer dicen que “ningún hombre puede perdonar pecados”. Los católicos sabemos que solo Dios perdona los pecados, solo Dios y aquellos a quienes Dios dio ese poder.

“Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: «El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra» (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: «Tus pecados están perdonados» (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina,  Jesús confiere este poder a los hombres (cf Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre”[4]

El sacramento, a lo largo de los siglos ha ido tomando formas más convenientes para los penitentes, formas que ha ido aprobando la institución que tiene autoridad para ello, la Iglesia.

“Durante el siglo VII, los misioneros irlandeses, inspirados en la tradición monástica de Oriente, trajeron a Europa continental la práctica «privada» de la Penitencia, que no exigía la realización pública y prolongada de obras de penitencia antes de recibir la reconciliación con la Iglesia. El sacramento se realiza desde entonces  de una manera más secreta entre el penitente y el sacerdote”[5]

Para finalizar, es importante señalar que la confesión de los pecados “no remedia” el pecado, sino que “lo perdona”. Hace algunos años un cantautor latinoamericano compuso una canción que en su texto dice “rezando dos padres nuestros el asesino no revive a su muerto”, siendo esto una verdadera ignorancia del sacramento. El pecado hecho está, el penitente se acerca para que Dios le perdone el hecho consumado, cometido por su terquedad y por su necedad de apartarse de Dios por eso nos dice el catecismo de la Iglesia: “La absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó (cf Cc. de Trento: DS 1712)” CIC # 1459

Y recuerda que para que la confesión cumpla su propósito de “perdón de los pecados”, debe poseer estas características.

  1. Examen de conciencia
  2. Arrepentimiento verdadero
  3. Propósito de enmienda

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo


[1] Catecismo de la Iglesia católica

[2] CIC # 1442

[3] CIC # 1439

[4] CIC # 1441

[5] CIC # 1447

La asunción de la Virgen María

El papel de la Virgen María en la historia cristiana es único así como el de su Hijo Jesús, porque profetas, hubieron muchos profetas, reyes, hubieron varios reyes, jueces, sacerdotes, los hubieron muchos, pero ”Salvadores” solo uno, y Madre del Salvador, solo una. Por eso, NADA de lo que sucedió con ella, es normal, natural a los ojos de la ciencia y las leyes de la física. La grandeza de su figura y las grandes maravillas que el Poderoso hizo por ella no pueden pasar inadvertidas para las nuevas generaciones.

Lc 1, 28 – 30. 35 “El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios”

La “llena de gracia”, la que “Dios favoreció”, la mujer a cuya humanidad “el Espíritu Santo descendió sobre ella y el poder del Altísimo le cubrió con su sombra”

María es la totalmente llena de la gracia de Dios. María es la favorecida por excelencia, y miles de años antes que nosotros, el que escribe y el que lee, tuviéramos soplo de vida, ya la Virgen María era cubierta desde lo alto por el inigualable poder del Espíritu Santo.

La Iglesia de Jesucristo inspirada por el Paráclito, analiza las Escrituras y autorizada por el poder que se le ha conferido cuando Cristo le dice a Pedro: Mt 16, 19 “Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” define lo que los creyentes, por su mínima preparación, no pueden dilucidar ni descubrir.

2 Re 2, 11 “Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro y Elías subió al cielo en el torbellino”

Si Jesús en su infinita misericordia y viendo lo bien que le había servido el profeta Elías se lo llevó en cuerpo y alma al cielo… ¿Cómo habría de hacer menos por su propia Madre? ¿No fue acaso el vientre de María el que llevó por nueve meses al Dios que se hizo hombre? ¿No fue la sangre de María la que circuló por las venas de Cristo?

Por eso, con total autoridad, discernimiento y fidelidad al evangelio, la Iglesia manifiesta:

“El nudo de la desobediencia de Eva, fue desatado por la obediencia de María, lo que ató, la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe, y comparándola con Eva, llaman a María “Madre de los vivientes” y afirman con mayor frecuencia “La muerte vino por Eva, por María la vida”

Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium # 56

“Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el cusro de su vida, en alma y cuerpo, fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo para que se asemejara más plenamente a su Hijo Señor de los que dominan y vencedor del pecado y de la muerte”

Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium # 59

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, agosto de 2021

La doctrina del purgatorio

Los católicos escuchamos muy frecuentemente que los hermanos protestantes dicen “Ustedes están engañados” “Ustedes están en la mentira” y como ejemplo nos citan que “Eso del purgatorio no existe, eso no está en la biblia”. Los católicos desinformados se creen las patrañas de estos personajes y muchas veces terminan en su secta porque se sienten que han sido engañados.

Vamos a dar las bases bíblicas de cómo interpreta la Iglesia las Sagradas Escrituras y por qué dice que hay un lugar que no es ni el cielo ni el infierno, al que llama “Purgatorio”

Antes de empezar, es necesario aclarar que lo se va a explicar es “la doctrina” del purgatorio.

La palabra “purgatorio” no se encuentra como tal en las Sagradas Escrituras. Es una palabra del latín «purgatorium», el idioma oficial de la Iglesia es el latín, lo ha sido por siglos, «Purgatorium» significa limpio o que limpia que lo hace puro, sin mancha, de aquí que sea la palabra elegida por la Iglesia para dársela a ese lugar donde vamos a purificarnos de las faltas cometidas.

Entrado en el tema, podemos decir que existe una pena eterna por haber rechazado al Dios de la vida, esta pena eterna nos lleva al infierno, pero también existe “La pena temporal”, el cual nos lleva a un estado que la Iglesia le ha dado ese nombre “purgatorio”, como al edificio se le llama “templo” o “Ermita” o “Sinagoga” o, en el antiguo testamente a las dos tórtolas o dos pichones les llaman “ofrenda”.

La doctrina del purgatorio humanamente explicada, se basa en lo siguiente.

Todo delito merece una sanción, pero dependiendo de la gravedad del delito así es de grave la sanción. Si una persona roba una gallina tiene una sentencia, y si una persona asesina a otra, también tiene su sentencia. Ambas sanciones serán diferentes, porque ambos delitos son diferentes.

Por ejemplo a un asesino en serie le podrán dar cadena perpetua o incluso pena de muerte, pero a quien estafó a una persona, le podrán dar solo 5 años de cárcel. Claro, esto es muy lógico, asesinar a otro ser humano es de los más graves delitos, ya no digamos asesinar a más de una persona y ser un peligro para la sociedad, el otro en cambio, es un vividor, que dejó sin dinero a otra persona pero no atentó contra su vida.

Una vez hemos comprendido humanamente esta diferencia entre penas y sanciones, vamos al siguiente punto.

La doctrina del purgatorio bíblicamente explicada, se basa en lo siguiente

Mt 5

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo

Como puede observarse, la misma lógica que se explicó en un principio, Cristo la aplica para que sea comprensible. “No saldrás de allí, hasta que hayas pagado”, es decir que se puede salir de ahí, de ese lugar donde estás pagando una pena, una sanción porque sabemos que al cielo, no entra nada manchado, eso nos lo dice la Escritura, veamos un solo texto del apóstol San Juan

Ap 21

“Nada impuro podrá entrar en ella, ni tampoco entrarán los que haya practicado la abominación y el engaño” 

Aparte de enseñarnos que nada impuro entrará en la ciudad santa, nos manda a no engañar, pues ahí no entrarán los que engañan… que se cuiden los protestantes, pues son de esos que han tergiversado la fe, engañando incautos.

Pues bien, como nada impuro entra en el cielo, ¿Qué pasa con aquellas personas que han sido buenas pero el último día de su vida o la última semana cometieron un pecado, una blasfemia, un error y desgraciadamente en esos días murieron? ¿O que tres meses antes de su muerte no se confesaron? ¿Será que por esos pecados, aunque no hayan sido grandes blasfemias, se van al infierno? Si así fuera, estaríamos hablando de un Dios injusto, que solo ve uno, dos, tres, cinco, diez pecados y no le importa toda una vida de fidelidad. Estas almas, según la doctrina católica, se van a un lugar de purificación que se le llamamos “Purgatorio”, para diferenciarlo de los otros dos lugares bíblicos. El infierno donde entra lo malo y no sale y el cielo, donde entra el que es limpio y cumplió la voluntad del Padre. En el purgatorio entra el que a pesar de sus virtudes tiene algunos aspectos de su vida que no fueron del todo correctos, y por ellos no puede entrar al cielo pero no son tan graves como para mandarlo al infierno.

Otra cita bíblica

Hay que diferenciar entre pecados que pueden llevarnos al infierno y pecados que no necesariamente nos llevan al infierno, San Juan dice

1 Jn 5

El que ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará la Vida. Me refiero a los que cometen pecados que no conducen a la muerte, porque hay un pecado que lleva a la muerte; por este no les pido que oren.

En un primer momento, esta cita bíblica se contrapone a otra que dice San Pablo

Rom 6, 23

Porque el salario del pecado es la muerte

Pablo dice que “el pecado” en general lleva a la muerte, es decir, al infierno, pero Juan está diferenciando entre pecados que llevan a la muerte y pecados que no llevan a la muerte. ¿Las Escrituras se contradicen? Sencillamente No. Aquí en donde entra a discernir y explicarnos el magisterio de la Iglesia qué quiso decir uno y qué quiso decir otro.

Juan está diciendo que hay pecados que no nos llevan a la muerte, es decir, al infierno, o sea, hay pecados que aunque siempre son pecados, no son tan graves y por estos Juan está pidiendo oraciones, porque con estas oraciones, el pecador puede ser rescatado, por la misericordia de Dios. O sea que “Cumples la sentencia y sales”, lo que dijo Cristo en Mt 5

Mt 12

Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro.

Hay pecados que no tienen perdón ni en este mundo ni en el otro ahhhh pero esta misma cita también nos quiere decir que hay pecados que sí tienen perdón en este mundo y pecados que sí tienen perdón en el otro mundo. Pero sabemos que el que entra al infierno, ya está condenado y del infierno no sale nadie, si entró al cielo, no hay nada que perdonar pues al cielo no entra nada manchado, pero sucede que si se fue al otro mundo significa que murió, pero, nos indica implícitamente la cita bíblica, que fue a un lugar donde ese pecado le puede ser perdonado y puede salir de ese lugar.

Mt 27

Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.

Algunos habían muerto y SALIERON DE SUS TUMBAS es decir, que RESUCITARON

¿Estaban en el infierno? Pues no ¿Se puede salir acaso del infierno una vez hemos entrado? O ¿Vinieron del cielo donde ya estaban gozando de la presencia de Dios? ¿A qué vinieron? Como vemos, estas personas no estaban en el infierno ni en el cielo.

Por eso la Iglesia ora por los difuntos, esperando que salgan de ahí, por nuestras oraciones, nuestras ofrendas, nuestras Eucaristías, de ese lugar de purificación que le hemos dado el nombre de “purgatorio” (igual podríamos haberle dado otro nombre: Kretol, Pisua, Trenha, etc. Pero se le dio el nombre de “purgatorio”), por eso Juan pide “oraciones”. Aparte de lo que pide Juan, la base bíblica de orar por aquellos que están en un lugar que ni es el cielo, ni es el infierno, se basa en

1 Mac 12

Y después de haber recolectado entre sus hombres unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. El realizó este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la resurrección, porque si no hubiera esperado que los caídos en la batalla iban a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos. Además, él tenía presente la magnífica recompensa que está reservada a los que mueren piadosamente, y este es un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó ofrecer el sacrificio de expiación por los muertos, para que fueran librados de sus pecados.

Miremos lo que hacen. Hacen sacrificios para que los caídos en batalla a pesar de estar expiando sus culpas fueran “librados” de sus pecados.

La Iglesia lo ha definido así, y aunque no lo comprendas o no lo aceptes, debes recordar aquella frase del Maestro que da a los discípulos “Lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo”, es decir, que lo que hace y define la Iglesia, con sucesión apostólica desde Pedro y Pablo, está totalmente legitimado en el cielo, porque esa fue la promesa de Cristo.

¿Quieres más citas?

1 Co 3

La obra de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. Si la obra construida sobre el fundamento resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; si la obra es consumida, se perderá. Sin embargo, su autor se salvará, como quien se libra del fuego.

Miremos de cómo Pablo nos manda un mensaje de un lugar donde no es ni cielo, ni infierno, sino un lugar aparte donde seremos juzgados, ahí nos probarán y algunos saldrán bien librados por eso sus obras resistirán la prueba y “el que la hizo recibirá su recompensa”, ahhhh pero para otros es diferente, sus obras no resisten la prueba pero a pesar de eso, “se salvarán”.

La Iglesia interpreta que aquí se debaten los pecados temporales, la pena temporal, porque la pena definitiva, el infierno, de ese no hay remedio, Mt 25 “𝘝𝘢𝘺𝘢𝘯 𝘢𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘦𝘵𝘦𝘳𝘯𝘰” de ahí no se puede salir, por tanto de esta situación que menciona Pablo sí se puede salir. Pablo concuerda con Juan aunque éste diga “𝘦𝘭 𝘱𝘦𝘤𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘢 𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦”, o sea, esas imperfecciones de nosotros los mortales, pero por ser manchas no nos dejan entrar al cielo, pero debe ser correctamente interpretado por el magisterio.

1 Pe 3

Cristo murió una vez por nuestros pecados –siendo justo, padeció por la injusticia– para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu. Y entonces fue a hacer su anuncio a los espíritus que estaban prisioneros

Esto se refiere a Mt 27 que ya se ha citado. Pedro dice que Cristo fue a predicar a los espíritus que estaban prisioneros. ¿Prisioneros? ¿Prisioneros dónde? ¿En las tumbas? No, porque cuando fallecemos solo queda el cuerpo (2 Pe 1, “abandonaré el cuerpo”), ¿En el cielo? Ahí no se es prisionero, ese es el premio por haber creído y cumplido los preceptos de Dios. ¿En el infierno? La Palabra dice que una vez entras ahí, no puedes salir, si alguno sale, entonces la Palabra o estaría mintiendo o se contradeciría, por tanto, están prisioneros en algún lugar del cual sí pueden salir, llamémosle a este lugar Kretol, llamémosle Pisua, llamémosle Trenha, llamémosle Escatrol, que los protestantes le llamen como quieran, nosotros los católicos le llamamos “Purgatorio”

Esta es la base de la doctrina de ese lugar de purificación, al cual llamamos “Purgatorio”. Por eso los católicos le pedimos a la Virgen María, en la advocación de “Virgen del Carmen” que interceda ante su Hijo, para sacar a nuestros seres queridos de ese lugar y llevarlos a su presencia.

Si eres protestante y estás leyendo esto y estás de acuerdo, gracias a Dios, si no estás de acuerdo, si no lo aceptas, pues no estás obligado, pero no se trata de que solo digas “es mentira” “están engañados” “eso es falso”, sino que debes desestimar, refutar estas citas, demuestra, argumenta que estas citas se contradicen con otras que tú, supongo que nos puedes dar. Es decir, argumenta que estas citas no nos hablan de otro lugar que no es ni el cielo, ni el infierno.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo

El falso evangelio de la prosperidad

En los últimos años, se ha hecho muy común entre los pastores protestantes, el “Evangelio de la prosperidad”, claro, no todos los pastores protestantes lo predican, sino un grupo que ha visto en el evangelio, una forma de vida en la opulencia, en el glamour, en la abundancia. Según ellos, esta es la manera en pedir la bendición de Dios.

Cash Luna, el pastor guatemalteco de la iglesia “Casa de Dios”, predica que “a la iglesia hay que ir con dos cosas, Biblia y chequera, Biblia para entender lo que Dios nos dice y chequera para que le adores”. https://www.youtube.com/watch?v=tkh1FINQD80 Al parecer, Dios necesita de dinero metálico o papel moneda para ser adorado, según estos pastores protestantes, desgraciadamente mucha gente cae en su trampa y allá van a dejar lo poco que ganan, lo poco que tiene, porque según esa “teología” el Señor te dará el doble de lo que des, es decir, que lo consideras como una “inversión” de la cual obtendrás el 100%, esa es la fe de nuestra gente, la que es socavada por charlatanes.

Algunos pastores o pastoras, dicen que los billetes hablan, otros que debes adorar a Dios con billetes de a 100 dólares o con joyas, otros dicen que vendas tu vehículo para ofrendar, otros incluso, te dicen que a punta de chequera, te “meten al cielo” y otros hasta te dan un “diploma” para entrar al cielo, pero ese diploma lo debes obtener pagando con tu tarjeta de crédito cierta cantidad y como ya tienes el diploma, seguro San Pedro, te deja entrar. Increíble.

Los cristianos debemos estar atentos a estas falacias, a estas mentiras de los charlatanes que solo buscan su propio beneficio. Algunas personas dicen que dan sus recursos porque “tienen un testimonio”, es decir, que vivieron una experiencia hermosa, según ellos y por eso creen en esa iglesia.

El cristianismo no se trata de “sentir bonito”, sino de creer y aceptar el evangelio. Por eso las sectas se aprovechan de la gente porque les venden una noche de sentimentalismo barato y así caen en la trampa miles de personas. De esto ya nos había advertido el Maestro.

Lc 9, 33

Pedro dijo a Jesús: «¡Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». El no sabía lo que decía.

Jesús los baja a la realidad y les dice que deben trabajar, que no se trata de quedarse ahí. El evangelio no se trata de “sentir bonito”, qué trampa más agradable que el demonio ha puesto en nuestros hermanos y lo peor, es que se sienten a gusto. Los católicos debemos trabajar para al menos intentar sacarlos de esa trampa. No se trata de pelear, ni de criticarles, sino de cumplir la palabra de Dios.

Lv 19, 17

«No odies en tu corazón a tu hermano, PERO CORRIGE A TU PRÓJIMO, PARA QUE NO TE CARGUES CON PECADO por su causa»

Lc 17, 3

Cuidaos. SI TU HERMANO PECARE CONTRA TI, REPRÉNDELE; y si se arrepintiere, perdónale«

2 Tim 3, 16

Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia

Hay que reprender a nuestros hermanos, hay que predicarles que ese tal evangelio es falso, no es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, así NO es como el Señor nos bendice.

Pero veamos, ¿Cómo era el evangelio de los primero cristianos? Aquí reconoceremos la verdadera doctrina

Hch 21, 10 – 14

“Un Profeta de nombre Agabo, vino a vernos, tomó el cinturón de Pablo, se amarró pies y manos y dijo : “Esto dice el Espíritu Santo, así amarrarán los judíos al dueño de este cinturón y lo entregarán en manos de extranjeros. Al oir esto, nosotros y los de este lugar rogamos a Pablo que no subiera a Jersusalen. Entonces Pablo contestó ¿Por qué me destrozan el corazón con sus lágrimas? Yo estoy dispuesto por el nombre del Señor Jesús, no solo a ser encadenado, sino a morir en Jerusalen, como no lo convencieron dejaron de insistir y dijeron “hágase la voluntad del Señor”

2 Co 11, 23 – 27

Con frecuencia estuve al borde de la muerte, cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche en medio del mar. En mis innumerables viajes, pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas, peligros de parte de los extranjeros, peligros en la ciudad, peligros en lugares despoblados, peligros en el mar, peligros de parte de los falsos hermanos, cansancio y hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y desnudez.

Observamos que no es así como la Iglesia primitiva alaba a su Dios y como se siente bendecida por el Señor Jesucristo. Si vamos a los archivos históricos de los primeros cristianos, esos que fueron la primera generación después de los apóstoles, a quienes la Iglesia, la única que tiene dos mil años de existencia, nuestra Iglesia Católica llama “LOS PADRES APOSTÓLICOS”, encontraremos otra manera de pedir la “Bendición del Señor”.

La Iglesia de los padres apostólicos nos enseña otra cosa, totalmente diferente a la que hoy se predica, bueno, al menos la que los pastores protestantes predican y nuestros hermanos protestantes creen, no se trata de “siempre pedir”, sino de “siempre servir”. San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Ireneo de Lyon, Santo Tomás Moro. La Iglesia de los santos Padres vive tratando de DAR al Señor, no de pedir.

Estos hombres y mujeres que hoy veneramos con orgullo y con amor, cuyo amor por ellos es criticado, atacado y deformado por el odio anticatólico, por esos pastores protestantes que no tienen idea de lo que es un santo, nos enseñan lo que significa ser “bendecido” por Dios. Son seguidores de Cristo dispuestos a “Servir”. Miren su entrega a Cristo en sus siguientes expresiones, antes de entregar su vida en el martirio.

———-
“Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires Has cumplido tu promesa. Dios de la fidelidad y de la verdad, por esta gracia y por todo esto te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo sacerdote, Jesucristo tu Hijo amado, por El que está contigo y con el Espíritu te sea dada la gloria ahora y en los siglos venideros. Amén”

San Policarpo de Esmirna (a punto de ser martirizado)

———–
Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios”

“Dejadme ser triturado por los dientes de los leones, por ellos me será dada la presencia de Cristo”
“No me servirá de nada, los atractivos del mundo, ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mí, morir para unirme a Cristo Jesús, que reinar hasta los confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros. A El quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca”

San Ignacio de Antioquía (A punto de ser devorado por los leones)

«Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor» (carta).

Santo Tomás Moro, antes de su martirio, consolando a su hija

———-

Esta era la manera en que los Padres Apostólicos entendían la “bendición” del Señor. SERVIR, ENTREGARSE, DARSE, OFRECERSE a los demás, SERVIR de alimento de los leones, para dar testimonio del Evangelio, SERVIR era la manera de ser “bendecido”. No es que Dios te dé, lo que deseas, sino SERVIR.

SERVIR, NO RECIBIR NI PEDIR. Esto lo comprendió perfectamente San Francisco de Asís, cuando mil años después de estos primeros cristianos, retoma la bandera de la fe y recita al Amor de los amores, con esa hermosa oración

Hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, lleve yo amor. Donde haya injuria, siembre yo perdón. Donde haya duda, siembre yo fe. Que no busque ser amado, sino amar. Que no busque ser comprendido, sino comprender. Que no busque ser entendido sino entender. Porque dando, es como recibimos. Perdonando es que Tu nos perdonas. Y muriendo en Ti, es que volvemos a nacer.

————
Qué lejos están nuestros hermanos protestantes de la verdadera fe. Qué lejos estamos nosotros, los que poseemos la bendita verdad, cuando solo “pedimos, pedimos, pedimos y pedimos”.
No pidamos al Señor, porque Él sabe perfectamente nuestras necesidades y si pedimos, pidamos por los demás, no por nosotros.

El cristianismo, o mejor dicho, la predicación de la fe cristiana, de nuestro tiempo se ha deformado con el pasar de los años, de los siglos. Las Iglesias protestantes predican con insistencia este FALSO “Evangelio de la prosperidad”, el cual te insiste a tiempo y distiempo que, si te va bien, si prosperas, si lo tienes todo, si nada te falta, entonces estás en la Iglesia correcta y entonces, solo entonces, el Señor “te bendice” y claro, no olvidar dar el diezmo y la ofrenda respectiva.

Y muy probablemente, nosotros los católicos nos hemos dejado llevar en ese vaivén de teologías deformadas, falsas y tergiversadas a conveniencia, por mercaderes de la fe. Han insistido tanto en esto, que ellos mismos, los pastores protestantes se están dando cuenta de ello.
——-
Nuestro cristianismo, hermanos, es algo más que “Ser bendecido”.

Por eso la Iglesia católica guarda ese depósito de la fe con mucho celo y lo mantiene íntegro y así ha sido transmitido de generación en generación, al dar un salto descomunal desde el siglo I hasta el siglo XX, pasando por miles de mártires, siguen existiendo los mártires que SIRVEN a Cristo. Y muy orgullosamente, veamos lo que un mártir contemporáneo nuestro decía. SAN ROMERO DE AMÉRICA

————–
“Si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad… Me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible… mi disposición debe ser la de dar mi vida por Dios cualquiera sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y si es necesario lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero, más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para él… acepto con fe en él (Cristo), mi muerte, por más difícil que sea. Me basta, para estar feliz y confiado, saber con seguridad que en él está mi vida y mi muerte…

Febrero de 1980, cuaderno de ejercicios espirituales

 “Hermanos cristianos, el que piense que el cristianismo es una clave para no sufrir, está equivocado” 16 abril 1978

“Servir es sacrificarse” 02 abril 1978

Monseñor Oscar Arnulfo Romero

Y así, se demuestra otra vez, la falsedad de las sectas protestantes que solo han venido a deformar el verdadero evangelio de Cristo, y sus adeptos lamentablemente han quedado ciegos y no ven que les engañan y andan detrás de un falso evangelio, su entendimiento está totalmente anulado. Se cumplen las palabras de San Pablo

2 Co 4, 3

Si nuestro Evangelio todavía resulta impenetrable, lo es sólo para aquellos que se pierden, para los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les ha enceguecido el entendimiento, a fin de que no vean resplandecer el Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo.