P. Segundo Montes

16 de noviembre de 1989

El padre Segundo Montes nació en Valladolid, España, el 15 de mayo de 1933. Tocado por Jesucristo, en 1950, el padre Montes ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús de Orduña en España. Solo hizo el primer año, pues el segundo (1951) lo hizo ya en el noviciado de Santa Tecla. En 1952, terminado el noviciado y siguiendo los pasos de otros estudiantes jesuitas centroamericanos  fue enviado a Quito, Ecuador, para estudiar humanidades en la Universidad Católica. En 1954, comenzó los estudios de filosofía, licenciándose en 1957. Luego de esto, volvió a San Salvador para enseñar en el Colegio Externado durante tres años. En 1960 inició la teología. Comenzó en Oña, donde estuvo un año, los tres años restantes los hizo en Innsbruck (Austria). El 25 de julio de 1963 fue ordenado sacerdote ahí mismo. De regresó en San Salvador, fue enviado al Colegio Externado, donde hizo profesión solemne en la Compañía de Jesús, el 2 de febrero de 1968. Dos años más tarde, adoptó la nacionalidad salvadoreña, siendo uno de los primeros jesuitas en hacerlo. Después, estuvo dos años en Madrid, haciendo estudios de doctorado, en la Universidad Complutense, donde se graduó en 1978.

El trabajo del padre Montes

Dio clases de sociología en la UCA. A partir de 1980 fue jefe del Departamento de Sociología. Asimismo, fue jefe de redacción de ECA, entre 1978 y 1982. Durante muchos años fue responsable de la «Crónica del mes» de la revista. Fue miembro del consejo de redacción y colaborador del Boletín de Ciencias Económicas y Sociales y de la Revista Realidad Económico Social. 

Siempre atento a la justicia social que demanda el evangelio, en 1985 fundó el Instituto de Derechos Humanos (IDHUCA) y lo dirigió hasta su asesinato.

Pero como entendido en situaciones sociales y coyunturales, le dedicó tiempo al estudio de los problemas sociales del país que le tocó vivir. La guerra había desplazado a miles de personas, campesinos, desde sus lugares de origen y vivían penosas situaciones de sobrevivencia. En 1984, las dificultades, el desafío y el ejemplo de algunas dentro y fuera del país, por causa de la guerra, despertaron un interés particular en él. Desde entonces Segundo Montes fue el investigador y el analista más importante del fenómeno de los desplazados, los refugiados y también los emigrantes. ¿Acaso no pide esto el Maestro? “Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver” Mt 25

Visitó comunidades y refugios tanto en El Salvador como en Honduras. Durante las visitas, no se trataba solo de ir a verlos de cómo estaban, sino que aportaba lo que sabía. Asesoraba a los dirigentes sobre proyectos de desarrollo, para hacer más llevadera su penosa situación de refugiados. En Estados Unidos, su reputación como experto en la materia creció, el Congresista Joe Moakley se interesó mucho en su trabajo. Se esforzaba por entender mejor la realidad social salvadoreña, lo cual lo llevó a estudiar la estratificación social, el patrón de la tenencia de la tierra y los militares. Esta información le hacía comprender más y más el complejo problema social salvadoreño. Publicó el hallazgo de todos estos estudios. En 1988, Montes estimó que un millón de salvadoreños residía en Estados Unidos, quienes enviaban a El Salvador 1.3 mil millones de dólares anuales, equivalentes a la ayuda de Estados Unidos al país más el valor de todas sus exportaciones y a casi el doble del presupuesto nacional. Los campesinos maltratados habían cambiado las balas y las bombas de El Salvador por una vida en campamentos, que prometían poco. Sin embargo, en pocos años, estas comunidades experimentaron una transformación profunda. Dieron un salto cualitativo al pasar «del individualismo a la solidaridad comunitaria, del analfabetismo a niveles envidiables de educación, a la cría técnica de animales y al manejo de máquinas complicadas, la producción de arte y artesanías, a la capacitación médica, sanitaria, docente y de servicio».

Esto percibió el padre Montes después de la visita que hizo a Colomoncagua, Honduras, a comienzos de 1989. En estas comunidades, forjadas por las adversidades de la guerra, Montes encontró esperanza y solidaridad. Fue tanta su entrega por estas comunidades que una de ellas, adoptó su nombre, en un intento por perpetuar su memoria, después de su asesinato.

Con todo este trabajo de investigación, podría decirse que el padre Montes estaba saturado de trabajo y lo estaba, pero también tenía otro frente que atender. Desde principios de la década de los ochenta, Segundo Montes dedicó una parte de sus fines de semana a atender ministerialmente parroquias suburbanas sin sacerdote. Su ministerio sacerdotal iba de la mano con su trabajo social. Desde 1984 fue párroco la parroquia de Cristo Resucitado, en la colonia Quezaltepec, Santa Tecla. Compartía con su feligresía sus experiencias con los desplazados y los refugiados, así como sus viajes, entrevistas y conferencias. Era un cúmulo de datos andante. En una de sus últimas homilías, les relató con todo detalle el régimen comunitario establecido por los refugiados, en los campamentos de Honduras. En 1989, año de su asesinato, el templo parroquial estaba a medio construir. La colonia no tenía templo, pero él se empeñó en construir uno para lo cual contaba con la colaboración de la feligresía y con sus relaciones familiares e internacionales. En El Salvador, la gente da su dinero y si no lo tiene, da su tiempo para levantar la Iglesia.

Con tanto conocimiento, no era extraño que diera sus puntos de vista y sus sugerencias y recomendaciones para detener la espiral de desplazados, de violencia y de violaciones a los derechos humanos que se daba en El Salvador, esto lo colocó en el radar de los escuadrones de la muerte.  Preocupado por los campos pagados del ejército, aparecidos en la prensa nacional, donde lo atacaban junto con Ellacuría y Martín-Baró, Montes se puso en contacto con sus amigos en la Fuerza Armada. Un coronel lo invitó a casa y durante la cena le confirmó que en la Fuerza Armada había «fuertes intereses» en contra de los jesuitas de la UCA y le advirtió tener cuidado. Esa no era ninguna novedad, se sabía que estaban amenazados, pero no eran voces inconformes o esparcidas las que los amenazaban, sino que había un plan para eliminar a la dirección de la UCA. El padre Montes al reconocer que estas amenazas no eran ninguna broma, dijo «¿qué voy a hacer? Si me matan, me matan«.

Les acusaban de dirigir al FMLN, de servirle de fachada, etc. Aparte de ser compañero de comunidad del padre Ellacuría y Martín-Baró, también fue compañero acusado junto a ellos y sería por último, compañero de martirio.

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

P. Joaquín López López

16 de noviembre de 1989

El P. Joaquín López es el único salvadoreño de los seis jesuitas asesinados, nació en Chalchuapa, Santa Ana, el 16 de agosto de 1918. Ingresó a la Compañía de Jesús, en 1938. Fue enviado al noviciado de El Paso en Texas porque no había noviciado en Centroamérica. Estudió humanidades clásicas y filosofía. Obtuvo licenciatura en ambas especialidades, en 1943 y 1946, respectivamente. Entonces regresó a Centroamérica, al Colegio Externado San José, en San Salvador. En 1949 retornó a los estudios personales, esta vez para estudiar teología, en Saint Mary’s, en Kansas. Desde aquí fue enviado en 1951 al teologado de Oña (España), entre 1954 y 1955 estudió ascética en la Universidad de Comillas. Aquí se ordenó sacerdote en 1952 e hizo profesión solemne en la Compañía de Jesús en 1956.

De regreso en El Salvador, la vida apostólica de Joaquín López transcurrió entre el Colegio Externado y Fe y Alegría, su obra apostólica. Llegó al colegio por primera vez en 1947, donde fue profesor e inspector hasta 1949. Al terminar sus estudios en España, sus superiores lo destinaron al colegio de nuevo. Fue profesor, padre espiritual y responsable de la construcción de la capilla del colegio.

La UCA

En 1964, trabajó para conseguir que la Asamblea Legislativa aprobara una ley de universidades privadas que permitiera la fundación de lo que sería la UCA. Al momento, solo existía la universidad Nacional y la demanda de los jóvenes era muchísimo mayor. Una vez superado ese escoyo, el padre Joaquín López contribuyó a promover la nueva universidad que después llegaría a ser un referente de los estudios superiores.

También colaboró con la recolección de fondos entre las familias adineradas del país. Junto con los padres José María Gondra (el primer Tesorero de la UCA) y Florentino Idoate (su primer Rector), Joaquín López (su primer Secretario General) y algunas familias amigas consiguieron comprar la finca de café Palermo, al sur de San Salvador, donde hoy se encuentra el recinto universitario. Los largos años pasados en el Colegio Externado forjaron una buena amistad entre estos tres jesuitas, fundadores de la UCA. Joaquín López hizo gestiones hasta el último momento para conseguir los votos necesarios para que la ley fuera aprobada, lo cual no fue fácil, pero al final lo consiguió.

Fe y alegría

Pero más que la enseñanza, al padre Joaquín le desgarraba el corazón por ver tanta pobreza en un país centroamericano con mucha riqueza, pero mal distribuida. La formación profesional de las clases populares era lo que iba a promover. En 1969, con la ayuda de un grupo de señoras, Joaquín López consiguió un poco de dinero, que complementó con un préstamo bancario, y fundó Fe y Alegría. Abrió dos talleres de carpintería en el barrio Santa Anita, puso otro de corte y confección en La Chacra e inauguró tres escuelas primarias, una en la colonia Morazán, otra en Acajutla y la tercera en San Miguel. Fue director de la obra hasta su asesinato. Fe y Alegría administraba treinta centros educativos, en ocho departamentos, con 48 mil beneficiarios. La obra era mantenida con una rifa anual, donativos y préstamos, pero nunca los ingresos satisfacían los egresos de tanta obra de ayuda a los necesitados. Por eso, bajo su dirección, Fe y Alegría siempre estuvo endeudada, lo cual hubiera solucionado si hubiera cerrado algunos de los proyectos que tenía, pero esa, no era opción para el padre Joaquín, el pueblo lo necesitaba.

El padre Joaquín, en su último año de vida, padecía de un cáncer que le hizo sufrir mucho. Se sometió a dos intervenciones quirúrgicas. En los últimos meses, experimentó dolores muy fuertes. Sus asesinos le adelantaron varios meses una dolorosa muerte, porque visto con fe: “Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman” Rom 8, 28

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

P. Amando López

16 de noviembre de 1989

Nació en Cubo de Bureba (Burgos, España), el 6 de febrero de 1936. Sus primeros estudios los hizo ahí. El 7 de septiembre de 1952, entró en el noviciado de la Compañía de Jesús de Orduña, lo enviaron a hacer el segundo año al noviciado de Santa Tecla. En 1954, siguiendo el plan de formación establecido para los jesuitas de Centroamérica, sus superiores lo enviaron a Quito, donde estudió humanidades clásicas y filosofía, en la Universidad Católica. Obtuvo la licencia en filosofía en 1956, la de humanidades en 1957 y la de filosofía en 1959. Luego lo enviaron a la facultad de teología de Miltown, en Dublín, donde sacó la licencia en teología cuatro años más tarde. Ahí mismo fue ordenado sacerdote, el 29 de julio de 1965. El padre Amando, continuó su formación jesuita. Hizo estudios de doctorado en la Universidad Gregoriana, en Roma, entre 1967 y 1968. Sin embargo, el doctorado lo sacó en la Universidad de Estrasburgo (Francia), en 1970. Al final, fue enviado a Centroamérica, al Seminario San José de la Montaña, en San Salvador, donde fue profesor de teología. En sus clases de teología fundamental y dogma introdujo las nuevas ideas teológicas del Vaticano II, ya que la Iglesia lo exigía. No solo era un “maestro” sino también un “amigo”. Jugaba fútbol con ellos después del almuerzo. A finales de 1970, cuando los obispos no aceptaron a los dos candidatos para Rector del seminario, propuestos por los superiores de la Compañía de Jesús, éstos sugirieron, como última posibilidad, a Amando López, un doctor en teología recién llegado y sin antecedentes. Impresionados por sus credenciales académicas, los obispos lo aceptaron de inmediato. Tan poco tiempo y se vio Rector del seminario con tan sólo unos meses en San Salvador. Dirigió el seminario en los años más turbulentos de su historia, que culminaron, después de tantos problemas, con la salida de la Compañía de Jesús, en 1972. No se encontraba muy a gusto en San Salvador después de lo que había tenido que pasar y también porque se necesitaba un Rector, los superiores lo destinaron a dirigir el Colegio Centro América en Managua en 1975. Estando en Nicaragua, en 1979, después del triunfo de la revolución sandinista, fue nombrado Rector de la UCA de Managua, a cuya Junta de Directores pertenecía desde hacía varios años. A finales de 1984, volvió a San Salvador. Fue profesor de filosofía y teología y coordinador de la licenciatura en filosofía. Primero vivió en una de las comunidades de estudiantes jesuitas; pero, a finales de 1988, se trasladó a la residencia universitaria, que fue donde lo encontraron sus asesinos. Desde finales de 1988, los fines de semana, Amando López atendió sacerdotalmente a la comunidad de Tierra Virgen, ubicada en las afueras de Soyapango. En la Eucaristía daba mucha participación a la gente, permitiéndole que se expresara con libertad. Como buen conversador que era, disfrutaba dialogando con la comunidad.

La muerte tocó a su puerta repentinamente mientras el padre Amando dormía profundamente. La muerte, vestida de verde olivo le dijo que “era hora de partir” y lo haría de manera violenta.

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo

P. Juan Ramón Moreno

16 de noviembre de 1989

Juan Ramón nació en Villatuerta (Navarra, España) el 29 de agosto de 1933. En 1951 llegó a Santa Tecla para terminar el noviciado. Luego realizó estudios en Quito. Con todo esto, fue ordenado sacerdote en Saint Mary’s, Kansas, el 14 de junio de 1964, haciendo su profesión solemne en la Compañía de Jesús el 2 de febrero de 1968, esto ya en San Salvador. En la UCA, fue profesor entre 1971 y 1974. De las ciencias pasó a la tecnología de la computación. También enseñó historia, cívica, matemática, inglés, geografía y biología. Además de impartir este abanico de materias, acompañaba a seminaristas mayores y menores durante la semana santa, en los pueblos sin sacerdote, y en las misiones populares, organizadas por la arquidiócesis. También fungió, aunque por un tiempo corto, como Rector del colegio Externado san José de la capital salvadoreña y debido a la situación convulsiva en esos años de El Salvador, muchos padres de familia no estaban contentos con la formación social que ahí se daba. El padre Moreno sufrió mucho a causa de la presión de unos padres de familia agresivos con quienes tenía que reunirse continuamente. El padre Moreno les explicaba que la orientación que sus hijos estudiaban en sociología no era marxista, como ellos sospechaban, sino que, entre otras cosa, estudiaban la encíclica Populorum Progressio de Paulo VI, y que si éstos encontraban chocante la pobreza, no se debía a la mala influencia de los jesuitas, sino a que el hecho mismo era impactante. Esta explicación no fue suficiente, pues entonces, lo acusaron de encubrir «con las palabras del evangelio, la teología y la dulce figura de Cristo, la amarga píldora del comunismo». La acusación sobre la enseñanza del externado fue más allá. El padre Moreno tuvo que acudir, en representación del colegio, a la Fiscalía General de la República para responder a un interrogatorio sobre la ortodoxia de la docencia del colegio. Al final, el conflicto fue resuelto a alto nivel, en Casa Presidencial, y con la intervención del arzobispo de San Salvador.

Los domingos celebraba dos misas en la iglesia del Carmen de Santa Tecla, donde era conocido por la fuerza de su predicación. Sin embargo, ninguna de estas actividades le satisfacía del todo. La idea de ser párroco rural le atraía mucho. De hecho, pidió al Padre Provincial, le permitiera hacerse cargo de una parroquia rural próxima a San Salvador. Así podría dar sus clases de teología sin dificultad y realizar su sueño. Pero pasó el tiempo, terminó la organización de la biblioteca y se quedó en San Salvador y en la UCA. Ahí lo encontraron sus asesinos. Por razones desconocidas, el día de la masacre, éstos arrastraron su cuerpo inerte desde el jardín hasta la habitación donde dormía el padre Jon Sobrino, lo abandonaron en la entrada. Al realizar este movimiento, se llevó a cabo un elemento histórico dentro de esta brutal masacre, que nos sirve de señal divina a los cristianos. Mientras arrastraban el cuerpo, golpearon un estante, y esto hizo que cayera un libro que quedó manchado con su sangre, el libro estaba titulado como “El Dios crucificado”. Y es una anécdota que dos mil años, después, Cristo, el Dios de la vida volvió a ser crucificado.

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

P. Rutilio Grande

12 de marzo de 1977
Rutilio nació en la Villa El Paisnal, municipio de San Salvador, El Salvador, Centroamérica, cerca de Aguilares, aquella población que, años después, sería el centro de la actividad pastoral y militar a la vez en un país que vivía aires de revolución, el 5 de Julio de 1928. Su padre fue Don Salvador Grande, un personaje económicamente importante en el municipio donde la gran mayoría eran campesinos pobres. En un lugar como este, no hay que ser necesariamente “rico” para decir que se es “rico”. Bastaba que un niño tuviera un carrito de plástico, para decir que sus padres eran “ricos” y podían comprarle un juguete de plástico. Don Salvador se dedicaba al comercio recorriendo los municipios vecinos con una carreta de bueyes. Esto le había provisto de muchos contactos en los pueblos de los alrededores. Con el tiempo, don Salvador fue durante diversos períodos, Alcalde de El Paisnal.

Cristina García, era la madre de Rutilio, pero lamentablemente murió cuando él tenía, sólo cuatro años. Huérfano tan pequeño. Por esta razón, Rutilio fue criado por su abuela, una mujer muy religiosa, ella tuvo la  responsabilidad de sentar las bases de su espíritu cristiano, y lo hizo tan a la perfección que después, Rutilio, quiso ser sacerdote. Inició sus estudios en la escuela del Paisnal, luego la secundaria la hizo en el seminario menor y al final, se decidió por estudiar para sacerdote.

La vocación al sacerdocio de Rutilio nació de un encuentro que tuvo en su parroquia con el señor arzobispo de San Salvador, Monseñor Luis Chávez González quien era arzobispo desde 1938. A pesar de las dificultades económicas.

Rutilio inició sus primeros pasos para sacerdote en el Seminario Central San José de la Montaña de San Salvador en el año de 1941. Los jesuitas eran, en ese momento, los encargados de la formación de los seminaristas en el seminario Central.

Rutilio Grande es aceptado en la Compañía de Jesús, es trasladado al noviciado, en Caracas, Venezuela. El 23 de septiembre de 1945, tenía 17 años, entró al noviciado de Los Chorros, en Venezuela, siendo su maestro de novicios el P. Vicente Pardo, el 24 de septiembre de 1947, pronuncio sus votos del bienio, esto es votos perpetuos y privados de pobreza, castidad y obediencia, según costumbre y derecho de la Compañía de Jesús.

Los primeros votos de vida religiosa, los profesa Rutilio ahí en Los Chorros, Venezuela, el 24 de septiembre de 1947, luego fue a estudiar a Ecuador. Llegó a Quito, para continuar sus estudios en el Colegio Loyola donde obtuvo el título de bachiller en Humanidades Clásicas, el 25 de marzo de 1950.

En 1951 regresó a El Salvador, fue enviado al Seminario San José de la Montaña, en San Salvador, en donde desempeñó el cargo de subprefecto de Gramática e impartió clases de materias sociales y letras a los nuevos sacerdotes.

Rutilio Grande es ordenado Sacerdote el 30 de julio de 1959 en la ciudad de Oña, España.

El padre Rutilio fue un innovador en la pastoral que predicaba, vivía y enseñaba, siempre con su deseo de aplicar el Concilio Vaticano II a la realidad que le había tocado vivir. Estaba convencido que los seminaristas debían hacer su trabajo pastoral en la parroquia para que ellos vieran la realidad y crear en ellos la sensibilidad social además de la humana. Esto fue mal interpretado por las autoridades salvadoreñas, por los empresarios, la gente de poder, quienes vieron en esta forma de proceder a un fantasma “el comunismo”. Las autoridades militares brazo armado del poder, le perseguirían despiadadamente, primero a sus catequistas y luego a él mismo.

El 24 de septiembre de 1972, fue nombrado, por el señor arzobispo, Párroco de la Parroquia El Señor de las Misericordias en Aguilares, y por tanto, también daría atención pastoral al Paisnal, su lugar de origen.

Las predicas del padre Rutilio, no eran sobre un Dios lejano que está allá arriba, viendo a sus hijos perecer en la miseria. El padre hablaba de un Dios que sufre con los necesitados y que está aquí, entre nosotros, exponemos estos pequeños fragmentos de la homilía de la misa en la comunidad de Apopa, parroquia de Aguilares, El Salvador, en respuesta al hostigamiento y expulsión del país del sacerdote jesuita Mario Bernal por parte del gobierno salvadoreño.

 “¡Es peligroso ser cristiano en nuestro medio! ¡Es peligroso ser verdaderamente católico! Prácticamente es ilegal ser cristiano auténtico en nuestro país. Porque necesariamente el mundo que nos rodea está fundado radicalmente en un desorden establecido, ante el cual la mera proclamación del Evangelio es subversiva. ¡Y así tiene que ser, no puede ser de otra manera! ¡Nos encadena un desorden, no un orden!

Las chiltotas pueden volar y poner trepadas allá en las ramas los nidos. El pobre salvadoreño es esclavo de esta tierra, que es del Señor, según la Biblia”

Por palabras como estas, las huestes de la muerte se apresuraron a tenderle una emboscada y a asesinarle cobardemente, pero el padre Rutilio, ya lo había profetizado.

“Aquí en el país existen grupos de caínes, y que invocan a Dios, que es lo peor.

¡Ay de ustedes hipócritas que del diente al labio se hacen llamar católicos y por dentro son inmundicia de maldad! ¡Son Caínes y crucifican al Señor cuando camina con el nombre de Manuel, con el nombre de Luis, con el nombre de Chabela, con el nombre del humilde trabajador del campo!

El cristiano no tiene enemigos. Son nuestros hermanos caínes. No odiamos a nadie. El amor, que es conflicto y que exige en los creyentes y en la Iglesia como cuerpo, la violencia moral. No he dicho violencia física. ¡La violencia moral! -lo digo para la grabadora, porque vi a lo largo del camino grabadoras que no son de fieles que oían al Padre Mario; son de los traidores de la Palabra de Dios”

Padre Rutilio Grande, homilía del 13 de febrero de 1977

El 12 de marzo de 1977, se celebraba la novena en honor a San José, en El Paisnal. El padre Rutilo fue invitado a presidir una de estas Eucaristías lo acompañaban Manuel Solórzano y el niño Nelson Rutilio Lemus. A las 5:45 pm de esa tarde, el Padre y sus compañeros fueron asesinados, a la altura del cantón Los Mangos.

Las fuerzas militares disfrazados como escuadrón de la muerte los esperaron a un costado del camino polvoriento y cuando los divisaron, abrieron fuego, una lluvia de balas tuvo como blanco el pequeño safari, que el padre Grande manejaba. Nelson, Rutilio y Manuel, dejaron escapar sus espíritus para unirse a la Iglesia triunfante que sube de la gran persecución. Pero para los mortales aquí en la tierra, la persecución apenas empezaba y una ola de acontecimientos se desencadenaría a partir de este cobarde asesinato.

Roberto Campos, marzo de 2020

P. Rafael Palacios Campos

20 de junio de 1979

Sacerdote diocesano, en el 43 aniversario de su martirio. Martirio en un país “cristiano”. Asesinado el 20 de Junio de 1979 en Santa Tecla, El Salvador, el quinto y último sacerdote asesinado durante el arzobispado de monseñor Romero, en su arquidiócesis, el próximo sería él.

Rafael, nació el 16 de octubre de 1938 en San Luis Talpa. Ingresó al seminario menor a los 12 años y fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1963.

Para entender el contexto de su asesinato, nos apoyamos en una de sus primeras biografías.

————–

“Dirigentes obreros, campesinos y personalidades de política de izquierda, cayeron abatidas por las balas de grupos derechistas, cuerpos de seguridad y para militares, en ese Junio de 1979. Aparecieron cadáveres en distintas partes del país, en su mayoría jóvenes, a menudo con muestras de haber sido torturados. Los grupos armados de izquierda respondieron con asesinatos, escaramuzas contra el ejército, sabotajes, bombas y ocupaciones de estaciones de radio. Uno de los muertos, fue el padre Rafael Palacios, de 40 años de edad.

El sábado 16 de junio, por la noche, Palacios fue a visitar a monseñor Romero para informarle de sus temores sobre su propia seguridad. Dos días antes, habían pintado sobre su auto una amenaza de la UGB (Unión Guerrera Blanca). El martes 19, monseñor se encontró de nuevo con él en una reunión de sacerdotes y Rafael le dijo “Hoy que han asesinado a un militar y yo tengo esa amenaza, algo grave va a pasar en Santa Tecla” El militar había sido asesinado por la izquierda ahí mismo, en Santa Tecla. Monseñor pensó que los temores del padre eran exagerados, pero al siguiente día, el padre fue asesinado”

Texto del libro “La palabra queda” de James Brockman

Ahora, a continuación, veamos algunos fragmentos de la homilía de monseñor Romero en la misa de exequias del padre Rafael.

  • “Desde esta Catedral hemos tratado de interpretar el lenguaje de tanta sangre derramada por nuestro país, en las montañas, en las calles de nuestras ciudades y de nuestras carreteras, en las playas. ¿Dónde no se ha regado la sangre que esta Catedral, intérprete de ese lenguaje de dolor y de angustia, trata de hacerla un mensaje de consuelo y de esperanza?
  • ¿Por qué una extrema derecha tiene que cobrarse en un sacerdote el supuesto pecado de una extrema izquierda? Esta estructura es pecaminosa; este mirar a los hombres del país polarizados en derecha y en izquierda
  • El Padre Rafael, el sábado por la noche, me buscaba, llevándome una carta donde me contaba la amenaza que el jueves ya le había hecho la UGB. Le habían pintado la fatídica mano de la venganza en su carrito; y cuando antes de ayer el Padre Palacios que estuvo conmigo dirigiendo una reunión de la vicaría de su parroquia, la vicaría de Mejicanos, al terminar, me decía: «Hoy que han matado un militar y yo tengo esa amenaza, algo grave va a pasar en santa Tecla»; sentí el temor. Y así fue. Me pareció que era algo exagerado, pero cuando ayer me sorprendía la trágica noticia, pensé: ¡Qué grave es la situación de nuestra patria!.
  • ¿Dónde está la justicia en nuestra patria?. ¿Dónde está la Corte Suprema de Justicia?. ¿Dónde está el honor de nuestra democracia si han de morir así las gentes como perros, y se quedarán sin investigar las muertes como la del Padre Rafael?

Monseñor Romero, 21 de junio de 1979

El jueves 21 de junio de 1979, monseñor Romero celebraba su noveno aniversario de haber sido ungido Obispo de la iglesia. Una fecha que debía ser de grato recuerdo, sin embargo, monseñor Romero debe celebrar la misa de cuerpo presente por el asesinato del Padre Palacios, a pesar de esta realidad, lo transforma en un suceso de fe. “Me ha parecido muy significativo celebrarlo con un sacerdote asesinado y con la solidaridad en pleno de todos los sacerdotes de la arquidiócesis… morir así no es por ser malo, sino por ser fiel” Su diario, jueves 21 de junio 1979

Así entregan la vida, los ministros de la Iglesia, fieles a Dios y fieles al pueblo, en una iglesia que es “una, católica, apostólica, romana… y perseguida”.

Pregunta

La historia es muy densa y es necesario contarla de nuevo, para que las nuevas generaciones no olviden las razones de tanto martirio entre nosotros. Nuestra generación debe hacer todo lo posible para dejar pruebas tangibles de estos terribles hechos que bañaron de sangre la patria, por esto nace esta pregunta:

El padre Rafael cayó acribillado en una esquina, en la cuadra de la Iglesia el calvario, sobre la carretera panamericana que conduce de San Salvador al occidente del país. ¿Tenemos un monumento físico al padre Palacios en Santa Tecla? El 95% de la gente no conoce el lugar exacto donde el padre cayó acribillado. Ahí se debería erigir un monumento para que todo el que pase por ahí, sepa lo que en ese lugar sucedió, tal como sucede en el caso del padre Rutilio.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, junio de 2020

Roberto Campos

P. Otavio Ortiz Luna

20 de enero de 1979

Era sábado, 20 de enero de 1979. Un retiro juvenil se estaba llevando a cabo en la casa de retiros El despertar, en la parroquia de San Antonio Abad, San Salvador. El párroco era el sacerdote diocesano, Octavio Ortiz Luna, quien la noche anterior había abierto el retiro y se había quedado a dormir. En la actividad participaban aproximadamente 30 jóvenes entre 15 y 24 años de edad y los servidores, una religiosa, las cocineras y un par de seglares más. A las 6 de la mañana de ese sábado, una tanqueta de las fuerzas de “seguridad” abrió el portón de la casa de retiro. Inmediatamente entraron corriendo policías y guardias nacionales, buscaron cualquier cosa en qué parapetarse y empezaron a disparar a todo lo que se moviera. Los jóvenes dormían, pero con semejante estruendo, sacaron sus guitarras, sus libros de cantos, sus biblias, sus cuadernos de apuntes, pero estos no disparan balas, por lo cual fueron incapaces de detener semejante operación militar.

El padre Octavio y los jóvenes sin embargo, se levantaron asustados y salieron al patio, tratando de entender qué era lo que pasaba. Ahí inició el tiroteo. Las “fuerzas de seguridad” disparaban a lo que se movía. El padre fue el primero en caer, lo hizo en el patio de la casa de retiros, la tanqueta le pasó encima y le aplastó el rostro, cuatro jóvenes más cayeron heridos de muerte por las balas, la gran mayoría corrió a esconderse donde se pudiera.

Las fuerzas estatales, habían vencido en este “combate”, como era lógico, no tenían un solo herido, pero para que no quedara ninguna duda, tomaron los cadáveres de los jóvenes y los colocaron en el techo y les pusieron armas en las manos, para que el país entero se diera cuenta del fiero combate que acababan de tener. El siguiente día, los medios de prensa escritos, publicaron fotografías de los “guerrilleros” que habían sido sorprendidos.

Cinco fueron los muertos, al resto, se los llevaron capturados. Monseñor Romero, el arzobispo, fue informado a primera hora de estos sucesos. Cuando monseñor se enteró del informe que el gobierno daba sobre los sucesos de El Despertar, se dio cuenta de cómo el gobierno decía que las guitarras eran fusiles, los libros de cantos, literatura subversiva, que la Guardia había tocado la puerta y que desde dentro les respondieron con balas. Monseñor dijo “Es mentira de principio a fin”

El siguiente día, 15 mil personas se juntaron en las afueras de la catedral de San Salvador para la misa de cuerpo presente del padre Octavio y de 4 jóvenes, Ángel Morales, Jorge Alberto Gómez, Roberto Orellana y David Alberto Caballero. Cuando se entonó el canto de entrada y apareció el inicio de la fila de más de cien sacerdotes que concelebrarían, la multitud estalló en aplausos. Octavio era el cuarto sacerdote asesinado en una diócesis que contaba ya por centenares, a los catequistas y celebradores de la palabra asesinados, la persecución a la Iglesia estaba en su apogeo. El aplauso finalizó y siguió la espera con el canto hasta que la fila de los sacerdotes terminó, pero de nuevo un estruendoso aplauso inició cuando por fin salió el féretro del padre Octavio, cargado por seis sacerdotes. La gente estalló en orgullo y en alegría de ver cómo los sacerdotes de la única Iglesia de Cristo, seguía los pasos del Maestro, el martirio. Este aplauso se intensificó impresionantemente, cuando apareció al final de toda la procesión de entrada, la figura pequeña del pastor de esta arquidiócesis, que venía con su báculo y su mitra que lo identificaban como el pastor legítimo de esta grey: Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien en su memorable homilía dijo cosas tan sabias como las siguientes:

 “Nuestros Cuerpos de Seguridad no son capaces de reconocer sus errores sino que los hacen más graves falsificando la verdad con la calumnia. Y así van echando a perder cada día más la credibilidad de nuestro Gobierno y de nuestros medios de comunicación social, obligándonos a acudir a los organismos y publicaciones internacionales porque ya no creemos en la justicia y en la verdad de nuestro propio ambiente”

“Y me alegro de decirles, queridos hermanos cristianos, que hoy, cuando es más peligroso ser sacerdote, es cuando estamos recibiendo más vocaciones en el seminario. Este año va a batir el récord, 27 jóvenes bachilleres están ya a las puertas del nuevo curso del Seminario, porque este reino de Dios que está en el mundo es un reino de Dios que a los nobles, a los jóvenes, verdaderamente les hace decir como aquel del evangelio: «Vayamos con Él y muramos con Él».

“¡Basta ya! -Y lo decimos no con pesimismo sino con un gran optimismo en las fuerzas de nuestro noble pueblo-. El ambiente se ha saturado de brutalidad y es necesario un retorno a la reflexión que haga sentirnos seres racionales capaces de buscar las raíces de nuestros males y realizar sin miedo los cambios audaces y urgentes que necesita nuestra sociedad”

Monseñor Romero, 21 de enero de 1979

Y así recordamos al padre Octavio, en el 40 aniversario de su martirio. Prohibido olvidar esta sangre derramada.

La Iglesia Católica, la única iglesia de Cristo

P. Nicolás Rodríguez

28 de noviembre de 1970

El padre Nicolás, fue el primer sacerdote asesinado en El Salvador y en la Región centroamericana. Es el primer mártir del siglo XX para esta zona. Nació en mayo de 1921, ordenado sacerdote en enero de 1949. Párroco en varias iglesias de la arquidiócesis de San Salvador. Al momento de su muerte era párroco de San Antonio los Ranchos, en Chalatenango.

El padre Nicolás, vivía su sacerdocio con amor a la Iglesia y entrega a los pobres. Con los resultados del Concilio Vaticano II un nuevo espíritu soplaba en la Iglesia. En Latinoamérica se estaba viviendo también con las conclusiones de los documentos de Medellín.  En El Salvador, los sacerdotes estaban empezando a poner en práctica estos lineamientos y todo apunta a que esta fue la causa del asesinato del padre Nicolás. Según testimonios de la época, el padre Nicolás, “Ayudó a un cantón a romper una calle para que entrara carro… por ese delito, porque rompieron los terrenos de un rico de Cancasque… por eso lo asesinaron, para que no anduviera metiéndose en esos líos” según dice monseñor José Luis Escobar Alas, actual arzobispo de San salvador en su segunda carta pastoral “Ustedes también darán testimonio de mi” # 40. Meterse con las propiedades y los intereses económicos de los terratenientes, siempre ha traído consecuencias graves para los campesinos en El Salvador y en toda latino América.

El 28 de noviembre de 1970, su cuerpo fue encontrado, con verdaderos signos de una muerte macabra:Le cortaron la mano derecha (lo único que no se encontró del cadáver), una herida transversal en el abdomen que cortó los intestinos, otra herida igualmente transversal a la altura de la nuca y como la marca de autoría: le pelaron la cara en tres cortes de arriba abajo; no tenía orejas, no tenía labios, nariz y de los ojos solo la cavidad. Esto último como para que no se le reconociera” Ibid, # 40

De esta manera se estaban estrenando los escuadrones de la muerte, muy conocidos en Latinoamérica. Entre sus primeras víctimas, tenemos a un sacerdote de la única Iglesia de Cristo. Este y todos los testimonios de martirio en nuestra Iglesia, no debemos olvidarlos. Como dijera monseñor Romero, “Son el testimonio de una Iglesia, encarnada en su pueblo”. Monseñor Romero mismo, lo fue a recoger y lo menciona en una de sus homilías Ese crimen se quedó en el misterio y el Padre también sufrió una muerte anónima. Es justo que ahora, cuando recogemos el heroísmo de nuestros sacerdotes, recordemos -yo fui a recoger ese cadáver, ya estaba putrefacto- venía de una confesión, traía los instrumentos de despedir un alma para la eternidad, ministro que murió, pues, en el servicio de su sacerdociomonseñor Romero, 27 noviembre 1977

La Iglesia católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

P. Marcial Serrano

28 de noviembre de 1980

El padre Marcial, merece una especial atención. Asesinado siempre en El Salvador, pero después de monseñor Romero, el 28 de noviembre de 1980. Es importante mencionarlo porque después de lo que había ocurrido a seis sacerdotes antes de monseñor Romero y al mismo monseñor Romero, es decir, ser perseguidos y asesinados, era claro que en este país centroamericano, nada era sagrado. En El Salvador se podía asesinar con total impunidad y aun con esta situación de violencia tan clara y tan real, los sacerdotes, religiosas y catequistas siguieron llevando el evangelio hasta el último rincón de esta patria, aunque les costara la vida. Esto sucedió con el padre Marcial, quien no dudo en caminar con el evangelio en la mano aun a costa de las posibles consecuencias.

Cierto día, el padre Marcial iba a celebrar una misa por un difunto, se conoce que fue capturado por una patrulla de la Guardia Nacional de San Miguel Tepezontes. Lo llevaron para San Miguel. Muy probablemente esa noche, fue bajado por las veredas de San Francisco Chinameca. Fue bajado a pie, descalzo, semidesnudo hasta el lago de Ilopango. Ahí terminó sus días en esta tierra. Solo el lago fue testigo de lo que en verdad ocurrió, creemos que le amarraron piedras al cuerpo para que desapareciera en el lago.

Curiosamente y como una torpeza de parte de las autoridades salvadoreñas, las autoridades alegaron desconocer el móvil de su desaparición, pero el vehículo del padre Marcial se encontró con otras placas en un puesto de la Guardia Nacional. Se quedaron con él. Esto es una prueba inapelable de lo que pudo haber sucedido.

Su cuerpo nunca fue encontrado, corriendo la misma suerte de miles de salvadoreños, argentinos, chilenos, guatemaltecos y nicaragüenses… “Desaparecido”.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, noviembre de 2019

P. Manuel Antonio Reyes Mónico

06 de octubre de 1980

 “El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. «Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios» (S. Ignacio de Antioquía, Rom 4,1)”

Catecismo de la Iglesia Católica # 2473

Este día la Iglesia universal no celebra la fiesta litúrgica de un mártir, pero sí, la Iglesia salvadoreña, que recuerda y conmemora con cariño, honor y respeto, el martirio de un sacerdote que dio su vida por los valores del evangelio, el padre Manuel Antonio Reyes Mónico.

El padre Mónico, es de ese grupo de sacerdotes que dio su vida, después del asesinato de monseñor Romero, y eso lo hace poco conocido. Monseñor José Luis Escobar Alas, actual arzobispo de San Salvador, sucesor de monseñor Romero, tomó el hermoso detalle de hablar de nuestros mártires en su segunda carta pastoral y la prueba martirial del padre Mónico la describe de esta manera:

“El lunes 6 de octubre a las once de la noche, llegaron a su casa de habitación y después de haber llamado a la puerta, dijeron ser la autoridad y procedieron al cateo. El padre se identificó como sacerdote. – Encontramos material subversivo -, dijeron las autoridades, un proyecto para una academia de corte y confección, un proyecto de una clínica asistencial y un proyecto de un taller de mecánica. Luego le dijeron: Acompáñenos en vías de investigación” El Padre Mariano Brito testifica: Apareció asesinado en un basurero en el camino que va de Mejicanos a Mariona, tenía dos tiros en la boca con salida en la cabeza.

Este sacerdote que tanto bien hizo a sus parroquianos, entró al cielo, el 7 de octubre de 1980. Sabe Dios, muy bien, que sus papeles subversivos, eran proyectos que beneficiarían el desarrollo y promoción humana de las personas más necesitadas de su Parroquia. No los llevó a cabo, porque sus asesinos truncaron su labor; empero, con su martirio nos ha enseñado, unido al Mártir en Plenitud, qué camino seguir.

II Carta Pastoral, Ustedes también darán testimonio.

Como ya hemos señalado, el padre Manuel Reyes, fue asesinado, después de monseñor Romero, y así como él, otros sacerdotes y religiosas, como grupo, tienen algo especial. Son testigos totalmente consientes de vivir y predicar en un país donde ya habían comprobado que los hijos de las tinieblas NADA respetaban, puesto que a esta fecha, ya se habían ejecutado grandes masacres de personas civiles, de sacerdotes e incluso del Profeta de América, Monseñor Romero, pero aun así, decidieron seguir predicando y denunciando con valor, sabiendo perfectamente que era tan fácil que les llegara la muerte. Este grupo de mártires, merece una atención especial.

“No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena” Mt 10, 28

!!!!!PROHIBIDO OLVIDAR¡¡¡¡¡

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, Octubre de 2020

Roberto Campos, Octubre de 2019