IX. Reconocimiento mundial

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

RECONOCIMIENTOS IMPORTANTES A MONSEÑOR ROMERO

EL DOCTORADO HONORIS CAUSA, UNIVERSIDAD DE GEORGETOWN

Fue a principios de 1978. Debido al gran renombre que monseñor, sin quererlo, se estaba formando en torno a la defensa de los derechos humanos, así como habían instituciones y personas que le odiaban y le atacaban, también existían otras que al conocer su situación, se disponían a mostrarle su admiración, su respeto y su apoyo. Los que le atacaban eran nacionales, los que le apoyaban, eran también nacionales y algunos entes internacionales. Es así como la Universidad de Georgetown en Washington DC se dispuso a proporcionarle un estímulo como apoyo a su causa. La universidad norteamericana quiso distinguirlo con un título honorífico. “…desde el asesinato de Rutilio Grande y las amenazas a muerte a los jesuitas en El Salvador, muchos jesuitas en Estados Unidos se interesaron por El Salvador y su arzobispo. A raíz de este interés, surgió la idea de establecer un acuerdo entre la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y Georgetown y la decisión de darle un titulo honorifico a monseñor Romero…” [1]

Este título, visto de manera global, era un reconocimiento interesante. Representaba un apoyo importante para la labor del arzobispo. Implícitamente la universidad norteamericana reconocía que el arzobispo tenía mucha razón en la forma de desarrollar su pastoral y, con ello, motivaba a otras instituciones a que hicieran lo mismo, mostrarle su apoyo. La figura de monseñor Romero se acrecentaba cada día más. Su situación era muy conocida.

Es curioso observar que, en este punto, en este apoyo en forma de título honorifico, hubo otra institución muchísimo más poderosa que se sumó al esfuerzo… pero para evitar que se lo dieran.

“…a pesar de que Georgetown rutinariamente notificaba con dos meses de anticipación al delegado apostólico en Washington cuáles eran sus planes, cuando solo faltaban dos semanas para entregar esta distinción, el Vaticano mostró inquietud por el asunto. El Arzobispo Jean Jadot, delegado apostólico, llamó al rector de Georgetown, Timothy S. Healy, sacerdote jesuita, para preguntarle si Georgetown podría reconsiderar o por lo menos aplazar la entrega del título a monseñor Romero en vista de la situación política en El Salvador. Mientras tanto el cardenal Gabriel Garrone, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, escribió al superior general de los jesuitas  para que tratara de detener la entrega del título. Sin embargo, los jesuitas consideraron  que era demasiado tarde  para cambiar los planes y el vaticano no hizo otro intento para evitar que se le diera el titulo a monseñor Romero…” [2]

Una muestra más de las contra corrientes que tuvo que sortear monseñor Romero en su difícil ministerio. El Vaticano tenía siempre sus reparos en el ministerio de monseñor Romero, siempre había dudas, de aquí sus pretensiones para evitar el reconocimiento al arzobispo. Pero si había dudas ¿por qué siempre iban en contra? A pesar de todo ello, al final, el reconocimiento le fue entregado el 14 de Febrero de 1978, en su catedral, precisamente en la misa dominical, de frente al pueblo y a la nación. Las autoridades de Georgetown se hicieron presentes y se lo entregaron.

“…La catedral de San Salvador se ha transformado esta noche en el paraninfo de la célebre Universidad de Georgetown. Se revive así aquel antiguo consorcio de la fe y de la cultura académica que, en otro tiempo, vivieron clásicas catedrales y famosas universidades. Se recuerda también que fue a la sombra de las catedrales donde nacieron estos centros académicos de alta cultura que hoy son gloria de todas las ramas del saber en el mundo. Pero hay algo original en este ambiente sacro-académico que conjugan Georgetown y nuestra Catedral. Y es que soy yo mismo -Pastor y Maestro de la fe en esta Arquidiócesis- quien viste, en su propia cátedra, el honroso atuendo de un doctorado en Letras Humanas que «honoris causa» viene a conferirme generosamente el Alma Mater de Georgetown…”        14 febrero 1978

Ese título honorifico, “…tiene estas cuatro dimensiones que, con mi Iglesia y con mi Pueblo, agradezco con gratitud inmortal:

1. Es un sólido apoyo a la causa de los Derechos Humanos;

2. Es un reconocimiento a todos los colaboradores de esa causa;

3. Es una solidaridad de consuelo y esperanza para con todos los que sufren el atropello de su libertad y de su dignidad; y

4. Es un eco de la denuncia y de la llamada a conversión…”

Así entendía monseñor este reconocimiento. No como un premio a su persona sino como un apoyo importante a la causa de los derechos humanos y en definitiva, a sus pobres. No se empalagaba con el poder, no dejaba que la vanidad anidara en su corazón, siempre pensaba en sus pobres, como pastor siempre pensaba en sus ovejas.

EL TITULO DE LA UNIVERSIDAD DE LOYOLA EN NUEVA ORLEANS

Un título que nunca fue.

Este supuesto intento de reconocimiento, fue una situación envuelta en misteriosos sucesos que, solo conociendo el contexto de mentiras y engaños en que transitaba El Salvador, pueden entenderse.

Los detractores de monseñor Romero, en un principio, utilizaron todos los medios para obligarle a cambiar su postura de denuncia de la injusticia social, pero al darse cuenta que era imposible doblegarlo, se dedicaron a desprestigiarlo, para que, al menos, la gente que le seguía le despreciara, cosa que tampoco lograron, pero sí lo intentaron.

Los medios de comunicación propiedad de los grandes oligarcas salvadoreños, siempre fueron perversos y dadas las circunstancias, trataban de envolver a monseñor Romero en simples confusiones, por insignificantes que parezcan, para luego con sus grandes megáfonos (prensa escrita, radio y tv), gritarla al pueblo.

Con tal de mantener a la opinión pública en el cauce que ellos, los oligarcas, quería, tergiversaban la información dándole los giros necesarios para dar una apariencia de lo que ellos querían que la gente creyera. Igual trato daban a cualquier cosa en beneficio de sus intereses. Si algún Obispo era invitado a una reunión social, ahí estaban los fotógrafos de estos medios de desinformación social, con sus cámaras listas a hacer la fotografía del prelado con una copa de vino en la mano, muy sonriente a la par del presidente, del ministro o del militar, recuérdese que habían cuatro Obispos que aceptaban gustosos reunirse con militares, miembros del gobierno y familias adineradas. Luego, el siguiente día, dirían “hay comunión entre la Iglesia y el Estado”, “hubo diálogo” o algo similar. Esto debido a la situación social, era confundir al pueblo pues el arzobispo en sus homilías reflejaba otra cosa.

Los medios se prestaban consiente, perversa y deliberadamente, para esto y muchas cosas más. Aprovechaban estas situaciones con la presencia de las diferentes personalidades para fotografiar y “demostrar” al pueblo, cosas que no eran, es por eso, que monseñor Romero, desde el asesinato de Rutilio Grande prometió que no asistiría a ninguna reunión oficial con miembros del Estado, para que no fuera mal interpretado. ¡Y lo cumplió!.

El caso de este supuesto título, fue una trampa puesta a monseñor Romero y sucedió luego del Honoris Causa de Georgetown.

“…Monseñor Romero recibió poco después una carta de la Universidad de Loyola de New Orleans, la cual le ofrecía otro título. Era el rector de  Loyola, el padre James C. Carter, jesuita, con quien monseñor Romero se había encontrado brevemente en el mes de noviembre, cuando Carter estuvo en San Salvador…” [3]

Por medio de una nota, otra Universidad le ofrecía un nuevo título, y como había un sacerdote de por medio, e incluso, era su rector, parecía no haber nada malo. El padre Carter, preocupado por la situación de El Salvador, conversó en Estados Unidos con el cónsul de El Salvador y, el cónsul invitó al padre a visitar El Salvador, probablemente con la intención (del cónsul) de que (el padre Carter) se hiciera una imagen de que la situación era peligrosa, pero que el Gobierno tenía toda la razón de actuar como actuaba y no era responsable de lo que sucedía. En su visita, preparada por el cónsul, el padre Carter se entrevistó con el Presidente de la República (ciertamente crítico de la labor de monseñor Romero), con el Nuncio (también crítico de monseñor Romero), el embajador de Estados Unidos (que desconfiaba de la misión profética de monseñor Romero), entre otros. “…El presidente le pidió (al padre Carter) que tratara de conseguir que el arzobispo entablara un dialogo con el gobierno…” [4]

Como buen sacerdote y buen cristiano que buscaba la paz y el entendimiento, el padre Carter, inocentemente, y de muy buenas intenciones, le transmitió a monseñor la petición del presidente, que tratara de entablar conversaciones con el gobierno. Seguramente monseñor le explicó la situación social que se atravesaba, lo cual hacía complicado un diálogo, pero sobre todo, un dialogo sincero, y que ya se había iniciado un diálogo, pero que el Gobierno había dado muestras de su hipocresía al momento de dialogar, era pantalla, falsedad, por ello, la Iglesia ponía condiciones para entablar dicho diálogo sincero, entre ellos, la investigación exhaustiva del asesinato del Padre Grande, cosa que había quedado en el olvido, dejar de reprimir, de calumniar, etc. Pues bien, el Departamento de Estado (de los Estados Unidos) sabiendo que el padre Carter conocía a monseñor Romero y viceversa, le pidió que intentara de nuevo reunir al presidente y al arzobispo, y fue el Departamento de Estado, quien sugirió el grado  honorifico.

“…el Departamento de Estado le pidió (al padre Carter) que continuara tratando de reunir a los dos Romeros. Un grado honorifico podría ser el camino para arreglar una reunión en New Orleans, ciudad que el presidente Romero visitaba con frecuencia…” [5]

El grado honorifico seria la excusa, para reunir a ambos en Estados Unidos. Una vez reunidos, inevitablemente el arzobispo, por simple educación, debía saludar y compartir algún coctel con los invitados. Las cámaras fotográficas abundarían y estarían al asecho. El siguiente día, estas fotografías inundarían las primeras planas de los periódicos salvadoreños con el Presidente de la República y el arzobispo, sonrientes y/o dándose la mano, como señal de un “entendimiento” entre ellos. Esto, lejos de pensar en otras cosas que podrían decir de este encuentro. Tal vez insinuando que monseñor en el país lo rechazaba, pero en el extranjero todo era paz, entendimiento y tranquilidad. Se identificaría, maliciosamente, una doble moral del arzobispo, y los periódicos, se esforzarían por remarcarlo.

“…el arzobispo Romero contestó la carta del padre Carter agradeciéndole el ofrecimiento del título honorífico, pero pidiéndole antes que le aclarara dos puntos. Carter le había mencionado que “un prominente ciudadano de El Salvador” había ofrecido conseguir dos pasajes gratis en la aerolínea salvadoreña TACA, para el arzobispo y un acompañante. Monseñor Romero deseaba saber quién era ese prominente ciudadano y cuáles eran sus intenciones al hacer ese ofrecimiento…” [6]

Es que monseñor poco a poco había ido comprendiendo que debía ser astuto en cosas como esta, para no ser sorprendido en una reunión o una ceremonia en la que se le podía dar una interpretación totalmente diferente de lo que en verdad se pretendía. Monseñor sabía que sus detractores tergiversaban cualquier cosa y que los periódicos eran sus aliados (de sus detractores), entonces, debía tener mucho cuidado de los pasos que a cada momento debía de dar.

“…estaba muy interesado en saberlo por la publicidad que se le había dado en El Salvador a una fotografía del padre Carter con el presidente Romero en un congreso sobre comercio realizado en New Orleans en febrero. En cambio, los medios de comunicación, habían casi ignorado el título de Georgetown, aún cuando el evento, había llenado la catedral…” [7]

Es que así era, así fue y aun hoy, así es. Los grandes medios de comunicación salvadoreños, siempre están al servicio de sus propios intereses, o mejor dicho, de sus dueños.

Poco les importaba que el arzobispo recibiera un reconocimiento por la defensa de los derechos humanos por una Universidad extranjera, y, por tanto, no había espacio en sus páginas, pero cuando se trataba de algún ministro o máxime, el presidente de la república, reunido con cualquier persona que les diera legitimidad o un aire de “buen gobierno” o de “gobierno dialogante”, “gobierno justo”, “gobierno sensato”, ahí, las fotografías abundaban y salían en primera plana y en tamaño gigante, acompañadas de textos totalmente conciliadores, alabando y destacando al gobierno.

“…a Carter lo habían engañado para fotografiarlo durante el congreso, le ofrecieron un pequeño obsequio y le solicitaron que saliera al frente para recibirlo. El había hablado previamente con el presidente en privado, quien le pidió invitar  al arzobispo a New Orleans. En esta reunión, el presidente le ofreció los dos pasajes aéreos gratis…”

“También, hermanos, quiero hacer una aclaración muy necesaria; el Señor Embajador de El Salvador ante la Santa Sede me ha autorizado para decirles que en la Cancillería se ha propagado una falsa especie del Arzobispo, como si hubiera puesto como condición para dialogar con el Señor Presidente el ir a hacer este diálogo afuera del país. Yo quiero decir, hermanos, que es completamente falso. Sería una estupidez para mí, sabiendo que aquí podría tener acceso a platicar directamente con el Señor Presidente, poner como condición salir los dos del país. ¿Qué objeto tiene? y ¿qué intentan con esta falsa especie?. Ya se ven las intenciones de calumniar, de distorsionar las actitudes de la Iglesia. Lo que la Iglesia espera es un ambiente de confianza garantizado por hechos en servicio, en respeto de nuestro querido pueblo” 12 Febrero 1978
El Presidente fue, entonces, la persona que le ofreció los pasajes. Conociendo las tensas relaciones entre el gobierno y la Iglesia, era poco probable este gesto de conciliación, mucho menos esta generosidad tan grande.

“…El Gobierno había utilizado el encuentro del padre Carter con el presidente Romero para darle publicidad favorable lo cual demostraba la falsedad de sus pretensiones…”

“…recordando el incidente casi 3 años más tarde, el provincial de los jesuitas comentó que el presidente Romero una vez le preguntó en una de sus conversaciones “¿Por qué el arzobispo quiere hablar conmigo fuera del país?”. Quizá ni el mismo entendió todo lo que su cónsul y el Departamento de Estado de Estados Unidos estaban haciendo…”[8]

Al parecer fue el Cónsul quien, junto con el Departamento de Estado lo planearon todo y el Presidente, quizá de buena fe, le ofreció los pasajes para que asistiera a recibir ese título, pero conociendo las falsas acciones del gobierno, incluso esto es fácilmente puesto en duda.

Monseñor Romero, nunca recibió este reconocimiento.

EL DOCTORADO HONORIS CAUSA, UNIVERSIDAD DE LOVAINA, BELGICA

Este reconocimiento puede entenderse desde el conocimiento de la colaboración que algunas diócesis de Bélgica proporcionaban a la arquidiócesis de San Salvador, en especial la arquidiócesis de Brujas con monseñor De Smet a su cabeza. Monseñor De Smet enviaba a sus sacerdotes (los que quisieran) a El Salvador para ayudar en el trabajo pastoral. Entre ellos, podemos mencionar al Padre Juan Deplanck, quien era uno de los artífices de este reconocimiento, el padre Rogelio Poncele, valiente sacerdote que sobrevivió a toda la guerra de El Salvador, allá en las montaña de Morazán, el padre Esteban Alliet, etc. Monseñor Romero estaba contento de poder visitar a una diócesis hermana que tan solidaria había sido con él y con su diócesis, agradecerle personalmente tan evangélico detalle.

“…la alegría de saludar a monseñor De Smet, agradecerle toda su colaboración, para nuestra Iglesia y a todos los belgas que nos habían dado tan valiosa ayuda de personas, ayudas económicas y toda clase para nuestra pastoral…”    su diario, 31 Enero 1980

El padre Deplanck, había sido una pieza clave en promover este reconocimiento, otorgado por la Universidad de Lovaina, Bélgica. Muy probablemente, el más grande reconocimiento que se le hizo a monseñor Romero ¡en vida!, fue en Febrero de 1980, cincuenta días antes de su asesinato.  

Fue un homenaje a su labor en pro de los derechos humanos, de la paz, de la defensa de la vida. El reconocimiento se lo entregaron personalmente el 02 de Febrero de 1980. El viaje lo hizo a finales de Enero, no sin antes pasar por una dura prueba de escrúpulos, como siempre.

El 22 de enero de 1980, se organizó en San Salvador, una gigantesca manifestación de las organizaciones populares de izquierda. Más de cien mil personas, maestros, estudiantes, jóvenes, sindicatos, obreros y campesinos, se dispusieron a marchar por las calles, en lo que es considerada, la más grande demostración de fuerza convocatoria en la historia de El Salvador. La manifestación iniciaba en el monumento al Salvador del Mundo, miles de personas esperaban pacientemente su turno de incorporase a la marcha en el parque Cuscatlán, cuando estos que esperaban incorporarse, aún no lo habían hecho, la manifestación ya llegaba a catedral metropolitana, las fuerzas del gobierno, la Guardia Nacional, apostada en el Palacio Nacional, abrió fuego contra la manifestación. Hubo estampida de gente. Algunos de los manifestantes iban armados y se dio un tiroteo. Más de 20 muertos y más de cien heridos. Su denuncia, como siempre, no se dejó esperar. “…Como pastor y como ciudadano salvadoreño, me apena profundamente el que se siga masacrando el sector organizado de nuestro pueblo sólo por el hecho de salir ordenadamente a la calle para pedir justicia y libertad. Estoy seguro que tanta sangre derramada y tanto dolor causado a los familiares de tantas víctimas, no serán en vano…”   27 Enero 1980

En esos días, en medio de esas circunstancias de sangre, muerte y dolor, monseñor Romero debía hacer el viaje a Bélgica, pasando antes por Roma, sería un viaje de unos 10 días. “…Este día también y en el consejo del senado presbiteral, acordamos que mi viaje no era tan oportuno en un momento en que el pueblo está sufriendo, sin embargo, los días que faltan decidirán…”                                                                                      Su diario, 23 de enero de 1980

Todos los días eran críticos en El Salvador, pero estas fechas fueron realmente incómodas para el arzobispo ya que en semejante situación, monseñor debía ausentarse de su silla arzobispal para ir a recibir un “reconocimiento” en el extranjero, parecía chocante, contradictorio y esto, no lo dejaba del todo convencido. Dejar al pueblo por ir a recibir una distinción.

Pero el trasfondo de este homenaje, las circunstancias del mismo y el consejo de muchas personas, le convencieron de que no era un simple premio, sino que era la oportunidad para llevar el testimonio evangélico de su arquidiócesis, de estas tierras bañadas de sangre al pueblo cristiano en Europa, un continente muy alejado de las dolorosas pruebas por las cuales se pasaba aquí en Centroamérica. Sería entonces una ventana en Europa a la realidad latinoamericana.

“…Una llamada telefónica del padre Juan Deplank desde Bélgica, me hace decidir el viaje a aquel país… El también está de acuerdo en que la situación de nuestro país es muy grave, y por eso hará lo posible de recortar lo más posible el viaje. Se trata de un servicio a la diócesis y de apoyo a nuestra pastoral y en ese sentido creo que debo hacer el sacrificio de ir…”   Su diario 24 enero 1980

“…Recibir este honor no es simplemente un homenaje a mi persona, sino que es un apoyo a la pastoral de nuestra arquidiócesis…”                    su diario, 28 enero 1980

Con todo y su preocupación, monseñor se fue. Partió a recibir ese reconocimiento a su pastoral. Viajo junto con el padre Jesús Delgado.

El viaje lo dividió entre Roma y Bélgica. Como en este apartado no nos interesa el viaje a Roma ni lo que hizo ahí, hablaremos solo del viaje a Bélgica.

Llegaron a Bruselas el 31 de Enero de 1980, con una agenda apretada que le había preparado el Padre Juan Deplank, quien era quien le había empujado a recibir la mención honorifica.

“…El padre Deplank me llamaba para que fuéramos a cumplir varios compromisos que él tenia en su programa, el primero fue a la casa de gobierno donde nos recibió el primer ministro que es la suprema autoridad práctica en el país…”                                           su diario 01 Febrero 1980

Su investidura como arzobispo le hicieron en su vida, codearse con personajes de primer nivel, como podemos observar, en este caso lo recibió el Primer Ministro, la suprema autoridad en Bélgica.

El propio día de la investidura académica, el 02 de febrero, fue impresionante. Un evento lleno de glamour, elegancia y de seriedad. Veamos cómo lo describe monseñor Romero en su diario, la ceremonia de investidura.

“…me vestí con mi sotana de obispo para asistir a la universidad de Lovaina a la imposición de mi título del doctorado honoris causa. Un desfile con todos los profesores vistiendo sus togas se dirige hacia la Iglesia de la Universidad, donde se canta una misa en gregoriano, se celebra la santa misa muy solemnemente, una homilía en la cual se da bastante importancia a la vida de nuestra arquidiócesis, en flamenco, yo no entendí, pero sí sonaban los nombres muy queridos de Aguilares, de Jesús Jiménez, del padre Rutilio Grande, donde noté y después me explicaron, que había sido un elogio muy grande a la pastoral de nuestra diócesis. Eran cuatro, los doctorados honoris causa, pero el elogio se me dirigió de manera especial a mi… el rector hizo la presentación del acto y me cedió la palabra, ya que a mí me tocaba disertar el tema principal, sobre “la dimensión política de la fe”.

Al ocupar el estrado, la muchedumbre me saludo con un caluroso aplauso casi interminable, que agradecí naturalmente. Dije unas palabras que me habían preparado en flamenco, para decir que sentía mucho no poder hablar en su lengua, pero hablaría en el lenguaje de mis pobres, a los que yo venía a representar…

Al terminar aquel aplauso, fue muy extraordinario, me sentí abrumado, de verdad, por el entusiasmo y la acogida.    Su diario, 02 Febrero 1980

Es impresionante leer según las mismas palabras de nuestro arzobispo mártir, de cómo fue esa ceremonia. Todo un ambiente de seriedad, muchísima formalidad, un ambiente sobrio, elegante, distinguido, selecto, aristocrático. Un ambiente poco habitual para monseñor Romero, pero en el que estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. Su lenguaje tuvo que ser más teológico, más sapiencial, puesto que no le escuchaban sus pobres de la catedral. Aquí su discurso, sus palabras, debían ser más refinadas. El tema sobre el que disertó fue “la dimensión política de la fe”, y lo hizo no como teólogo ni mucho menos político, sino, como un pastor auténtico, de esos pocos, que dan la vida por sus ovejas.

“…Sencillamente voy a hablarles más bien como pastor, que, juntamente con su pueblo, ha ido aprendiendo la hermosa y dura verdad de que la fe cristiana no nos separa del mundo, sino que nos sumerge en él…” [9]

Fe y política, política y fe. Dos temas complicados, controversiales, difíciles de unir, llenos de muchas aristas, finos hilos, que, con otro auditorio, no todos comprenderían y dos temas en los cuales muchos se pueden equivocar cuando se atreven a tocarlos.

Entre muchas otras cosas que fueron parte de esa admirable y conmovedora cátedra, podemos señalar algunos pasajes.

“…Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país. Estos textos de los profetas Amós e Isaías no son voces lejanas de hace muchos siglos, no son sólo textos que leemos reverentemente en la liturgia. Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos a diario. La vivimos cuando llegan a nosotros madres y esposas de capturados y desaparecidos, cuando aparecen cadáveres desfigurados en cementerios clandestinos, cuando son asesinados aquellos que luchan por la justicia y por la paz… la Iglesia se ha puesto del lado de los pobres y ha asumido su defensa… Por defender al pobre ha entrado en grave conflicto con los poderosos de las oligarquías económicas y los poderes políticos y militares del Estado… 0 servimos a la vida de los salvadoreños o somos cómplices de su muerte. Y aquí se da la mediación histórica de lo más fundamental de la fe: o creemos en un Dios de vida o servimos a los falsos de la muerte…” [10]

Pasajes dignos de análisis. En otra ocasión, podremos hablar de ellos.

Pero volviendo a la descripción de la ceremonia, dice monseñor “…me sentí abrumado…” ante la ovación de tan distinguido auditorio. Es que monseñor Romero tenía un corazón sencillo, que se sentía en familia entre pobres, entre campesinos, entre hombres de sombrero, con cumas[11], tecomates[12] y matatas[13], entre obreros con manos callosas, de camiseta y pantalón acampanado[14], entre mujeres de refajo[15], canastos y yaguales[16], entre amas de casa de delantal, de pie en la cocina de su casa, entre niños descalzos con chuchos aguacateros [17] por mascotas. Pero Dios le puso en su vida también otros ambientes como Roma, España, Francia, y entre ellos, Bélgica en los cuales se codeaba con otro tipo de personas, las de la alta alcurnia, las de hablar refinado, las de modales exquisitos, y algunas de ellas, de corazón solidario con sus pobres, como los belgas.

 “…fueron cuarenta minutos que yo noté que había una atención extraordinaria…”    Su diario, 02 de febrero de 1980

Después de su discurso, un aplauso interminable.

Tan grande y selecto auditorio lo ovacionó, y esto fue mucho para él. Se “cohibió”, se sintió “poca cosa”, lo cual muestra el concepto que tenia de sí mismo. Se sentía, un servidor, se sentía sirviente, se creía uno más, “el que quiera ser el primero, que se haga el último”, decía el Maestro. Monseñor no se creía digno de una ovación tal, pero ese es un juicio no le corresponde darlo a él (a monseñor), sino  al pueblo. Es el pueblo a quien le corresponde ese veredicto final, el pueblo a quien sirvió, el pueblo a quien amó y nosotros, su pueblo, decimos… !!!!CLARO QUE ERAS DIGNO¡¡¡¡¡

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, al momento de ser investido
con el título Honoris Causa.  

Junto a monseñor Romero, les fueron investidas a tres personas más, el titulo honoris causa, pero fue a monseñor Romero en quien se centraron y a quien dieron el honor de exponer la cátedra del acontecimiento.

Monseñor Romero por unos breves instantes se sintió apoyado por tanta gente, que, después de hacer escuchado su discurso, le mostraban su solidaridad y muchos otros que le agradecían por haberles explicado algunas cosas que ellos, no comprendían.

“…los saludos de todas esas personas me llenaron de mucho aliento… que había hecho pensar a muchos en la situación del país… algún teólogo que tenia prevenciones contra la teología de la liberación, manifestó que había entendido muchos puntos que él no entendía, y que sentía que, de verdad, América Latina tenía su propia teología, sin dejar de ser teología de la Iglesia… darle gracias a Dios y a la Virgen por este impulso y apoyo moral que yo he sentido en este acontecimiento…”   su diario, 02 de febrero de 1980

Muy probablemente un “vaso de agua fresca” después de caminar en el desierto, o un “oasis” de amor y comprensión que el Señor Jesús quiso darle, 2 meses antes de su muerte. En este pueblo europeo, en este acontecimiento importante, monseñor sintió que no estaba solo, que después de todo, había mucha gente, aunque sea fuera del país, que entendía perfectamente lo que ocurría y cuál era el mejor servicio que la Iglesia debía dar al pueblo.

Monseñor Romero vivió un momento de acogida cálida y sincera. Seguramente, le “recargó” su decidido servicio a la Iglesia. Le animó a seguir viviendo con amor y determinación, 50 días más, al final de los cuales seria clavado en la cruz de Cristo.

¿Qué habrán pensado los promotores de este reconocimiento, los que le saludaron, los que le conocieron, los que simplemente, le vieron, monseñor De Smet, y todos los que le escucharon ese día, al darse cuenta que ese hombrecito que compartió con ellos, 50 días después cayó víctima de eso que tanto denunciaba? ¿Qué habrán pensado de que ese hombrecito fuera asesinado, aquel que vieron, palparon y escucharon hace menos de dos meses?

Sea lo que fuere, deben sentirse orgullosos. Orgullosos de haber animado y apoyado a un hombre de Dios, a alguien que se sentía abandonado de mucha gente que se suponía debía apoyarle. Deben sentirse con la conciencia tranquila de que apoyaron a un santo, cuando este lo necesitaba.

Gracias Bélgica.

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ

La nominación fue en 1978, pero para el premio de 1979, el cual, al final no le fue otorgado, sin embargo, es importante hacer mención de él, pues solo proponerlo para el premio fue un elogio de carácter internacional.

Fue un grupo de 118 congresistas del Reino Unido quienes lo propusieron para dicho homenaje. No fueron 5 ni 10, sino 118. Luego de esto, en enero de 1979 el congresista norteamericano Tom Harkin, intentó que el congreso de los Estados Unidos, apoyara la postulación.[18]

“Esta tarde tuve una entrevista con tres senadores británicos, que vinieron para informarse de la situación del país y para comunicarme personalmente la postulación que en el parlamento inglés se hizo, de mi persona, como candidato al Premio Nobel de la Paz” Su diario 03 Diciembre 1978

Monseñor Romero había elevado al país, El Salvador, a reconocimientos mundiales. ¿Quién se había fijado en este país, hasta antes de la figura de monseñor Romero? ¿Qué personaje nacional era tan grande como para que su nombre figurase entre parlamentos de naciones del primer mundo? ¿Qué personaje nacional había existido que hiciera que otros países se fijaran en el nuestro? NADIE.

El Salvador era un país insignificante, pequeño, muy pequeño, donde la vida (y la muerte) transcurría sin que tuviese importancia para los demás países, mucho menos para las potencias mundiales, europeas, asiáticas, etc.

Este reconocimiento, que por primera vez se le hacía a un salvadoreño, era sin precedentes.

En El Salvador, de monseñor Romero, sus detractores decían que era un desquiciado, que era un loco, un subversivo, un revoltoso, un comunista, un desequilibrado mental, un vendedor de almas al diablo, que con su prédica alimenta la violencia, que era el responsable de tantos muertos, de haber sido esto cierto, ¿Qué colaboración estarían dando los parlamentarios a El Salvador? ¿Alentarían al loco a que siguiera haciendo locuras? ¿Alentarían al revoltoso a que siguiera agitando al pueblo? ¿Le darían semejante distinción a un desequilibrado mental? ¿A un guerrillero? ¿A un revoltoso? ¿A un agitador?

“Quiero mencionar también, hermanos, en este marco de la comunión de nuestra Iglesia, un sincero agradecimiento al Reino Unido de Inglaterra, que ha tenido ese gesto para mí verdaderamente sorpresivo, de postular mi pobre nombre para el Premio Nobel de la Paz. Han llegado muchas felicitaciones y quiero hacer, pues, a todas estas personas una manifestación sincera de gratitud”

26  Noviembre 1978

Para conocer mejor la situación de este arzobispo que geográficamente estaba lejísimo de su país, “una delegación de parlamentarios ingleses, integrada por Lord Chitnis, Peter Bottoomley y Dennis Canavan visitó El Salvador entre el 02 y el 09 de diciembre”[19] y así conocer de primera mano por qué lo iban a postular.

Los tres congresistas después de hacer diversas visitas claves a numerosos lugares y haber tenido entrevistas importantes, se llevaron una tremenda impresión de la realidad que se vivía, confirmando con ello que en verdad era una excelente idea proponerlo a tan distinguido honor.

“Hemos tenido visitas muy importantes: Como fue la del domingo pasado: de los parlamentarios ingleses que entregaron la nominación de mi persona como candidato al Premio Nobel de la Paz, junto con 118 firmas… Uno de los parlamentarios -lo digo no por vanidad, porque como he repetido, mi persona queda muy al lado de este honor que es para ustedes-, me dijo: «Ahora que he conocido la realidad en que ustedes viven, no sólo una vez sino dos veces pediría el Premio Nóbel para usted»… Mostraron su preocupación sobre la violación de los Derechos Humanos en el país”

 10 Diciembre 1978

Aunque al final no se lo otorgarían, al menos, con esta nominación, se daba un poco de reconocimiento internacional a alguien que era atacado y calumniado ferozmente por sus compatriotas. Aunque no se lo darían, esta mención, de un premio serio y de prestigio, al menos servía de megáfono para que el mundo entero se fijara en la labor del arzobispo en su defensa por la paz. Localmente, al menos algunas instituciones nacionales no pasaron por alto esta propuesta de tan alto honor.

“Entre las felicitaciones, quiero decirles un pensamiento de la del Colegio de Profesionales de las Ciencias Jurídicas, que dicen entre otras cosas que esta postulación es un aval de parte de las autoridades y gremios auténticamente representativos del pueblo inglés y que ella sola ya es una respuesta de la opinión pública internacional a los detractores de la línea del Arzobispado”

 26  Noviembre 1978

 “Así lo veo, hermanos, como un apoyo que yo agradezco profundamente y quiero aclarar para algunas personas que lo confunden, no se trata del Premio Nobel, simplemente es una postulación, una candidatura. Yo sé que eso es muy difícil, llegar a tener el Premio Nobel; y quiero que sepan que yo soy el primero en comprender que hay otras personas que lo merecen mucho más que yo y que estaré muy alegre si al llegar la adjudicación del premio no se tiene en cuenta esta postulación de Inglaterra, sino que se dará según justicia, al que honor merece y me rendiré con cariño, como candidato del Premio Nobel, al que tenga el honor de merecerlo” 26  Noviembre 1978

Los amigos y los conocedores de la labor de monseñor, felices de su nominación. A los detractores de monseñor Romero en el país, les tenía sin cuidado el reconocimiento, porque era una afrenta a ellos. Claro, estaban en contra y combatían al que era propuesto para un premio de carácter mundial. Poco ruido hicieron los periódicos al respecto. Todos los detractores, siempre buscaban la manera de despotricar a monseñor y esto les cerraba la boca al menos momentáneamente. Es sorprendente saber que estos personajes, lejos de ver en este acontecimiento un momento para re pensar su forma de actuar, lo usaron para seguir criticando a quien era pospuesto para este honor.

“El Señor Presidente acusó en México crisis en la Iglesia a causa de clérigos tercer-mundistas. Denunció la predicación del Arzobispo como una predicación política y que no tiene la espiritualidad que otros sacerdotes sí siguen predicando. Que me estoy aprovechando de mi predicación para promover mi candidatura del Premio Nobel. ¡Qué tan vanidoso me creen!” 21 Enero 1979

Lejos de analizar en que, si el arzobispo estaba siendo considerado para la más alta distinción de un premio como este y reflexionar en que el arzobispo podía tener razón en su actuar y en que ellos a lo mejor podían estar haciendo algo mal, mejor se enfocaron en no hablar del tema o en minimizarlo. No vieron lo evidente, estaban ciegos. Su corazón, era en verdad de piedra. Eran como los ídolos inertes del antiguo testamento. “Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, tienen nariz, pero no huelen. Tienen manos, pero no palpan, tienen pies, pero no caminan; ni un solo sonido sale de su garganta” Sal 115

Tenían cerebro pero no pensaban, tenían capacidad de análisis pero ellos mismos se cerraron, veían que monseñor era reconocido pero no les importaba, escuchaban que él era apoyado pero ellos ni se inmutaron. ¿Y los medios de comunicación? ¿Qué dijeron? ¿Se alegraron? ¿Lo comunicaron? ¿Lo dieron a conocer? ¿Lo sacaron en sus primeras planas? Dejemos que sea el mismo monseñor Romero quien nos lo diga.

“La noticia que aquí corrió algunos días antes, ha sido acogida de manera muy opuesta. De parte de los amigos, naturalmente, ha sido motivo de regocijo y de muchas felicitaciones, pero de la parte oficial y de los medios de comunicación social, ha habido más bien, un silencio significativo”

Su diario 03 Diciembre 1978

Pero esto no es de extrañar. En El Salvador, los medios de comunicación social siempre han sido, son y serán, defensores de los intereses de sus dueños y sus dueños, son de tendencia oligarca, contrarios a la voz de las mayorías. En El Salvador, no existe, aún hoy, el “periodismo” verdadero, pues el periodista habla con la verdad, cuenta los hechos, tal como suceden y no oculta las realidades de su pueblo. Aquí eso de que el periodismo es “objetivo”, “dice la verdad”, es “imparcial”, “explica los hechos tal como son”, es una simple utopía.

Por otra parte, el premio nobel de la paz, si somos literales, era para quien buscaba la paz, para quien incansablemente hiciera méritos que fuesen en combatir la violencia y llamar a la paz y la tranquilidad. Y efectivamente, si era un premio “Por la paz”, ¿Quién más lo merecía sino, monseñor Romero? Como estamos hablando de un reconocimiento a nivel mundial, es difícil sopesar todos los casos en todas las regiones del mundo, en ese momento, donde posiblemente había un hombre o una mujer trabajando por la paz, es por esto, que cuesta discernir si no había otra persona más merecedora de este reconocimiento que monseñor Romero. Pero juzgando por quién lo ganó, no había otra persona que llamara a la paz, más grande que don Oscar Romero. Monseñor hablaba del Evangelio, daba esperanza y denunciaba las violaciones a los derechos humanos, y su fin último era LA PAZ. Monseñor Romero en verdad abogaba por ella, desde su púlpito, desde su cátedra, que ya no hubiera violencia, que se dejara de asesinar, de torturar, de secuestrar. Si había alguien merecedor de este título, ese era monseñor Romero.

Al final, el título fue otorgado a una gran persona, una gran santa, una mujer excepcional, la Madre Teresa de Calcuta. No puedo quitarle mérito a esta santa mujer, pero como señalamos anteriormente[20], le dieron el premio a una mujer que no exigía ni pedía nada a nadie, ella solo amaba.

Pero sopesando el testimonio de ambos y el concepto del premio que estaban otorgando, hubiese sido más coherente dárselo a monseñor Romero. A pesar de eso, él, lejos de sentir pena porque el premio lo otorgaron a otra persona, elogió el día que supo que se lo habían dado a la Madre Teresa y hasta la puso de ejemplo.

Es que monseñor no se entristeció porque no se lo dieran, somos nosotros, los que nos entristecemos porque no se lo dieran.

“En estos días nos ha dado ejemplo la Madre Teresa de Calcuta quien fue a recibir el Premio Nobel de la Paz. Renunció al banquete de gala con que debería haberse celebrado aquella entrega. Y dedicaron los $30.000.00 que iba a costar una comida para gastarlo en servicio de los pobres de la India” 16 Diciembre 1979

Este premio, traía consigo una ofrenda económica de vario miles de dólares y dadas las necesidades urgentes del arzobispado, le hubieran caído como “agua de mayo”[21]. Aunque monseñor sabía que era difícil que ganara el premio, ya sabía en qué utilizaría el dinero si se lo otorgaban.

En estas noticias quiero hacer llegar el llamamiento de las hermanas Carmelitas del Hospital La Divina Providencia porque su obra tan caritativa: de construir un hogar a los huérfanos de las enfermas que allí mueren, todavía necesitan 290 mil colones. Lástima que el Premio Nóbel se fue para la India, ¡lo hubieran tenido!… Pero tanto en la India como en El Salvador el camino de los pobres es el camino de la paz. Yo les suplico que ayudemos a esta gran obra que sin duda traerá muchas bendiciones de paz sobre nuestro pueblo” 21 Octubre 1979   

Monseñor nunca pensaba en él, siempre su preocupación eran los demás, en su escala de necesitados, él estaba en último lugar. De haber ganado el premio, bien pudo pensar en quedarse el dinero, pues el premio le hubiese sido otorgado a él, pero monseñor siempre fue un pastor desprendido de todo. Las hermanas carmelitas hubieran recibido tan noble cantidad de dinero y en verdad, ni siquiera ellas lo hubieran disfrutado, pues los destinatarios últimos hubiesen sido, los niños huérfanos de las enfermeras. Así era monseñor, como San Francisco, quien lleno de una certeza evangélica dijo “es dando a todos, que Tú nos das”.

A mi insignificante juicio, este premio se lo hubiesen otorgado a quien clamaba por la paz, no a quien repartía amor. La Madre Teresa, de haber existido, perfectamente hubiese ganado “El premio nobel del amor”, y aún aquí, monseñor Romero se lo hubiese peleado férreamente, pues como dice el Maestro, “nadie tiene más amor, que el que da la vida por sus amigos” Jn 15, 13

MONSEÑOR ROMERO Y LA ABADIA DE WESTMINSTER

La Iglesia anglicana se ha adelantado al juicio certero de la Iglesia Católica. Más temprano que tarde, la Iglesia Católica tomará la misma decisión. Ese día se mostrará que la Iglesia Anglicana acertó muchísimo más rápido, pero hoy por hoy, los anglicanos han salido adelante. La Iglesia Anglicana ha decidido contar entre sus santos a monseñor Romero y juzgó oportuno rendirle un homenaje al inmortalizarlo en su principal templo cristiano, en Inglaterra.

Recordemos primero lo que es la Iglesia Anglicana. Anteriormente se apuntó que un arzobispo fue asesinado. Thomas Becket. Fue en el 1,170. Esto por órdenes del rey Enrique II. Pues bien, como ese fue un hecho consumado, la fidelidad al Papa fue debilitándose. Posteriormente con el Rey Enrique VIII, se rompen totalmente las relaciones con el Papa y es así como surge una nueva Iglesia, la del Rey Enrique VIII, es decir, la Iglesia Anglicana, o “de los ingleses”. Las catedrales, las capillas, los templetes y toda infraestructura, pasó a ser de la Iglesia Anglicana.

La catedral de Santo Tomas Becket, es la Abadía de Westminster, ubicada en el centro de una de las más grandes urbes de la actualidad, Londres, Inglaterra. Construida en el primer milenio, el siglo X, hace tanto tiempo, que nos cuesta imaginar su antigüedad. Este templo, ha sido testigo de mil años de historia. Es un templo gótico, imponente. Su dignidad es tal, que solo está asociada a los grande, a lo majestuoso, a lo aristocrático. En ella a lo largo de los siglos se han desarrollado las coronaciones de los monarcas ingleses y el entierro de los mismos. Es un templo reservado única y exclusivamente a lo grandioso, a lo sobresaliente, a lo digno. Es el principal templo anglicano. El más sobresaliente. 

El templo tiene en la parte frontal, 10 nichos vacios. Nichos en los cuales pueden estar 10 imágenes de vírgenes, santos y/o apóstoles. Todo el que llegue a Westminster antes de entrar a tan magno templo podrá apreciarlos. Pues bien. En el siglo XX, la Iglesia anglicana tuvo la idea de designar a 10 personajes que ocupen esos nichos. Ah pero se debe hacer una escogitación minuciosa de quienes son dignos de estar en este templo principal, reservado únicamente a lo grande. ¿Quiénes deben ser estos personajes? Si la abadía está reservada a lo grande, a lo digno, entonces los personajes también deben ser dignos, dignos de crédito, dignos de su testimonio. Entonces la Iglesia anglicana decide que “deben ser mártires”, si, “mártires del siglo XX”. Se entró entonces en un proceso de selección de los 10 personajes dignos de ser contados entre los 10 mártires del siglo XX, dignos de adornar el principal templo anglicano, no importando si fuesen o no anglicanos. Esta selección además, debía unir a los cinco continentes, como signo de universalidad del cristianismo, en otras palabras, signo de ecumenismo. Y es así, como la selección fue la siguiente.

  1. Duquesa Elizabeth, 1918, de Rusia, santa de la Iglesia ortodoxa, asesinada por los bolcheviques (los revolucionarios soviéticos)
  2. Manche Masemola, 1928, sudafricana. Una jovencita de 15 años asesinada por sus padres debido a su fe cristiana.
  3. Maximiliano Kolbe, polaco, sacerdote franciscano que en 1941, se ofreció a ser ejecutado por los nazis en un campo de concentración, en lugar de un padre de familia que había sido sentenciado.
  4. Lucian Taipedi, de Nueva Guinea, asesinado en 1942, en la invasión japonesa a Papua.
  5. Dietrich Bonhoeffer, alemán. Pastor luterano, asesinado por los nazis en 1945
  6. Esther John, Pakistaní, asesinada por musulmanes en 1960
  7. Martin Luther King, norteamericano, pastor baptista, asesinado en 1968 por alzar su voz, en defensa de sus hermanos
  8. Wang Zhiming, chino, pastor evangelista asesinado en 1973 durante la revolución cultural.
  9. Jasnani Luwun, arzobispo anglicano en Uganda, asesinado en 1977
  10. Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez

El 09 de Julio de 1998, las estatuas de estos 10 mártires cristianos fueron instaladas en sus nichos respectivos. Cabe destacar que ante este acontecimiento, se realizó una ceremonia especial, contando con la participación de primeros ministros, jefes de estado, monarcas, reyes, reinas, parlamentarios, etc. Los personajes homenajeados son de este siglo y dado las diferentes fechas de sus martirios, monseñor Romero resulta ser prácticamente el último, familiares de los homenajeados estuvieron presentes, y por lógica, siendo monseñor Romero el último, aun tiene familiares vivos, al menos en primer grado. Ese día hubo dos ponencias en la catedral de Londres. Una sobre el martirio en general y la segunda sobre Monseñor Romero. Un detalle que no debemos pasar por alto. Un tema hablando en general y el otro, hablando específicamente del testimonio martirial de monseñor Romero. Los anglicanos son consientes de que las circunstancias que rodean el martirio de monseñor Romero, son excepcionales y decidieron un tema específicamente de él. La comitiva que representaría a El Salvador en Londres fueron la Dra. María Julia Hernández, compañera de mil batallas de monseñor Romero, monseñor Orlando Cabrera, obispo de Santiago de María, monseñor Ricardo Urioste y Don Gaspar Romero, hermano de sangre de monseñor. Iban otras personas.

Los 10 mártires del siglo XX. Al centro Martin Luther King y monseñor Romero, con un niño en sus brazos.

Bien dice el Maestro, “nadie es profeta en su tierra”, puesto que, lo que los extranjeros han entendido con el paso de los años, los nacionales se empecinan en desacreditarlo y despreciarlo, aunque sus razones no son de fe, sino, simplemente, políticas, las cuales van amarradas a intereses económicos e ideológicos. El 27 de Julio de 1998, 20 días después de tan magno evento, apareció un artículo de un prominente personaje político de derecha, don Gerardo Escalón Gómez[22], por cierto y para variar, diputado por el partido ARENA, en esos años, en el cual dispara directo a este homenaje a monseñor Romero y en ese entonces (1998) como antes (cuando monseñor estaba vivo), cualquier cosa que desprestigiara a monseñor Romero, tenía las puertas abiertas y cabía gustosamente en los “periódicos” salvadoreños.

“… el gran espíritu ecuménico de nuestros hermanos anglicanos, ocasión hábil y maliciosamente aprovechada por los impulsores de la cacareada canonización, del que a pesar de sus múltiples “errores y horrores”, quieren convertirlo en el primer santo “equivocado” de la Iglesia Católica, y que se valen de situaciones como esta para lograr sus no muy santos propósitos… y lo esculpió en una posición no muy usual en él, ya que lo hizo “chiniando[23]”, en lugar de hacerlo con su inseparable micrófono, o de perdido, con un megáfono piquetero, instrumentos que uso muy a menudo, no solo para sus típicas arengas, sino para confundir a los pobres de espíritu. Indudablemente es para darlo a conocer como una mansa paloma, envuelto en un gran hábito, hecho de pieles de blancas ovejas, para con esto tratar de vender una falsa imagen, que no concuerda con su controversial y verdadera personalidad…”  

El señor Escalón, representa a todos los personajes nacionales que se retuercen como babosas[24] cuando les echan sal, al darse cuenta de los homenajes que alrededor del mundo le ofrendan al Obispo de los pobres. Su total desconocimiento del Evangelio le hace vomitar palabras que él cree que son cuerdas, pero están fuera de toda lógica evangélica. El y muchos tantos otros, condenan a monseñor Romero desde su opción política, y, como dice monseñor Rafael Urrutia, “si a monseñor Romero lo juzgamos desde la concepción ideológica, siempre le vamos a condenar”. Es imposible juzgar y sopesar la labor pastoral de monseñor Romero desde los estatutos de un partido político. Si queremos juzgar a este pastor, debemos tener el Evangelio de Jesús en la mano, acompañadas del Magisterio de la Iglesia, El catecismo universal, Puebla, Medellín, El Concilio Vaticano II, la Rerum Novarum, la Pacem in terris, la Fidei Depositum, la Populorum Progresio, los discursos de los santos padres, San Jerónimo, San Agustín, San Ignacio de Antioquia. También debemos tener a la mano los libros de Isaías, Jeremías, Amós, Habacuc, Sofonías, las cartas de San Pablo, conocer las historias de Matatías, Judas Macabeo, y así como comenzamos, terminamos conociendo el Evangelio de Jesús.

A la luz de estos documentos, podemos juzgar el ministerio de monseñor Romero. No es según mis criterios políticos e ideológicos, no es lo que yo creo, y lo que mis amigos dicen que debe ser, sino la autoridad de Dios y la Iglesia a la que pertenece el pastor. Es a la luz de estos escritos que vamos a valorar y sopesar su manera de actuar y de predicar. Si encontramos contradicción entre los escritos apuntados y la vida de monseñor, entonces estamos aptos para juzgarle.

Solo quien conoce el Evangelio, su mensaje y sus exigencias, es capaz de decir lo que no es Evangelio. O sea que quien desconoce el Evangelio, no nos puede decir, qué es el Evangelio.

Nota importante: Monseñor Romero recibió otros reconocimientos mientras fue arzobispo, en este apartado solo se mencionan algunos de ellos. Por ejemplo recibió el Premio de la Paz de 1980 que lo confería la acción ecuménica de Suecia[25]. Posteriormente, recibiría otros reconocimientos de manera “post mortem”

ROBERTO CAMPOS

OCTUBRE DE 2014


[1] La palabra queda. Pág. 151

[2] La Palabra queda. Pág. 151 – 152

[3] La palabra queda. Pág. 153

[4] La palabra queda. Pág. 152

[5] La palabra queda. Pág. 154

[6] La Palabra queda. Pág. 154

[7] La Palabra queda. Pág. 154

[8] La Palabra queda. Pág. 155

[9] La dimensión política de la fe. Discurso en la Universidad de Lovaina, Bélgica.

[10] Discurso en la Universidad de Lovaina, Bélgica. “La dimensión política de la fe”.

[11] Una especie de cuchillo grande que usan los campesinos para trabajar en el campo

[12] Especie de calabaza de cuello estrecho y corteza dura, que sirve para contener agua. El “tecomate” lo usa el campesino cuando va a trabajar, para guardar agua e hidratarse en el trabajo.

[13] Es una especie de bolsa, que parece red, hecha de fibras de una planta, que el campesino usa para guardar y llevar cosas, como la cuma, sus depósitos para comida, papel de diario, etc. La matata la lleva el campesino cuando sale de su casa, a trabajar o a hacer alguna diligencia.

[14] El pantalón acampanado era una moda de los años setentas y ochentas. En la parte final del pantalón, la parte que cubría los pies, el pantalón era más ancho, más grande, como una “campana”

[15] El “refajo” es una pieza de vestir que usan las mujeres campesinas, como una falda.

[16] El “yagual” es una especie de almohada que usan las mujeres para llevar pesadas cargas en su cabeza. Puede ser una toalla, la cual enroscan en sí mismas, en círculos y se la ponen en la cabeza.

[17] Chuchos aguacateros : Perros criollos, perros del lugar, así les decimos a los perros que deambulan sin dueño o que no son de raza, como los gran danés, los doberman, los bulldog, los terrier, etc. “Chuchos aguacateros”.

[18] Puede leerse en “su diario”, el 12 de abril de 1979

[19] La Palabra queda, James Brockman, Pán 214

[20] Parte VII. Su proceso de canonización. La Madre Teresa de Calcuta

[21] “como agua de mayo”, decimos los salvadoreños cuando algo llega en el momento justo y cuando lo necesitamos, haciendo referencia a la lluvia que cae en nuestras tierras en mayo, cuando inicia el período de invierno.

[22] La Prensa Gráfica. Comentado una develación. Lunes 27 de Julio de 1998

[23] “Chinear” es cuando cargamos a un bebé

[24]  Molusco terrestre, sin concha, que cuando se arrastra deja como huella de su paso una abundante baba. Cuando un salvadoreño ve una de ellas en su casa, va, toma un poco de sal y se le echa encima. El pobre animal se retuerce del dolor.

[25] Su diario, 09 de marzo de 1980

VIII. El Vaticano y su extraña indiferencia

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

Desempolvando intencionalmente mi “hemeroteca” personal, encontré un artículo del diario CoLatino[1], del 05 de mayo del 2000. “El Papa recordará este domingo a monseñor Romero”.

Interiormente, la nota dice que en El Vaticano se realizará una ceremonia en la que serán recordados los mártires del siglo XX, y sorprendentemente, ¡¡¡Monseñor Romero NO se encontraba en la lista!!!, al menos no en la lista original.

La parte humana de la Iglesia en acción, obrando como el “abogado del diablo”, en franco servicio al señor “olvido” y a doña “indiferencia”.

“La iglesia humana y Divina a la vez que en luz y sombras la vez…” [2] Así es la Iglesia, luz y sombras, humana y Divina, por eso no nos extraña que “…tensiones hay, y las habrá, porque nosotros somos hombres, y no ángeles de luz” [3] Por eso comprendemos los pecados del Vaticano.

Una ceremonia oficial, en el propio Vaticano para recordar a esos testimonios de fe alrededor del mundo. Esas vidas dignas de ser recordadas… y monseñor Romero fue hecho a un lado. Increíble.

“…Durante la presentación de esa celebración, hace dos semanas, causó polémica la ausencia de monseñor Romero en la lista de «testimonios de la fe». En ese entonces, los representantes del Vaticano no supieron explicar la ausencia, aunque el Cardenal Roger Etchegaray, presidente del comité para el Gran Jubileo del 2000 aseguró que la lista no era definitiva…” Después de esta reunión, y de cuestionar la ausencia de monseñor Romero, le agregaron y el Papa Juan Pablo II le nombró en una oración dentro de la celebración, pero ¿a qué se debió semejante omisión? ¿El Vaticano “ignora” que monseñor Romero fue asesinado? ¿El Vaticano no cree digno a monseñor Romero de estar en la lista de los testimonios de martirio? ¿Lo agregaron al recibir esta presión? ¿Lo agregaron solo porque se les cuestionó? ¿Qué pasa por la mente de los que dirigen nuestra amada Iglesia? Es evidente que en todos estos años, siempre ha habido en El Vaticano “anticuerpos” en el caso de la canonización de monseñor Romero, y es una de las causas por las cuales el proceso ha avanzado prácticamente nada. Es que “el profeta”, incomoda.

MONSEÑOR ARTURO RIVERA DAMAS, EL SANTO DESCONOCIDO

Su brazo derecho, su apoyo, su “Bernabé”, su bastón.

Monseñor Arturo Rivera Damas, será un “santo desconocido”. Sucesor directo e inmediato de monseñor Romero. Su clarividencia al momento de juzgar el momento que atravesaba El Salvador en esos años convulsos es excepcional. Comprendió muchísimo antes que monseñor Romero, que el Evangelio no solo hay que leerlo y predicarlo, sino vivirlo y encarnarlo en la historia del pueblo. Comprendió mucho antes, que la hora del martirio de la Iglesia salvadoreña, había llegado. Supo perfectamente que la hora del testimonio y fidelidad a Jesús de Nazareth había llegado para los salvadoreños, supo que el documento de Medellín, era continuación fiel del Evangelio.

Monseñor Rivera fue un artífice en el arzobispado de monseñor Luis Chávez y Gonzalez, predecesor de monseñor Romero. Fue clave en la dirección que tomó el clero de la arquidiócesis, es decir, en aplicar los documentos del Concilio Vaticano II y de Medellín. Sin monseñor Rivera, quien sabe si las cosas se hubieran dado igual.

Monseñor Romero encontró en él, al aliado, al hermano, al amigo en quien podía confiar. Monseñor Romero aprendió mucho de monseñor Rivera. Cuando las cosas estaban oscuras, turbias para monseñor Romero, fue monseñor Rivera quien con amor fraterno y como cuando un hermano mayor le explica al hermano menor, le tomó de la mano y le exponía cómo debía ver las cosas, al menos así fue al principio, aunque después, monseñor Romero se le adelantara a monseñor Rivera. Por ejemplo.

Durante la transición del arzobispo titular, en marzo de 1977, entre monseñor Chávez y Gonzalez y monseñor Romero, las capturas de sacerdotes, desapariciones forzadas, asesinatos ya sucedían por cientos. Para atender esta problemática, los obispos se reunieron para analizar cuál debía ser la postura que debían asumir. Monseñor Chávez y Gonzalez era el arzobispo, pero el empuje lo daba monseñor Rivera. “…monseñor Barrera señaló que una ruptura con el gobierno podría acarrear peores males. Monseñor Rivera dijo que el asunto no era “romper relaciones” sino decir la verdad, puesto que la Iglesia era la única capaz de decirla públicamente. Monseñor Rivera propuso hacer una declaración pública y leyó en voz alta una que había traído consigo. La Conferencia designó a monseñor Romero y a mons. Fredy Delgado, secretario, para moderar el tono de unas pocas expresiones…”[4]    

Monseñor Rivera, ya iba adelantado con un modelo de carta. El escrito hacia un llamado a poner fin a la violencia, fuente de tanto dolor en el territorio salvadoreño,  y quedaron en que se leería en todas las misas de todas las diócesis del país.

La decisión de leer la carta fue tomada en firme por la conferencia episcopal, pero un par de días después, monseñor Romero, que acababa de ser nombrado arzobispo, y por tanto, era el responsable de la arquidiócesis, preso de sus escrúpulos, llegó apresuradamente donde monseñor Rivera y asustado le dijo que esa carta NO debía leerse, “… que no era oportuno, que era parcial, él (monseñor Romero) no sabía por qué se había firmado. Monseñor Rivera replicó tranquilamente que sí era oportuno y que, naturalmente era parcial, porque dadas las circunstancias tenían que defender a aquellos cuyos derechos estaban siendo atropellados…”[5]  Clarividente, avanzado, inspirado. La carta “era parcial”, por supuesto, parcial con los que sufrían, parcial con los que lloraban, con los que habían sido atropellados. Como el caso de la adúltera. Jesús no fue “imparcial”, como hacen los hipócritas, que quieren quedar bien con Dios y con el diablo. Se puso del lado de la que estaba a punto de ser lapidada y esto, salva la vida a la mujer. Monseñor Romero, aún no caía en la cuenta de qué hacer ante semejantes circunstancias, eran nuevas para él, monseñor Rivera, ya iba 100 km delante de él.

Un par de días después, Rutilio Grande era asesinado. Monseñor Romero leyó la carta.

La agrupación que le presentó muchos dolores de cabeza, la conferencia Episcopal, estaba en su contra (de monseñor Romero), dentro de ella, solo monseñor Rivera le apoyaba y encontró en él, al fiel hermano en quien sí podía confiar.

“…Monseñor Rivera también me sorprendió gratamente y con él conversamos sobre el documento secreto de una denuncia de los cuatro obispos contra mí, en el cual, ante la santa Sede, me denuncian hasta de asuntos de fe, de politización, de una pastoral con bases teológicas falsas, y un conjunto de acusaciones que ponen completamente en entredicho mi ministerio episcopal…”

Su diario, 18 mayo 79

Fueron como dos gotas de agua, videntes, sinceros, solidarios, fraternos, uno con el otro, fueron verdaderamente “hermanos en el episcopado”. “Pablo” y “Bernabé”. Ambos publicaron una carta pastoral en conjunto. La tercera de monseñor Romero y la primera de monseñor Rivera, como Obispo de Santiago de María, signo de su comunión.

La Iglesia salvadoreña debe mucho a monseñor Rivera Damas, por haber sido tan fiel al Evangelio, aun cuando a él, en un principio, no le apoyaba nadie (monseñor Romero aun era “conservador”). Por eso, monseñor Rivera será un “santo desconocido”, pues vivirá en el anonimato, pero a la sombra de monseñor Romero, se logrará descubrir el gran Obispo que fue. Del resto de obispos… ¿Qué decir? ¿Reflexionamos sobre su actuación ante la situación de su tiempo? ¿Hablamos de su cómplice y traidor silencio? ¿De sus excelentes relaciones con los ricos, poderos, Gobierno y militares? ¿De sus cocteles con generales mientras los campesinos eran masacrados? ¿De su complot en contra de monseñor Romero? Mejor nada, no digamos nada, para no ofender a un Obispo de la Iglesia, porque como dice el Padre Pio, San Pio de Pietrelcina ¿Quiénes somos nosotros para hablar de un Obispo de la Iglesia? Además, así no pronunciamos palabras superfluas.

EL SILENCIO SEPULCRAL RESPECTO A SUS HERMANOS OBISPOS

Ya hemos apuntado que monseñor Romero tenía una férrea posición de sus hermanos obispos. En 1980, en El Salvador existían 6 obispos[6], cuatro de los cuales le eran hostiles y monseñor Rivera. A estos cuatro, se sumaba el Nuncio apostólico Enmanuel Gerada, quien reprendió, a monseñor Romero, por ejemplo en el caso de su decisión respecto a aquella memorable única misa, en protesta por el asesinato del padre Rutilio Grande. También es importante mencionar al secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Fredy Delgado, quien aunque no era Obispo, no era simpatizante de monseñor Romero y después de la muerte de monseñor Romero, monseñor Delgado se sumó a la difamación a monseñor Romero, pues se conoce un escrito que todo parece indicar que es de su autoría. Este documento circula en internet y es tomado como “prueba” de sus detractores de que monseñor Romero andaba en malos pasos. Este documento lleva por título “Mons. Oscar Arnulfo Romero: imagen utilizada por el magisterio paralelo”, en el cual hace un ataque directo a monseñor Romero tildándolo por ejemplo de que era “mentalmente débil” y otras barbaridades que son dignas de un verdadero ataque visceral contra alguien que ya no se podía defender por estar ya fallecido. Más adelante podremos tocar este tema de este documento de monseñor Delgado y poder analizarlo.

Como todo cristiano que trata de ocultar los defectos de sus hermanos, que trata de no predisponer a sus oyentes en contra de esos obispos perversos, monseñor Romero NUNCA habló públicamente en mal de ninguno de ellos. Si se revisan sus homilías, no hay una tan sola referencia a esta desunión entre la conferencia episcopal de El Salvador. Monseñor Romero se cuidaba de no decir nada en contra de ellos, de no decir nada que les pudiera traer rechazo de parte del pueblo. Por supuesto, se sabía, pero por intercesión de terceros.

“…después de una discusión que me dejo, como siempre, amargado, en mis relaciones con la conferencia episcopal, ya que se nota una inquina personal hacia mi, sin embargo, ofreciéndole todo al Señor…” Su diario, 02 Diciembre 1979

“…Yo fui objeto de muchas acusaciones falsas, de parte de los obispos. Se me dijo que yo tenía una predicación subversiva y violenta…. Y otra serie de acusaciones calumniosas y falsas a las cuales preferí no contestar. Ha sido un día amargado por esta circunstancia…”  Diario personal, 03 Abril 1978

“…se trató de que era ya el momento quizá de hacer nuestro propio seminario y no estar siendo víctima de tantas injusticias de la conferencia episcopal, y se acordó preparar un informe a Roma, de cómo la conferencia de nuestro país, no presta los servicios para los que han nacido las conferencia episcopales y cómo existe una tendencia casi personal contra el arzobispo y contra la arquidiócesis…” Su diario, 14 Diciembre de 1979

Como se puede observar, monseñor Romero se desahogaba en su diario, ahí se puede comprender la terrible prueba que tenía que pasar cada vez que se reunía con sus hermanos obispos, y gracias a Dios que nos dejó su diario, pues nos hace comprender de cómo sufría en ese sentido. Monseñor nunca dijo una palabra pública reprochando a sus hermanos obispos, fue solo en privado que lo comentaba, en la intimidad de él y su grabadora, y por supuestos, a las personas de más confianza para él.

PARA SER BEATO, SU MARTIRIO BASTA

La Iglesia solicita un milagro para ser declarado “Beato”, pero también, según las normas de la Iglesia, el mártir que da testimonio de su fe, no necesita de milagro alguno, de hecho, “mártir” significa “testigo”. La sangre del mártir es el pasaporte ideal para entrar entre los elegidos de Dios. Es el “santo viático” para estar con el Padre. La sangre derramada le garantiza (a monseñor) ser parte del santoral de la Iglesia, pero esto, cuando la parte humana de la Iglesia la quiera aceptar. A pesar de ello, de que aún no es parte oficial del santoral de la Iglesia, monseñor Romero ya hizo varios milagros. Milagros verdaderos, no es un juego de palabras o una metáfora. Basta con visitar la casita donde vivió y contemplar las decenas de placas que le han dejado “sus pobres”. Ahí están plasmados, los favores recibidos, los cuales, cada quien, sabrá defender sobre su veracidad. Estas placas en un principio se las llevaban a su tumba, cuando esta estaba dentro de la catedral metropolitana, donde oró Juan Pablo II en su primera visita a El Salvador[7], pero una vez que se inició el proceso de canonización de monseñor Romero se tuvo que sacar el cuerpo de la catedral, atendiendo a las normas de la Iglesia y fue entonces que esas “plaquitas” con esos agradecimientos, fueron llevados a la casita donde vivió, allá con las hermanas carmelitas.

Es interesante también conocer el sorprendente pasaje de sus vísceras. Seguramente todas las religiosas carmelitas del Hospital La Divina Providencia lo conocen, pues la madre Lucita, quien lamentablemente acaba de fallecer, se los habrá contado. En resumen, este episodio es de la siguiente manera. Las vísceras que le sacaron a monseñor Romero, en marzo de 1980, antes de embalsamarlo, las enterraron en el patio de la casita donde vivía, 2 años después, por accidente, al hacer unas excavaciones, las desenterraron y ¿Cómo estaban las entrañas de monseñor Romero?… las encontraron intactas, con la sangre aún líquida y sin ningún mal olor, ni color. ¿Un milagro? ¿Quién puede dudarlo? Para mí, indiscutiblemente un milagro de Dios. Eran las entrañas de un santo, que como las de san Juan Bosco y el Padre Pio, las leyes de la física se apartan de sus cuerpos y les dejan para ser luz de los cristianos. Dios en su infinita misericordia ha enviado un rayo de poder y ha preservado las entrañas del profeta. Este es un episodio digno de conocer a profundidad. Hay varias notas al respecto, el autor tomó estos datos del reportaje hecho a sor Lucita y publicado en el siguiente sitio en internet.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35523 (sitio web activo al 24 de Junio del 2016)

A esta fecha, año 2025, este sitio está inactivo, ha desaparecido, por lo cual el lector NO podrá acceder a él, sin embargo, por esas cosas de la vida, en ese tiempo, me di a la tarea de copiar la nota completa y se las comparto como «documento». Es una nota sobre la muerte de la Hermana Lucita.

Luego vendrá el milagro para ser declarado “santo”. Pero ¿Qué milagro más grande que su vida de tormento? ¿Su fidelidad? ¿Su profetismo? “…nos piden milagros allende del mar, historias grandiosas para no dudar, del juicio de quienes le vimos pasar, amando a su pueblo, los ojos humildes supieron brillar, los paralizados pudieron marchar, los siempre olvidados, ganaron lugar… ¡proclámenlo santo! [8] Aún y con esta exigencia, yo no le veo ningún inconveniente. El Señor Jesús nos dará ese milagro necesario para los ojos de los hombres. Sabemos que los santos, en verdad, no hacen milagros, es Dios, Cristo, quien con su inmenso poder, los elabora, los ejecuta, por la intercesión del santo. Solo Dios es poderoso. Los santos solo interceden, suplican por nosotros. El Dios de los pobres sabrá dar la señal perfecta para elevar a los altares al Obispo de los pobres, al santo de la justicia social, al santo de los desaparecidos, de los torturados, de los masacrados.

MI TESTIMONIO PERSONAL

Quiero plasmar mi testimonio personal con monseñor Romero. Un episodio que guardo cariñosamente en mi “baúl de los recuerdos”. Gracias a Dios, tengo el orgullo de decir “soy contemporáneo de monseñor Romero”. Cuando él predicaba, yo ya tenía aliento de vida. Un niño al menos, pero ya existía. Cuando fue asesinado, yo tenía apenas 12 años, la inocencia aún permanecía en mi ser. Me siento orgulloso de haber existido paralelamente al profeta de nuestra América, aunque lamento profundamente no haberle conocido en persona ni haber escuchado alguna homilía en vivo o al menos por radio.

Cursaba sexto grado, recuerdo que inocentemente, jugábamos con las siglas FPL, BPR, LP 28, FAPU, etc. En los borradores, marcábamos esas siglas, con lapiceros, luego los presionábamos en nuestros cuadernos, como una especie de sellos. En el papel quedaba escrita la peligrosa sigla, ignorantes del terrible peligro que corríamos y en el que metíamos a nuestros maestros.

Cierto día, caminábamos en las calles de mi pueblo natal cuando escuchamos al vendedor de periódicos “asesinan a monseñor Romero… asesinan a monseñor Romero”, el amigo, de mi misma edad, con quien caminaba y yo tuvimos esta corta conversación

  • Mi amigo:       Dicen que mataron a un padre…
  • Yo:                   Ahhh ¿de verdad?
  • Mi amigo:       Sí, y dicen que era guerrillero
  • Yo:                   Ahhh… entonces esta bueno que lo hayan matado

Dos niños de 12 años, hablando de cosas graves, y uno de ellos, mi amigo, haciendo aseveraciones que había escuchado de los mayores o en algún lado, el otro, yo, aprobando el sacrilegio. 35 años después, esa conversación me da risa. Me da risa porque recuerdo la inocencia del niño de 12 años, hablando de cosas que no conocía, mucho menos comprendía. Atreviéndose a aprobar un acto nacido de la locura, del odio y de la maldad. La inocencia en su máxima expresión.

Un niño totalmente envenenado por los “periódicos” de su tiempo. Aquí podemos comprender la fuerza y la manipulación que los medios de comunicación social tuvieron, tienen y seguirán teniendo en la opinión popular. Estos niños, seguramente a diario veían, y quizá leían, las “noticias” de los famosos “guerrilleros” a quienes la prensa nacional calificaba de “terroristas”, “delincuentes”, “subversivos”, “comunistas”. También veían los ataque al pastor, con eso de que “era un guerrillero”, quizá más de alguna conversación de los mayores escucharon donde hablaron del tema. Por eso, aquel niño, no dudó en decir “esta bueno”… mi mente de infante, estaba completamente envenenada por el periodismo salvadoreño.

Como dirá San Pablo, ahora crecí e “hice a un lado las cosas de niño”. Bendito sea Dios que también me ha concedido el don de leer, ser crítico de lo que leo, veo y escucho. Bendito sea Dios que me permitió llegar a la Iglesia, conocer el Evangelio y no ser católico de domingo, sino caminar un poco más adentro y conocer el magisterio de la Iglesia, la vida de los santos, los padres de la Iglesia, etc. Bendito sea Dios pues fui descubriendo lo envenenado que estuve. El Señor fue disipando las negras nubes. Fui comprendiendo el Evangelio y así, fui conociendo al verdadero Monseñor Romero. Ahora le diría al niño de hace cuarenta años… “Hola niño, lamento que te hayan envenenado, pero tu inocencia era comprensible. Me alegra que te hayas hecho hombre y que hayas descubierto la verdad”

De lo que sí estoy seguro es que mis hijos, no serán envenenados por esta prensa diabólica. Mi esposa y yo, les explicaremos la verdad evangélica que grita al mundo entero, ¡¡monseñor Romero, profeta!!

Y NADIE LO QUERIA EN 1976

Y cómo son las cosas. Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez, al Obispo que ningún miembro del clero quería. En principio, lo asociaban con las esferas de poder. Espiritualista, absorto en las cosas celestiales, ignorante de la realidad del pueblo.

Todos esperaban a monseñor Rivera, evangélicamente era lo más acertado, pero los caminos de Dios, no son los de los hombres y en algunos casos, es el hombre el que se impone a la lógica del Evangelio, “…El clero de San Salvador apoyaba a monseñor Rivera, quien había sido auxiliar desde 1960, para suceder a monseñor Luis Chávez y Gonzalez. Para la clase bien acomodada de El Salvador y para el gobierno que esta controlaba, monseñor Rivera era indeseable. No querían a nadie que continuara los caminos de monseñor Chávez. Para algunos, monseñor Rivera era de esos “curas comunistas” que soliviantaban a los campesinos y a las clases bajas con pláticas de justicia y liberación. Estarían satisfechos con uno de los conocidos conservadores, o sea, prácticamente cualquiera, menos monseñor Rivera…”[9]

Cualquiera, menos monseñor Rivera. Y entre esos “cualquiera”, estaba monseñor Romero. En este momento, monseñor Romero gozaba del beneplácito de los 4 obispos de la conferencia episcopal, del gobierno, el presidente de la república, los ricos y poderosos. A los que no les caía en gracia su posible nombramiento era al clero y a los cristianos comprometidos con la pastoral de monseñor Chávez y Gonzalez. Es lógico pensar que se enviaron al Vaticano las sugerencias respectivas, las ternas. Por su parte, monseñor Chávez, ya con 75 años encima y de acuerdo al código de derecho canónico, debía dimitir, su sugerencia fue Monseñor Rivera, pero a pesar de ser el arzobispo, su opinión, “no pesaba”. Cuando monseñor Chávez y González se enteró de la elección, dijo tristemente “Es curioso que la santa Sede no me haya hecho caso con monseñor Rivera que siempre fue mi candidato y lo sabían. Cuarenta años de arzobispo, y no tuvieron en cuenta mi opinión”[10]. Por otra parte, el gobierno los ricos y poderosos, mandaron su elección. Monseñor Romero.

“…La elección de Roma fue Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Hablaba ocasionalmente en tono piadoso acerca de las enseñanzas sociales de la Iglesia, pero había mostrado su conservadurismo como auxiliar de San Salvador y especialmente como director del periódico Orientación. Había denunciado las nuevas “cristologías”, en su homilía  en la catedral de San Salvador el 06 de agosto de 1976…”[11]

Pero como Dios no es ningún “cincu´e yuca”[12], no se quedó de brazos cruzados. Dios sacó su as bajo la manga. “Cambiar el corazón del elegido”.

En Chiliupán estaba, en un cursillo de promoción popular.

-¡Olvidémonos! ¡Este hombre va a acabar con todo esto! -me dice otro cura. Corrí a San Salvador. Le puse un telegrama a Monseñor Chávez. De despedida. Y a Rivera otro. De simpatía. Era a él a quien esperábamos de arzobispo. A Monseñor Romero no le puse ninguno, no lo felicité, no era sincero por mi parte. Estaba profundamente disgustado.[13]

Estas eran las reacciones lógicas de un clero comprometido con su pueblo, a quien le acababan de imponer un Obispo verdaderamente ajeno a su pastoral comprometida. Un clero que acompañaba las penurias de los campesinos, veía cómo su Obispo era propuesto por los responsables de semejante situación y era avalado por el Vaticano.

“…Me caía mal. Era un ser insignificante, una sombra que pasaba pegada a las paredes. Desde que llegó a San Salvador, el padre Romero decidió irse a alojar al seminario San José de la Montaña, a saber por qué razón. Allí vivíamos una comunidad de jesuitas. Pero él nunca comía ni cenaba ni desayunaba con nosotros. Bajaba al comedor a otras horas para no encontrarnos. Era claro que nos esquivaba. Que llegaba a San Salvador cargado de prejuicios…” [14]

Nadie lo quería, nadie esperaba nada de él, nadie del clero le apoyaba, nadie estaba contento, nadie nada. Monseñor Romero era el indeseable, el que acabaría con todo, el que permitiría todo, el que guardaría silencio cómplice de todo, el que  tomaría champan en la San Benito. El elegido de la oligarquía salvadoreña.

¿Cómo es Dios, verdad? !Sorprendente, imprevisible¡ Con Dios no se juega. No se le burla, no se le engaña. “destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días”, pongan a ese arzobispo y lo cambiaré en un segundo exacto.

SU REZO DEL SANTO ROSARIO Y SU AMOR A LA VIRGEN

Decía sor Lucita, la religiosa mexicana, testigo de la santidad de monseñor Romero y también privilegiada testigo de su asesinato, que monseñor Romero jamás se acostaba sin rezar su rosario. Por cansado que estuviera, por noche que llegara, por tanto trabajo que tuviera, por tanta reunión que tenía programada, si no había rezado el rosario, no se acostaba. Se paseaba por los pasillos del hospitalito con la camándula en la mano. Su amor a la Virgen era grande, como cualquier santo, y esto lo podemos comprobar en su palabra diaria, dominical. Las palabras que le dedicaba a la Madre del Amor hermoso, eran tiernas y de mucha sabiduría.

“…Y la tercera lectura que nos presenta a la que yo quisiera que fuera el modelo de estas madres afligidas: María, con su hijo presentándolo en el templo y oyendo de un profeta el destino sangriento de aquel hijo: «Este está puesto para señal de contradicción. Por su causa, una espada traspasará tu alma». Yo siento que estas madres son madres dolorosas con el corazón traspasado. Pero aquí hemos querido tener también en esta ceremonia a la Virgen María, precisamente en el misterio de la Presentación…. nadie ha sufrido como ella, porque ninguna de ustedes, madres, ha llevado durante toda su vida una profecía como la llevó María, desde que su niño se acunaba en sus brazos. Ninguna de ustedes, madres, ha oído en los albores de la vida de sus niños a un profeta que les anunciaba el fin desgraciado, sangriento, de sus hijos, porque si una madre como María oye en la infancia de su niño que va a morir trágicamente y que por él su corazón de madre será traspasado por una espada, hermanos, toda la vida de esa madre es calvario y es sufrimiento…”

01 de Diciembre de 1977

Para consolar a las madres de este pueblo de tanta desgracia, ¿Qué mejor ejemplo que la Virgen cuyo corazón fue traspasado inmisericordemente desde el propio nacimiento de su bebecito? Monseñor Romero, ponía el ejemplo de amor de nuestra Madre, como abnegada, fuerte, fiel, feliz pero también dolorosa. Y se las ponía a las madres que en ese momento lloraban por la desaparición de sus hijos, o por su muerte. Monseñor les señala que con ellas, sufre María, como primera dolorosa.

“…Y le diré a mi madre, la Virgen María, que bendiga siempre este esfuerzo desde la catedral a quien trata de ser el servidor de la diócesis, para dar voz a los que no tienen voz…” 01 Enero 1978

Amaba entrañablemente a la Virgen y quería que todos le amaran. Nos pide, como San Pío de Pietrelcina y como San Marcelino Champagnat “Amad a María y hacedla amar” Monseñor no comprendía un “Jesús” sin “María”. Es como si dijéramos, un rio sin agua, un bosque sin árboles, un pájaro sin alas, una madre sin hijo, o un hijo sin madre… totalmente incomprensible.

“…queridos hermanos protestantes, les falta más amor a María y hay algunos que en su fanatismo hasta la apartan del culto a Cristo. ¡Si nada le quita a Cristo, María!. Al contrario, María hace más simpático, más bello, más atrayente a Cristo. Así como cuando el platero engarza una joya preciosísima en una montadura de oro fino, la hace más bella a la piedra por la montadura de oro. Cristo es la perla preciosa, no hay comparación; es el único salvador entre Dios y los hombres, María no nos ha salvado, es Cristo. Pero Dios quiso escoger que junto a Cristo, la perla preciosa, existiera esta montadura de oro. María es como el marco de oro para presentarnos a Dios, a Cristo Nuestro Señor…”                       01 Enero 1978

Si quieres ser santo, lo primero que debes hacer es “amar a María”, si no haces eso, es difícil que llegues a agradar al Creador. Ama lo más pequeño, para que puedas amar lo más grande, “…el que es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho…”. Sube el escalón más pequeño para pretender llegar a lo más alto de la escalera. No te cuesta nada. Solo “ama”. O como dice San Agustín “ama y haz lo que quieras”… el que en verdad “ama”, no ofende a nadie, ni juzga a nadie, el que ama, es incapaz de hacer a un lado a la Madre del Señor, mucho menos insultarle. El verdadero cristiano amará a la Madre del Salvador sin reservas.

ROBERTO CAMPOS

NOVIEMBRE DE 2014


[1] Periódico salvadoreño

[2] Francisco, repara mi Iglesia. Cesáreo Gabaraín. https://www.youtube.com/watch?v=VIO0BRTlU74

[3] Iglesia soy. Cesáreo Gabaraín. https://www.youtube.com/watch?v=xJN34Xh0BSw

[4] Reunión de la Conferencia Episcopal, el 04 de marzo de 1977. La palabra queda. Pág. 18

[5] La palabra queda. Pág. 19

[6] Ver la Parte VI, “Su relación con los santos Padres”, Juan Pablo II

[7] Véase una imagen en la Parte VII, “Su relación con los Santos Padres, Juan Pablo II”

[8] Exceso de equipaje, “Proclámenlo santo”

[9] La palabra queda. Pág. 13

[10] Monseñor Romero. Maestro de espiritualidad. Martin Maier. I Vida y Obra. 6 Arzobispo de San Salvador. Pág. 43

[11] La palabra queda. Pág. 13

[12] Es una contracción de la frase “Cinco de yuca”. Frase muy salvadoreña que significa : Fácil, sencillo, engañable, inocente.

[13] Ricardo Urioste. Piezas para un retrato, María López Vigil

[14] Salvador Carranza. Piezas para un retrato, María López Vigil

VII: La jerarquía de la Iglesia

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

SU PROCESO DE CANONIZACION

Es triste y lamentable la actuación de la Iglesia.  “…Un reconocido especialista de los profetas de Israel, José Luis Sicre, me dijo : Yo creo que a lo largo de la historia, habrá habido solo unos ocho o diez auténticos profetas en la línea de la tradición bíblica: Amós, Isaías… Mons. Romero, es uno de ellos”[1] Efectivamente, un auténtico profeta, como monseñor Romero, que ha sido arrojado al olvido durante más de 30 años, por la santa madre Iglesia, debido a que la parte humana de la Iglesia prefiere buenas relaciones gubernamentales que premiar a los verdaderos seguidores del Evangelio.

Es de todos sabido quién es el asesino intelectual de monseñor Romero (la palabra “intelectual”, es solamente por “haber dado la orden”, escribir esta palabra, no tiene  nada que ver con “sabiduría”, “inteligencia”, “sapiencia”, de la persona a la cual se refiere), el sicópata que dio la orden de asesinarlo (para quien aún no lo sabe, el asesino se llama roberto d´abuisson[2])

Todos saben que este sujeto fundó un partido político. Por 20 años, este partido político gobernó el país, desde 1989 hasta el 2009. Estaban en la cúspide del poder político e indirectamente, con ello se rendía tributo a su fundador, es decir, le rendían tributo (bueno, en verdad aún lo hacen) al asesino de monseñor Romero, basta ver la efigie de bronce en la sede del partido político[3]. El responsable de la muerte de monseñor tuvo “un hijo” (el partido político) y ese “hijo” estaba en el poder. ¿Cómo podía la Iglesia elevar a los altares a la víctima, del fundador del partido político que está en el gobierno? ¿Cómo podía la Iglesia jerárquica decir: “El arzobispo tenía la razón”, en la cara, al “hijo” del responsable de su asesinato? Sería faltarle al respeto, sería como decirles, “la víctima decía la verdad”, “es su fundador quien estaba equivocado”. Entonces el “hijo”, o sea, el Gobierno, no aceptaría una afrenta de este tipo. Es sabido de todos, que los miembros de este partido son los que hablan pestes e injurias del arzobispo Romero y es aquí donde nacen las más burdas ofensas, ultrajes y agravios contra monseñor Romero. Es aquí donde, lamentablemente, se mezclan fe y política, donde nacen las situaciones e implicaciones políticas en las cuales se vio inmerso monseñor Romero.

La Iglesia entonces[4] (favor ver nota al pie) se cierra y se niega a reconocer la santidad del pastor, para no “ofender” al gobierno de turno. ¿Por qué – pregunto yo – tienen más peso, las buenas relaciones políticas con un Estado, antes que reconocer la calidad y el talante de cristiano que una persona tuvo? ¿No debieran primar los valores del Evangelio antes que cualquier situación humana? ¿Vale más, acaso, el estar bien con un Gobierno, que agradar a Dios? ¿Vale más la venia de un Estado, que reconocer que una persona cumplió al pie de la letra el Evangelio?

“La Iglesia tiene que proceder no por complacer a las potencias de la tierra, sino de acuerdo con su fe y la conciencia del Evangelio”[5]

He escuchado y leído, algunos argumentos de los altos prelados católicos, respecto al por qué tarda tanto el proceso de canonización de monseñor Romero. “Por prudencia”, “porque se le está investigando”, “porque estos procesos tardan en el Vaticano”. ¿Prudencia? ¿Tardan? De acuerdo, sí, es bueno que la Iglesia sea prudente y efectivamente, estos procesos tardan, y tardan mucho, y está bien que tarden, que la Iglesia investigue a profundidad antes de dar su veredicto final. Pero así debiera ser con todos.

Es sorprendente, sin embargo, que no todo en la Iglesia camina despacio, hay cosas, hay “procesos” que sí que “vuelan”. Hay procesos que se saltan bardas para llegar a su destino, siendo estas, a mi juicio muy personal, verdaderas injusticias eclesiales, “santas injusticias”. Ha habido hombres y mujeres que lejos de esperar el juicio paciente de la Iglesia, se les ha otorgado ventajas para que lleguen lo más pronto posible a los altares, pasando por alto el juicio del pueblo y sabiendo que el pueblo ve con estupor que el pastor que dio la vida por su pueblo sea relegado al frio archivo y otros, por tener riqueza y poder, o por no incomodar a la riqueza y al poder, llegan atropellando las normas establecidas.

Veamos las incongruencias en algunas decisiones de los hombres que conforman la Iglesia.

Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, aunque no le conozco ni en un 1%, creo que, si ya es parte del santoral, pues debe serlo, el mismo monseñor Romero dio unos pasos con su pensamiento, con mucha seguridad un santo hombre de Dios, pero también con suficiente poder, dinero e influencias como para llegar a los altares en menos de 30 años.

Falleció en 1975, fue beatificado en 1992 y canonizado en 2002, tardo 17 años en ser beatificado y 10 más en ser canonizado, en total, desde su fallecimiento, tardo 27 años en llegar a los altares.

San Escrivá de Balaguer murió tranquilo en una cama, con mucha paz y tranquilidad. Probablemente hasta tuvo tiempo de que le administraran el sacramento de la extrema unción. ¡Qué bien por él!

El que murió intempestivamente con una bala atravesando su corazón lleva más de 30 y sigue siendo “prohibido” e “incomodo” para el Vaticano.

Monseñor Álvaro del Portillo. Sucesor directo de Josemaría Escrivá de Balaguer. No sabía de su existencia, hasta el día de ayer (ayer 26 de septiembre de 2014) en que, por radio Vaticano, me enteré que sería beatificado. Otro proceso veloz. Falleció en 1994. En el 2014 se da su noticia de su beatificación, 20 años después de su muerte. El Opus Dei, mucha santidad, por supuesto, pero también mucha influencia eclesiástica.

La Madre Teresa de Calcuta. Una verdadera Santa mujer, innegable, pero El Vaticano le eximió de la espera obligatoria de 5 años después de su muerte, tal como lo piden las normas, e inmediatamente se pudo introducir su causa de canonización. Su vida de amor, lejos del conflicto, lejos de la confrontación con los poderes de su tiempo y de los dioses del poder y del dinero, le otorga eso que monseñor Romero no tiene: “la venia de todos”, puesto que por ser un profeta, no es bien recibido por todos, mucho menos por los poderosos que fueron a los que más denunció monseñor.

Olvidan que hasta la Madre María libre de toda sospecha ideológica canta que el padre Dios “…Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” Lc 1 46

La Madre Teresa era amada por todos, ricos y pobres, porque no exigía ni reprochaba nada a los ricos y poderosos. La Madre Teresa, solo amaba con fuerza a los pobres. Quizá una de las razones por las cuales en 1979 obtuvo el premio Nobel de la Paz, premio al que también estaba nominado nuestro arzobispo.

Falleció en 1997, y ya en el 2003, fue beatificada, es decir, 6 años después de su fallecimiento.

La Madre Teresa, una mujer de extraordinario talante cristiano, se ocupaba de cuidar las manzanas podridas que caían del árbol de la maldad. Bendita sea la Madre Teresa.

En este punto, permítaseme hacer una analogía.

Imaginemos a la sociedad como un vasto terreno de muchos árboles de manzanas.

Las raíces de cada árbol son las responsables de que estas manzanas crezcan grandes, rojas y jugosas, o que estén verdes, pequeñas y marchitas, ya que son sus fuentes de alimento.

El tronco, las ramas, las hojas, las flores, son la sociedad, o sea, empresas, gobiernos, fábricas, calles, puentes, avenidas, las manzanas son los hombres y mujeres que conforman esa sociedad.

Hay árboles que solo tienen manzanas rojas, grandes y fuertes, que son los grandes empresarios, gente adinerada, militares, embajadores, diputados, alcaldes, etc. Hay otros árboles que tienen las manzanas pequeñas, verdes y marchitas, son los obreros, campesinos, amas de casa, indigentes, que quieren llegar a ser manzanas rojas y jugosas, pero las raíces son incapaces de darles el alimento necesario para ello, o sea, diversas razones sociales. Las manzanas que caen al suelo, evidentemente, son las más débiles, las que no se pueden sujetar del árbol, por ser pequeñas, verdes o marchitas, son las personas que mueren por las malas condiciones de vida de la sociedad. Los secuestrados, los desaparecidos, los desnutridos, los asesinados.

La Madre Teresa, se ocupaba de las manzanas que caían al suelo, las cuidaba con amor, con dedicación, como si fuera Cristo mismo quien caía. ¡Si vivieron como animales, al menos que mueran como hombres![6] Excelente misión, amorosa, llena de compromiso cristiano, su entrega es incuestionable.

Monseñor Romero, por su parte, también cuidaba de las manzanas caídas, quizá no con las dimensiones que se le conoció a la madre Teresa, pero las cuidaba, sin embargo además, monseñor posó su mirada en las causas que producían estas manzanas verdes. Quiso cortar las raíces de aquellos árboles malditos. Con el hacha en sus manos, Monseñor, quiso sanar el campo, cortarlos de raíz, para que ya no diera semejantes frutos malos. Solo quiso cumplir el Evangelio:

El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego” Mt 3 10,

Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán. Mt 7, 19 pero se le acusó de que eso no era “Evangelio”. Atacar las raíces que eran las fuentes fecundas que producía tanto mal, fue su misión incomprendida.

¡Qué fácil es denunciar la injusticia estructural, la violencia institucionalizada, el pecado social! Y es cierto todo eso, pero ¿dónde están las fuentes de ese pecado social?: En el corazón de cada hombre”  23 Marzo 1980

Juan Pablo II Falleció en el año 2002 y en el 2014 ya es “San Juan Pablo II”… 12 años apenas y ya es santo, y bueno, a lo mejor lo sea, pues, supuestamente, están comprobados los milagros necesarios para llegar a los altares. Pero no es un secreto para nadie que sus numerosos viajes por el mundo, sus reuniones con gente de poder, líderes de todo el mundo le garantizaron un agujero en el santoral católico. Como para todo el mundo cristiano “era un santo” entonces, dice El Vaticano, elevémoslo a los altares, ya que nadie estará en desacuerdo. Pero una verdadera injusticia para todos aquellos que están en “la cola de espera” a que sus procesos avancen, pues a monseñor Romero, lo tienen en el olvido más vergonzoso. Sabemos que esto no le importa al mismo Monseñor Romero, ya que él está en la casa del Padre, con su corona de laureles, nos importa a nosotros, su pueblo, que quiere ver que se hace justicia a su nombre. Este es un “olvido” voluntario de la madre Iglesia, pero con una gran esperanza y alegría cristiana debemos decir “Hasta antes de la llegada del Santo Padre Francisco”, de quien ya hablaremos más adelante.

La carrera de estos cuatro santos, Juan Pablo II, la madre Teresa de Calcuta, Monseñor Josemaría Escriba de Balaguer y Monseñor Álvaro del Portillo a los altares ha sido “endemoniada” (perdón por el antagonismo), el “sprint” final fue terrible, saltándose procesos, normas, dicasterios, etc. Su poder económico, su tolerancia con las fuentes de la pobreza o su fama de sencillez han sido suficientes para quebrar las reglas establecidas. Por el contrario, a Monseñor Romero, le han atado de pies, boca y manos para que llegue hasta dentro de 700 años, cuando de nosotros, los contemporáneos, no quede ni el polvo.

Ellos son santos, claro que lo son, no lo estamos negando… pero ¿y monseñor? ¿Qué nos pasa? ¿Qué les pasa? No me queda más que confesar las siguientes palabras tristes : ¿Será que la Iglesia de la “Opción Preferencial por los ricos” tiene más peso que la de la “Opción Preferencial por los pobres”? Económicamente sí, evangélicamente, no, pero está demostrado que en nuestra Iglesia humana, lo económico pesa más que lo evangélico. Nuestra Santa Madre Iglesia, a la que tanto amamos, a la que tanto servimos, ha caminado por senderos de oscuridad, así como antes con la Santa Inquisición, hoy también con el rechazo al Obispo de los pobres. Pero no tenemos opción, ¿A quién iremos?” Jn 6 68, no nos queda más que seguirla amando, tal como nos enseña nuestro Santo.

“lo he dejado todo en las manos de Dios, diciéndole que de mi parte, he hecho todo lo posible que, a pesar de todo, creo y amo a la Santa Iglesia y seré siempre fiel con su gracia, a la Santa Sede, al magisterio del Papa, y que comprendo la parte humana, limitada, defectuosa de su santa Iglesia, que siempre es el instrumento de salvación de la humanidad y a la cual quiero servir sin ninguna reserva”                                                        Viernes 04 mayo 1979. Diario personal

LA YSAX, LA VOZ PANAMERICANA

Una radio histórica, que estuvo en medio de la persecución. La radio que llevó las homilías de monseñor en vivo y en directo a todos los rincones de nuestra patria. Detrás de ella hubo hombres y mujeres, reporteros, locutores, editores, directores, decididos, valientes, todos con la marca de la UGB[7] en sus espaldas, pero empujando con decisión y valentía el trabajo de monseñor Romero. Una radio histórica, marcada con la persecución. “…No ignoramos el riesgo que corre nuestra pobre emisora por ser instrumento y vehículo de la verdad y de la justicia, pero sabemos que el riesgo hay que correrlo porque detrás del riesgo hay todo un pueblo que apoya esta palabra de verdad y de justicia…”                        23 marzo 1980

“…Este día tuve la información de que, en la madrugada, fue capturado el Padre David Rodríguez junto con Piquín, un locutor o mejor dicho, un cantor de la YSAX del programa de las 5 de la tarde. Fueron llevados a la policía…”                05 Octubre 1978, diario personal

 “…Este día han continuado las gestiones acerca de las interferencias de la radio YSAX, y se ha confirmado que se trata de interferencias voluntarias, para impedir sobre todo, los programas que se refieren a la situación del país. La YSKL, que aparecía en el canal de la YSAX, ha declarado públicamente que no es culpa de ella, que sus principios le impiden hacer una acción tan innoble. Esto deja al descubierto que se trata de manipulaciones de mala voluntad…”                      10 abril 79

“…La noche ha sido trágica, ha habido bombas por diversos sectores de la ciudad, una de ellas, fue puesta, sin duda, por los de extrema derecha en la antena de nuestra emisora católica YSAX…”

22 enero 1980

Mientras existió, era la hija amada de monseñor Romero, pero una vez muerto su padre, quedó huérfana, a expensas de los indignos sucesores, a excepción de Monseñor Rivera y Damas, quien la cuidó con cariño, era el legado de su predecesor, pero después de él, todo fue diferente, fue desaparecida por el gobierno y la oligarquía…. mmmm… Ahh no… corrección, no fueron ellos los que la hicieron desaparecer, sino la misma Iglesia. Fue el General monseñor Fernando Saenz Lacalle, sucesor de monseñor Rivera Damas, quien eliminó la radio, la radio historia, la radio de monseñor Romero. ¿Por qué? Me declaro Ignorante. No lo sé, pero como miembro de la Iglesia que soy, tengo una opinión al respecto, tal vez incorrecta, tal vez equivocada, pero es lo que desde fuera alcanzo a comprender. ¿General? ¿Por qué digo General? ¿General monseñor? A primera vista, parecería algo incompatible e inaudito, pero lo cierto es que monseñor Lacalle siendo arzobispo de San Salvador, atendía a los militares, es decir “los pastoreaba”, y debido a ello, tuvo el grado de General de las fuerzas armadas salvadoreñas. Al parecer el arzobispo Lacalle, tenía otras prioridades y la YSAX no era una de ellas.

¿Se imaginan a monseñor Romero si le hubieran ofrecido semejante título? Por este hecho, el arzobispo Lacalle fue duramente criticado por los jesuitas de la UCA. Monseñor Lacalle por su parte, lejos de mostrar alguna pena, o al menos, incomodidad, defendió su grado de General y dijo que él mismo había solicitado que se realizara (el nombramiento) antes de que finalizara ese año. Al respecto, puede consultarse una nota de La Prensa Gráfica del lunes 03 de febrero de 1997.

No es necesario ser un erudito, tampoco un gran filósofo, basta con tener un poco de sensibilidad cristiana para convencerse de que cualquier arzobispo consecuente con la reciente historia del pueblo que le encomendaron pastorear, de cara a las graves violaciones a los derechos humanos realizadas por la Fuerza Armada en contra del pueblo, hubiera sido más conveniente no aceptar dicho nombramiento, pero este arzobispo, lejos de “no aceptarlo”, pidió la agilización del mismo. ¡Él quería ser General! Ciertamente los integrantes de las fuerzas armadas son hombres, seres humanos, hijos de Dios que merecen una orientación cristiana por parte de la Iglesia, pero también es muy conocida la terquedad militar que venda los ojos de los soldados rasos ante las enseñanzas de la Iglesia. “…ante una orden de matar que de un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice ¡no matar!, ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios, una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado…” 23 Marzo 1980

La terrible ofensa que estas fuerzas armadas habían infringido a este pueblo sufrido, en la reciente historia que el país acababa de pasar (hacía solo 5 años que había finalizado la guerra) no hacían prudente que un arzobispo, mucho menos el sucesor de monseñor Romero, accediera a este cargo en una institución responsable en primer grado de tanta persecución, de tanta masacre, de tanto dolor causado al pueblo pobre, al pueblo campesino.

Lo que no pudo lograr la UGB, la dinamita y el gobierno, lo hizo la misma Iglesia. Se elimina a Radio YSAX, para eliminar todo vestigio de ese pastor incómodo a los círculos poderosos y a la misma Iglesia, a la misma conferencia episcopal salvadoreña de ese tiempo (Monseñor Saenz, fue arzobispo de 1995 al 2008). Ahora son otros tiempos, gracias a Dios, y, con el Santo Padre Francisco, se ha iniciado a darle el puesto que se merece, lamentablemente, la YSAX desapareció de los papeles, del dial y de las ondas electromagnéticas, solo vive en la memoria, el recuerdo y en los corazones de aquellos que la asociamos con el profeta de nuestro pueblo.

Ahora hay una nueva radio: Radio Paz.

SU RELACION CON LOS SANTOS PADRES

Es importante estudiar la relación que monseñor Romero tuvo con el Vicario de Cristo, ya que de esto se pueden sacar muchas conclusiones y podemos entender del por qué su proceso de beatificación va a la velocidad que va y ha avanzado lo que ha avanzado.

Su amor por el Papa, era indiscutible, fuere quien fuere. “…Mi primera mirada en esta perspectiva eclesial siempre se dirige al Papa, centro de la unidad de este pueblo de Dios. Qué gusto me da ver todas las semanas un gesto, una palabra de orientación a la Iglesia que yo trato de seguir. Yo soy el más necesitado del Papa, yo no puedo prescindir del Papa. Y le doy gracias a Dios que toda mi vida sacerdotal la ha querido caracterizar por una solidaridad y fidelidad al Santo Padre, al representante de Cristo. Mis ojos están fijos en él, jamás pienso en traicionarlo…”          25 marzo 79

PIO XI (1922 – 1939)

Cuando monseñor Romero fue enviado a Roma a sus estudios eclesiásticos, el Papa Pio XI era el Pontífice. Estamos hablando de 1937, tiempos en los que iniciaba la segunda guerra mundial. El Papa tuvo una feroz defensa de la Iglesia frente al fascismo, al nazismo y al comunismo. Esto impresionó mucho a Oscar Romero. Murió en 1939, pero dejó una profunda huella en Oscar.

Los Papas en el arzobispado de monseñor Romero

PABLO VI (1963 – 1978)

Este Papa debe recordarse como el inspirado del Espíritu, en primer lugar por ser quien elevó al Padre Oscar Romero a la categoría de Obispo, luego a Arzobispo y en segundo lugar, para llevar palabras de aliento a quien alentaba a su pueblo. Ayudó a ayudar. Confortó al que confortaba. Apoyó al que apoyaba. El Santo Padre Pablo VI sí que le comprendió, le iluminó y le animó en su ministerio…

Monseñor lo recuerda con cariño, en su diario personal y luego también hace mención en algunas de sus homilías. Un encuentro lleno de solidaridad para un pastor que era incomprendido por las gentes de su tierra.

La audiencia con el Papa Pablo VI

“El Papa nos hizo sentar a un lado y otro de él. Y dirigiéndose a mí en particular, me estrechó la mano derecha y me la retuvo entre sus dos manos largo rato, yo también estreché con mis dos manos las manos del Papa. Hubiera querido para ese momento una fotografía que expresara esa íntima comunión de un obispo con el centro de la unidad católica”

Diario personal, 21 Junio 1978

No lo recordaba exactamente, pero monseñor, hace un esfuerzo por recoger las palabras precisas de ese memorable encuentro, así lo menciona en su diario.

 “…las ideas dominantes de estas palabras (de Pablo VI) fueron: Comprendo su difícil trabajo. Es un trabajo que puede no ser comprendido, necesita tener mucha paciencia y mucha fortaleza. Ya sé que no todos piensan como usted, es difícil en las circunstancias de su país, tener esa unanimidad de pensamiento, sin embargo, proceda con ánimo, con paciencia, con fuerza, con esperanza…”       

Diario personal, 21 Junio 1978

Que reconfortante la visita. Saber que el sucesor de Pedro le anima a caminar, que el Pastor de pastores le alienta, le da valor, le da su apoyo, le da coraje, le da confianza. Suscitó una gran alegría para monseñor, pues salió fortalecido con la venia del Santo Padre.

Desgraciadamente, Pablo VI murió inesperadamente el 06 de agosto de 1978

JUAN PABLO I (Agosto a septiembre 1978)

Debido al corto ministerio de Albino Luciani, no hay mucho que decir respecto a la relación entre monseñor Romero y el Papa, salvo que se alegró cuando fue elegido por el simple hecho de ser el nuevo Vicario de Cristo y que le amó y le fue fiel es su corto mes de pontificado.

“Y al comentar el Evangelio, como de costumbre, le decíamos que la Arquidiócesis de San Salvador ofrecía al nuevo Papa Juan Pablo I una comunidad viva; y describíamos en ese marco de la alegría del nuevo Papa como a una sonrisa amplia, abierta al mundo: nuestras esperanzas, nuestras angustias, nuestras tribulaciones, la historia concreta de nuestra semana” 01 Octubre 1978

JUAN PABLO II (1978 – hasta su muerte)

Cuando fue elegido Papa el cardenal polaco Karol Wojtyla, en octubre de 1978, monseñor Romero quería que supiera lo más pronto posible y de su propia mano, su delicada situación pastoral, por ello, se apresuró a hacerle una carta para explicarle el contexto de su ministerio. Abrió su corazón al desconocido Karol Wojtyla porque ya amaba, confiaba y era fiel a Juan Pablo II.

Tuvo dos encuentros con Juan Pablo II.

El Papa, muy probablemente tenía un prejuicio contra monseñor, a raíz de varios factores.

Uno era su pasado, el de Karol Wojtyla, quien vivió los años de la segunda guerra mundial en su natal Polonia. Aquí, tuvo amargas experiencias con los comunistas soviéticos. Asesinatos, secuestros, torturas, persecución a la Iglesia,  llegando a entender monseñor Wojtyla, que el “comunismo” era algo nocivo y peligroso para el mundo y para la Iglesia misma.

Sucede que en El Salvador de la década de los setentas, tal como ya lo hemos apuntado anteriormente, las desigualdades que se vivían, movía a preguntarse qué había que hacer frente a esas situaciones, pronto los campesinos, iluminados por el Evangelio y orientados por sacerdotes y religiosas de la arquidiócesis, comenzaron a cuestionarse y a convencerse de que Dios no quería esas desigualdades, que la violación a los derechos de los hombres iban contra Dios y que tampoco era cristiano, quedarse de brazos cruzados. Muchísimos decidieron dar un paso adelante y organizarse, dejar de ser presas fáciles, sin embargo estas organizaciones, tenían sus propios principios, objetivos e intereses, algunos de ellos eran comunes a los de la iglesia, como la defensa de los campesinos, de los derechos humanos, el obtener dignos empleos y retribuciones justas de estos empleos, pero otros no, tales como la defensa por medio de las armas. Estas organizaciones se radicalizaron. Entonces vino la cruenta represión. Debido a la guerra fría, esta problemática tan compleja, se matizaba con eso del “comunismo”, de tal forma que, para el gobierno, los oligarcas y los norteamericanos, el problema no era de “justicia social” sino de que se había convertido en un conflicto de la “libertad” contra el “comunismo”, o al menos así lo hacían creer a la nación y al mundo entero. Juan Pablo II había sido “envenenado” por la información que algunos sectores le hacían llegar sobre el conflicto salvadoreño. Ya que aquí, a todo lo que iba en contra de la injusticia se le llamaba “comunismo”. Pedir reformas era “ser comunista”, organizarse era “ser comunista”, criticar al gobierno era “ser comunista”, hablar de justicia social era “ser comunista”, aquí en El Salvador, cualquier cosa que no fuera mantener el “status quo” de los ricos y poderosos, era “ser comunista”. Por tanto, al Vaticano solo llegaba información de que monseñor, velaba por, hablaba por y era un comunista. Juan Pablo II, entonces, escuchaba constantemente la misma palabra que le aterrorizó en sus años mozos, como sacerdote y obispo en Cracovia y obviamente, rechazaba todo lo que estuviera asociado con ella.

Juan Pablo II tenía razón en desconfiar y rechazar del comunismo, ya que hicieron barbaridades en su Polonia natal, pero en el caso de monseñor Romero, la palabra “comunismo” no significaba lo mismo que en Polonia. El Salvador, no era Polonia y debido a esto, Juan Pablo II fue incapaz de comprender. “Comunismo” en El Salvador, era el pretexto que utilizaban la oligarquía y las fuerzas armadas, para callar, aplacar y eliminar todo movimiento y defensa de los derechos humanos, como bien los desenmascaró monseñor Romero, los “anti-comunistas” defendían su “capitalismo”, no a la religión. Eran anti-comunistas pero no porque fueran cristianos, sino porque veían amenazadas sus riquezas, su poder, su dinero. En esta coyuntura, Juan Pablo II, no comprendió del todo a monseñor Romero el difícil gobierno de la arquidiócesis de San Salvador.

Monseñor Romero condenó estas ideologías antagónicas, dejando así, clara su postura de que no se “casaba” con ninguna de ellas “…Entonces decimos: que tanto el comunismo como ese capitalismo que quiere adormecer al pueblo, quieren una religión que sea opio del pueblo. Y que cuando el Papa dice: «una religión que no sea opio del pueblo», está denunciando tanto al comunismo que quiere apartar el sentido religioso de la vida, como el capitalismo que quiere manipular la Iglesia para sus cosas y sus intereses…”                    14 enero 1979

Ciertamente en el país ya había un círculo de personas que se identificaban con la ideología del comunismo, el famoso Partido Comunista y era parte de la insurrección que se estaba gestando.

Sin embargo, monseñor, por supuesto que defendía a los comunistas, en tanto que eran hijos de Dios, no defendía la ideología del “comunismo”, sino al ser humano detrás de la ideología, pero de igual manera, defendía la vida del capitalista “nada me importa tanto como la vida humana16 marzo 1980, decía monseñor. Obreros, campesinos, empresarios y miembros del gabinete del gobierno, encontraban a un defensor en monseñor Romero.

“…Así, queridos hermanos, en esta semana por ejemplo, yo he esperado, con angustia y, esperanza, una respuesta a la angustia de la señora de Matsumoto.[8] En todos los periódicos se publicó el llamamiento de parte del Arzobispado, que haciéndose eco a ese sufrimiento, está seguro de que ha de llegar a aquellos que saben el paradero del Sr. Matsumoto. ¿Dónde está? y ¿cómo esta? Es lo que ésta esposa desea saber con las manos abiertas a toda negociación posible de su encuentro con él…”                       09 Julio 1978

“…Tengo que lamentar que las FARN hayan asesinado al Señor Ernesto Liebes. Me duele que en El Salvador haya una familia más que sea víctima de la violencia. A todos los parientes del Señor Liebes les expreso mis condolencias y ofrezco mis oraciones por el difunto… Y hago un nuevo llamamiento a los de la FARN para que busquen una solución que no implique sacrificio de vidas humanas. ¡Ya basta!…”             25 Marzo 1979

“…¡la muerte me duele tanto en cualquier hombre que sea!…”               01 Julio 1979

A finales de abril de 1979, monseñor Romero hizo la primera visita a Roma para ver al Papa Juan Pablo II. Hizo una solicitud un par de meses antes, cuando llegó a Roma, se dio cuenta de que no había sido programada, por lo cual trató por todos los medios de conseguirla. Visitó obispos, cardenales, dicasterios. Pidió ayuda al embajador de El Salvador en la Santa Sede, rogó, suplicó, mendigó la tan esperada reunión.

“…Ahí mismo platique con monseñor Martin y monseñor Monduzzi, encargados de organizar las audiencias para rogarles encarecidamente la audiencia que solicité desde antes de semana santa…”

Su diario, 02 Mayo 1979

Pero no obtenía una respuesta afirmativa. Pareciera que le querían negar que viera al papa, a pesar de que éste le había dicho, en la audiencia general, que quería hablar con él personalmente.

“…No ha dejado de preocuparme mucho esta actitud para con un pastor de una diócesis, cuando he pedido con tiempo la audiencia y se va dejando al tiempo la respuesta. Hasta temo que no se me vaya a conceder…”                        Su diario, 04 Mayo 1979

Al final, después de dejarlo todo en las manos de Dios, como siempre hacía, el lunes 07 de mayo de 1979, monseñor Romero tuvo la tan ansiada audiencia con el Papa.

Juan Pablo II, le dijo que el trabajo pastoral era muy difícil y que, para evitar caer en errores, equivocaciones o difamaciones, sin intención alguna, era mejor denunciar los hechos de manera general. Pero en El Salvador, la violencia tenía motivaciones muy claras y sus autores también eran muy evidentes, por ello, monseñor acostumbraba ser muy específico en las denuncias que hacía. A esto se refería Su Santidad. Una prueba de que el Papa desconocía la situación salvadoreña. Dijo esto, claro, “asesorado” por uno de sus cardenales.

“…Baggio se refirió a las homilías de monseñor Romero. Dijo que había leído algunas de ellas y que no había encontrado errores doctrinales, pero que eran muy largas y contenían juicios muy concretos, dijo que sin duda, muchos las escuchaban mas por un interés político que religioso…”[9]

Pero monseñor, no iba solo con los recuerdos en su mente de lo que pasaba en su patria, se preparó para entrar a conversar con el santo Padre, y lo hizo con pruebas en la mano, pues ya que sabía de la tergiversación que allá en Roma se había adelantado a su visita.

“Amanecí terminando la preparación de los documentos que pienso entregar en la audiencia del Santo Padre. Se trata de cuatro informes de comisiones extranjeras…”             07 Mayo 1979

“Amaneció”… o sea “no durmió”. Así se preparaba. Así era su celo, así defendía su postura.

Otro factor de los prejuicios de Juan Pablo II hacia Monseñor Romero era que los demás obispos de la conferencia episcopal salvadoreña, criticaban, atacaban e incluso difamaban la pastoral de monseñor Romero. Esto se reflejaba en la falta de unidad en el episcopado salvadoreño. El Papa le recomendó que trabajara por la unidad de la Conferencia Episcopal. La división era muy penosa de cara a la realidad que se vivía. La Iglesia no daba muestras de una fe, una Iglesia, un solo bautismo. Si la parte jerárquica de la Iglesia hubiera estado unida, su fuerza y su peso pudo haber sido mucho mayor. La conferencia Episcopal salvadoreña en ese tiempo tenía 6 obispos. Monseñor Arturo Rivera Damas, Obispo de Santiago de María, monseñor Eduardo Álvarez, Obispo de San Miguel, monseñor Pedro Arnoldo Aparicio, Obispo de San Vicente, Monseñor Benjamín Barrera Reyes, Obispo de Santa Ana, monseñor Marco René Revelo, Obispo auxiliar de San Salvador y monseñor Romero, Obispo de la arquidiócesis de San Salvador. Estaban divididos cuatro contra dos. Monseñor Rivera Damas era quien apoyaba a monseñor Romero, los otros cuatro, lejos de apoyarlo o simplemente estar en desacuerdo con monseñor Romero, le atacaban e incluso, le difamaban.

Monseñor, como dice en su diario, el 07 de mayo de 1979, “salió complacido, pero preocupado”. El Papa lo escuchó, y le dio muchos consejos, pero advirtió que había mucha información negativa en su contra. 

En enero de 1980, monseñor Romero hizo su segunda visita al Vaticano, a entrevistarse con Juan Pablo II. Es importante notar quepoco antes de esta audiencia, el Cardenal Pironio, un Cardenal argentino, Prefecto de la congregación para los religiosos, le había dicho a monseñor Romero que el Cardenal Aloísio Lorscheider, había entregado un informe favorable a la pastoral de monseñor Romero. El cardenal Lorscheider, visitó El Salvador a finales de 1979, nuevo enviado por la Santa Sede, después de monseñor Quarracino[10], y fue de los pocos a quienes monseñor Romero invitó a dormir en su casita en el hospitalito.

“…El cardenal Lorscheider le había dicho al cardenal Pironio, que yo tenía razón en El Salvador, que la cosa era muy difícil y que era yo quien miraba claro las circunstancias y el papel de la Iglesia y que había que ayudarme…”                          su diario, 30 enero 1980

Quizá debido a este informe, la situación no estaba muy tensa en El Vaticano. En esta oportunidad el Papa le dijo “… que continuara defendiendo los derechos humanos, la justicia social y el amor a los pobres pero que tuviese cuidado con las ideologías que se pueden infiltrar en la defensa de los derechos humanos”, pero que “rezaba todos los días por El Salvador”[11]

Juan Pablo II le apoyó, aunque sea tímidamente, pero le apoyó, sin embargo siempre tuvo cierto recelo con monseñor Romero. Desconfiaba, como cualquier ser humano, de que (monseñor Romero) no estuviera diciendo la verdad, que no fuera sincero o que dijera “su verdad”, pero que estuviera engañado. A Juan Pablo II le preocupaba que en tan compleja situación, se le hiciera daño a la Iglesia, quizá, en afán de tratar de comprender la desconfianza del Papa, debemos pensar esto. Lo cierto es que su apoyo no fue total, hubo apoyo, pero también dudas y reprimendas. Los diferentes dicasterios romanos fueron más duros con monseñor. En muchos de ellos monseñor Romero encontró solo broncas, riñas y sermones.

Aunque el Señor, no lo dejó del todo solo, pues hubo algunos cardenales en Roma, como el Cardenal Eduardo Pironio y el Cardenal Aloísio Lorscheider, que sí le comprendieron y le apoyaron.

Cuando monseñor Romero fue asesinado, el Papa Juan Pablo II fue de los primeros en expresar su doloral ser informado de semejante situación.

“…En este momento especial de preocupación y consternación, os invito a unirnos a mi dolor y a mi oración por la muerte del arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero.
Nos hemos quedados sin palabras frente a una violencia tal que para llevar a término su obcecado programa de muerte, no se detuvo ni siquiera en el umbral de una Iglesia.
…monseñor Romero se empeñó en dar durante toda su vida de pastor, buscando a Cristo especialmente en aquellos a quienes El está más cercano.
Así coronó con la sangre, su ministerio particularmente solícito con los más pobres y más marginados. Fue un testimonio supremo que ha quedado como símbolo del tormento de un pueblo[12]                                                                                                                           Juan Pablo II

Monseñor Romero murió, el Papa pronuncio su dolor, pero al parecer, todo siguió igual en su corazón (del Papa) y en su mente. Casi el mismo día de su asesinato, al enterarse monseñor Pedro Casaldáliga, escribió su famoso poema a monseñor Romero titulado “San Romero de América”. Monseñor Casaldaliga al igual que los pobres en El Salvador, inmediatamente dijeron “es un santo” o como se dice en otros casos “santo súbito”. Es decir, “este debe ser elevado a los altares ¡YA!”. Eso creían quienes habían sido defendidos por el pastor y algunos de sus hermanos en el episcopado, que monseñor Romero, su martirio le daba la credencial de “santo”… pero no todos opinaban igual. Las máximas autoridades de la Iglesia, lo pensaban de otra forma y entre ellas, Juan Pablo II.

Con mucha pena debo anotar, que Juan Pablo II, durante su pontificado, beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 santos (más que la suma de sus predecesores en los últimos 500 años)[13], pero no movió un tan solo dedo (y muy probablemente esta afirmación resulte exagerada. Permítanme entonces exagerar) para beatificar a monseñor Romero, al contrario, fue condenado a la soledad, al olvido, a la espera eterna. ¿Es correcta su actuación? ¿Es evangélica? ¿Es justa?

En 1983 hay una tenue luz de haber comprendido al pastor. Cuando Juan Pablo II realizó la primera visita a nuestro país, rompiendo todo protocolo, todo plan establecido, se apresuró a visitar la catedral metropolitana de San Salvador a rezar de rodillas frente a los restos mortales de monseñor Romero, aún a costa de la no complacencia del gobierno de turno.

¿Por qué lo hizo? ¿Un cargo de conciencia pesaba en su corazón por no apoyarle y confortarle como era su deber como pastor universal, cuando él lo necesitó?

Posteriormente en la segunda visita a nuestro país, en 1997, Juan Pablo II, hace exactamente lo mismo, contra los deseos y la voluntad del gobierno de turno, va a visitar y rezar ante la tumba del “celoso pastor”. ¿Quiere aplacar su conciencia?, solo Su Santidad y el Padre lo saben, lo cierto es que en vida no le comprendió totalmente, fue al morir que probablemente comenzó a comprenderlo, aunque no del todo, pues esto se refleja en las piedras, rocas y montañas que monseñor Romero tiene que sortear, camino a los altares.

Juan Pablo II, orando en su segunda visita a El Salvador en 1997

BENEDICTO XVI

El proceso de canonización de monseñor Romero aún en las circunstancias tan claras de martirio, avanzaba tan poco y tan miserablemente, que daban pie a creer que estaba estancado, y como veremos, resultaría ser una creencia que pronto se confirmaría. El Papa Ratzingher. Hizo poco o nada por empujar el proceso de canonización de nuestro arzobispo. Aunque hay opiniones que el Papa Ratzinger quería desbloquear el proceso, sin embargo, a pesar que él, siendo Sumo Pontífice, tenía la autoridad para hacerlo, poco se avanzó. En el 2007, en una entrevista con ocasión del viaje a Sao Paolo y a Aparecida, el Papa Benedicto XVI habló de monseñor Romero y concluyó diciendo que «no dudo que su persona merezca la beatificación»[14].

Años atrás, siendo Papa Juan Pablo II, nombró al cardenal y teólogo Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, el jefe de la congregación que custodia la correcta enseñanza de la fe católica. Entre algunas de sus diversas acciones, podemos destacar: Fue Ratzinger quien definió la no compatibilidad de la Teología de la liberación, surgida en Latinoamérica, con la doctrina católica, fue Ratzinger quien prohibió la enseñanza en nombre de la Iglesia a teólogos como Leonardo Boff y  Hans Küng. Incluso, como dato importante, fue al Cardenal Joseph Ratzinger a quien le correspondió el estudio de la doctrina del arzobispo Romero, sus escritos, su diario, sus cartas pastorales, sus homilías, en la etapa diocesana del proceso de canonización y no encontró absolutamente nada que fuera en contra de la fe, la doctrina y la teología de la Iglesia en el ministerio desarrollado por monseñor Romero, a pesar de no encontrar una sola mancha, no fue suficiente para darle el impulso que el proceso necesitaba. A pesar de llegar a conocer a profundidad a monseñor Romero por medio de sus homilías y sus escritos y aunque le considerase, “merecedor de la beatificación”, siendo la máxima autoridad como Cardenal de la Doctrina de la Fe, no aconsejó el avance del proceso. ¿Incongruencia? Por supuesto.

Su alto grado de “purpurado conservador” impidió que las figuras asociadas a la nueva teología de América latina fueran puestas como ejemplos de vida. Una prueba es que, ! inmediatamente ¡ , con la llegada del Papa Francisco, el nuevo y actual Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller haya concluido sin tapujos que, después de analizar todo lo referente a monseñor Romero, no tenga reparo alguno en su beatificación y no tienen ninguna objeción al respecto “Considero a Óscar Arnulfo Romero un gran testimonio de la fe y de la sed de justicia social”, dijo el cardenal Müller en una entrevista que publica Vatican Insider.[15]Curiosamente dice el mismo Cardenal, que “ya había luz verde en el pontificado de Benedicto XVI”.

De ninguna manera iba a permitir, que, siendo crítico (el cardenal Ratzingher) de la teología latinoamericana y el silenciador de grandes teólogos, surgiera entre esas ideas, un testimonio fuerte como el de un arzobispo asesinado en el altar, por ser fiel a esa nueva teología, que en definitiva, es el Evangelio aplicado a este continente. Aunque monseñor Romero nunca se consideró miembro de esta teología, los representantes de ella, tomaron para sí, el nombre de monseñor Romero, por lo cual el Vaticano asumió que era uno de ellos.

“En esos años tuvo un papel significativo el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, asesor de la Congregación de la Fe, que no compartía la idea de proseguir con la causa de beatificación (de monseñor Romero). El dicasterio que dirigía Ratzingher, y con su aval (de Ratzingher), indicó al de las Causas de los Santos que, por el momento, el proceso debía mantenerse en el congelador”[16]

Al ser elegido Papa y con semejante historial, era previsible la actitud del anterior Cardenal Ratzingher, hoy Papa Benedicto XVI ante el proceso de canonización de monseñor Romero. Es comprensible su indiferencia. Es lógico que siempre que se le preguntaba al respecto dijera “se está analizando”, “es un proceso largo”, “hay que esperar”, “paciencia”, “la Iglesia es prudente”, etc. Si como cardenal, no aconsejó que el proceso avanzara, como Sumo Pontífice tampoco lo habría de empujar.

FRANCISCO

Era el 13 de marzo del 2013, cuando estando a punto de almorzar, para nosotros los salvadoreños, nos llegó la gran noticia. “Habemus Papam”… como católicos, hubo una enorme alegría, monseñor Romero nos enseñó a profesarle fidelidad, pero al mismo tiempo ansiedad, nerviosismo, zozobra, por conocer quién sería el que dirigiría a la Iglesia a partir de ese momento. Cuando se supo, la noticia corrió como un rayo en el mundo entero “Es un latinoamericano”, “!!!!Es argentino, cheeee ¡¡¡¡”, “se llamará Francisco”. La noticia fue veloz. No como cuando el niño Oscar Romero corría por las calles empedradas a llevar las cartas y telegramas en su natal Ciudad Barrios, esta, fue muchísimo más veloz. ¡Qué emoción! ¡Qué alegría! ¡Qué experiencia!, un Papa latinoamericano, de habla hispana… POR FIN. Tomó el nombre de “Francisco” el gran Santo de Asís, que reformó la Iglesia desde adentro, desde su testimonio, con su fe, su oración, su sencillez y su ejemplo. Gran noticia sobre nuestros pueblos católicos. El Santo Padre que esperábamos. Es que el Espíritu no se equivoca. Siempre lo hace todo bien.

Con el Papa Francisco en el escenario, una gran esperanza se cierne sobre nosotros. Sus gestos de sencillez pronto se hicieron ver. Vive en la casa de huéspedes del Vaticano (Casa Santa Marta), una vez elegido Papa, hasta le habló telefónicamente al hombrecito que le llegaba a dejar el periódico en Buenos Aires para decirle “que ya no se lo fuera a dejar”, jajaja, es un dolor de cabeza para su seguridad personal, por sus muestras de cariño repentinas en la plaza de San Pedro, su hablar es jovial, espontáneo, fraterno. Pero lo que millones de personas católicas queríamos saber es ¿Cuál sería su postura frente al tan complicado caso de monseñor Romero? ¿Lo va a dejar en el olvido? ¿Va a seguir diciendo ¿“paciencia”? O ¿dará el giro necesario e imprescindible para el proceso? ¿Va a impulsarlo? ¿Va a priorizar el testimonio al Evangelio, que las relaciones gubernamentales?

Fue en Abril del 2013, tan solo un mes después de su elección como sucesor de Pedro, que el arzobispo italiano, monseñor Vincenzo Paglia, postulador de la causa de canonización de monseñor Romero, informó que el mismo Papa le había dicho que “el proceso se desbloqueaba”. Significa entonces que estuvo bloqueado por sus antecesores. Significa entonces que efectivamente, monseñor Romero estaba en el frío archivo y que solo un enviado del Espíritu podría sacarlo de ahí. Pues bien, como nada hay imposible para nuestro Dios, ese enviado se llama “Francisco”. La oscuridad perdura hasta que llega la bendita luz, porque “… no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo” Mt 5, 15 – 16

Una tremenda alegría nos ha dado. El pueblo cristiano, no el “cristiano hipócrita”, se regocija en el Santo Padre Francisco y le agradece infinitamente.

Cuando en agosto del 2014 el Papa Francisco regresaba de su visita apostólica de Corea del Sur, los periodistas le preguntaron nuevamente sobre el proceso, a lo que el Santo Padre dijo “estoy convencido que (monseñor Romero) era un hombre de Dios”. Y su “convencimiento” lo demuestra con hechos, no solo con palabras.

Nuestro corazón se comprime, las lágrimas, llenan nuestros ojos. Gracias Padre Francisco. Gracias. Una nueva historia se escribirá a partir de su pontificado. Pasará a la historia por llevar a los altares a San Romero de América. Esa es nuestra fe. Bendito sea Cristo Jesús nuestro Dios.

ROBERTO CAMPOS

SEPTIEMBRE DE 2014


[1] Un Obispo con su pueblo, Jon Sobrino. Pág. 43

[2] Los nombres de las cosas, animales, tiranos, traidores y asesinos, se escriben con minúscula.

[3] En la sede principal de ese partido político, ubicada en San Salvador, como una muestra de pleitesía a su fundador, el asesino de monseñor Romero, sus adeptos le han erigido una estatua, la admiran y quién sabe, quizá hasta le rezan.

[4] Es mi insignificante opinión, los lectores pueden diferir de mi manera de ver las cosas.

[5] Cardenal Cassaroli, en entrevista con monseñor Romero. Su diario. 31 Enero 1980

[6] Decía la Madre Teresa

[7] Unión Guerrera Blanca. Un escuadrón de la muerte se hacía llamar así, UGB.

[8] El empresario japonés, Fujio Matsumoto había sido secuestrado por organizaciones de izquierda. Posteriormente aparecería asesinado.

[9] Conversación entre monseñor Romero y el cardenal Baggio, La palabra queda, Pag. 185

[10] Ver la Parte II, Su fidelidad a pesar de las amenazas

[11] La palabra queda. Pág. 314

[12] Monseñor Romero, Su muerte y reacciones.

[13] http://www.deia.com/2014/04/28/opinion/tribuna-abierta/el-prestigio-de-wojtyla-la-soledad-de-romero-el-silencio-sobre-juan-pablo-i (sitio web activo al 24 de Junio de 2016)

[14] El Papa aseguró que “arzobispo Romero merece la beatificación”

https://radiocristiandad.wordpress.com/2007/05/10/el-papa-aseguro-que-arzobispo-romero-merece-la-beatificacion/

     (Sitio web activo al 24 de Junio de 2016)

[15]  Terminan los exámenes doctrinales sobre la beatificación de Romero. Vatican Insider, 26 Julio 2013

        http://vaticaninsider.lastampa.it/es/reportajes-y-entrevistas/dettagliospain/articolo/romeroromeroromero-26757/

     (Sitio web activo al 24 de Junio de 2016)

[16] La causa de Romero entre dos Papas. Vatican Insider, 6 Oct 2013 (Esta página web ya no está activa)

     Un controvertido cardenal fue quien se oponía a Romero, Diario1.Com

     http://diario1.com/nacionales/2015/02/un-controvertido-cardenal-fue-quien-se-oponia-a-romero/ (Página web activa al 24 de Junio de 2016)

VI. La palabra del profeta

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

6. LA PALABRA DEL PROFETA

“Oprimamos al pobre, no tengamos compasión de la viuda ni respetemos al anciano encanecido por los años. Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara nuestros pecados y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos. Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará”

SABIDURIA, CAP 2

¡¡¡¡¡¡QUE HABLE EL PROFETA!!!!!

LA PALABRA QUEMANTE DE MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO

DENUNCIAS

Predicación que no denuncia el pecado, no es predicación del Evangelio            22 Enero 1978

Como Jesús, la Iglesia tiene que seguir denunciando el pecado de nuestros días. Tiene que denunciar el egoísmo que se esconde en el corazón de todos los hombres, el pecado que deshumaniza a los hombres, que deshace a las familias, que convierte el dinero, la posesión, el lucro y el poder como fin de los hombres

Segunda carta pastoral

Muchos quisieran una predicación tan espiritualista que dejara conformes a los pecadores; que no les dijera idólatras a los que están de rodillas ante el dinero y ante el poder. Una predicación que no denuncia las realidades pecaminosas en las que se hace la reflexión evangélica, no es evangelio.       18 Febrero 1979

“…Se quejan también en Tutunichapa de un cateo indiscriminado. En aquellas pobres chozas se oyó una voz que dijo: «Vivimos miserablemente, sin ninguna esperanza y aún se nos persigue como criminales de guerra. Es un delito ser pobres en El Salvador…»                                            25 Febrero 1979

 “…Tenemos que descubrir el sufrimiento de nuestro pueblo. Es nuestro pueblo torturado, nuestro pueblo crucificado, escupido, humillado…” 24 Marzo 1978

Esta semana se ha caracterizado también por la violencia y la tensión. El secuestro del Sr. Miguel Miguel, el asesinato del Sr. Delegado de Suiza, el asesinato de varios dirigentes sindicales y magisteriales. Haciendo un resumen de las muertes violentas de mayo, resultan 115 muertos, tanto de cuerpos de Seguridad, de ORDEN, de BPR, y de otras agrupaciones, como de transeúntes. Y se han acrecentado un número trágico de gente que aparece asesinada en los caminos.                             3 junio 1979

 “…los derechos fundamentales del hombre salvadoreño son pisoteados día a día, sin que ninguna institución denuncie los atropellos, y proceda sincera y efectivamente a un saneamiento en los procedimientos…”

14 Mayo 78

“…Y algo muy horroroso, este mismo día jueves 20 fue localizado aún con vida, el campesino Agustín Sánchez, quien había sido capturado el 15 por soldados en Zacatecoluca que lo entregaron a la Policía de Hacienda. Ha afirmado el campesino Sánchez, en una declaración ante notario y testigos, que su captura sucedió en la hacienda El Cauca, departamento de la Paz, cuando trabajaba en la filiación de la Unión Comunal Salvadoreña. Lo mantuvieron durante 4 días torturando sin comida ni agua, con azotes constantes, asfixias, hasta que el día 19 de marzo, junto con otros dos compañeros, les dieron balazos en la cabeza, con la suerte de que este balazo sólo le destrozó el pómulo derecho y el ojo. Moribundo en la madrugada, unos campesinos le dieron ayuda hasta que una persona de confianza, lo trasladó a esta capital. Este horrendo testimonio, no lo pudo firmar el campesino porque tenía deshechas las dos manos. Persona de reconocida honorabilidad presenciaron este horrible cuadro y hay documentos fotográficos que revela el estado en que recogieron a este pobre campesino…”                23 marzo 1980

 ¡Qué horror cuando me contaban… el rostro despellejado de Felipe de Jesús y lo que es peor, difamado en la prensa como un cuatrero, cuando se trata de un catequista valiente, que supo llevar el evangelio hasta sus consecuencias más arriesgadas!                           27 Agosto 1978

“…Tenemos una nación corrupta de arriba hasta abajo porque se han olvidado todos de la ley de Dios…”

18 Marzo 1979

 “…Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres, las injusticias que con ellos se cometen, no es la verdadera Iglesia de Jesucristo…”                                         17 Febrero de 1980

La parroquia de Perulapía, también, protesta porque su cementerio se está convirtiendo en un botadero de cadáveres asesinados: «…y el cementerio, dice el párroco, debe respetarse como campo sagrado para sepulturas dignas». Creo que lo mismo podrán decir muchas comunidades donde están apareciendo hoy, como fenómeno vergonzoso de nuestros días: decapitados, desnudos, mutilados, torturados, ¡qué no se hace con la vida humana antes de acribillarla y acabar con ella!                           08 Julio 1979

“…es lástima tener unos medios de comunicación tan vendidos a las situaciones. Es lástima no poder confiar en la noticia del periódico de la televisión o de la radio porque todo está comprado está amañado y no se dice la verdad…”                                                02 Abril 1978

Se han multiplicado operativos combinados entre el ejército, los cuerpos de seguridad y ORDEN para catear cantones, capturar campesinos y han sido asesinados cuatro de ellos. Yo quiero mencionar aquí, porque creo que esta mención de algo ayuda a esos atropellos de nuestra pobre gente, que han sido capturados varios campesinos y aún no han sido consignados a los tribunales, no se vayan a dar por «desaparecidos». La familia con quienes yo comparto su preocupación son…                        27 mayo 1979

“Las mayorías pobres de nuestro país encuentran en la Iglesia la voz de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias ―como decían los profetas―, los que amontonan violencia y despojo en sus palacios, los que aplastan a los pobres, los que hacen que se acerque un reino de violencia acostados en camas de marfil, los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo para ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país. Estos textos de los profetas no son lejanas voces que leemos reverentes en nuestra liturgia, son realidades cotidianas cuya crueldad e intensidad

 vivimos a diario”            17 Febrero 1980

“…El rico que está de rodillas ante su dinero, aunque vaya a misa es un idólatra, no es un cristiano…”

11 Noviembre 1979

 “… en Tejutla, en el cantón de Los Martínez, celebramos la fiesta patronal del cantón, y allá me entregaron una denuncia espantosa. El día 07 de marzo, como a las doce de la noche, un camión de efectivos militares vestidos de civil y uniformados otros, abrieron las  puertas, se introdujeron a la casa, sacando en forma violenta a culatazos y puntapiés a todos los miembros de la familia, violaron a cuatro jóvenes, golpearon salvajemente a sus padres, y las amenazaron que si decían algo, que se atuvieran a las consecuencias, hemos sabido la tragedia de estas pobres muchachas…”  

“… el día 21 de marzo, miembros del FAPU[1], solicitaron al Arzobispado que se les ayudara con el entierro de 17 cadáveres que tenían en la catedral, porque tenían miedo de ser reprimidos en la calle, camino del cementerio y por eso se veían obligados a enterrarlos en la catedral. El Arzobispado prometió conseguir garantías para el entierro, lo que logro a través del ministerio de defensa, que mostró mucha atención en el caso, gestionando la participación de la cruz roja internacional y solicitando participación del ministerio de salud pública. Se les comunico a los representantes de las organizaciones FAPU y BPR las gestiones hechas de parte del Arzobispado, pero estos no se ponían de acuerdo, unos aceptaron llevarlos al cementerio y los otros decían que los enterrarían en la catedral, tanto los representantes del arzobispado como los miembros de la cruz roja internacional les hicieron ver que ellos colaborarían en un entierro normal, pero no ampararían una manifestación de denuncia que se quisiera hacer con este motivo, cuando se estaba en estos arreglos, el director de la policía nacional coronel Reinaldo López Nuila, solicito telefónicamente la intervención del arzobispado para que los ocupantes de la catedral al cabo Miguel Angel Zúñiga que había sido secuestrado por los ocupantes de la catedral

“…Se manda a matar, se paga por matar, se gana por matar. Se mata para quitar de enfrente el enemigo político que estorba, se mata por odio. Cuántos crímenes privados habrán en esos cadáveres que aparecen; muchas veces el origen de la captura fue oficial, pero pienso yo el motivo del asesinato: ¿Cuál habrá sido? ¿Quién habrá pagado?, ¿Qué intereses hay detrás de esa muerte? ¡No matarás! ¡Es terrible!…”   18 marzo 79

 “…Tengo que lamentar que las FARN[2] hayan asesinado al Señor Ernesto Liebes. Me duele que en El Salvador haya una familia más que sea víctima de la violencia. A todos los parientes del Señor Liebes les expreso mis condolencias y ofrezco mis oraciones por el difunto… Y hago un nuevo llamamiento a los de la FARN para que busquen una solución que no implique sacrificio de vidas humanas. ¡Ya basta!…”                      25 marzo 79

 “…Sobran aduladores, sobran falsos profetas; sobran, en tiempo conflictivos como los nuestros, quienes tienen su pluma pagada y su palabra vendida, pero no es esa la verdad…”                           18 Febrero 1979

“…La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación…”                                       23 marzo 1980

“…no es la “voluntad de Dios” que unos tengan todo y que otros no tengan nada…” 10 Septiembre 1978

“…la Iglesia no puede callar ante tanta injusticia, si callara, sería cómplice…” 24 Julio 1977

“…en Tres Calles, un cantón de la diócesis de Santiago de María, me informaron que un nuevo operativo militar, parecido al del 21 de junio que yo viví allá en 1975, se llevaron torturado con rumbo desconocido, al jovencito Juan Francisco Ostorga de 19 años. Esta historia se une con la que yo acabo de recordar. Juan Francisco era niño, cuando hace cuatro años llegaron a su casa y mataron a su papá o sea a Alberto Ostorga y a sus tres hermanos: Jorge Alberto, José Alfredo y Héctor David. ¿Quién le iba a decir al pobrecito que ahora le iba a tocar a él su turno? Yo, entonces, pedí para esta familia al Gobierno, una indemnización que no llegó, naturalmente. En cambio, sigue llegando la tortura como si se tratara de un pecado de familia…”

01 Abril 1979

LLAMADOS  AL PERDON

La Iglesia no está de acuerdo con la violencia de ninguna forma, ni la que brota como fruto de la represión ni la que reprime en formas tan bárbaras. Simplemente llama a entenderse, a dialogar, a la justicia, al amor. Estas son las fuerzas de la Iglesia                                      19 marzo 1978

No importa los crímenes que hayamos cometido. Por eso, hermanos, vuelvo a repetir lo que aquí he dicho tantas veces, dirigiéndome a través de la radio a aquéllos que tal vez son los causantes de tantas injusticias y violencias; a aquéllos que han hecho llorar a tantos hogares; a aquéllos que se mancharon de sangre con tantos asesinatos; a aquéllos que tienen sus manos manchadas de torturas; a aquéllos que han encallecido su conciencia, que nos les duele ver bajo sus botas a un hombre humillado, sufriendo, tal vez ya para morir; a todos ellos les digo, no importan tus crímenes, son feos, horribles, has atropellado lo más digno del hombre, pero Dios te llama y te perdona. Y aquí tal vez viene la repugnancia de aquellos que se sienten trabajadores de la primera hora. ¿Cómo voy a estar en el cielo con esos criminales? Hermanos, en el Cielo no hay criminales. El más grande criminal que se arrepintió de sus pecados es hijo de Dios ya.

24 septiembre 1978

“Quien sabe si las manos criminales que cayeron ya en la excomunión están escuchando en un radio allá en su escondrijo, en su conciencia esta palabra, queremos decirles hermanos criminales que los amamos y que le pedimos a Dios el arrepentimiento para sus corazones, porque la Iglesia no es capaz de odiar, no tiene enemigos. Solamente son enemigos los que se le quieren declarar, pero ella los ama y muere como Cristo: perdónales Padre, porque no saben lo que hacen.

Lunes 14 de marzo de 1977, homilía en el funeral del P. Rutilio Grande

“…Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Ojalá, sí, se convencieran que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás.”                         Febrero de 1980

Quien no sabe perdonar no será perdonado                     18 Febrero 1979

“…sepan que traigo el corazón como siempre, lleno de amor para todos, no guardo resentimientos para nadie…”                                       16 Febrero 1979

“…Hay muchos que en El Salvador dicen: «¡ya no hay remedio!, ¿quién va a creer en el amor?», ¡Caminos de violencia: secuestros, odios, crímenes, represiones!. Como que nos ha hecho el Señor para entendernos a garrotazos. Dios nos ha hecho como imagen de su amor y aunque el ambiente se ha tornado de garrote, no es eso lo que Dios quiere…”                                                                   25 marzo 1979

El dolor de ustedes es el dolor de la Iglesia.

Que no haya resentimiento en el corazón,… que esta Eucaristía que es un llamamiento a la reconciliación con Dios y con los hermanos… Pidamos la conversión de los que nos golpearon, de los que tuvieron la audacia sacrílega de tocar el sagrario bendito. Pidamos al Señor el perdón                  19 Junio 1977

MARTIRIO

Podemos presentar junto a la sangre de maestros, de obreros, de campesinos, la sangre de nuestros sacerdotes. Esto es comunión de amor. Sería triste que en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a nuestros sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas de su pueblo                                                 18 Junio 1979

Se gloria la Iglesia de haber mezclado su sangre con las masacres del pueblo                  17 Febrero 1980

 “…me avisaron esta semana que yo también anduviera con cuidado, que se estaba tramando algo contra mi vida. Yo confío en el Señor y sé que los caminos de la Providencia amparan a quien trata de servirle…”

06 enero 1979

He sido frecuentemente amenazado con la muerte, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección, si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño                      Febrero de 1980

Como pastor, estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme                   Febrero de 1980

“…Y me alegro de decirles, queridos hermanos cristianos, que hoy, cuando es más peligroso ser sacerdote, es cuando estamos recibiendo más vocaciones en el seminario…”                                21 Enero 79

El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer, pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad.

Febrero de 1980

“…Cristo no es un ser insensible. Cristo es un hombre de carne y hueso, de nervios y musculo como nosotros. Un hombre que siente lo que siente alguien cuando lo lleva la Guardia Nacional y lo lleva a ese lugar de tortura…”                             01 Abril 1979

¿QUIENES LE SEGUIAN?

“… en El Salvador está el grupo de la Iglesia, que no es todo El Salvador, y cuando yo como pastor, me dirijo al pueblo de Dios, no pretendo yo ser un maestro de todo El Salvador, sino que soy el pobre servidor de un núcleo que se llama “la Iglesia”, la “arquidiócesis”, los que “quieren seguir a Cristo”, y que reconocen en el Obispo, al maestro que en nombre de Cristo les habla… de ellos espero respeto, obediencia, con ellos me siento tan unido, y no me extraña que los que no son Iglesia, aunque estén dentro de la Iglesia, me critiquen, me murmuren, me deshagan… esos, ya no son pueblo de Dios, aun en el nuevo testamento, aunque estén bautizados, aunque vengan a misa…”                                        23 de Marzo de 1980

La semana anterior, un visitante de Venezuela había llegado pensando que la misa seria un mitin político, esa era la impresión que había recogido de los medios de comunicación. En lugar de eso, dijo el visitante, encontró “una verdadera asamblea cristiana, porque esa gente canta, raza y sobre todo, cuando llega el momento de la comunión, me impresionó tremendamente aquella gran procesión de gente que se acercaba a la Eucaristía”. Porque lo que yo intento de ninguna manera es hacer política. Si por una necesidad del momento estoy iluminando la política de mi patria, es como pastor, es desde el Evangelio, es una luz que tiene la obligación de iluminar los caminos del país                          17 Febrero 1980

¿Quieren saber si su cristianismo es autentico? Aquí está la piedra de toque. ¿Con quienes estas bien? ¿Quiénes te critican? ¿Quiénes no te admiten? ¿Quiénes te halagan?                           Noviembre de 1977

“…un hombre cualquiera que es amarrado, por la autoridad de su tiempo, llevado a los tribunales, ajusticiado. Se me ocurre pensar, cuando San Pablo dice: -un hombre cualquiera-. Esas figuras que ya estamos acostumbrados a ir viendo en nuestros periódicos. El campesino esposado, el campesino torturado, el obrero a quien no se le reconocen sus derechos. Un hombre cualquiera, así quiso ser Cristo…”

19 Marzo 1978

PERSECUSIONES

 También quiero denunciar que dos señoritas, que en mi nombre andaban repartiendo ropa y alimentos a familias campesinas fueron víctimas; fueron capturadas y llevadas por la Guardia Nacional

03 Septiembre 1978

Precisamente en los momentos en que la Arquidiócesis está haciendo un gran esfuerzo por ser fiel al Evangelio, se oyen voces que la acusan de aquello que más le puede doler: de haber traicionado al Evangelio.

Mientras la Iglesia predique una salvación eterna y sin comprometerse en los problemas reales de nuestro mundo, la iglesia es respetada y alabada, y hasta se le conceden privilegios. Pero si la Iglesia es fiel a su misión de denunciar el pecado que lleva a muchos a la miseria, y si anuncia la esperanza de un mundo más justo y humano, entonces se la persigue y calumnia, tildándola de subversiva y comunista.

Segunda carta pastoral

Esta misma semana tenemos que presentar dos sacerdotes calumniados. El Diario de Hoy del 25 de agosto, publica la declaración «extrajudicial’, de José Belmoris Martínez Herrera, en la que complica al P. Fabián Amaya, al P. Rafael Barahona y al Dr. Antonio Morales Carbonell, con acciones terroristas del Bloque Popular Revolucionario. El Arzobispado se ha preocupado de desenmascarar esta mentira y ha reiterado su confianza en los sacerdotes falsamente calumniados                            27 Agosto 1978

“Seis meses de caminar por el calvario de la arquidiócesis, recogiendo muertos”     11 de septiembre de 1977

Aquí quiero narrar algo, además de la alegría que me dieron a mi regreso, hecho como el que voy a tener a las 12 del día en Talnique, donde la Madre Juanita va a hacer una promoción muy original de campesinos que debidamente preparados van a recibir de su obispo la autorización para llevar la comunión a sus cantones. Ojalá me estén escuchando allá, porque supe que había amenazas para esta reunión y hasta me decían que tal vez era más conveniente que no la hiciéramos, que podía suceder algo. ¿Por qué no lo vamos a hacer si la Iglesia es libre en promover sus ministros, sus servidores del pueblo?. No voy a hacer nada malo; e invito a quienes han denunciado esta ceremonia que asistan a ella hoy a las 12 del día en Talnique, y verán que se trata de un servicio noble de la Iglesia que quiere llevar el Pan de Vida a las comunidades donde el sacerdote difícilmente puede llegar.                                                         18 Febrero 1979

También lamentamos al atropello que, en Talnique, hizo la Guardia Nacional a la niña Elvira Fuentes y a sus hijos, buscando dos catequistas. Y al encontrar la Biblia y dos textos de Medellín, se los incautaron y dijeron que era el cuerpo del delito                                            03 Septiembre 1978

Lo que está pasando con las comunidades de nuestra Iglesia, es que son víctimas de este pecado: El falso testimonio.                 18 marzo 79

“…la lucha del reino de Dios. Una lucha para la que no se necesitan tanquetas ni metralletas. Una lucha para la que no se necesita espada o fusil. La lucha se bate con guitarras y canciones de Iglesia; se siembra en el corazón y se reforma un mundo, porque «la violencia aun cuando tiene motivaciones justas, es siempre violencia y no es eficaz y no es digna», decía el Papa…”                  21 Enero 79

EL PAPA

El Papa no puede fallar en su fe. Por eso el Papa disfruta una gran prerrogativa que se llama la infalibilidad en materia de fe y de moral. Se puede equivocar en asuntos de matemáticas, de astronomía, de ciencias de los hombres; pero cuando se trata de la fe en Dios y de la moral que Dios exige a los hombres, el Papa, cuando asume su potestad de maestro supremo para definir una verdad que hay que creer, o cumplir un deber aunque los hombres no lo comprendan, el Papa es infalible, no se puede equivocar. No por ser hombre, sino por una asistencia especial que Cristo ha prometido al que es fundamento de un pueblo, que no se puede equivocar tampoco porque Dios no le puede engañar.                             27 agosto 1978

“… veré al Papa y platicaré con él. Yo nunca he estado opuesto a la línea del papa. Seguiré todo lo que el Papa dice. Ya sé que allá adelante están muchas denuncias contra mí. Hay muchas informaciones que están diciendo de lo torcido de mi pastoral y sé que el Papa me preguntará sobre ello, aunque le diré, Santo padre usted envió ya una visita apostólica que pudo consultar a muchos testigos, al pueblo y no hago más que remitirme a lo que Su Santidad disponga, pero de mi parte sepa que he predicado el Evangelio y que estoy dispuesto a seguir predicando en defensa del querido pueblo que el Señor me ha encomendado.

22 Abril 1978

“…El Papa me sentó a su derecha y con sus manos me estrecho las mías en forma efusiva y larga mientras me hablaba palabras de aliento y de comprensión… más que palabras, fueron para mí como un nuevo soplo del Espíritu que ha confirmado mi fe en la Iglesia de Jesucristo y mi amor pastoral a mi pueblo…”

(El Papa) Estrechándome las manos con un cariño y una fortaleza de quien se siente sostén de todos los Pastores y de toda la Iglesia Universal, me aconsejaba y me ayudaba a seguir siendo fiel a ese ministerio en servicio de este pueblo…»Es un pueblo -me decía- que lucha por sus reivindicaciones, busca un ambiente más justo. Y ese pueblo hay que amarlo, hay que ayudarle. Tenga paciencia, tenga fortaleza, y ayúdeles

02 Julio 78, sobre el papa pablo VI

Y yo quiero darle gracias al Señor, junto con ustedes, de que cuando pregunté en Roma, si habían encontrado errores en mi fe -y allá tenían muchas de mis homilías- me han dicho con claridad: «No, errores en la fe puede estar seguro que no los hay». ¡Bendito sea Dios! Les predica, pues, quien está en comunión de fe con aquél que es el Maestro de la fe                                           02 Julio 1978

Bien recuerdo aquellas palabras que me dieron tanto ánimo el año pasado: » ¡Animo, ánimo me dijo el Papa- Usted es el que manda!» Y no puedo olvidar, pues, que en la presencia de mi comunión con el Papa está también el secreto de mi palabra y de mi orientación a mi pueblo; el día en que el Papa me desconozca, no esté de acuerdo con lo que yo predico o hago, me lo hará ver. Y entonces les diré con toda humildad: «hermanos, perdónenme, los estuve engañando, yo me retiro, que venga otro de más confianza del Santo Padre». Pero mientras tanto, Pedro y los once, y yo estoy entre esos once, porque ahora ya no son once, son como dos mil y pico de obispos que estuvieron en un Concilio y que siguen gobernando la Iglesia en toda la faz de la tierra, que está en comunión con el episcopado mundial, es la que da este sentido de comunión de Iglesia                         09 abril 1978

Hermanos, es triste el cisma. Hemos de pedir mucho por estas situaciones cismáticas y jamás vayamos a pensar nosotros en una autonomía que es suicidio; «como cuando se corta una rama, dice Cristo, ya no está pegada al tronco y ya no le corre la vida». ¡Se marchita y muere!. Por mi parte, quiero aprovechar esta ocasión para quienes quieren enfrentarme con la Santa Sede: de que el Arzobispo de San Salvador se gloría de estar en comunión con el Santo Padre, respete y ama al sucesor de Pedro… Sé que no haría un buen servicio a ustedes, querido pueblo de Dios, si los desgajara de la unidad de la Iglesia. ¡Lejos de mí!. Preferiría mil veces morir, antes de ser obispo cismático.                                         26 agosto 79

MONSEÑOR ROMERO, EL PASTOR

“…yo sé que muchos se escandalizan de esta palabra y quieren acusarla de que ha dejado la palabra del Evangelio para meterse en política, pero no acepto yo esta acusación sino que hago un esfuerzo para que todo lo que nos ha querido impulsar el Concilio Vaticano II, la reunión de Medellín y Puebla no solo lo tengamos en las páginas y lo estudiemos teóricamente sino que lo vivamos y lo traduzcamos en esta conflictiva realidad de predicar como se debe el Evangelio…”                 17 Febrero 1980

 “…para que vean cuál es mi oficio, y cómo lo estoy cumpliendo: Estudio la palabra de Dios que se va a leer el domingo; miro a mi alrededor, a mi pueblo; lo ilumino con esta palabra y saco una síntesis para podérsela transmitir…”                               20 Agosto 1978

“…Qué cosa más horrorosa haber vivido bien cómodo sin ningún sufrimiento, no metiéndose en problemas, bien tranquilo, bien instalado, bien relacionado políticamente, económicamente, socialmente. Nada le hacía falta, todo lo tenía. ¿De qué sirve? Perderá su alma. Pero el que por amor a Mí se desinstale y acompañe al pueblo, y vaya en el sufrimiento del pobre, y se encarne y sienta suyo el dolor, el atropello; éste ganará su vida, porque mi Padre lo premiará…”                                      01 Abril 1979

El que esté en conflictos con el pueblo, estará en conflictos conmigo                    20 agosto 1978

La ley es como la serpiente, pica nomás al que está descalzo                              5 septiembre 1978

El pastor tiene que estar donde está el sufrimiento                                     30 octubre 1977

Mi amor es el pueblo                                                                                   20 agosto 1978

Es mucho más fácil predicar la mentira para tener poder                            22 Junio 1979

La Iglesia sufre el destino de los pobres: la persecución                                                              17 Febrero 1980
Defender los derechos humanos, es cumplir el Evangelio                                 24 Enero 1979

No hay pecado mas diabólico, que quitarle el pan al que tiene hambre               24 Febrero 1978

Queridos hermanos, puede llover fuego sobre esta Sodoma                                     18 marzo 1979

El conflicto no es entre Iglesia y Gobierno, es entre Gobierno y Pueblo, La Iglesia está con el Pueblo y el Pueblo está con la Iglesia, gracias a Dios                                                                     21 Enero 1979

“…quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo, sino que correré con él, todos los riesgos que mi ministerio me exige…”     11 Noviembre 1979

 “…me contaron que cuando sacaban mi valija ayer, – la sacaban del aeropuerto. Monseñor acababa de regresar de México –  alguien dijo “ahí va la verdad”. La frase breve me llena de optimismo, porque en mi valija no traigo contrabando, ni traigo mentira, traigo la verdad…”                      18 Febrero 1979

“…Me hacen un inmenso honor cuando me rechazan, porque me parezco un poquito a Jesucristo que también fue piedra de escándalo…”                                                               31 Diciembre 1978

Solo siguiéndolo, aun cuando se nos llame locos, cuando se nos llame subversivos, comunistas y todos los calificativos que nos dicen, sabemos que no hacemos más que predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas                                 11 Mayo 1978

“…Que la noticia del periódico no la crea solo porque salió en el periódico, que analice, que critique…”

22 Enero 1978

“…El himno (nacional) que cantamos suena muchas veces a un sarcasmo horrible…”   09 septiembre 1979

“La Iglesia se predica desde los pobres y no nos avergonzamos nunca de decir: La Iglesia de los pobres”

24 Diciembre 1978.

Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño                         Marzo 1980

“… siempre que se predica la verdad contra las injusticias, contra los abusos, los atropellos, la verdad tiene que doler. Cuando uno mete la mano en una olla con sal, si la mano está sana no le sucede nada, pero si tiene una heridita ¡ah! Ahí duele. La Iglesia es la sal del mundo y naturalmente que donde hay heridas tiene que arder esa sal, por eso la Iglesia tiene como nota esencial: la persecución…”        29 Mayo 1977

La persecución es algo necesario en la Iglesia, ¿saben por qué? Porque la verdad siempre es perseguida.                                                                                                         29 mayo 1977

El profeta tiene que ser molesto a la sociedad                  14 Agosto 1977

Un periodista, o dice la verdad o no es periodista                           29 Julio 1979

Evitemos tener que llegar a una guerra civil                      20 Enero 1980

“… quiero hacer un llamamiento a la oligarquía, le repito lo que le dije la otra vez. No me consideren juez ni enemigo, soy simplemente el pastor, el hermano, el amigo de este pueblo que sabe de sus sufrimientos, de sus hambres, de sus angustias, y en nombre de esas voces, yo levanto mi voz para decir: ¡No idolatren sus riquezas, no las salven!, de manera que dejen morir de hambre a los demás…”                       6 Enero 1980

Han llegado a nuestra oficina muchas cartas de Amnistía Internacional preguntando por la situación de muchos prisioneros, pero entre ellos me conmueve mucho la pregunta en el caso de la Srta. Lil Milagro Ramírez. Y cartas familiares como también la de los familiares de Víctor Manuel Rivas y Julio Antonio Ayala. Y en esta carta se lee esta frase que a mí me llena de emoción: «Es que la voz de la Iglesia es para nosotros la voz de la justicia, la voz de los que no somos escuchados». Gracias por comprenderlo así. Hermanos, la Iglesia no quiere ser otra voz que se confunde en el barullo de la distorsión, de la confusión, del amañamiento de la noticia. Quiere ser la voz de los que no tienen voz                                 15 Enero 78

Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo, quedará en los corazones que la hayan querido recoger

17 Diciembre 1978

El grito de liberación de este pueblo es un clamor que sube hasta Dios y que ya nada ni nadie lo puede detener                             27 Enero 1980

 “…nos da tristeza también que por seguir una línea alienante, que no molesta, no inquieta las injusticias de la tierra, muchas confesiones protestantes encontraron en el régimen oficial el apoyo que se le negó a la Iglesia. A la Iglesia se le persiguió porque predicaba la justicia, el orden en el pueblo, y a los protestantes no se les ha hecho más que ventajas, precisamente por adormecer al pueblo…”                      09 Diciembre 1979

El que no quiere soltar los anillos se expone a que le corten la mano; y al que no quiere dar por amor y por justicia social, se impone a que se lo arrebaten por la violencia…           06 Enero 1980

Yo les quiero repetir (al Gobierno) lo que les dije otra vez “El (el pastor) no quiere seguridad mientras no le den seguridad a su rebaño”                                               22 Julio1979

 “…yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a las bases del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos, y ante una orden de matar que de un hombre debe de prevalecer la ley de Dios que dice NO MATAR. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. La Iglesia, defensora de los derechos humanos no puede quedarse callada ante tanta abominación… en nombre de Dios pues y de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios… ¡!!Cese la represión!!!…”                                                           23 Marzo 1980

El himno nacional no es un dogma y si tiene mucho de hermoso y de verdadero hay que deducir esa verdad y esa hermosura a la realidad del país, para no estar cantando lo que en realidad no existe

24 Septiembre 1978

Un bienestar personal, una seguridad de mi vida no me interesa, mientras mire en mi pueblo un sistema económico social y político que tiende cada vez más a abrir esas diferencias sociales

14 Enero 1979

Su misma presencia que llena la Catedral para mí es un motivo poderoso de estímulo y pensar que junto a esta muchedumbre de la Catedral que expresa atenta su aceptación, muchas comunidades en parroquias, en sus campanarios, ponen las bocinas para que el pueblo oiga, o en ermitas humildes, reunidos en comunidad, meditan después, la graban y se quedan meditando qué más pueden aprender de lo que oyeron.

04 Diciembre 1977

“…cuando como ayer que anduve allá por Dulce Nombre de María y me decían gentes humildes de los campos cómo escuchan esta palabra y les sirve de consuelo, de esperanza, de aliento, me venían ganas hasta de llorar y decir como Cristo: «Te doy gracias Padre porque ocultas estas cosas a los orgullosos y soberbios del mundo y las revelas a los pobrecitos…”                                   09 Abril 78

EL SANTO

… Siento miedo a la violencia en mi persona. Se me ha advertido de serias amenazas precisamente para esta semana. Temo por la debilidad de mi carne, pido al Señor que me de serenidad y perseverancia, y también humildad porque siento la tentación de la vanidad….                       Lunes 25 de Febrero de 1980.

…Mi otro temor es acerca de los riesgos de mi vida. Me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible, incluso el señor Nuncio de Costa Rica me avisó de peligros inminentes para esta semana.                                                       Lunes 25 de Febrero de 1980.

¿Teme que le maten?

Mi deber me obliga a ir con mi pueblo y no sería justo dar un testimonio de miedo. Si la muerte viene, será el momento de morir como Dios lo ha querido. El domingo pasado, pusieron en la Iglesia una valija con setenta y dos cartuchos de dinamita que fueron desactivados. El Gobierno me ha ofrecido protección, pero no es lógico defender al pueblo estando al seguro, ser un privilegiado, cuando mi pueblo carece de protección.

Entrevista con el periodista italiano Riccardo Benozzo de la agencia ANSA, última entrevista que monseñor Romero concedió a la prensa internacional, una semana antes de su asesinato[3]

“…mi disposición debe ser dar mi vida por Dios, cualquiera que sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Jesucristo asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero más valioso que el momento de morir,  es  entregarle  toda  la  vida,  vivir para El…”                   Lunes 25 de Febrero de 1980.

“…acepto con fe en El mi muerte, por más difícil que sea…”       Lunes 25 de Febrero de 1980

“…Me basta estar feliz y confiado, saber con seguridad que en El está mi vida y mi muerte, que, a pesar de mis pecados, en El he puesto mi confianza y no quedaré confundido y otros proseguirán con más sabiduría y santidad los trabajos de la Iglesia y de la patria…”     Lunes 25 de Febrero de 1980.

Me acuerdo una de las primeras noches de la reunión de Puebla, cuando conocí a Monseñor Helder Cámara, y a Monseñor Proaño y al Cardenal Arns del Brasil, cuando supieron que yo era el Arzobispo de San Salvador, me decían: «Ud. tiene mucho que contarnos, sepa que lo sabemos y que ese pueblo es admirable y que sigan siendo fieles al Evangelio como lo han sido hasta ahora»           16 Febrero 1979

Esta semana, hermanos, ha sido para mí muy reveladora en este sentido. Ustedes saben que ante la situación he organizado un Comité de Solidaridad. Por una generosa iniciativa de una señora, se hizo el llamamiento a todas las organizaciones que nos acordamos. Llegaron muchos, pero muchos solamente mandaron el recado: «no podemos porque no podemos tomar partido». Otro, «porque no nos podemos meter en política». ¡Qué lástima, hermanos, que seamos tan indiferentes bajo el pretexto de no meterse en política! Se quedan con los brazos cruzados y hacen el bien únicamente cuando hacer el bien es fácil o es glorioso, trae prestigio. Servir es sacrificarse.                                                     02 Abril 1978

Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios que es el pueblo, no perecerá jamás.

Febrero de 1980

Una homilía de monseñor Romero, fácilmente tiene 8 páginas completas, pues eran muy largas, debido a que hacía un análisis teológico y salvífico de las lecturas dominicales, y luego hacia recuento de los sucesos que acontecían en la patria, esto para unir historia salvífica con la realidad. Luego, al finalizar la Eucaristía monseñor se iba a la puerta principal a despedir a la gente. Ahí, el pueblo, hombres, mujeres, niños, ancianos, le saludaban, le daban la mano, y mucha de esta gente, después de haberle tocado su mano o sus vestiduras sacerdotales, ¡se persignaban!… como ya lo hemos dicho… el pueblo sentía la santidad cercana.

Todos los textos que acaban de leer, proviene en un 98% de sus homilías. Hay solamente un par de textos de su cuaderno de ejercicios espirituales y de su diario personal. Este articulo tiene 13 páginas, por lo cual comparando, aquí solo hay 2 homilías de monseñor. ¿Qué porcentaje hemos estudiado de su vida? Probablemente un 1%, siendo exagerados, un 4%. Es decir, que hay muchísimo más que leer, descubrir y analizar de las predicaciones de monseñor Romero. Su historia es rica, densa, su contenido es tan grande que es imposible recogerlo en un artículo de 13 páginas. Por otra parte, existen otros documentos en los cuales monseñor Romero expresó su pensamiento y de los cuales, en estos artículos, no se ha analizado prácticamente nada. Estos documentos son parte de su ministerio episcopal, y en ellos, él mismo explica su forma de actuar, de pensar y de predicar, siempre refiriéndose a la situación conflictiva de la Iglesia en esos años convulsivos. Estos escritos complementan su vida, su testimonio de fe, la enriquecen  y podemos aprender muchísimo más de su misión evangélica. Es importante entonces, buscar los medios para tener acceso a ellos y como son de difusión pública, pues no es difícil obtenerlos. Estos documentos son los siguientes.

  1. Su diario personal
  2. Sus cartas pastorales, son cuatro
  3. Sus cartas personales, son muchas
  4. Sus notas y apuntes personales
  5. Su cuaderno de ejercicios espirituales
  6. Sus entrevistas a los diferentes medios de comunicación social, tanto nacionales como extranjeros, prensa escrita, radio y televisión

Una vez hemos investigado, leído y reflexionado toda la información del pastor Monseñor Romero, seremos capaces de hacernos una idea propia de su comportamiento en las difíciles situaciones que le toco vivir. Mucha gente le critica e incluso le ofende sin conocerle, sin haber leído una tan sola de sus homilías, ya no digamos los demás documentos. Muchísima gente, por su opción ideológica y política, le hace una afrenta injusta, olvidando las exigencias que, como pastor, tenía el señor arzobispo. Una vez hemos colocado en la balanza evangélica su vida, podremos ver hacia donde se inclina y entonces, nadie podrá engañarnos. “…quien no junta conmigo, desparrama…”, dice Cristo.  ¡¡¡Que nadie te cuente sobre monseñor Romero, encamínate a descubrirle por ti mismo!!!  

Sirvan los textos expuestos como un minúsculo ejemplo de su pensamiento.

ROBERTO CAMPOS

SEPTIEMBRE DE 2014


[1] Frente de Acción Popular Unificada. Organización militar de izquierda.

[2] Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional. Organización militar de izquierda.

[3] Monseñor Romero, su muerte y reacciones. Pág. 597

V. Una vida para imitar

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

LA ÚNICA Y MONUMENTAL EQUIVOCACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO

Algo que caracteriza a monseñor Romero es la lucidez para juzgar las complejas situaciones que le tocó vivir. Esta lucidez le llevaba a la verdad y esta verdad hace que se le conozca como un profeta. Anunció el reino de Dios, y denunció el pecado que está en contra del reino de Dios. Fue certero en su juicio. Pero, por insólito que parezca, no en todo acertó monseñor Romero, no en todo, no hay que sorprenderse, era un ser humano y tenía derecho a equivocarse.

En cierta ocasión dijo unas palabras en las cuales se “equivocó” terriblemente.

15 días antes de su asesinato, José Calderón Salazar corresponsal en Guatemala del periódico mexicano Excelsior, le hizo una famosa entrevista[1] en la cual dijo una frase que perdurará por siempre. “He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño…”[2]

El arzobispo era consciente de que era odiado por muchos, pero también sabía que era respetado por otra parte de salvadoreños, y era esa parte la que él llamaba “la Iglesia”, de quienes esperaba obediencia, amor y respeto

“…Y cuando yo como Pastor me dirijo al Pueblo de Dios, no pretendo yo ser un maestro de todo El Salvador sino que soy el servidor de un núcleo que se llama “la Iglesia”, la Arquidiócesis, los que quieren servir a Cristo y reconocen en el obispo, al maestro que en nombre de Cristo les habla. De ellos espero respeto, obediencia, con ellos me siento tan unido y no me extraña que los que no son Iglesia, aunque estén dentro de la Iglesia, me critiquen, me murmuren, me deshagan… Esos, ya no son Pueblo de Dios; aún en el Nuevo Testamento aunque estén bautizados, aunque vengan a misa, si no se unen solidariamente con las enseñanzas exigentes del Evangelio…” 23 Marzo 1980

Palabras muy duras a aquellos que se creían a sí mismos “cristianos” pero que no aceptaban las reflexiones de este pastor, respecto a la aplicación del evangelio en las circunstancias reales y concretas de esa porción del reino de Dios. Monseñor creía entonces que, si las amenazas se cumplieran y muriera físicamente, este “pequeño” grupo de salvadoreños no le dejarían morir en la eternidad, sino que recogerían su legado. “La palabra queda y este es el gran consuelo del que predica, mi voz desaparecerá, pero mi palabra, que es Cristo, quedará en los corazones que lo hayan querido recoger. 17 Diciembre 1978

Sin embargo, monseñor creía que únicamente el pueblo salvadoreño recordaría su testimonio de amor. ¡Esa fue su enorme equivocación! Ese fue su terrible desacierto. Fue un fallo monumental. Su humildad no le permitía entender que su testimonio rebasaría las fronteras físicas, imaginarias e ideológicas, credos, razas. Su sencillez le imposibilitaba comprender que le pondrían en lo más alto de la Iglesia a la cual servía. Ignoraba totalmente que, con el pasar de los años, iba a ser considerado como un “Maestro de espiritualidad[3]. En esos momentos él era “fusilado” diariamente, culpándolo de todo lo malo que sucedía en El Salvador, “…Yo fui objeto de muchas acusaciones falsas, de parte de los obispos. Se me dijo que yo tenía una predicación subversiva y violenta…. Y otra serie de acusaciones calumniosas y falsas a las cuales preferí no contestar. Ha sido un día amargado por esta circunstancia…”                  Diario personal, 03 Abril 1978

Jamás pensó que en el futuro, se le llegaría a comprender exactamente, su difícil misión de predicar el Evangelio. Es que monseñor “era cobarde y lo sabía, era profeta y no lo sabía”[4]. Monseñor Romero no resucitó “solo” en el pueblo salvadoreño, ¡¡¡Qué va!!! Sino en toda Centroamérica, en toda Latinoamérica, en el mundo entero. La capillita donde fue asesinado, la casita donde vivió sus tres años de arzobispado y el sótano de la catedral donde descansan sus restos mortales, se han convertido en lugares santos, visitados por innumerables  personas. Llegan hermanos de todos lugares, guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses, paraguayos, venezolanos, brasileños, chilenos, argentinos, españoles, mexicanos, norteamericanos, noruegos, alemanes, nigerianos, australianos, austriacos, italianos, etc. Llegan católicos, protestantes, ateos. Llegan pobres, ricos, políticos, mandatarios, campesinos, ministros, amas de casa, blancos, negros, amarillos. El Santo Padre ha orado de rodillas dos veces ante sus restos. Todos llegan a ver su mausoleo, a ver al menos sus sagrados restos. Algunos a derramar una lágrima por el pastor que les defendió, otros a enseñar a sus hijos quién es monseñor Romero. Otros llegan a pedir perdón, pues en el pasado no comprendían la misión de monseñor y le insultaron. Año con año, miles de personas visitan sus restos, para estar cerca del Santo de América. Este es el recuerdo de las personas naturales, los seres humanos, pero también se le recuerda en instituciones de nivel mundial. Las Naciones Unidas, al conocer la labor pastoral y la encarnizada defensa de los derechos humanos que realizó monseñor Romero, han decretado el 24 de marzo de cada año, como el “Día Internacional para el Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas”, cuyo propósito textualmente lo redactan de la siguiente manera.

  • Reconociendo en particular la importante y valiosa labor de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, de El Salvador, quien se consagró activamente a la promoción y protección de los derechos humanos en su país, labor que fue reconocida internacionalmente a través de sus mensajes en los que denunció violaciones de los derechos humanos de las poblaciones más vulnerables
  • Reconociendo los valores de Monseñor Romero y su dedicación al servicio de la humanidad, en el contexto de conflictos armados, como humanista consagrado a la defensa de los derechos humanos, la protección de vidas humanas y la promoción de la dignidad del ser humano, sus llamamientos constantes al diálogo y su oposición a toda forma de violencia para evitar el enfrentamiento armado, que en definitiva le costaron la vida el 24 de marzo de 1980[5]

¡Hasta las Naciones Unidas reconocen su testimonio! Un día mundial en honor a monseñor. No lo buscó, pero lo encontró. A más de 30 años de su martirio, su vida y su testimonio son recordados en el mundo entero.

Monseñor Romero, con muchísima alegría te podemos corregir, no solo tu pueblo salvadoreño ha recogido tu palabra, sino los 5 continentes.

No has resucitado en el pueblo salvadoreño, sino en el mundo entero. Con una alegre tristeza  podemos decir, que Monseñor Romero, ya no es nuestro… es del mundo entero.

El mundo entero le rinde tributo. Pobre monseñor, no sabía que era un profeta mundial.

EL RECUERDO DE MONSEÑOR ROMERO

Boulevard Cinta Costera, Panamá                      Clínica Mons. Romero, Los Angeles

Aquí estará la estatua de                                                  Plaza Monseñor Romero, UCA

  monseñor Romero. Italia                                                    Managua, Nicaragua

    Abadía de Westminster                                             Parque Mac Arthur

    Londres, Inglaterra                                              Los Angeles, EEUU

Monseñor Romero en El Salvador

LA VOZ DE LOS SIN VOZ

Siempre nos han dicho que la democracia, es “libertad” y “respeto”, y que el capitalismo va de la mano con la democracia. Por tanto, la tal democracia “es buena”… y el capitalismo, “también lo es”. El tal “Estado de derecho” que muchos políticos pronuncian, en estos Estados capitalistas, diz que democráticos,  no es más que una burda falacia. La famosa “libertad de expresión” que los capitalistas a diferencia de los comunistas tienen, no se aplicó a los países de Latinoamérica. Suprimieron la tal “libertad” a costa de sangre y fuego, la Iglesia como fiel vigilante de la historia lo señala, específicamente el Papa Juan XXIII cuando dice “…Tan triste situación demuestra que los gobernantes de ciertas naciones restringen excesivamente los límites de la justa libertad, dentro de los cuales es lícito al ciudadano vivir con decoro una vida humana. Más aún: en tales naciones, a veces, hasta el derecho mismo a la libertad se somete a discusión o incluso queda totalmente suprimido. Cuando esto sucede, todo el recto orden de la sociedad civil se subvierte; porque la autoridad pública está destinada, por su propia naturaleza, a asegurar el bien de la comunidad, cuyo deber principal es reconocer el ámbito justo de la libertad y salvaguardar santamente sus derechos…”[6]

Aquí fue suprimida esa tal “libertad”, para hablar, para caminar, para pensar diferente. En El Salvador de los años ochentas, nadie podía decir lo que pensaba acerca de todo lo que pasaba, esperando salir ileso. En los años setentas y principios de los ochentas, tocar temas como la reforma agraria, el BPR, FAPU, Monseñor Romero, el P. Rutilio Grande, criticar a los militares, la Junta “revolucionaria” de gobierno, escuchar una simple canción de los Guaraguao, mirar siquiera a los ojos a un militar, era espinoso, y traía consigo la muerte. Hasta hablar del Evangelio era peligroso. Todo era comunista y subversivo, así lo comprendió el Padre Rutilio Grande, San Rutilio, el “precursor”, mucho antes que monseñor Romero.

“… Queridos hermanos y amigos, me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Sólo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas, contra el pecado, se entiende… yo me temo que si Jesús entrara por las fronteras, allá por Chalatenango, no lo dejarían pasar. Por ahí por Apopa lo detendrían. Quién sabe si llegase a Apopa : ¿Verdad? Mejor dicho por Guazapa. Se lo llevarían a muchas Juntas Supremas por inconstitucional y subversivo… lo acusarían de revoltoso, de judío extranjero, con ideas extrañas a la democracia, es decir contrarias a la minoría… lo volverían a crucificar y ojalá que me libre Dios a mí, que también estaría en la colada de crucificadores”                    Padre Rutilio Grande

“…También lamentamos al atropello que, en Talnique, hizo la Guardia Nacional a la niña Elvira Fuentes y a sus hijos, buscando dos catequistas. Y al encontrar la Biblia y dos textos de Medellín, se los incautaron y dijeron que era el cuerpo del delito…”                      03 Septiembre 1978

Cadáveres en El Playón, La Libertad

Como se puede observar, hasta el Magisterio de la Iglesia era delito. Si hacías cualquiera de estas cosas y el aparato militar represivo se enteraba, esa misma noche eras sacado de tu casa por los escuadrones de la muerte y el siguiente día, aparecías decapitado en el playón “…En El Paisnal, dos campesinos asesinados: Roberto Saracay y Santos García Molina. Después de haberlos sacado a media noche y golpearlos, aparecen muertos…”                             02 Julio 78

Para que el lector extranjero comprenda, se conocía como “el playón” a una gran extensión de terreno, más o menos unos 20 Km², cerca de Quezaltepeque, cubierta por piedra negra volcánica, producto de una erupción volcánica del siglo XVII, que es muy desolada y donde hay poca vegetación y nada de presencia humana, ahí iban a tirar los cadáveres de los asesinados o donde los iban a asesinar con total impunidad. Hay fotografías grotescas de estos cuerpos devorados por zopilotes[7]. Era fácil hacer esto ya que era una gran extensión de terreno, en la carretera, sin ningún tipo de vigilancia (y aunque hubiera habido vigilancia, eran precisamente los cuerpos estatales quienes hacían esos macabros trabajos), ni casas alrededor, ni siquiera árboles, solo la extensión cubierta de piedra negra. Nadie podía expresarse con libertad sin esperar la muerte, aunque vivíamos en un país “democrático” donde se suponía que había “libertad de expresión”. 

Muy lejana resuena la voz del Papa León XIII, cuando decía “…los gobernantes han de defender la sociedad y sus distintas clases…”[8], estos gobernantes debían defender al ser humano, que es en definitiva, la razón de ser “patria”, estos gobernantes, habían traicionado la voluntad de Dios, que es ver felices a sus hijos, pero monseñor Romero lo denunciaba con valor.

“…los derechos fundamentales del hombre salvadoreño son pisoteados día a día, sin que ninguna institución denuncie los atropellos, y proceda sincera y efectivamente a un saneamiento en los procedimientos…”                  14 Mayo 1978

La Iglesia católica, por medio de los sacerdotes, religiosas, y entre ellos sobresalía Monseñor Romero, asumió el evangélico, pero peligroso y delicado papel de denunciar los atropellos a las mayorías. Debido a ello, se ganó el título de “la voz de los sin voz” de parte de los cristianos y el de “comunista” de los cristianos hipócritas. Monseñor era la voz de aquellos que les estaba negada la expresión libre, era el altavoz de todos los oprimidos y por eso, porque lo expresaba con claridad, fuerza y públicamente (como dice monseñor Urioste, fiel amigo de monseñor Romero), “fue el hombre más amado y más odiado de El Salvador”. Nadie expresa tan bien esta situación como don Helder Cámara[9]

“Cuando doy pan a los pobres me llaman santo, pero cuando pregunto por qué no tienen qué comer, me llaman comunista”

Monseñor pudo, al menos por 3 años, denunciar lo que sucedía en El Salvador, aunque con el temor del secuestro o el asesinato, claro, al final hasta él sucumbió ante esta suerte de los pobres, pero durante este tiempo, supo denunciar todos los atropellos. Muchos cristianos murieron sin dejar rastros de lo que les sucedió, no se sabe dónde fueron torturados, asesinados y sepultados, son los “desaparecidos”. De monseñor sí sabemos con certeza dónde y cómo fue asesinado, también sabemos dónde están sepultados sus restos, por eso, si en vida fue “la voz de los sin voz”, ahora, después de su asesinato, monseñor es “el nombre de los que no tienen nombre”, ya que representa a todos aquellos “desaparecidos”, porque hay una lápida con su nombre escrito en ella. Los que una vez sacaron los escuadrones de la muerte y jamás se supo de ellos, que no fueron encontrados en las calles ni en el playón, simplemente: desaparecieron.

LA TRANSFORMACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO

Algo extraño, especial y sorprendente pasaba a diario con monseñor Romero, pero ese cambio sucedía principalmente los domingos, en sus misas dominicales. Monseñor siempre fue un hombre tímido, reservado, al conversar con él, se le identificaba y se le escuchaba como un cristiano común y corriente, sabio, recatado, humilde, pero nada fuera de lo normal, pero había una puerta celestial y divina que él traspasaba los domingos. Esta puerta estaba entre la sacristía y el altar de su catedral. Cuando se revestía con las sagradas vestimentas sacerdotales, sin saberlo, él atravesaba esa puerta misteriosa que lo transformaba en otro hombre. Cuando la Eucaristía iniciaba, su palabra era cátedra, de fuego, se transformaba en otro ser… EL PROFETA.

Así era Monseñor. El sujeto tímido en su mirada, tímido en su hablar cotidiano, que entrelazaba sus manos como signo de paz personal, temeroso de ofender sin quererlo, que le huía al conflicto, que no deseaba sobresaltos. El anciano de 60 años, que rogaba paz y tranquilidad en su edad de plata. El personaje que a todos pedía opinión, el que a veces se encontraba en un callejón sin salida, el que escuchaba a todos antes de tomar una decisión, el personaje que se sentía presionado de todos lados, por el gobierno, la Iglesia, la guerrilla, sus comunidades, sus sacerdotes, los seminaristas, el gobierno de los EEUU, la Conferencia Episcopal, al que todos sus hermanos obispos acusaban de ser el responsable de los males de El Salvador. Todo esto le creaba grandes, enormes presiones e incertidumbres permanentemente, pero las resolvía de una sola manera, era su arma letal, su arma infalible. !!!DE RODILLAS, FRENTE AL SANTISIMO SACRAMENTO DEL ALTAR¡¡¡

Sí. Cuando su espalda se encontraba cargada de tantos problemas, iba a pedirle instrucciones al Jefe, para que le señalara el camino correcto. Ahí, arrodillado solicitaba luz y discernimiento para poder dar respuesta a los acontecimientos de la patria, los cuales eran complejos, delicados y numerosos.

ME ENTRÓ EL GUSANITO DE SER CURA.

Me lo metieron en el cuerpo aquellas homilías de Monseñor Romero, que las escuchabas y te encendían. A mí me ponían a todo mil[10]. -Esto de cura es demasiado para vos, ¡para vos que sos un mundano vago! -me decía Chepito-. Pero luego escuchaba otra homilía, con aquellas denuncias tan vergonas[11] y me volvía la onda de meterme yo a ser cura. Para lanzar yo también algún día las grandes palabreadas contra los ricos y contra tanta injusticia y tanto atropello ¡y cambiar todo El Salvador y hacer un país sin ni un solo pobre, pues! Cada homilía que le escuchaba a Monseñor, con aquella su fuerza, me convencía más el hombre. Llegar a ser un cura así, valiente, como él, era lo máximo que yo me podía imaginar en el universo mundo. ¡Así que me voy! -¡¿Te vas?! Me fui. Agarré mis tanates[12] y le dije hasta más nunca a la escuela de agricultura dirigida por militares en donde estudiaba becado. Y me metí al seminario. Me aceptaron por el entusiasmo y empecé a probar. En la mañana nos tocaba hacer aseo de aquel gran edificio. Nos ponían a barrer con las grandes escobas y con unos trapeadores inmensos y había que sacarle brillo a aquellos corredores largos como vías de tren. Un día iba yo con ese gran trapeador ¡ssssss! para allá, ¡sssss! para acá, chaineando[13] el corredor que pasa frente a la capillita en el piso de arriba, y al pasar miré que tan temprano ya había un cura rezando en las primeras bancas. Íngrimo estaba, de rodillas. Seguí por el corredor, ¡fan! para acá, ¡fan! para allá, y al rato, que ya casi lo tenía pulido, aquel hombre todavía rezando. ¡Y ni se mueve el maje[14]! Agarré para otro corredor y ya le tenía sacado el brillo cuando volví a asomarme a la capilla. ¡Ahí hincado! ¿Y qué hará rezando tanto ese curita, pues? Pasó otro cuarto de hora y comprobé que ahí proseguía. ¿Y qué tanto rezo? ¿Y es que con tanto burumbumbún[15] que hay en este país solo va a ser rezar? ¡Que aprenda ese rezador de Monseñor Romero, que tiene fuego en el corazón y en las palabras y que no anda perdiendo el tiempo! ¿O es que no oyó la canción, que no basta rezar[16]? ¡Pues que oiga las homilías! Yo arrecho[17] con aquel rezador desconocido. Si no sale, me meto ya a trapear la capilla. Por el aseo y por ver si es que andaba dormido. Por fin entré. ¡Ssssss! para acá, ¡ssssss! para allá, sacando brillo con el trapeador. Quería agarrar al tipo para contarles a los demás en el desayuno. Trapeador arriba, trapeador abajo, me fui acercando a aquel totoposte[18]… Lo miré de abajo a arriba: era Monseñor Romero. Ni se movió. Y cuando me salí de la capilla, siguió hincado, rezando. Salí con la masa desinflada y el trapeador al hombro, como una escopeta ya sin pólvora.

Juan José Ramírez[19]

De ahí, de estar arrodillado, salía directo al altar, a pronunciar sus homilías, y ahí… era otra historia. Aquel hombre tímido y calculador, humilde y temeroso, sufría una transformación de dimensiones formidables. Se convertía en un hombre totalmente diferente. Su personalidad se agigantaba. Su palabra ya no era tímida, era una palabra quemante, de fuego, cargada de verdad, de seguridad, de esperanza, de una lucidez tal, que impactaba a quien le escuchaba, de una valentía tal que movía a las lagrimas, movía al orgullo de tener un obispo así, pero esto no extrañaba, pues ya había sucedido antes… ya estaba profetizado, al menos los cristianos ya sabíamos que esto ya había pasado.

“…¿De dónde tiene éste está sabiduría y estos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María? ¿No están sus hermanas entre nosotros? ¿De dónde, tiene pues, éste todas estas cosas? Mt 13 54 – 56

Este fenómeno no pasaba desapercibido por su pueblo. Intuyendo que este arzobispo hablaba por inspiración del Espíritu Santo, la gente se agolpaba a escucharle. 

“…Su misma presencia que llena la Catedral para mí es un motivo poderoso de estímulo y pensar que junto a esta muchedumbre de la Catedral que expresa atenta su aceptación, muchas comunidades en parroquias, en sus campanarios, ponen las bocinas para que el pueblo oiga, o en ermitas humildes, reunidos en comunidad, meditan después, la graban y se quedan meditando qué más pueden aprender de lo que oyeron…”                  04 Diciembre 1977

“…Se me preguntó en Roma si no me parecían muy largas mis predicaciones. «Soy el primero en sentirlo -les decía yo-, pero cuando yo veo un pueblo atento a mi palabra, yo aprovecho los minutos. Y yo agradezco a mi pueblo que me escucha. Y cuando sé que más allá de la multitud de Catedral, la radio casi monopoliza el auditorio a esta hora, estoy seguro de que el Espíritu de Dios en mis pobres palabras está llevando la revelación, el mensaje del Evangelio…”               02 Julio 1978

“… la radio monopoliza el auditorio”. Exacto. Los domingos a las 8 am, no existía otra radio, más que la YSAX, las demás radios salvadoreñas podían perfectamente salir del aire, ya que nadie se daría cuenta. Todo salvadoreño a las 8 am, encendía la radio y sintonizaba las ondas radiales de la YSAX para escuchar la misa de monseñor Romero. Así es el pueblo, intuye la cercana santidad de Dios. Sus homilías eran tan especiales que incluso en esos días sobrepasaron las fronteras.

 “…Me llevé la grata sorpresa de que estas modestas homilías también son escuchadas, enviadas por grabaciones allá en México y en otros lugares de nuestro continente…”    05 Febrero 1978

Su palabra era escuchada en los mercados, en las fábricas, en los cuarteles, hasta el presidente de la república no se las perdía.

“…Quiero agradecer las múltiples manifestaciones de solidaridad que me han llegado con motivo de lo que dije el domingo pasado: de cierta noticia de peligro contra mi vida. Yo no le quisiera dar más importancia a este asunto, porque estamos en las manos de Dios. Quiero agradecer también al Sr. Presidente de la República, desde luego, la atención de escuchar mis homilías. Porque dicen que cuando los periodistas le preguntaron si sabía de esta amenaza, dijo que lo había sabido por escucharlo en mi homilía. Muchas gracias Señor Presidente, por escucharme…”     14 Enero 1979

En su catedral, inundaban los aplausos de gozo, su palabra de esperanza, movía en esos tiempos tan difíciles a seguir trabajando por el reino de Dios, su palabra de denuncia era tal, que todos le temían, el peso de verse señalado por monseñor en una homilía era insoportable.

… De ahí, corriendo donde Monseñor bien afligidas:

-Si en su homilía algo pudiera decir usted…

Y cabal, el domingo Monseñor Romero sacó todo el caso en la misa de Catedral y responsabilizó al Juez Atilio de lo que le pasara a nuestros muchachos. O sea, que el mundo entero lo oyó. El lunes volvimos las dos madres donde Atilio.

-Venimos a que nos diga de una vez dónde están nuestros hijos. Porque ya todo mundo sabe que usted es el responsable.

-¡Cuál todo mundo!

-¿Usted es sordo? ¿Usted no escucha radio? La palabra de Monseñor Romero es como abeja. Lleva miel, pero también lleva aguijón. ¡Y ayer lo picó a usted!

¡Babosadas! -dijo el juez molesto, pero bien sabía él de lo que le hablábamos.

Ahí mismo llamó por teléfono, tal vez al Coronel encargado de las cárceles.

-Mirá, aquí están las nanas de Amaya Villalobos y de Blandino Nerio queriendo saber de ellos.

Puede que el otro se le negara.

-¡Vos me vas a decir dónde están, carajo! ¿Y es que no oíste ayer la homilía de Monseñor Romero cachimbeándome[20]?

Estuvieron en la gran averiguata[21]. Y él colgó.

-Ya les voy a dar una orden para que vayan donde están

Según el papel que nos dio, mi hijo estaba en Sensuntepeque y Blandino en Cojutepeque. Las dos madres salimos, una para un lado y la otra para el otro

Cuando llegué a la cárcel con la orden, un guardia me llevó bajando gradas y gradas por unos lados que eran bien apartados de la cárcel pública y al fin me metió a un lugar, como que si fuera cárcel clandestina, que era donde tenían a mi muchacho. ¡Ay, que dicha abrazarlo!

-Mamá, yo sabía que ustedes nos iban a encontrar.

-Nosotras te buscamos, hijo, pero el que te encontró fue Monseñor Romero. Sin la palabra suya, ¡mentira que aparecías!                                

Alba Villalobos[22]

Tal como lo indica este testimonio, solo con su palabra, monseñor Romero encontró a muchos secuestrados.

Su personalidad crecía, aunque ni él sabía por qué sucedía esto. El espíritu de monseñor se elevaba a descubrir y entender cosas insondables que están ocultas para los demás mortales, para nosotros, los mediocres. El subía, las entendía y bajaba y las explicaba al pueblo, en ese momento, nunca nadie supo de dónde tomaba esta sabiduría y fuerza. Ahora todos sabemos que la relación entre el obispo y su Dios, era íntima, ahora todos sabemos que esa transformación, era fruto de sus horas hincado frente al Santísimo, ese era el misterio (ahora resuelto) de su sorprendente transformación.

¿Qué le pareció la homilía?

Esa pregunta era clásica en Monseñor Romero, el lunes más que todo. Me la hacía a mí, a sus secretarias, a don Eduardito, al chofer, a la señora del cafetín, ¡a quien fuera y asomara, que opinara!

            -¿Qué le pareció, pues?

            -Para mi gusto un poco larga, Monseñor, ¡pero tan linda!

            -¿Ah, la sintió larga? Pero la gente allí se miraba bien contenta.

-No lo dudo, pero piense que una cosa es en Catedral, pero si estoy en casa y tengo algo que hacer, no me queda de otra que apagar el radio…

En las reuniones que teníamos con él yo lo había observado siempre tan humilde, tan sin imponernos nada, a veces como tan dependiendo de nosotros, que un día en que me preguntaba de la homilía, se lo solté.

-Tan calmado que yo lo veo, Monseñor, y cuando después lo oigo en Catedral, siento que usted cambia totalmente. Hasta en la entonación de la voz. Una seguridad, una fuerza ¡y no creo que sea efecto del micrófono!

            -¿Usted lo siente así?

-Mire, es como si usted fuera dos personas: la de todos los días y la de las homilías de Catedral.

            Se quedó pensándosela, se rascó aquel su pelo tan cortito que llevaba y me dijo: 

            -Fíjese que ya varias personas me han dicho eso mismo.

                                                                                                         Coralia Godoy[23]

LAS SEÑALES CELESTIALES QUE RECIBIÓ MONSEÑOR ROMERO

Leyó el Evangelio de Cristo. Pero Jesús le reclama en la vida cotidiana, en lo más elemental. A Dios no le ha visto en la zarza ardiendo, en visiones sensacionales ni en éxtasis celestiales. Sencillamente siente que le acompaña en la vida de cada día y que le interpela”[24] (como Moisés), no le vio caminando entre las aguas (como Pedro). Tampoco se le apareció en forma de niño (como a San Antonio de Padua) para decirle “defiende a mi pueblo”. No levitaba cuando oraba (como San Martin de Porres). No tuvo sueños misteriosos (como Don Bosco). Monseñor Romero no vio serafines de fuego (como San Francisco de Asís, Pedro y Pablo), ni a los ángeles de la guarda (como San Pio de Pietrelcina), tampoco vio al mar abriéndose ante sus ojos…

Monseñor Romero solo caminaba por las calles de San Salvador y lo que veía eran los cadáveres esparcidos, mutilados con lujo de barbarie, de campesinos, obreros y estudiantes, por eso, él mismo dirá que su ministerio era “recogiendo muertos”. Vio al Cristo sufriente en los conflictos laborales de los hombres, en las tomas de Iglesias, embajadas, en los secuestros. Aplicó el Evangelio en los pobres, en los campesinos, en el soldado, en el guerrillero, en el obrero, el empresario, la ama de casa, la estudiante, el mutilado, el secuestrado, el asesinado. Su realidad le hizo preguntarse por el cristianismo que profesaba. Los grandes santos, debido a su santidad, a su intimidad con Dios, tienen experiencias divinas, sobre naturales y eternas con Cristo Jesús… en el caso de monseñor Romero, es un poco extraño. No vivió sucesos celestiales. Probablemente tuvo alguno, pero en la intimidad de sus oraciones, en sus rezos, pero se los guardó para sí.

Las señales que el Padre le daba eran a través de su pueblo, tangibles, las veía, las sentía, le alegraban el espíritu. Estos alimentaban su fe. Conversiones, vocaciones, gozos. Porque como dice el apóstol de Tarso, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”.

“…cuando como ayer que anduve allá por Dulce Nombre de María y me decían gentes humildes de los campos cómo escuchan esta palabra y les sirve de consuelo, de esperanza, de aliento, me venían ganas hasta de llorar y decir como Cristo: «Te doy gracias Padre porque ocultas estas cosas a los orgullosos y soberbios del mundo y las revelas a los pobrecitos»…”                     09 Abril 78

(en Puebla, México) ¡Era maravilloso! Yo aquí quiero traducirles en felicitación a los queridos sacerdotes, a las comunidades religiosas y a los fieles en general, cómo nuestra Diócesis está dando un testimonio de nivel continental, mundial.                         16 Febrero 1979

Me decía una religiosa en estos días: «¡Cómo se ven florecer vocaciones! Viera cuántas muchachas van buscando allá a ver si pueden ser religiosas». Lo mismo el Padre Segura en el Seminario ha sobrepasado sus esperanzas, y no le caben los muchachos que han despertado a la vocación. Y se están preparando allá en sus institutos, en su familia, para cuando llegue la hora de poder aceptarles.                                     22 Enero 1978

Y me alegro de decirles, queridos hermanos cristianos, que hoy, cuando es más peligroso ser sacerdote, es cuando estamos recibiendo más vocaciones en el seminario. Este año va a batir el récord, 27 jóvenes bachilleres están ya a las puertas del nuevo curso del Seminario, porque este reino de Dios que está en el mundo es un reino de Dios que a los nobles, a los jóvenes, verdaderamente les hace decir como aquel del evangelio: «Vayamos con Él y muramos con Él».

21 Enero 1979[25]

Es bonito encontrar gente, el otro día un padre me dijo que un señor andaba buscando confesarse -tenía cuarenta años de no confesarse- porque quería convertirse como había oído aquí en la Catedral                                               18 marzo 1979

Así pues, Dios le manifestó su complacencia, y monseñor lo entendió.

Su fe entonces, la vivió en la realidad que le tocó peregrinar. El Evangelio lo llevó a las calles que le tocó caminar. El Magisterio lo aplicó en los cuerpos y las almas que le tocó pastorear.

Su predicación no le hablaba solo a las almas y al espíritu, a la conciencia, sino que también se preocupaba por el cuerpo físico, del templo de Dios porque sabía que “todo lo que hicisteis con uno de estos más pequeños, conmigo lo hicisteis” Mt 25, 40 y como le mandaba el Magisterio, “La gloria de Dios es que el hombre viva”[26]

LOS TRES AÑOS DE PREDICACION DE MONSEÑOR ROMERO

¿Y cuántos años predicó Jesús?

Toda la vida de Monseñor Romero fue de entrega a su Dios. Sin embargo, es reconocido por los últimos tres años, donde su aparición en la historia es súbita, densa y cargada de profetismo.

Fueron estos tres años, en contraste con los otros 60, los que, hicieron de monseñor un auténtico  referente para el mundo. Por otra parte, todo conocedor de la vida de Jesús sabe perfectamente el tiempo que duro su ministerio terrenal. Es maravilloso recordar y detallar, entonces, que Jesús inicio su predicación a los 30 años y fue crucificado a los 33, es decir, lo soportaron tan solo tres años, luego le apresaron y le asesinaron.

Esta es una analogía más de monseñor con Jesús. Solo 3 años les aguantaron y después de eso les clavaron en la cruz. Se demuestra que las sociedades no resisten mucho tiempo las palabras que subvierten la maldad y la injusticia. Debe serse un revolucionario para verse señalado de muerte. Como Cristo, como monseñor Romero. El pastor baptista Martin Luther King Jr., lo comprende perfectamente y, desde la cárcel nos deja este hermoso testamento.

“…Pero, a pesar de que me desconcertó inicialmente el descrédito de “extremista”, conforme seguía pensando acerca del asunto, fue entrándome cierta satisfacción por la etiqueta que se me colgaba. ¿Acaso no fue Jesús, un extremista del amor?; «Amad a vuestros enemigos; perdonad a los que os maldicen; haced el bien a los que os odian y orad por los que abusan maliciosamente de vosotros y os persiguen» Así que el problema no estriba en si somos extremistas, sino en la clase de extremistas que seremos. ¿Llevaremos nuestro extremismo al servicio de la conservación de la injusticia o de la difusión de la justicia? En la dramática escena del Gólgota fueron crucificados tres hombres. Nunca hemos de olvidar que los tres fueron crucificados por el mismo delito: el delito del “extremismo”. Dos de ellos eran extremistas de la inmoralidad, y por eso cayeron más bajo que el mundo que les rodeaba. El otro, Jesucristo, era un extremista del amor, de la verdad y de la bondad, y por eso se elevó por encima del mundo que le rodeaba…”[27]

Pero… pensando con cabeza fría, y haciendo un esfuerzo por meternos en la cabeza de los que le odiaron, para tratar de comprender las razones de su resentimiento, antipatía y odio visceral, ¿qué era lo que decía monseñor para que sus enemigos le odiaran tanto? ¿Qué palabras pronunciaba para despertar tantos odios contra su persona? ¿Qué palabras podemos sacar de su predicación, que puedan ser capaces de despertar sentimientos de violencia hacia él? ¿Era su mensaje de violencia? ¿Verdaderamente hablaba monseñor de política? ¿Qué decía monseñor Romero que enloquecía a los ricos y poderosos? ¿Hablaba en verdad del Evangelio de Cristo? Es importante saberlo, leerlo, analizarlo y sacar nuestras conclusiones personales, para que así nadie nos engañe ni nos manipule. Vamos a leer a continuación, en la siguiente parte, algunas de las palabras de fuego de monseñor y descubriremos de cómo su palabra llevaba miel, amor, fidelidad y consuelo para el oprimido pero también llevaba aguijón, espada, fuego y veneno para el opresor. Solo leyendo su mensaje podremos descubrir el talante de cristiano que era este pastor. Solo leyendo sus palabras, vamos a llegar a comprender cómo fue capaz de unir la vida sencilla, cotidiana, con el Evangelio, aunque no se le comprendiera. De cómo fue capaz de bajar el Evangelio a su realidad cargada de violencia. ¿Cómo se predica el amor y la justicia ante un ambiente de violencia, terror y muerte? Monseñor nos lo enseña, y esto es lo que nos puede mover a pensar y a creer profundamente que algún día no solo será santo, sino Doctor de la Iglesia.                                                                                                             

ROBERTO CAMPOS

SEPTIEMBRE DE 2014

En este quinto tomo, descubrimos una de las pocas terribles equivocaciones de monseñor Romero, el recuerdo permanente de su pueblo y que incluso las Naciones Unidas recuerdan su testimonio de vida. Podremos descubrir también de cómo se convirtió en la expresión explosiva de su pueblo, que hablaba por sus derechos, un hecho que le llevó a transformarse cada domingo de manera sorprendente, cuando la Eucaristía comenzaba, en un ser revestido con un poder que procedía de lo alto, algo que sus enemigos, eran incapaces de combatir. Las señales humanas que Dios puso al alcance de sus ojos, señales que le enseñaron el camino y una analogía más con el Maestro, sus tres años de predicación.


[1] Como ya se señaló atrás, esta es una entrevista que se ha puesto en duda. Particularmente, el biógrafo de monseñor Romero, Roberto Morozzo della Rocca, argumenta que esta entrevista nunca sucedió. Más adelante podremos contra argumentar la opinión de Morozzo.

[2] La palabra queda. Pág. 344

[3] Así titula Martin Maier su extraordinario libro, en el cual expone su pensamiento sobre este gran hombre de Dios. “Monseñor Romero. Maestro de espiritualidad”

[4] Piezas para un retrato, María López Vigil, testimonio de Carlos Cabarrús

[5] Asamblea General de las Naciones Unidas. Resolución aprobada por la Asamblea General el 21 de diciembre de 2010

[6] Carta encíclica Pacem in Terris, Juan XXIII, # 104

[7] Ave común de rapiña

[8] Carta encíclica Rerum Novarum, Deberes del Estado, Gobierno, gobernados.

[9] Arzobispo de Recife, Brasil (1964 – 1984)

[10] “Me ponían a todo mil”. Una expresión salvadoreña, que podría traducirse como “a mí me encantaban”, “a mí me emocionaban”. “a mí me motivaban”.

[11] “Vergonas” es una palabra salvadoreña entre soez y popular que quiere decir “excelentes”, “fascinantes”, “muy buenas”

[12] En muy salvadoreño decir “mis tanates” es como decir “mis pertenencias”

[13] “Chaineando” se traduce como “limpiando”, “sacando brillo”

[14] “Maje”, es una palabra despectiva o amigable, depende de la circunstancia, que se le da a una persona, específicamente a un hombre. “Ahí estaba el hombre” / “Ahí estaba el maje”, «Ese maje es mi gran amigo»

[15] O sea, “con tanta bomba”

[16] “No basta rezar”, de los Guaragoao

[17] “Yo, arrecho”, puede traducirse como “yo, que estoy en lo correcto” / “Yo, que tengo la razón”

[18] “Totoposte”. En esta frase en particular, el autor quiere decir que esa persona era alguien que era ajeno a lo que pasaba a su alrededor, que no le interesaba nada de lo que sucedía, que estaba petrificado, congelado.

[19] Piezas para un retrato, María Lopez Vigil

[20] “Cachimbear”, es como decir “Golpear”, “Lastimar”, claro que en este caso se habla metafóricamente.

[21] “Averiguata”, Averiguando / indagando

[22] Piezas para un retrato, María López Vigil

[23] Piezas para un retrato, María López Vigil, pág. 193

[24] Grandes cristianos de nuestro siglo. Christian Feldmann

[25] Frase de monseñor Romero expresada en la homilía de la misa de cuerpo presente del Padre Octavio Ortiz Luna, quien fuera asesinado junto con cuatro jóvenes de la pastoral mientras realizaban un retiro espiritual. El ejército entró con tanquetas, derribando el portón y disparando contra todos.

[26] San Ireneo de Lyon, Obispo y mártir

[27] Martin Luther King Jr, Pastor Bautista, Carta desde la cárcel de Birmingham, 16 de abril de 1963

IV. El sepelio

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

LA FIESTA DE LA SAN BENITO

“La San Benito”. Esta es una colonia residencial de muy alto nivel, quizá, en esos tiempos, la colonia de más alto nivel. En esta residencial, viven los salvadoreños que les ha sonreído el dinero. Acomodados, con más de lo que necesitan para vivir. Casas con grandes salas de estar, grandes cocinas, muebles de lujo, “santas cenas”, “virgencitas” en las paredes, grandes televisores a colores (que en esos tiempos era lo último en tecnología), piscinas, cochera para unos 10 vehículos en promedio, algunas, hasta para más de 20 (y me quedo corto). Esa es “la San Benito”, una opulenta colonia de la capital salvadoreña. La muerte de monseñor fue como el dolor más grande que ha pasado nuestra patria y nuestra gente, pero, por increíble y repugnante que parezca, en algunos círculos de El Salvador de los años 80s, desalmados por cierto, había fiesta por todo lo alto. Pan dulce, café, cremora, gaseosas, vino, champagne, cigarrillos, copas finas, quizá caviar, un buffet, abrazos, besos, sonrisas, carcajadas, “gracias a dioses”, felicitaciones, etc. Así lo celebraron, con alegría, con fiesta y con agradecimientos a sus dioses. El invitado de honor fue un sujeto desalmado, la peor calaña que ha parido nuestra patria, cuyo apellido no vale la pena volver a repetirlo en estas líneas. Ahí, en “la San Benito”, estuvieron, celebrando hasta altas horas de la noche, que por fin callaron al “cura comunista”. Reproduzco un texto del libro de María López Vigil.

La Mila pasó llamando a sus amistades y a sus conocidos más cercanos. Me consta porque a mí me llamó.

– ¿Ya supiste que por fin mataron a ese hijueputa? Esta noche vamos a dar una fiesta para celebrarlo y estás invitada.

– Se juntaron en la San Benito para un carnaval, con champán, con cohetes, con baile, y hasta con d’abuisson de invitado de honor.

– Yo no podía parar de llorar.

Flor Fierro [1]

El pueblo por su parte, había entrado en una atmósfera de incredulidad, de estupor, de espanto, dolor y angustia. El pueblo no podía creer lo que acababa de suceder. Segar la vida del hombre más lúcido de nuestra patria. Del único ser humano que decía la verdad. Del único que había dado muestras de amar al pueblo. Del único que detenía la guerra civil declarada.

Una vez se pudo salir del shock, que el asesinato de monseñor trajo consigo, el pueblo inició a pensar que había que despedir al pastor, ya que no se podía hacer otra cosa, más que despedirlo como hijo, como padre, como maestro, como pastor, como profeta. Ahora, como muestra de afecto, agradecimiento y fidelidad, el pueblo iba a despedirlo de la manera más digna posible. Había que ir a su sepelio, aún a costa de lo que eso significaba en esos tiempos. Todo aquel que era asociado con monseñor, era automáticamente, un blanco militar, era un “comunista”, un “terrorista”, un “subversivo”. Aún y bajo estas circunstancias, el pueblo le acompañaría, aunque, como veremos a continuación, solo serviría para contar una masacre más de entre todas las que ya habían ocurrido, pero también serviría para demostrarle al mundo que monseñor Romero decía la verdad y esa sería una prueba irrefutable que quedaría como testimonio para todas las generaciones. La palabra de monseñor, era verdadera, legítima y sería comprobada por el mundo entero.

EL HISTÓRICO E INCREIBLE ENTIERRO DE SAN ROMERO DE AMÉRICA

El sepelio de monseñor Romero, se lleva a cabo en una fecha especial. Dios así lo quiso. Cuaresma, domingo de ramos de 1980. Cuando conmemoramos la entrada triunfante de Jesús a Jerusalén. Jesús va en un burrito, la gente se agolpa para verlo, saludarlo. Estas exequias son todo un hecho histórico, extraordinario, increíble, impresionante, vil, monstruoso, bestial, cobarde y espantoso… todo a la vez. Este hecho es digno de una película de terror. Se necesita a alguien que la lleve a la pantalla grande.

Los primeros calificativos, son porque el pueblo salvadoreño, en masa, hizo a un lado su temor a ser fotografiado por los escuadrones de la muerte y se encaminó a despedir a su pastor.

Domingo 30 de marzo. Se había previsto, que esta misa iba a ser multitudinaria. Se esperaban miles de personas en esa Eucaristía y sería imposible hacerlo dentro de la catedral, por lo pequeña que es, por eso, se decidió que se celebrara frente a la catedral, en la plaza Gerardo Barrios. Ahí donde quizá tú, más de alguna vez has caminado sin percatarte lo que hace 3 décadas sucedió. Ese lugar tiene historia, lo pisas y a lo mejor no sabes lo que ahí aconteció, la sangre que se derramó, la angustia que ahí se vivió. 11 am, el sol quemaba las cabezas de los presentes, el calor comenzaba a sentirse. Las hojas de los cantos de la misa, se usaban para darse un poco de aire. 30 obispos concelebraban junto a más de 300 sacerdotes de todo el mundo. La gente, con las palmas características de esta fiesta litúrgica, y con fotos del pastor del pueblo, de pie en cualquier lugar de la plaza. 100,000 personas presentes, Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosas de todas las órdenes, frailes, pastores de diferentes iglesias, medios de comunicación de muchos países del mundo, camarógrafos, periodistas, cientos de miles de personas más escuchaban por la radio. El centro del mundo era El Salvador, ya que el asesinato del señor arzobispo, había repercutido no solo a nivel latinoamericano, sino mundial. Muchos conocían la labor pastoral de monseñor, y muchos otros, fue con su muerte cuando dirigieron su mirada a nuestro país. Es decir, fue su asesinato, lo que hizo que el mundo entero se fijara en su testimonio, en su palabra y en su país. Pues bien, todo el pueblo se reunió para despedir al pastor, al amigo, al hermano de este pueblo que sabía muy bien de sus sufrimientos, de sus hambres y de sus angustias y en cuyo nombre, levantaba su voz”.[2] Al profeta, al santo, al sacerdote enviado por Dios. Despedir al señor Arzobispo asesinado por los escuadrones de la muerte por defender a los pobres.

El pueblo hizo a un lado el temor y el terror, solo quería decirle “adiós, monseñor, adiós”.

Así como Monseñor fue fiel con su pueblo, el pueblo fue fiel con Monseñor. Monseñor no abandonó a su pueblo, tampoco el pueblo abandonó a Monseñor en esa última hora. Fue toda una simbiosis entre pueblo y pastor. Solo la agonía del Maestro, supera la agonía de monseñor, puesto que a Jesús, TODOS le abandonaron, sus discípulos, Bartimeo, la adúltera, los ciegos que Jesús curó, los sordos que Jesús sanó… Todo el pueblo le abandonó… solo su Madre fue fiel. Ahí estuvo la Madre al pie de la cruz.         

Vista de la Plaza, frente a Catedral el domingo 30 de Marzo de 1980. El día del sepelio de Monseñor Romero, antes del caos provocado por las fuerzas de “seguridad”. Al fondo, el Palacio Nacional.  

Los siguientes calificativos, son debidos a lo que ocurrió durante esa Eucaristía.

100 mil personas colmaban la plaza, el momento era histórico. Pero la calma pendía de un hilo que estaba tenso. Todo mundo sabía que ir a la Iglesia en esos tiempos, era convertirse en blanco de los escuadrones de la muerte y del ejército, años en que era delito “ser católico”. El Papa Juan Pablo II designó al cardenal Arzobispo de México Ernesto Corripio Ahumada para que le representara en el sepelio. La Eucaristía inició, todo en orden, todo normal, luego “…entró la coordinadora revolucionaria de masas[3], marchaban tras sus banderas y cuando presentaron una corona de flores ante el féretro, la multitud los vitoreó” Dr. Jorge Lara Braud[4], pero cuando el Cardenal, estaba en la homilía, de repente se escuchó un estallido, fue una bomba. La gente se asustó. El hilo de la tensa calma… se rompió. El pánico se apoderó del lugar. Siguieron mas explosiones, disparos. El caos se hizo presente. Gritos, terror, confusión, carreras, empujones, angustia, dolor, la gente corrió a esconderse en cualquier lugar, unos escalaron las rejas del portón de la catedral, donde estaban los concelebrantes y el cuerpo inerte de monseñor Romero, la mesa del altar fue empujada, las hostias, corporales, copones, cruz, velas etc., cayeron al piso, todo fue pisoteado, fue otro caos, similar al del lunes 24 de marzo, aunque aquí, con una estampida de gente que desesperadamente huía de la metralla. La catedral en menos de 10 minutos, se llenó de fieles buscando refugio. Más de 50 muertos ese día. Fue una escena grotesca, dantesca, provocado por el ataque a un pueblo que oraba, que cantaba para despedir al pastor. Una acción abominable de parte del gobierno de ese tiempo.

Las fuerzas gubernamentales habían iniciado el caos. Francotiradores estaban apostados en el Palacio Nacional. Hicieron explotar una bomba porque sabían que ahí había miembros de las fuerzas populares (o guerrilleros). Para el Gobierno, todos los que habían llegado eran guerrilleros. Ciertamente, como ya hemos anotado, llegaron muchos guerrilleros, pero con orden y respeto, a despedir al defensor de los derechos humanos que ellos tanto habían admirado y amado. Después de esos terribles acontecimientos, el Gobierno, a través de sus medios de “desinformación” como siempre, “informaron” al país y al mundo de lo que había ocurrido, la cadena nacional de radio y televisión impuesta, exponía lo que la junta[5] y solo la junta decía. Por supuesto daban “su versión”. Deformada, alterada, mentira de principio a fin. A continuación, el comunicado del Gobierno.

“El Gobierno de la república de El Salvador,  condena los actos de violencia  durante las exequias del arzobispo Oscar Romero, los que únicamente pudieron ser provocados por quienes han hecho pública su decisión de incrementar la violencia en el país… El Gobierno de El Salvador, responsabiliza  de los sucesos a la autodenominada Coordinadora Revolucionaria de Masas. Cientos de personas vieron y pudieron confirmarlo, que los manifestantes de la coordinadora atacaron a ese pueblo congregado para despedir a su pastor… Los extremistas han retenido al interior de la catedral a las distinguidas personalidades visitantes… El Gobierno de El Salvador pide a la conciencia mundial que se solidarice con el pueblo salvadoreño…”[6]

Sabemos que el Gobierno falseaba los hechos, porque esa era siempre su forma de actuar y también porque todos los dignatarios, Cardenales, Obispos, sacerdotes, periodistas de todo el mundo presentes en esos acontecimientos, dieron una versión diferente a la versión gubernamental. Estas personalidades eclesiásticas extranjeras de todo el mundo, fueron testigos de primera línea de lo ocurrido, y gracias a Dios, después de los sucesos, tuvieron el detalle de reunirse en el arzobispado y redactaron los hechos que ellos habían visto ese día. Firmaron los documentos, las pruebas son contundentes.

Estas personalidades hicieron comunicados desmintiendo la versión del Gobierno, dando su testimonio, alejado totalmente de toda posición política y mal intencionada, pero la Junta de Gobierno, se empeñaba en que sus falsedades, fueran tomadas como verdades. Muestra de ello, es la siguiente discusión con periodistas extranjeros.

Vista de la Plaza, frente a Catedral el domingo 30 de Marzo de 1980. El día del sepelio de Monseñor Romero, durante el caos provocado por las fuerzas de “seguridad”.

 “…vamos a ver los hechos, dice Morales Erlich(miembro de la junta),y ordena a uno de los ayudantes poner un videocasset, conectado a un aparto de televisión, justo detrás de donde están ellos sentados, empiezan a correr escenas del principio de la misa. Las caras de mujeres muy humildes, pegadas a las rejas de catedral, despidiéndose con llanto de su pastor. Algunas de esas mujeres estarían después tendidas, muertas en el atrio de la iglesia. Se ve el primer estallido de bomba… Entonces se levanta Carl Hersh, camarógrafo de la ABC News y pregunta a los miembros de la junta

  • ¿dónde tomaron ustedes ese material? Esa película es mía, yo la tomé. ¿pidieron permiso a mi cadena?
  • Hay descontrol entre los miembros de la junta. Se miran unos a otros con interrogantes silenciosas. El camarógrafo insiste
  • Quiero saber, cómo les llego a ustedes mi material
  • Bob Mattison, fotógrafo de UPI, también pregunta quién les entregó las fotografías que él tomó y que ahora la junta las presenta como pruebas a la prensa de la no participación del ejército. Morales Erlich intenta salir al paso
  • Nuestras repetidoras las tomaron de Nicaragua
  • Eso no puede ser, replicó Hersh, porque esto no se difundió en Nicaragua, sino que la enviamos directamente a Estados Unidos por vía satélite. Insisto en saberlo, porque esto es copyright de ABC.
  • Nos damos ese derecho porque en este país estamos bajo ley de estado de sitio, dice Erlich.
  • Es que no se le puede dar uso político a mi material para defender la posición de la junta, replica el camarógrafo.

Periódico EXCELSIOR, 01 de Abril de 1980[7]

  • “… recuerden que podemos incautar cualquier material porque estamos en estado de sitio…
  • Pero ¿cómo es posible que ustedes lo obtengan sin nuestro consentimiento? ¿Y que lo estén exhibiendo para dar su propia versión de los hechos? ¿Para demostrar su versión oficial?
  • Es material noticioso y debe usarse como material noticioso, dijo otro de la junta.
  • Es material noticioso y debe usarse como material noticioso, pero no como prueba de descargo a las posibles complicaciones que la junta tenga en los actos, gritó el periodista.
  • Una ola de protestas se levantó inmediatamente… ¿y las fotos UPI?, ¿y las fotos de la AP?. Ustedes las obtienen copiando el material que transmitimos al exterior.
  • ¿Qué clase de verdad quieren ustedes que digamos?, gritó un periodista. ¿Es que solamente lo que dice la junta contiene la verdad que se vive en El Salvador?
  • Napoleón Duarte tomó el micrófono para responder confundido: “ustedes dirán la verdadera verdad, la que ustedes consideran que sea la verdad. Les estamos presentando nuestras disculpas, es lo único que podemos hacer”
  •  Cuando se proyectaba una de las tantas películas “decomisadas”, el dueño del documento, un periodista fornido dijo: Un momento, detengan la cinta. La cinta se detuvo.
  • Miren -dijo-, en el lado derecho del palacio nacional, ahí se mira una mano que parece arrojar algo, posiblemente una granada
  • Todos los asistentes estuvieron de acuerdo en ello.
  • Visiblemente alarmados, los cinco miembros de la junta consultaron entre ellos, dejando a los periodistas especular sobre lo visto.
  • Uno de los periodistas dijo, casi gritando: Puede alguno de ustedes (a los miembros de la junta) decirme ¿qué significa lo que hemos visto? Claro está que el objeto que aparece grabado fue lanzado desde arriba y no de abajo, donde estaban los de la coordinadora (revolucionaria de masas, los izquierdistas). ¿Qué quiere decir eso? Preguntó
  • Morales Erlich se apresuró a contestar. Bueno, no podemos descartar la posibilidad de que la derecha fue quien inició el desorden en la catedral. Después visiblemente confundido por su declaración agregó. “en todo caso, la derecha solo lo inició, pero fue la izquierda la que lo continuó”…
  • Todos los periodistas extranjeros estaban reunidos ayer tarde en uno de los hoteles para elevar una protesta oficial a nivel periodístico mundial por la fiscalización y la posible retención de las notas, fotografías y material fílmico enviado al exterior desde El Salvador.

Periódico El Independiente, 01 de Abril de 1980[8]

Estos fueron algunos de los enfrentamientos entre los periodistas y los miembros de la junta. Por su parte, los dignatarios eclesiásticos, testigos de los hechos, indignados, compungidos, asombrados de lo que habían visto, dieron su versión de los hechos. He aquí algunos testimonios.

 “…nosotros, Obispos, pastores de diversas iglesias cristianas, superiores de órdenes religiosas, sacerdotes y laicos, nos vemos en la obligación de rectificar el comunicado que el Gobierno de El Salvador ha hecho a las 16.30 del mismo día, 30 de marzo, sobre los sucesos ocurridos con ocasión de los funerales de Monseñor Romero. No solo hay grave falsedad en la narración de los hechos, sino también en la interpretación de los mismos, que puede llevar a graves errores y confusiones. En el mismo comunicado oficial, el Gobierno nos pide que digamos lo que vimos. Pues bien, esto es lo que vimos…”[9]

A continuación, el comunicado de los testigos presenciales hace un relato punto por punto, de los acontecimientos que estaban siendo falseados en el comunicado del Gobierno, se retoman algunos puntos sobresalientes.

“…La coordinadora Revolucionaria de Masas entró en la plaza Barrios pacífica, respetuosa y ordenadamente y sus dirigentes colocaron una corona junto al féretro.

Es falso que haya habido presión alguna por parte de la coordinadora para obligarnos a permanecer dentro de catedral…nos quedamos ahí para acompañar a tanta gente aterrorizada…”

“…Los que vinimos a honrar la vida y muerte de Monseñor Romero, hemos podido experimentar la verdad de su palabra, cuando denunciaba incansablemente la represión del pueblo salvadoreño. Hemos sido testigos del dolor y las angustias del pueblo salvadoreño, pero también de su coraje y su madurez, y en esta oportunidad somos testigos de la grave deformación de los hechos y de la falsa interpretación de los mismos que ha dado el Gobierno de El Salvador…”

Comunicado firmado por dignatarios de diferentes iglesias del mundo[10]

“…hemos podido experimentar la verdad de su palabra…” Eso fue un gran logro de semejante sacrilegio. Este hecho espantoso, esta masacre, sirvió para que el mundo entero a través de estos líderes mundiales, no solo católicos sino también protestantes, comprobaran que monseñor Romero hablaba con la verdad, que no exageraba, que no mentía cuando hablaba de asesinatos, secuestros, masacres, terror, horror, represión violenta. Vinieron a ser testigos de primera línea de “la verdad de su palabra”. En carne propia, vivieron el terror y la angustia de ser barridos por el fuego de la metralla. Fue una experiencia propia, de ellos, ante la muerte, la vieron cerca y jamás la olvidarían. Masacraron al pueblo, sabiendo que cientos de reporteros habían inundado El Salvador, desde el 24 de marzo. Sabiendo perfectamente que docenas de cámaras de video grabarían los acontecimientos y los transmitirían al mundo entero, pero ni esto detuvo su decisión de masacrar al pueblo.

“…nosotros tratamos de calmar a la gente a medida que entraban corriendo a la Catedral como una avalancha. Los gritos de miedo se escuchaban, fue horrible. Creo que lo que la gente más temía era ser barrida por la metralla y la metralla se escuchaba para entonces. Había terror dentro de la catedral, la gente se nos acercaba pidiendo la absolución… este ha sido el acto de mayor salvajismo que yo haya presenciado…”[11] Testimonio de monseñor Eamon Casey, Arzobispo de Galway, Dublín, Irlanda.

“Soy testigo de primera línea de los sucesos que enlutaron el entierro de Monseñor Romero. Me siento feliz de haber podido participar en aquel acto… la multitud que colmaba la plaza, lejos de buscar refugio en el Palacio Nacional o en la Fuerza Armada huía despavorida hacia cualquier lugar opuesto, en la Catedral llegamos al borde de la asfixia colectiva. La gente se agarraba desesperadamente de nuestros hábitos clamando ¡No nos dejen!. Yo lo interpreté, y así se lo dije al Cardenal Corripio Ahumada, que era el grito del pueblo latinoamericano a la Iglesia…”[12]

Testimonio del Padre Juan Vides Suriá, Venezolano.

“…He sido testigo del dolor y desolación del pueblo de El Salvador. Es un pueblo que sufre la más cruel violencia, especialmente en el campo, donde centenares de campesinos son asesinados. Hay caseríos donde no se derrama sangre, porque ya no queda nadie”[13]

Monseñor Luis A. Bambarém, Obispo del Perú

“…Fue una matanza indescriptible. Gente a un lado y otro caía y yo no sabía qué hacer, – dijo por teléfono poco después de los hechos -. En un momento creí que no iba a poder salir de la iglesia, pues los tiros llegaban de un lado y otro.

Lafitte, nuestro enviado especial, se me perdió, y pensé para él lo peor. Cuando logré localizarlo, sentí que no estaba solo. Me dijo: “Juan, que matanza, esto es peor que lo de Nicaragua”, de pronto vi a una mujer, no sé si muerta o no, que era llevada a un lugar de auxilio, agrego Aguilar.

No hubo asco en disparar, y siempre lo hacían a matar, no importándoles quien iba a recibir las balas…”

 Juan J. Aguilar, reportero[14]

“…La que más me impresionó, fue una anciana frágil, vestida de negro, con su tradicional mantilla, plegándosele a su cara de campesina. Aparentemente había sido pisoteada hasta morir. La religiosidad popular, instintivamente comprende cuándo la Iglesia está con su pueblo.

Me siento conmovido y horrorizado y siento también reforzar mi convicción de que el único lugar para el clero es con su pueblo, dijo el padre Simón Smith, secretario ejecutivo de las misiones jesuitas. Aquí no había ricos hoy, ni clase media, ni representantes del gobierno, solamente gente inocente, indefensa, brutalmente atacada, solamente el pueblo con sus pastores…”[15]

“… que el pueblo se sentía desamparado, solo, huérfano frente a la cruel represión que liquida las vidas de pobres campesinos. Si matan al pastor, ¿qué harán con las ovejas? Pensaba en la suerte que aguardaba a humildes campesinos en sus cantones cuando entrasen a sangre y fuego los mismos viles asesinos que en los funerales de monseñor Romero masacraron al pueblo ante los ojos de tantos visitantes y periodistas extranjeros.

Ese domingo sentía vergüenza de abandonar al día siguiente El Salvador, para regresar al Perú, dejándolos tan solos a todos los miembros del pueblo de Dios.

…Sentí la alegría como obispo, de encontrar en nuestra Iglesia de América latina en monseñor Romero, al pastor que soñamos en Medellín y Puebla y la imagen viva y contemporánea del buen pastor del Evangelio…. Siento alegría y pena. Alegría de ver el testimonio cristiano de un pueblo fiel  y pena al constatar el odio armado y la ceguera de quienes quisieran una Iglesia al servicio de sus intereses…”[16]

Monseñor Luis A. Bambarén, Obispo del Perú

Los textos anteriores, se explican por sí mismos y son pruebas inapelables y contundentes de quiénes fueron los responsables de tan monstruosos hechos y que después quisieron falsear para acusar a la coordinadora revolucionara de masas de dichos hechos.

Estos acontecimientos es importante conocerlos, interpretarlos, analizarlos y jamás olvidarlos. Las nuevas generaciones deben saber lo que ocurrió. El salvadoreño que no conoce su historia, no merece llamarse salvadoreño. Solo así construiremos un futuro de respeto y dignidad y sabremos valorar la sangre derramada, no solo del pastor, sino de su pueblo.

Los gorilas no dejaron que el pueblo enterrara a monseñor en paz. Se tuvo que enterrar a la carrera.

Fue un salvajismo lo que ocurrió. Hay videos de lo ocurrido en ese tremendo día, hermanos. Ahí podemos ver la barbarie, la brutalidad, la crueldad de las autoridades que gobernaron este país que llamamos El Salvador y a las cuales Monseñor Romero combatió con la verdad y el Evangelio.

Ni siquiera en ese momento tan doloroso como el sepelio del pastor, mostraron el más mínimo respeto. Para ellos, nada era sagrado. Fueron salvajes, irracionales, cavernícolas, crueles, brutales, insensibles.

Hasta muerto incomodaba, “…El profeta Jeremías tuvo que anunciar cosas muy desagradables, por esto cayó mal, era más fácil halagar y decir a los gobernantes: «¡Todo está bien, sigan por allí!», pero el profeta, en nombre de Dios, tuvo que decir: «¡Eso no está bien!, ¡eso es un error!» y denunció los pecados de su tiempo. Este profeta tuvo que ver cómo se iba despeñando, cada vez más bajo, su propio país…”                                                      22 Julio 1979

“…los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades”  CIC # 64,  “…los profetas llaman a la conversión del corazón y, buscando siempre el rostro de Dios, como Elías, interceden por el pueblo”  CIC # 2595

“El profeta tiene que ser molesto a la sociedad”    14 Agosto 1977

Pero al final ¿cómo fue enterrado monseñor Romero, después de semejante barbarie?

Expongo a continuación los momentos exactos en que introdujeron su cuerpo a su morada final, dentro de la catedral de San Salvador.

EL ATAUD ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO

Después de unas horas, cuando ya Catedral estaba llena de muertos, pero algo más desahogada de gente, el Cardenal Corripio con otros obispos y sacerdotes se acercaron al ataúd de Monseñor, por ver de terminar aquella liturgia. Estaban rempapados[17] en sudor. Muchos, subidos a las bancas.

            -Dénme hostias para continuar la misa -dijo Corripio. 

            -No hay hostias, excelencia. 

            -Dénme vino. 

-No hay vino. 

            -Pues entonces un libro para rezar al menos los responsos. 

            -Tampoco hay libro, excelencia.

Entonces, el obispo de Chiapas, Samuel Ruiz, se sacó del bolsillo un librito de oraciones y eso sirvió para al menos rezarle algo antes de enterrarlo. Todo se hizo de prisa. Estaba ya la tumba abierta. En carrera metieron allí el ataúd. Y más ligeros, los albañiles empezaron a poner cemento y ladrillo, ladrillo y cemento. Hasta que lo repellaron todo.

María Julia Hernández[18]

Imaginemos el momento. Una conmoción total por lo que acababa de ocurrir. Estado de shock colectivo. La plaza, ya despejada a la fuerza. La gran mayoría de gente ya se había dispersado, ya se había ido, mejor dicho “había huído”. Solo quedaban los volcanes de zapatos, carteras, bolsones, de los que, en la estampida los perdieron. La catedral, un poco despejada de vivos, pero llena de muertos. Tenían allí dentro más de 40 cadáveres de mujeres, tendidas en el suelo. El ataúd de monseñor Romero, ahí, esperando santa sepultura. En esas circunstancias había que terminar el sepelio. ¿No les parece este un hecho inaudito? ¿Grotesco? ¿Histórico? ¿Increíble? ¿Y digno de una película de terror que plasme esta historia? La Iglesia católica de El Salvador, tiene mucho que contar. Las nuevas generaciones, nacidas desde los años noventa tienen mucho que leer, mucho que informarse, para que estos acontecimientos no queden en el ingrato olvido. Que recuerden de cómo fue el sepelio del profeta, y de cómo se convirtió en una prueba más de la verdad de su palabra. Ciertamente es una historia de terror, pero a la vez, de fe, de esperanza de amor y de fidelidad al Evangelio, porque como dice San Pablo “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” Rom 5 20.

El profeta fue enterrado así, a la carrera, a la ligera, como quien dice “hagámoslo ya, rápido y nos vamos”, no fue enterrado con dignidad, con decoro, como se lo merecía, pero, como hemos visto, no por la voluntad del pueblo, quien sí quiso darle un sepelio a la altura, sino porque las fuerzas de la represión, lo impidieron. ¡Ni muerto lo dejaron en paz!, ¡hasta muerto les incomodaba!

Pero como dice Tertuliano: “La sangre de los mártires, es semilla de cristianos”[19]. Monseñor Romero ha inspirado a cristianos de todo el mundo a seguir su ejemplo, a ser valientes, estos detalles que en un primer momento parecen ingratos, injustos y nos llenan de rabia e impotencia, no hacen otra cosa más que legitimizar y confirmar la grandeza del profeta. Entre más aborrecían a monseñor y su palabra, más se agiganta su figura y se comprende su conflictiva forma de vivir y predicar el Evangelio, y esto fue comprobado por obispos y periodistas del mundo entero. Ahora, 30 años después, se le reconoce su grandeza, y año con año, son más personas las que se suman a respetarlo y amarlo como un gran cristiano de nuestro siglo, incomprendido en su tiempo, vituperado, difamado, calumniado, insultado, pero ahora reivindicado en su pueblo, y la Iglesia universal, más temprano que tarde, le dará el puesto que se merece: Pastor, Santo, Obispo, Mártir, Profeta y, quien sabe, algún día quizá hasta DOCTOR de la Iglesia Universal.

ROBERTO CAMPOS

SEPTIEMBRE DE 2014


[1] Piezas para un retrato, María López Vigil, pág. 382

[2] Parafraseando las palabras de monseñor Romero del 06 de Enero de 1980

[3] La “coordinadora”, era la agrupación política conforma por los grupos organizados de estudiantes obreros y campesinos, tenían un brazo político y otro militar. Aquí estaban conformados el BPR, FAPU, FPL, LP 28, MERS, ERP, PC, etc., que después se convertirían en el FMLN, eran el contrapeso del Gobierno

[4] Pastor protestante. Representante del Consejo mundial de iglesias. Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 248

[5] En ese momento, una Junta Revolucionaria de Gobierno gobernaba el país, ya que en Octubre del año anterior, 1979, se había producido un golpe de Estado. Lo de “Revolucionario” de la junta, no tenía nada que ver, con las fuerzas insurgentes que en ese momento actuaban en el país.

[6] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 267

[7] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 302

[8] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 304 – 305

[9] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 243

[10] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 243

[11] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 259

[12] Monseñor Romero, su muerte y reacciones, Pág. 263

[13] Piezas para un retrato, María López Vigil,  Pág. 490

[14] Monseñor Romero, su muerte y reacciones, Pág. 313

[15] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 315

[16] Monseñor Romero, su muerte y reacciones. Pág. 522

[17] Llenos, bañados

[18] Monseñor Romero. Su muerte y reacciones, Pág. 396

[19] CIC # 852

III. Los últimos momentos

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

SU ÚLTIMA EUCARISTÍA

¿Será que Cristo escogió las lecturas bíblicas de ese fatídico día? ¿O que escogió el fatídico día, sabiendo cuáles eran las hermosas lecturas bíblicas? ¿O que eran otras lecturas y envió un soplo Divino a monseñor Romero para que las cambiara por las lecturas que se leyeron de ese día?[1] Solo quién no conoce la vida de monseñor Romero, las circunstancias de su asesinato y los detalles del mismo, es incapaz de reconocer el talante de cristiano que es. Vamos a recordar las lecturas bíblicas del día que el Señor Jesús escogió para llamar a su siervo Oscar Arnulfo Romero. Dios hace las cosas bien, y en este caso, no sería la excepción. Nos quedaremos  asombrados por estos pequeños, pero impresionantes detalles.

Lecturas bíblicas del día 24 de Marzo de 1980[2]

Las lecturas de esta Eucaristía, señalan el camino del siervo de Dios, que está a punto de ser sacrificado, lo conforta, lo alienta a seguir caminando. Desde lo alto, como la lluvia que las flores necesitan, llega la Palabra de Dios que fortalece y consuela a quien está a 30 minutos de verse cara a cara con la muerte. La fuerza del cristiano, la encuentra en la Palabra revelada. Sabemos que ella, aunque escrita por hombres, es inspirada por el mismísimo Dios de la vida, Dios de la historia, Dios de lo creado y lo no creado, Sumo bien. El Alfa y la Omega está en la Palabra, principalmente si esta Palabra es la que corresponde a la sagrada liturgia que diariamente leemos en nuestras Eucaristías. Es evidente e incuestionable que las lecturas de este día, fueron escogidas por el mismo Dios de la vida. ¿Cómo podemos explicarnos el mensaje de estas tres lecturas bíblicas?

Primera lectura: 1 Co 15 20-28

“Cristo resucitó de entre los muertos, siendo el primero y primicia de los que durmieron… Un hombre trajo la muerte, un hombre también trae la resurrección de los muertos. Todos mueren por estar incluidos en Adán, y todos también recibirán la vida en Cristo… El último enemigo destruido será la muerte…”

La primera lectura, en palabras de San Pablo, nos dice que un hombre trajo “la muerte” y por otro hombre nos salva de “la muerte”. Esta lectura nos habla de Adán y de Cristo, la historia de la salvación, pero también es una premonición, un presentimiento. Nos habla de la muerte, pero también de la resurrección que como hijos de Dios tendremos derecho y como fieles católicos, creemos ciegamente en ella. Por eso, aunque muramos, eso no es el final de la vida. Creemos que resucitaremos al final de los tiempos. Monseñor creía en esta verdad revelada. “si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño” Febrero de 1980

El salmo también va acorde con lo que sucederá en esa Eucaristía. “Aunque yo camine por el valle de las sombras no temeré”. Recordemos que monseñor Romero estaba a punto de entrar en la oscuridad de la muerte.

Salmo 23

“…El Señor es mi pastor nada me falta, a las aguas de descanso me conduce y reconforta mi alma. Aunque yo camine por el valle de las sombras no temeré. Tú estas a mi lado con tu cetro, tu vara y tu callado me sostienen. La mesa has preparado para mi frente a mis adversarios…” Es como monseñor orando a nuestro Dios: Tú Señor, estás a mi lado, aunque viva en un mundo lleno de pecado, angustia, tortura, dolor y muerte, aquí estás Tú. Aunque camine por estas calles de dolor, de muerte, de horror, Tú haces liviana mi carga. Al final, viviré en tu casa Señor, cuando te dispongas a llamarme.

Evangelio

Para cerrar con broche de oro, la principal lectura de la liturgia de ese día, nos la ofrece el Evangelio. Un detalle extraordinario, totalmente sorprendente. Veamos y analicemos el Evangelio que se leyó ese fatídico Lunes 24 de Marzo.

Jn 12 23-26 “…Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo, pero si muere da mucho fruto. El que ama su vida la pierde, y el que desprecia su vida en este mundo la conserva para la vida eterna…”

¡Debes morir para vivir. Si no mueres te quedarás solo!. Estas a punto de morir asesinado y Cristo te acoge con estas lecturas. Es… es… es… impresionante, es Evangélicamente… ¡¡¡Extraordinario!!! Creo que no hay comparación en la historia de la Iglesia con el martirio de monseñor Romero. Por su puesto que las circunstancias específicas de cada santo que ha dado su testimonio al mundo, son diferentes, sin embargo, en algunos casos muchos elementos son muy parecidos, no así en el caso de monseñor Romero. No hay un referente, un caso que nos haga comparar la santidad de monseñor en medio de un país que se desangra, de una sociedad supuestamente cristiana, porque monseñor vivió entre cristianos, predicó entre cristianos, a los cristianos, no fueron musulmanes ni shintoistas, ni ateos, sino cristianos. Un país cristiano que se desangraba por una represión fratricida y brutal. Monseñor fue asesinado por “cristianos”, y la palabra cristianos, la pongo entre comillas por razones obvias. Un santo asesinado por “cristianos”, un caso que se sale completamente de lo normal. Sin embargo, quizá valga la pena señalar en este momento, que al igual que monseñor Romero, también hubo muchos obispos consecuentes, valientes en toda Latinoamérica, como Don Helder Cámara, Leonidas Proaño, Pedro Casaldáliga, Samuel Ruiz, Sergio Méndez Arceo, entre otros, quienes al darse cuenta del calvario por el que pasaba monseñor Romero, y estando todos ellos en México para la reunión de los obispos latinoamericanos en Puebla, le dieron todo su apoyo moral y evangélico, el cual monseñor reconoció con cariño.

“…Allí traigo como testimonio una carta que de una de esas noches de reflexión con los teólogos, surgió de un grupo de obispos. Una carta preciosa de solidaridad en la que los obispos dicen que [comprendemos -me tratan como hermano y me tratan de tú- cómo el Señor ha puesto sobre tus hombros una cruz pesada hasta de martirios y de incomprensiones, de destierros y de sufrimientos pero sabes que cuentas con el apoyo de tus hermanos tuyos para decirles a todos los sacerdotes, religiosas y fieles que estamos en plena comunión con la Arquidiócesis de San Salvador]«…

16 Febrero 1979

“…Me acuerdo una de las primeras noches de la reunión de Puebla, cuando conocí a Monseñor Helder Cámara, y a Monseñor Proaño y al Cardenal Arns del Brasil, cuando supieron que yo era el Arzobispo de San Salvador, me decían: «Ud. tiene mucho que contarnos, sepa que lo sabemos y que ese pueblo es admirable y que sigan siendo fieles al Evangelio como lo han sido hasta ahora…”

16 Febrero 1979

De esta “camada” grandiosa de obispos con su pueblo, dos llegaron al martirio dejando una estela impresionante de santidad : Monseñor Oscar Arnulfo Romero y el inolvidable monseñor Enrique Angelelli, obispo argentino, fallecido en un extraño accidente automovilístico el 04 de agosto de 1976.

Su caso es muy especial porque fue asesinado por cristianos y por todos estos detalles que señalamos, tales como las lecturas bíblicas de este preciso día. Volvamos al Evangelio.

El Dios de la vida nos dice que debemos morir para vivir, tal como Él lo hizo en la cruz. La muerte es parte de la vida. No hay vida eterna sin la fría muerte. El cristiano se prepara para ella, pues sabe que detrás de la muerte está Cristo mismo. Y si eres un cristiano auténtico, pues llevas una cruz a cuestas y llevarás la cruz hasta que te claven en ella. Monseñor tomó su cruz, y la llevó por Soyapango, el Paisnal, la chacra, Ilopango, Tres calles, Chalatenango, Arcatao, Sonzacate, la zacamil, Cuscatancingo, Guazapa. Por todos estos lugares anduvo, cargando la cruz en sus espaldas, pero este día, fue clavado en esa cruz, como su Maestro.

Estas lecturas bíblicas, leídas el mismo día de su sacrificio, son la certeza inequívoca de que monseñor Romero pertenece al santoral de la Iglesia, y que está pronto a ser recibido en la casa del Padre, como lo que fue: UN PROFETA, “UN OBISPO CON SU PUEBLO”.[3]

Esta es la Eucaristía inconclusa que marca la vida de un mártir excepcional… “cristianos” han asesinado a un Obispo en una Eucaristía… ¿incomprensible no? Una Eucaristía incompleta, algo raro en la historia, ¿Quién en su sano juicio tendría las agallas suficientes para cometer un magnicidio de esta dimensión e incluso llevarlo acabo en un templo y aún más en plena celebración Eucarística? Sí, hubo gente de estas dimensiones diabólicas, pero esta blasfemia, este sacrilegio no sería el único, ya que ocho días después en este mismo pedazo de país, otra Eucaristía se iba a interrumpir, como si no hubiera sido suficiente con la primera, pero esta vez, con masacre incluida, y todo aquí, en este país, en este pedazo de tierra que lleva el nombre del Divino Salvador.

Conociendo las lecturas de la liturgia… ¿Le queda a alguien duda de que fue el propio Cristo Jesús quien escogió este día para que Monseñor Romero hiciera su máxima ofrenda?

SU ASESINATO

EL LUGAR

Un sacerdote, un Arzobispo, un ministro de Dios que no muere en una cama tranquilo, ni muere de anciano, ni de una enfermedad terminal !!! MUERE ASESINADO¡¡¡ No caminando en la calle, ni en un accidente de tránsito. !!! MUERE ASESINADO¡¡¡ Es asesinado en un recinto de la Iglesia, no fue en una casa cualquiera, ni en un puente, ni en una escuela, sino en un edificio de la Iglesia, de las hermanas carmelitas, el lugar que había escogido como su casa y dentro del inmueble, la muerte lo va a buscar al templo porque sabe muy bien la muerte, que a un santo lo encontrará ahí, y no en otro lugar, en la compañía de Dios amándole, sirviéndole, y, la muerte no lo encontró en el atrio, ni en la cochera de una casa parroquial, sino, dentro del templo, y aún ya adentro, tampoco fue en las bancas del templo, ni en la sacristía… la muerte lo encontró, orando, rezando en la casa del Padre, cuando ejercía su ministerio para el cual había sido consagrado como sacerdote, obispo. ¿No hay una muerte más hermosa que esta? Al menos para un ministro de Dios… ¡¡¡No la hay!!!

Monseñor está de pie frente al altar y es aquí cuando la descarga alcanza su cuerpo, monseñor se desploma justamente detrás del Sagrado Altar, ese altar donde Cristo se convierte en Carne y Sangre para nosotros. El altar donde se llega al encuentro con el Señor. La cruz disfrazada de bala, llegó en su hora definitiva a este santo sacerdote, cuando estaba realizando el Gran Sacramento de nuestra Fe. Estaba uniéndose con el Señor. La Eucaristía que es el máximo punto de encuentro del hombre con su Dios. “…la Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana…” CIC[4] # 1,324

Monseñor estaba en el momento culmen de la vida del cristianismo. Y cuando es alcanzado por la bala asesina, se derrumba en el piso del altar, ahí, inmolándose por los pecados de los salvadoreños, y

cae a los pies de un enorme Cristo Crucificado, de madera, ahí está el Maestro, viendo al asesinado, viendo al asesino, ahí está el siervo, a sus pies, derramando su sangre. A los pies de su Dios, a quien ha servido por tantos años y ante el único Ser ante quien dobló su rodilla. “Con su sangre besó los pies del Maestro”[5], se convirtió en “la ofrenda” de ese día… y monseñor fue feliz. Me basta estar feliz y confiado, saber con seguridad que en Él está mi vida y mi muerte, que, a pesar de mis pecados, en El he puesto mi confianza y no quedaré confundido” 23 Febrero de 1980

SUS ÚLTIMAS PALABRAS

Reproducimos a continuación, las últimas palabras de monseñor Romero.

“… Que este Cuerpo inmolado y esta sangre sacrificada por los hombres nos aliente también a dar nuestro cuerpo al sufrimiento y  al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. Unámonos pues íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por doña Sarita y por nosotros… (a continuación, se escucha el disparo)” 24 de marzo de 1980, 6.10 pm

Es más que obvio, que las palabras de monseñor, no se refieren a él mismo. Habla de Jesús de Nazareth. Sus labios pronunciaban palabras para el Maestro. Toda su vida fue así: Hablaba del Maestro. Pero no es descabellado pensar que estas palabras también suenan muy fuerte, si se las aplicamos a él mismo. Es como si hablase de sí mismo, un monólogo, 20 segundos antes de su encuentro definitivo.

“que este cuerpo inmolado y esta sangre sacrificada por los hombres…” ¿No nos parece reconocer aquí unas palabras que describen su propio destino? Se aplican a aquel que despreció la seguridad personal que el Estado le ofrecía. El quería que dejasen de masacrar a su pueblo antes que darle seguridad a él.

“…Muchas gracias Señor Presidente, por escucharme. Pero también quiero agradecerle el haber ofrecido proporcionarme protección si yo se la solicitaba. Se lo agradezco pero quiero repetir aquí mi posición: de que no busco yo nunca mis ventajas personales, sino que busco el bien de mis sacerdotes y de mi pueblo… Quiero decir también, que antes de mi seguridad personal, yo quisiera seguridad y tranquilidad para 108 familias y desaparecidos…, para todos los que sufren. Un bienestar personal, una seguridad de mi vida no me interesa mientras mire en mi pueblo un sistema económico-social y político que tiende cada vez más a abrir esas diferencias sociales. Lo que yo quisiera del Supremo Gobierno, fuera un esfuerzo por garantizar esa verdadera paz que todos anhelamos pero que no se puede conseguir con represiones y con atropellos sino con justicia social, que es lo que más urge entre nosotros…”                                              14 enero 79

Que este sacrificio sirva… “para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo”. Monseñor, siempre pensando en el pueblo. Siempre fue su preocupación, su prioridad, y hasta en sus últimas palabras, ofreció su sangre por su pueblo. Tenía clara su misión, su destino, y así se lo dijo a José Calderón Salazar corresponsal en Guatemala del periódico mexicano Excelsior, una semana antes de su muerte[6] “…Como pastor, estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador… El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro” Febrero de 1980. Así fue monseñor. Su entrega, su sacrificio, fue por su pueblo. ¿¡Qué clase de pueblo seríamos nosotros si no reconocemos este magno sacrificio!?, ¿Qué clase de desagradecidos, egoístas y seres despreciables seríamos si no recordamos su legado, su martirio?. Los que reconocemos su sacrificio lo hacemos por justicia. Hijos mal nacidos de esta patria seríamos si lo condenáramos al olvido. !!!!!JAMAS!!!!!!

Monseñor vivirá para siempre en su pueblo agradecido. Personalmente, monseñor Romero vive en mi corazón y cuando yo muera, vivirá en el corazón de mis tres hijos, porque como padres, yo y mi esposa, les contaremos a nuestros hijos quién fue monseñor y jamás lo olvidarán.  

EL MOMENTO EXACTO DE SU ASESINATO

Es importante meternos en este segundo exacto, para así crearnos una imagen precisa de lo acontecido hace más de 30 años. Escuchar la homilía, su voz, el eco del templo, escuchar el disparo, gritos, desesperación, angustia. Es sorprendente saber que disponemos del audio original de las homilías de monseñor y más sorprendente aún, el saber que tenemos el audio original de esta Eucaristía, en la cual podemos escuchar hasta el ensordecedor disparo que le cegó la vida. Es un tesoro en nuestras manos.

Pero como en estas líneas no podemos reproducir los decibeles del disparo, recojamos un texto detallado y conmovedor del momento exacto de la detonación. El padre James Brockman lo relata de la siguiente manera.

“…unámonos pues  íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por doña Sarita y por nosotros”…En ese momento sonó un disparo. Monseñor Romero estaba parado detrás del altar, al lado izquierdo, mirando hacia la gente. Se cayó al piso detrás del altar, a los pies del gran crucifijo. Los presentes se quedaron atónitos por unos momentos, varias religiosas y algunas personas corrieron hacia él y lo voltearon sobre su espalda. Monseñor Romero estaba inconsciente, jadeando, le manaba sangre de la boca y de la nariz. La bala había entrado por el lado izquierdo del pecho, alojándose en una costilla en la espalda, al lado derecho. Debió estar ligeramente ladeado y un poco inclinado cuando lo alcanzó, quizá divisó al hombre con el rifle en la puerta posterior de la capilla una milésima de segundo antes del disparo y había empezado a echarse para atrás. Fragmentos del proyectil se esparcieron por su pecho, causándole una gran hemorragia interna…en cinco minutos descendieron por la calle, llegaron a la Policlínica Salvadoreña. Tendido en la mesa seguía jadeando ahogándose con su propia sangre, una religiosa de turno en emergencia trataba de encontrarle una vena para empezar una transfusión. Las venas se habían cerrado por falta de sangre. En pocos minutos, dejó de jadear. Estaba muerto…”[7]

Impactante descripción, estremecedor, conmovedor. Al menos a mí, me saca las lágrimas, mis agradecimientos y mi respeto para el padre James Brockman, autor del libro del que se tomó esa cita, no he encontrado mejor descripción que esa, para meterme en el momento preciso de su asesinato. Monseñor Romero prácticamente había terminado la pequeña homilía de ese día lunes. Estaba en las palabras finales, se disponía a dar fin a la pequeña homilía, cuando fue alcanzado por la “bala calibre 22 de alta velocidad”[8], que lo derrumbó hasta el piso, cayendo su cuerpo como peso muerto, pero aún respirando. Las religiosas y los “afortunados” presentes (qué daría yo por ser testigo de primera fila, del nacimiento de un mártir y un santo) debieron pasar momentos de terror al escuchar el disparo, que, con la acústica de un templo cristiano, su estruendo se escucha multiplicado, y un segundo después, ver el cuerpo del señor arzobispo golpeando el mármol y jadeando en el piso, como dice James Brockman, “ahogándose con su propia sangre”. Debió ser algo terrible, espantoso, la impotencia invadió sus cuerpos nerviosos, impotencia de no poder hacer nada, de no saber qué hacer. Lo que esta gente afortunada ignoraba, es que en ese preciso momento, estaba naciendo un mito, una leyenda, un gigante de acero, un inmortal, un hombre eterno, un profeta, un santo de altos quilates como muy pocos en la historia de la Iglesia de América latina. No sabían que habían sido testigos del nacimiento del primer santo de madera salvadoreña. “De la bala, nació el santo”, nos canta la Rumba a Monseñor Romero.

EL “OFERTORIO” DE SU ÚLTIMA MISA

Veamos otro detalle importante. Después de la homilía, sabemos que sigue el “ofertorio”. Después de la Liturgia de la Palabra, que finaliza con la oración de los fieles, inicia la segunda parte de la misa, la Liturgia Eucarística. Aquí, los que somos católicos practicantes, sabemos que es la parte de la misa en donde el ser humano realiza los ofrecimientos a Dios. En muchas parroquias, se aprovecha este momento para ofrecer un cuadro, una flor, unos granos de maíz, una corbata, una planta… cualquier cosa, regalos sencillos. Como fruto del trabajo del hombre. Siempre al final, se ofrecen las especies sagradas, el pan y el vino que posteriormente se convertirán en lo más sagrado que tenemos los católicos, el Cuerpo y la Sangre del Señor.

En esta Eucaristía, monseñor se disponía a pasar al ofertorio, a “ofrecer” los “regalos”, los “dones” a Dios… y en ese preciso momento, en ese justo momento, cae herido de muerte. Al parecer, estaba pronunciando las últimas palabras de la homilía. Al mismo tiempo que las pronunciaba, había iniciado a coger con sus manos el copón con las hostias sin consagrar, al menos sus dedos, quizá tocaban la tapadera del copón. Las dos cosas al mismo tiempo, terminando la homilía, iniciando el ofertorio, la transición entre una y otra. Cayó detrás del altar, a los pies de un gran crucifijo, un gran Cristo clavado en una cruz. Su sangre se regó en el piso de mármol. “…después del disparo, monseñor agarró con su mano el mantel del altar, cuando cayó al suelo, algunas hostias sin consagrar cayeron al piso… se empaparon con su sangre… en el piso estaban tirados el cuerpo de monseñor y las hostias…” Relato de Sor María Luz Cuevas, una religiosa del HospitalitoLa Divina Providencia que presenció el asesinato. Las fotografías tomadas ese preciso día, un detalle también digno de analizar, por un fotógrafo que casualmente (casualmente enviado por Dios) estaba presente, muestran que el cáliz está perfectamente parado, con el corporal, el purificador y la patena, también se ven las vinajeras en el altar y en ninguna fotografía se alcanza a ver ni una hostia. Seguramente, cuando monseñor cayó, alguna hostia sin consagrar se fue con él, ya que el mantel se alcanza a ver ligeramente arrugado, señal de que fue halado, obviamente por monseñor, y muy probablemente en esta acción, aunque no todas, alguna hostia sin consagrar cayó al suelo. Esto fue, muy probablemente lo que la Hna. Lucita presenció.

El ofertorio de este día, no fue un cuadro, ni una flor, ni un grano de café, ni siquiera el pan y el vino. El ofertorio fue la vida y la sangre de monseñor.  El fue la víctima Eucarística. Las hostias cayeron al piso y se inundaron de su sangre.

¿Habrá una muerte más bella para un sacerdote? ¿No es así como deberían de morir todos nuestros sacerdotes y obispos? Murió haciendo lo que había hecho toda su vida. Murió en el altar. Ahí donde está Cristo. Fue un detalle impresionante de nuestro Señor, permitirle morir de esa forma, y aún así, hay “cristianos” e incluso prelados[9], que se niegan a creer, que sea un auténtico martirio. Si monseñor Romero no es un mártir…. ¿quién lo será?

Para Monseñor fue el momento más hermoso, el momento más sagrado, el más sublime, para entregar la vida a su Señor.

Por el contrario, para el asesino, fue el peor momento de cometer un crimen, infame, vil, cobarde. Escogió el momento más sacrílego, más profano. ¡Qué contraste más grande! Es que “Todo ocurre para bien de los que le aman” Rom 8 28. Así hace las cosas Dios, estos hechos son misterios insondables para nosotros los mortales, pero que Él, sí sabe cómo darles sentido para que sirvan a nuestras vidas. Dios transforma un hecho cobarde en todo un acontecimiento cargado de amor y fidelidad. Solo el Padre sabe hacer estas cosas. Su sabiduría es infinita.

A monseñor le combatieron sus ideas, sus denuncias, su protesta, su indignación, sus palabras… CON BALAS, así le combatieron, así le respondieron. Para el que haló el gatillo, pobre hombre, escogió el momento más profano y más sagrado, más sublime y más vil, más precioso y más cobarde, para derramar sangre inocente, la sangre del profeta, la sangre del hijo más valioso que ha dado la República de El Salvador al mundo, en toda su historia. Deberá pagar (o está pagando) su sacrílega, blasfema y profana acción, y de esa justicia… no escapará.

Increíblemente Monseñor ya le perdonó (y digo “increíblemente” por el simple hecho de que Monseñor ya se había anticipado a este hecho). “…Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Ojalá, sí, se convencieran que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás.” Febrero de 1980.

Es que como cristiano, buscó, enseñó y predicó el perdón. La ignorancia disfrazada de salvadoreños dice : “predicó la violencia, la maldad”, “fue él, el causante de la guerra”. Nada más alejado de la realidad de quien siempre sembró la paz. “Quien sabe si las manos criminales que cayeron ya en la excomunión están escuchando en un radio allá en su escondrijo, en su conciencia esta palabra, queremos decirles hermanos criminales que los amamos y que le pedimos a Dios el arrepentimiento para sus corazones, porque la Iglesia no es capaz de odiar, no tiene enemigos. Solamente son enemigos los que se le quieren declarar, pero ella los ama y muere como Cristo: perdónales Padre, porque no saben lo que hacen”[10]

EL CERTERO DISPARO

Fue un tan solo disparo el que acabó con la vida del arzobispo. Un intento, un disparo, una bala, una explosión, un hombre asesinado. Efectividad 100%. Es indiscutible e irrebatible, que el asesino fue un experto, un especialista, una autoridad en el tema del “cómo asesinar con eficacia”. Un mercenario a sueldo contactado por el señor d’abuisson[11]. Fue bien escogido.

Imaginemos unos segundos antes del disparo. El vehículo parqueado frente a la capilla. El sujeto está dentro del vehículo, sentado, apoyando el arma en sus manos y sus brazos, quizá, apoyados en la base de la ventana del automóvil. Está quieto, en silencio, concentrado, apuntando desde la parte frontal de la capilla. Desde ahí hasta el altar habrán aproximadamente unos 30 – 40 metros. Monseñor al final de la línea, con la casulla morada cubriendo su cuerpo. Si somos detallistas, la forma y el tamaño de la casulla, disimula en alguna medida, la figura exacta del cuerpo humano, pues la casulla es una sola pieza de tela, desde ambas muñecas hasta el cuello, desde el cuello hasta las rodillas, sin embargo, el asesino supo delinear exactamente el cuerpo de monseñor y saber dónde apuntar. La bala atraviesa su pecho, a milímetros de su corazón. Fue exacto, justo, preciso. Nadie sabe con seguridad la identidad del que disparó el arma. Solamente se sabe que era un sujeto con barba. 

“el ex mayor d’abuisson ordenó que se hiciese (el asesinato de monseñor),  y responsabilizó al ex capitán saravia del operativo. Al observar que se requería un francotirador, el capitán ávila afirmó que él se encargaría de contactarlo… contactaron a un hombre de barba… el ex mayor d’abuisson ordenó la entrega de 1,000 colones a walter antonio “musa” álvarez, quien junto con el asesino de barba, recibió el pago correspondiente…”[12]

1,000 colones ($114.29). Ese fue el pago. No se sabe si recibió otro pago adicional. Sea como sea, recibió un dinero maldito. Dinero por la sangre de un justo. Como podemos observar, esta es otra analogía con la vida de Jesús. “…y (judas) devolvió las 30 monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y judíos…” Mt 27 3

30 monedas de plata para quitarlo del camino. 2,000 años después, 1,000 colones para alcanzar el mismo objetivo. ¿Cree usted que monseñor se parece a Jesús de Nazareth?

ROBERTO CAMPOS

MARZO DE 2013

SEPTIEMBRE DE 2014


[1] Hace poco tiempo, en el año 2016, escuché de boca de Monseñor Gregorio Rosa Chávez, de que las lecturas del día eran otras, pero que monseñor Romero, por alguna razón, las cambió.

[2] La palabra queda. James Brockman, pág. 339

[3] P.  Jon Sobrino

[4] Catecismo de la Iglesia Católica

[5] Roberto Campos

[6] Una entrevista que se ha puesto en duda. Particularmente, el biógrafo de monseñor Romero, Roberto Morozzo della Rocca, argumenta que esta entrevista nunca sucedió. Más adelante podremos contra argumentar la opinión de Morozzo.

[7] La palabra queda, James Brockman, pág. 340

[8] Informe de la Comisión de la Verdad. Asesinatos de los escuadrones de la muerte.

[9] Por ejemplo el Cardenal Antonio María Rouco Varela, Obispo emérito de Madrid, España, quien dijo que la beatificación de monseñor Romero, era una “beatificación política” y solicitó a los obispos españoles que no vinieran a la beatificación. Los obispos españoles, acataron la solicitud del cardenal.

[10] Lunes 14 de marzo de 1977, homilía en el funeral del P. Rutilio Grande.

[11] Los nombres de las cosas, animales, traidores, tiranos y asesinos se escriben con minúscula

[12] Informe de la Comisión de la Verdad. Asesinatos de los escuadrones de la muerte. Caso ilustrativo: Monseñor Romero

II. La fidelidad de un hijo de Dios

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

“Lo entregaste todo, de una sola vez, y solo buscaste, Evangelio y paz, y te jugaste la vida, como Aquel de Nazareth”[1]

SU FIDELIDAD A PESAR DE LAS AMENAZAS

Monseñor Romero, a lo largo de su ministerio arzobispal, fue incomprendido por las personas que estaban en las esferas de poder, Gobierno, militares, oligarcas, aunque esto es muy natural, pues es el desconocimiento de la labor que otra persona desempeña, el albañil no comprende lo que hace el electricista. El licenciado comprende poco lo que hace el agricultor. El ingeniero desconoce el trabajo del contador. Para el médico, es incomprensible la labor del abogado. El panadero no comprende por qué existen los ingenieros biomédicos. Los arquitectos desconocen la labor de los nutricionistas. Cada quien conoce y comprende su labor, su trabajo y también (debiera conocer) sus limitaciones. Estas personas, llevadas por su incomprensión e intolerancia, criticaban duramente, la labor de monseñor, no conocían y no entendían por qué actuaba de la forma que actuaba, sus críticas entonces no tenían una base sólida, pero sus críticas sin fundamento provocaban que mucha gente, llevada por su falta de criterio del Evangelio se uniera a la crítica “solo porque sí” y aún más, provocaban que mentes perversas le insultaran, intimidaran y amenazaran. Curiosamente, la gente sencilla le seguía, le apreciaba, le obedecía, le amaba:

“…te doy gracias Padre, por haber ocultado estas cosas a los sabios y haberlas revelado a los pequeños…” Lc 10, 21.  Monseñor lo decía de esta forma:

“Dichosos ustedes los pobres porque de ustedes es el Reino de Dios. Ustedes son los más capacitados para comprender lo que no comprenden quienes están de rodillas ante los falsos ídolos y confían en ellos” 17 Febrero 1980.

Su opción preferencial por los pobres, definida por el magisterio latinoamericano, en Medellín y Puebla, fue entendida por gobernantes, ejército, esferas de poder y escuadrones de la muerte, como una declaración de guerra. La gente que desconocía la labor de la Iglesia, es decir, los “católicos de misa de domingo”, no comprendían la profundidad del Evangelio y con ello ignoraban totalmente las reuniones de los Obispos latinoamericanos quienes ya habían trazado el cómo debían ser las líneas del accionar pastoral en América latina. Monseñor, como hombre de edad avanzada, le huía al conflicto, sin embargo la Iglesia en el magisterio latinoamericano, le obligaba como pastor a ser consecuente con el Evangelio. Medellín y Puebla marcaban su pastoral, pero claro, como esto era desconocido y/o mal entendido por sus detractores, le tachaban de guerrillero, comunista, revolucionario, etc. para ellos, textos como las siguientes, eran totalmente desconocidos.

“Vemos a la luz de la fe, como un escándalo y una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres. El lujo de unos pocos se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas. Esto es contrario al plan del Creador y al honor que se le debe. En esta angustia y dolor, la Iglesia discierne una situación de pecado social, de gravedad tanto mayor por darse en países que se llaman católicos y que tienen la capacidad de cambiar…” Documento de Puebla, # 28

La Iglesia exige que no se callen las injusticias, ni siquiera cuando pueda malentenderse la denuncia justa de la opresión. “El temor del marxismo impide a muchos enfrentar la realidad opresiva del capitalismo liberal. Se puede decir que ante el peligro de un sistema marcado por el pecado, se olvida denunciar y combatir la realidad implantada  por otro sistema igualmente marcado por el pecado” Documento de Puebla # 92

Existen muchos estudios sobre la situación del hombre latinoamericano. En todos ellos se describe la miseria que margina a grandes grupos colectivos. Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo. El mismo Dios que crea al hombre a su imagen y semejanza, crea la «tierra y todo lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados puedan llegar a todos, en forma más justa», y le da poder para que solidariamente transforme y perfeccione el mundo. Es el mismo Dios quien, en la plenitud de los tiempos, envía a su Hijo para que hecho carne, venga a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado <5>, la ignorancia, el hambre, la miseria y la opresión, en una palabra, la injusticia y el odio que tienen su origen en el egoísmo humano” Documento de Medellín La Justicia # 1

“El sistema liberal capitalista y la tentación del sistema marxista parecieran agotar en nuestro continente las posibilidades de transformar las estructuras económicas. Ambos sistemas atentan contra la dignidad de la persona humana; pues uno, tiene como presupuesto la primacía del capital, su poder y su discriminatoria utilización en función del lucro; el otro, aunque ideológicamente sostenga un humanismo, mira más bien el hombre colectivo, y en la práctica se traduce en una concentración totalitaria del poder del Estado. Debemos denunciar que Latinoamérica se ve encerrada entre entas dos opciones y permanece dependiendo de uno u otro de los centros de poder que canalizan su economía”. Documento de Medellín La Justicia, empresa y economía # 10

Por consiguiente, alguna de las frases de monseñor Romero, les sonaban a comunismo puro y eran consideradas como ofensas y provocaciones directas.

“Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se cometen, no es la verdadera Iglesia de Jesucristo”            17 Febrero de 1980.

“La Iglesia se predica desde los pobres y no nos avergonzamos nunca de decir: La Iglesia de los pobres”             24 Diciembre 1978.

Por este y otros atrevimientos, el arzobispo fue agredido, difamado e intimidado de muchas formas. Al asesinarle sacerdotes de su clero, religiosas, catequistas, dinamitando la radio del arzobispado YSAX, cateando parroquias, expulsando sacerdotes extranjeros, editoriales en prensa escrita llenos de odio, programas radiales contrarios a su pastoral. Incluso en una ocasión, encontraron un maletín con 72 candelas de dinamita, lista para explotar en el interior de la basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Arce, templo en el cual, Monseñor Romero estaba celebrando la Eucaristía. Las llamadas por teléfono siempre le llegaban, insultándolo, ultrajándolo, despotricándolo. Lo amenazaron con hojas anónimas que llegaban al arzobispado: “te beberemos la sangre”. “Haga patria, mate un cura”, fueron las hojas volantes que se repartieron en 1977. Incluso, sucedió lo inaudito, le amenazaron hasta desde sectores que jamás esperaríamos. La institución que se supone apoyaría el ministerio de Monseñor Romero, también le amenazó. Sí. Hasta la iglesia le amenazó con quitarle su diócesis. Se puede entender la incomprensión y el ataque frontal de instituciones ajenas a la Iglesia, pues son incapaces de entender la forma de actuar del arzobispo, pero que la misma Iglesia se muestre hostil para con un pastor y su ministerio, es en verdad sorprendente. Sin embargo, analizando esto desde la fe, sabemos que eran ataques del maligno usando a sus hijos (del maligno) para mortificar a un santo que intentaba vivir el Evangelio de Cristo. Es muy conocido que las relaciones de monseñor Romero con el señor Nuncio Apostólico, Monseñor Enmanuel Gerada, no fueron buenas, desde aquella memorable misa única de 1977. Gerada era el representante del Papa y si no estaba bien con él, tampoco estaría bien con el Vaticano.

Este es un “cable” del año 1978, desclasificado recientemente por el gobierno argentino, en el cual el representante de ese país informa que el señor nuncio de El Salvador va a solicitar, en el Vaticano, el cambio de monseñor Romero.

Monseñor mismo atestigua la situación difícil:

“… consigno por escrito que si es para bien de la Iglesia, con el mayor de los gustos entregaré a otras manos este difícil gobierno de la arquidiócesis. Pero mientras lo tenga bajo mi responsabilidad, solo trataré de agradar al Señor y servir a su Iglesia y a su pueblo, de acuerdo a mi conciencia a la luz del Evangelio y el Magisterio.”[2]

Esto se debía a que en mayo de 1979 la Iglesia evaluaba la opción de asignarle un “Administrador Apostólico con plenos poderes”. Roma recibía información constante de que la pastoral de monseñor, era subversiva y comunista.

“El 14 de diciembre de 1978, monseñor Romero recibió una nota del nuncio, en la cual se le comunicó que la congregación de obispos había nombrado a Monseñor Antonio Quarracino, obispo de Avellaneda, Argentina, como “visitador apostólico” de la Arquidiócesis de San Salvador”.

En la legislación eclesial, un “visitador” es un delegado enviado por un superior de mayor rango para investigar una situación… En mayo de 1979, en una visita al Vaticano, el Papa Juan Pablo II le dijo (a monseñor Romero), que el obispo Quarracino, quien había visitado la arquidiócesis en diciembre, había recomendado el nombramiento de un “Administrador apostólico sede plena” para la arquidiócesis. Es decir, Monseñor Romero seguiría siendo el arzobispo nominalmente, pero otro gobernaría. Tal recomendación, dijo el Papa, ponía de manifiesto que Quarracino juzgaba la situación allí, como sumamente delicada”[3]

La oligarquía salvadoreña tenía grandes tentáculos, usaban al Gobierno de El Salvador para enviar quejas y difamaciones a través de su representante en El Vaticano. Los otros obispos, ajenos a las conclusiones de Medellín y Puebla, miembros de la conferencia episcopal salvadoreña, también mal informaban a la Santa Sede, era así como entonces, el Vaticano era inundado de calumnias, falsas informaciones y malos deseos para con monseñor Romero, hasta allá llegaban solo informaciones contrarias al ministerio de Monseñor Romero. El Papa y los diferentes dicasterios romanos, se iban haciendo una mala idea del señor arzobispo, iba construyéndose una “coraza” anti-monseñor Romero.

“… veré al Papa y platicaré con él. Yo nunca he estado opuesto a la línea del Papa. Seguiré todo lo que el Papa dice. Ya sé que allá adelante están muchas denuncias contra mí. Hay muchas informaciones que están diciendo de lo torcido de mi pastoral y sé que el Papa me preguntará sobre ello”  22 Abril 1979

De aquí se comprende que, en algunas ocasiones, cuando monseñor Romero llegaba a Roma, a defenderse personalmente de los ataques y las calumnias, lo que hallaba, en vez de comprensión y apoyo, fuera malas miradas, regaños, reprimendas, sermones, indiferencia, etc. Todo esto iba enfocado a atacar al arzobispo, resquebrajar su moral, mortificarlo para que dejara de denunciar las terribles situaciones que a diario pasaban en el país. En cierta ocasión denunció una de tantas tretas para quitarle la silla arzobispal.

“…que estas firmas también piden mi destitución. Yo no tengo inconveniente en ser destituido, ni tengo ambiciones en el poder de la diócesis. Simplemente considero que esto es un servicio y que mientras el Señor, por medio del Pontífice, me tenga en él, seré fiel a mi conciencia a la luz del evangelio que es la que yo trato de predicar, nada más, ni nada menos…” 20 Agosto 1978

Con tanta tempestad de intrigas, Monseñor tambalea, pero no cae. Monseñor Romero tiene un as bajo la manga y todos y a la vez, nadie, lo sabía. Pide al pueblo el mejor de los apoyos: ¡¡¡Oraciones!!!

“…quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo, sino que correré con él, todos los riesgos que mi ministerio me exige…”

11 Noviembre 1979

En vista de que la situación era completamente seria y que aquí en El Salvador, a los escuadrones de la muerte había que tomarlos con toda la seriedad del caso, desde Nicaragua le ofrecieron asilo, es decir, le decían : “Monseñor, no se arriesgue, véngase para acá, aquí estará a salvo y no le pasará nada”. Recordemos que ya en esos últimos días (1979), en Nicaragua había vencido la revolución sandinista y apreciaban la labor de nuestro arzobispo. Monseñor, por su parte, agradeció el ofrecimiento, pero hace una opción. !!!!No abandonar al pueblo!!!! Monseñor está listo para el sacrificio máximo.

Recordemos a Pablo de Tarso. Quien se vio en situaciones difíciles y comprometedoras, cuando estaba a punto de ser sacrificado, hace su oblación de amor. Antes de morir decapitado, realiza su última ofrenda a Jesús. Sabe perfectamente que la muerte solo es un paso necesario hacia su anhelo más preciado. Como anillo al dedo, recaen estas palabras de San Pablo a la vida de Monseñor.

“…para mi ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, siempre fiel a la fe. Por lo demás ya me está preparada la corona de los santos con que me premiará en aquel día, el Señor, justo juez…” 2 Co 4 6-8

EL MARTIRIO

Los que planearon su muerte, pensaron y creyeron que eliminándolo, callarían su voz y desterrarían su mensaje. Creyeron que asesinándolo borrarían su testimonio de vida recta, limpia, impoluta, pero su equivocación fue espantosa. “Su asesinato lo hizo famoso en el mundo entero. Dos años y medio después del suceso, dos muchachas estudiantes de Sudáfrica estaban sentadas frente a mí en un compartimiento de un tren alemán. Tenía junto a mí un libro con textos de Oscar Romero que acababa de ponerse a la venta y me dijeron -ese es el obispo que asesinaron ¿no?-”[4]

Porque el martirio de un arzobispo, no es cosa de todos los días, ni siquiera de todos los años. En el siglo XX, el único arzobispo asesinado en el altar fue Monseñor Romero. Y esto que hacemos referencia a un siglo marcado por la persecución a los cristianos, solo superado por los primeros tiempos, cuando los cristianos eran llevados a los mal llamados “circos” romanos.

Para remitirse al caso más cercano y reciente del asesinato de un arzobispo hay que retroceder en el tiempo 800 años. “…en la historia de la Iglesia, el caso mas famoso de un arzobispo muerto en un templo fue el de Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, asesinado en la catedral de esa ciudad británica el 29 de diciembre de 1,170, luego de un largo conflicto con el Rey Enrique II. Becket fue canonizado en el año 1,173…” [5]

El Rey quería dar órdenes al clero y poder participar como autoridad reconocida en los asuntos de la Iglesia. Monseñor Becket, fiel al Papa, se oponía férreamente a ello. El hecho de mantener un conflicto con el Rey Enrique II debido a sus pretensiones, hicieron tensas las relaciones entre el Rey y el Arzobispo Becket, al punto de que Monseñor Becket fue asesinado. Cuatro sicarios con espadas asesinan al Arzobispo. Sin embargo, es importante señalar que aún aquí, en esta comparación Monseñor Becket – Monseñor Romero, hay enormes diferencias. Monseñor Becket fue asesinado por defender la autonomía, la libertad de la Iglesia, la fidelidad al Papa. Su celo para que el Rey no se inmiscuyera en los asuntos que solo atañen a la Iglesia.

Monseñor Romero, por su parte, fue asesinado por defender la vida. Leonardo Boff[6], recuerda que Monseñor Romero en persona se lo dijo de la siguiente forma: “… en mi país es necesario defender lo mínimo, que es el máximo don de Dios: !!!LA VIDA!!![7].  Monseñor Romero defendió, no lo estructural de la Iglesia, no lo legal, sino su razón de ser: ¡El ser Humano! Al igual que Monseñor Becket, fue fiel a la Iglesia y fiel al Papa, pero su principal preocupación era “la vida humana”. La defensa por la vida fue enconada. El conflicto era inevitable, pero Monseñor Romero lo tenía claro “No le tengo miedo al conflicto, cuando ese conflicto lo provoca nada más, la fidelidad al Señor” 11 Marzo 1979. Su corazón se compungía cuando la vida era pisoteada. “Seis meses de caminar por el calvario de la arquidiócesis, recogiendo muertos” 11 de septiembre de 1977

“A mí me toca ir recogiendo atropellos y cadáveres” 19 Junio 1977

La Iglesia defiende la vida, desde el bebé en el vientre de su madre, hasta el anciano en sus últimos días.  “…la vida humana es sagrada…solo Dios es Señor de la vida…, nadie, en ninguna circunstancia puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente…” CIC[8] # 2,258  Volviendo al caso del Arzobispo Becket, con su vil asesinato, Tomas Becket dejó de ser “el señor Arzobispo”, el pastor del pueblo de Canterbury y se convirtió en “Santo Tomás Becket” Arzobispo y mártir. El pueblo de Canterbury solo esperó 3 años para su canonización. El pueblo salvadoreño ya esperó 30 años… y seguimos esperando.

Pero el martirio no es algo que debamos tomar a la ligera. Para empezar, el martirio, visto desde la fe, es un “Don” de Dios. Por supuesto. No cualquiera es llamado al martirio. Solo aquel fiel, congruente, piadoso, amoroso y radical seguidor de Jesús, está reservado para semejante prueba. Dios proporciona el valor para soportar la prueba. San Antonio de Padua, sacerdote franciscano, ansiaba el martirio. Se fue a predicar a tierras musulmanas, esperando encontrarlo, pero Cristo no quería eso para él. Cristo tenía otro plan para San Antonio. Y así, tuvo que retornar a su origen al enfermar gravemente sin encontrar lo que tanto buscaba.

Solo el Padre sabe por qué a unos se los concede y a otros no. Permítaseme decir que “El martirio está reservado para almas privilegiadas, llenas de Dios”[9]. Y digo “permítaseme” porque no quiero con esto, tener de menos a San Francisco de Asís, a San Juan Bosco, al Padre Pio, a Santa Teresa, a San Agustín, a San Martín de Porres,  santos a quienes admiro, amo y respeto mucho.

El martirio, si se me sigue permitiendo mi atrevimiento, está reservado para personajes tan extraordinarios como Pedro, Pablo… (el gran Pablo de Tarso), Esteban, Santo Tomás Moro, Santo Tomás Becket, etc.

Monseñor Romero, 60 segundos después de haber recibido el disparo  

La Iglesia, por su parte, reconoce lo sublime y glorioso del martirio.

“…el martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe, designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da un testimonio de Cristo muerto y resucitado al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana…”

“…con el mas exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo de dar testimonio de su fe. Son las actas de los mártires, que constituyen los archivos de la verdad, escritos con letras de sangre. CIC 2,473, 2,474

Por eso monseñor Romero mismo, hablando del martirio se refiere a él tan espléndidamente “…la Iglesia sufre el destino de los pobres: la persecución. Se gloría nuestra Iglesia de haber mezclado su sangre de sacerdotes, de catequistas y de comunidades, con las masacres del pueblo, y haber llevado siempre la marca de la persecución. Precisamente, porque estorba, se la calumnia y no se quisiera escuchar en ella la voz que reclama contra la injusticia” 17 Febrero 1980.

“Me alegro hermanos de que nuestra iglesia sea perseguida” 15 Julio 1979

“Sería triste que una patria donde se está asesinando tan horrorosamente no contáramos entre las victimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una iglesia encarnada en los problemas del pueblo”. 30  Junio 1979

La Iglesia, nuestra Iglesia, nos enseña que el martirio es un suceso extraordinario, lleno de violencia, ciertamente, pero también, lleno de Dios, porque Dios convierte en amor la maldad. El Magisterio dice que es el “máximo testimonio de fe” que un cristiano pueda dar. Está claro. No hay ambigüedades. “El máximo”, no hay otra prueba más grande. Ese cristiano se ofrece víctima por Jesús. Nadie se asemeja más a Jesús que los mártires. Por ejemplo San Juan Bosco y San Francisco de Asís, santos a quienes yo, repito, estimo, admiro, amo y les tengo mucha fe, fueron santos porque imitaron a Jesús en su entrega total por los demás. Imitan a Jesús en la bondad, el amor, la comprensión, la alegría, la entrega total, la perseverancia, y son grandes santos, claro que lo son, pero el mártir todavía va más allá, el mártir da un paso más hacia Jesús. Un mártir, también le imita a Jesús en la entrega, el amor, la perseverancia, pero todavía da ese paso adicional. Los mártires, siguiendo el ejemplo del Maestro, derramaron su sangre por quienes amaron. Se asemejan más, porque llegan al máximo sacrificio, el sacrificio de entregar su propia vida, plena y voluntariamente, al igual que el mártir del calvario.

“El buen pastor da la vida por sus ovejas” Jn 10 11

“No hay amor más grande que este: Dar la vida por sus amigos” Jn 15 13

Y Monseñor fue ese “buen pastor” que caminó con su pueblo.

 “Me glorío de estar en medio de mi pueblo” 25 septiembre 1977

El pastor tiene que estar donde está el sufrimiento30 octubre 1977

“Mi amor es el pueblo” 20 agosto 1978

“La Iglesia sufre el destino de los pobres : la persecución” 17 Febrero 1980

EL MIEDO DEL ARZOBISPO

Es mucho más fácil predicar la mentira para tener poder” 22 Junio 1979.

Monseñor perfectamente pudo vivir un ministerio sin complicaciones. Dedicarse a predicar del amor, el cielo, los ángeles y las estrellas. Pudo haber sido tolerante, blando, complaciente, imparcial, hacer caso omiso de lo que sucedía, total, ya era arzobispo, y las 3 comidas diarias, las copas de vino tinto y las recepciones en mansiones lujosas de la Escalón estaban garantizadas, máxime sabiendo que tenía grandes amistades entre la gente pudiente y el mismo gobierno. Pudo vivir su ministerio arzobispal sin sobre saltos, entre almohadas y finas sábanas de seda, pero monseñor Romero había sido provisto de un corazón de carne, sensible, bondadoso, amoroso, en su conciencia, sabía que eso era negar al Cristo sufriente y esto, no iba con él. ¿Para qué vino Cristo a este mundo si estaba en la comodidad en la casa del Padre? Vino a ser torturado y a morir en una cruz, pero eso, le da la salvación al mundo.

Monseñor Romero da el paso de la comodidad al dolor, de la seguridad a la angustia, de la tranquilidad al tumultuoso torbellino de muerte. Estaba consciente que su forma de pensar, de creer, de hablar y de actuar le acercaba poco a poco a la muerte. Estaba consciente de que tarde o temprano, sufriría un atentado. El lo sabía.

“…el que se compromete con los pobres, tiene que correr el mismo destino de los pobres, y en El Salvador ya sabemos lo que significa el destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres…” 17 Febrero 1980

“… no sigan callando con la violencia a los que les estamos haciendo esta invitación, ni mucho menos continúen matando a los que estamos tratando de lograr haya una más justa distribución del poder y de las riquezas de nuestro país. Y hablo en primera persona porque esta semana me llegó un aviso de que estoy yo en la lista de los que van a ser eliminados la próxima semana. Pero que quede constancia de que la voz de la justicia nadie la puede matar ya…” 24 Febrero 1980

Obreros y campesinos capturados por el ejército   

Fotografía de Iván Montesinos,                             Fotografía del libro “Los escuadrones no hay guerra que dure 100 años                         de la muerte en El Salvador”, pág. 137

Estas palabras fueron pronunciadasun mes antes de su asesinato. Esto nos demuestra que sus acciones eran con total serenidad, entrega, libertad y sacrificio, lo hizo con determinación, caminando por Jesús, para Jesús y hacia Jesús, hasta las últimas consecuencias. Monseñor Romero siempre tomó en serio lo que nosotros repetimos a veces sin sentido en nuestras Eucaristías (y digo “sin sentido”, debido a que a veces vamos a la misa pero nuestra alma y nuestra conciencia no están en ella). Monseñor hace vida las palabras de San Pablo, que a veces repetimos en nuestras misas: “En Ti vivimos, nos movemos y existimos”. Para Monseñor, estas oraciones eran su regla de vida.

Qué cercanas nos suenan las palabrasdel Maestro, “…el que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mi, la hallará…” Mt 10 39

Pero el arzobispo no es un ser de hierro, no es un robot insensible a la angustia, al temor, a la desesperación. Como un hombre común y corriente, teme por su vida. Su temor lo demuestra, por ejemplo, en el texto de su último retiro espiritual, que es como su testamento espiritual. Monseñor Romero tenía miedo a la muerte, como todo ser humano. Nuestro instinto de supervivencia es muy fuerte. Tememos, es absolutamente normal. Es el miedo a desaparecer de esta tierra, miedo a ese enorme misterio que es la muerte, sin embargo, a monseñor, aún este temor, el terror, el pánico natural de saber que pueden acabar con su vida, no lo detiene. Sabe que Cristo está al final de ese camino tortuoso y aunque la muerte lo espere a la mitad del camino, monseñor está decidido a caminar.

“…Me cuesta aceptar una muerte violenta, que en estas circunstancias es muy posible. Incluso el señor Nuncio de Costa Rica me avisó de peligros inminentes para esta semana… mi disposición debe ser dar mi vida por Dios, cualquiera que sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Jesucristo asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero más valioso que el momento de morir,  es  entregarle  toda  la  vida, vivir para El… acepto con fe en El mi muerte, por más difícil que sea. En El está mi vida y mi muerte, que, a pesar de mis pecados, en El he puesto mi confianza y no quedaré confundido y otros proseguirán con más sabiduría y santidad los trabajos de la Iglesia y de la patria…” Texto de su último retiro espiritual. Febrero de 1980[10]

“…Me cuesta aceptar una muerte violenta…” Le teme, pero sabe que debe aceptarlo. Seguramente recordaba las palabras del Maestro, de que el grano debe de morir para dar fruto.

…Mi disposición debe ser dar mi vida por Dios, cualquiera que sea el fin de mi vida... Se pone en las manos del Señor. Sabe que el fin esta cerca. Sabe que morirá. Sabe que lo buscan para matarlo. Sabe que su nombre es el primero en la lista de los escuadrones de la muerte. Su terror debió haber sido enorme. Solo nos recuerda a Jesús orando en el monte de los Olivos. Esperando a las hordas de traidores para llevarlo a su destino. Pero ni Jesús ni Monseñor sucumben ante el miedo. Al contrario se ponen de pie y caminan hacia su cruz.

…Acepto con fe en El mi muerte, por más difícil que seaAcepta su fin. No sabe cómo ni cuándo vendrá ni cómo será, pero lo acepta con fe. De lo que sí estaba seguro, es que sería violento, pero lo acepta con fe. Estas palabras de Monseñor, me erizan la piel, me sacan una lágrima siempre que las leo. Su entrega, su fidelidad, su amor, es TOTAL. No comprendo como muchos compatriotas se atreven a decir que “Monseñor Romero fue un político”, que “Se metió en política” que “se merecía la muerte por predicar la violencia”. Y aún, me indigna cuando estos compatriotas dicen que “son católicos”. ¡¡¡Dios Santo!!! Cuánta ignorancia sobre la fe de la Iglesia y sobre nuestro pastor. Un pastor fiel hasta la muerte. De esos cristianos que nacen cada 800 años. Increíble, inconcebible que algunos tengan esos conceptos de él. Seguro es que, quien así opina, es porque no tiene ni la más mínima idea de lo que es ser cristiano, de lo que es cumplir los valores del Evangelio.

Se debe también recalcar que las palabras de Monseñor que hemos mencionado, las escribió en el mes de Febrero de 1980, es decir, un mes antes de su asesinato. Su muerte estaba cerca, las advertencias eran recientes.

LA CONFESIÓN DEL SEÑOR ARZOBISPO UNA HORA ANTES DE SU MUERTE

Este es un hecho sorprendente. Un hecho evangélico que nos confirma el talante de cristiano que es Monseñor Romero y la enseñanza que nos dejó.

En medio de la turbulencia de la situación social de El Salvador, en medio de tantas reuniones, presiones, caos, tantos temas de vida o muerte, monseñor Romero tiene tiempo para los sacramentos, y es que ahí encuentra la fuerza, la paz, el alimento del Señor, convirtiéndose entonces, en lo más importante de su vida. A monseñor Romero no se le entiende sin los sacramentos o como bien dicen las religiosas clarisas de Los Planes de Renderos “Monseñor Romero es un sacramento de Dios”. Como todo buen católico, Monseñor acudía regularmente al sacramento que nos limpia nuestras faltas, sabe que ahí está Dios. El hecho de ser Arzobispo, no lo exime de acudir a este sacramento. Su confesor es un Padre jesuita, quien le escucha, le anima, le conforta y le absuelve de sus faltas. Monseñor acude a este sacramento, ya que “la primera certeza del santo… es creerse un pecador”[11]. Reflexionemos, interioricemos, vivamos este detalle hermanos que leen estas líneas: ¡Una hora antes de su asesinato, Monseñor Romero se confesó!, sí, UNA HORA ANTES, monseñor Romero sintió el deseo de ir a lavarse sus pecados por medio del sacramento de la reconciliación. Divulguemos este detalle escondido del santo de América latina. Reflexionemos de él.

“…Yo les digo en sinceridad, cada noche tengo que pedirle a Dios perdón de mis propias culpas y así lo hacemos todos. El Papa se confiesa también de sus pecados, los sacerdotes nos confesamos porque sabemos que mientras peregrinamos en la tierra aunque sembrando esperanza de otra vida, nuestros pies se empolvan con el polvo de la tierra y hay miserias que sacudir también en la vida humana del más santo de los cristianos…”                                 02 Abril 1978

¿No es esta la confirmación de su santidad? Monseñor no se considera limpio, justo, intachable. Se reconoce necesitado de la gracia y el perdón de Dios, se reconoce sucio y pecador e inexplicablemente, siente la necesidad de estar limpio ante los ojos del Señor antes de la Eucaristía de las 5.30 pm que va a oficiar. Esa Eucaristía que sería su último y definitivo encuentro con Jesús.

“…Monseñor Romero quería ir a confesarse y estar de regreso en el hospital a las 5.30 pm. Monseñor encontró a su confesor en la vieja casa de los Jesuitas en Santa Tecla – Quiero sentirme limpio en la presencia del Señor – La confesión fue breve, él y Miranda (su chofer) regresaron al hospital, Miranda lo dejó a las 5.30 pm…” [12]

Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez, fue asesinado a las 6.15 pm, de ese día lunes 24 de marzo de 1980, en la capilla del Hospital para enfermos de cáncer La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador.

Calendario del año 1980, en la casita de monseñor Romero, hoy museo, el cual indica el día y la hora en que fue asesinado

ROBERTO CAMPOS

MARZO DE 2013

SEPTIEMBRE DE 2014


[1] Lo entregaron todo, Álbum “Testigos”, Kairoi.

[2] La Palabra queda. James Brockman, pág. 186

[3] La Palabra queda. James Brockman, pág. 240

[4] Tres pioneros del futuro, Ludwing Kaufmann, Pág. 127

[5] Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo y mártir. Su muerte y reacciones, pag 59

[6] Teólogo franciscano (suspendido por Juan Pablo II)

[7] Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo y mártir. Su muerte y reacciones, prólogo

[8] CIC : Catecismo de la Iglesia Católica

[9] Roberto Campos

[10] Oscar Arnulfo Romero, Biografía. Jesús Delgado pág 190 – 191

[11] Roberto Campos

[12] La Palabra queda. James Brockman. Pág. 338

I. Calumnias y más

LOS SIGNOS DE SU SANTIDAD

Para nosotros los católicos, los santos que veneramos con cariño y respeto, cuyas imágenes tenemos en nuestros templos, son los que se asemejan a Jesús, en su bondad, en su entrega, en su fe, en su amor y hasta en su martirio. ¿Qué es más fácil y más lógico? ¿Imitar a Jesús? O ¿Imitar a alguien que imitó a Jesús? ¿Querer ser como el Santo por excelencia o comenzar por querer ser como alguien menor que El? El cristiano debe comenzar su vida cristiana por las cosas sencillas y más lógicas. ¿Qué es más fácil? ¿El segundo grado? ¿O el octavo grado? ¿El octavo a la universidad? Pues de la misma forma lógica, los santos son un escalón inferior en la fe, antes de llegar a Jesús. Es más fácil tratar de asemejarnos a los santos para luego dar el salto y trascender a querer ser como Jesús de Nazareth. Siguiendo a los santos, estamos seguros que vamos tras Jesús. Ellos, los santos, son copias, aunque imperfectas, de Jesús, pero sabemos que van tras de Él. Es pues, entonces, más fácil y más lógico, tratar de imitar a estos seres imperfectos, antes de pretender ser tan altaneros poniendo nuestra meta en lo más alto: Jesús de Nazareth. Pongámonos metas pequeñas, paso a paso… primero los santos, luego la Virgen María, luego Jesús de Nazateth. Los santos pues, nos ayudan, nos enseñan, nos motivan, nos invitan a seguir al Maestro. Imitando a los santos vamos en el camino correcto hacia el Padre, es por eso que se gloría nuestra Iglesia de tener entre sus fieles, hombres y mujeres que buscaron ser como Jesús, en su amor, en su entrega, en su sacrificio. Por ejemplo, la Iglesia local italiana, debe sentirse orgullosa de tener entre sus filas y poder aportar a la Iglesia universal, a Francisco de Asís, Don Bosco y el Padre Pío, entre muchísimos otros. Los franceses tienen a Juan María Vianney, Bernardo de Claraval, los portugueses a Antonio de Padua, los ingleses a Thomas Becket, y así muchos países del mundo aportan una vida ejemplar a la Iglesia universal, una vida digna de ser imitada. ¿Y Latinoamérica? Latinoamérica también tiene su cuota de fe, de entrega, de santidad, con Martín de Porres, Rosa de Lima, Juan Diego, y es de un orgullo enorme poder decir que EL SALVADOR, ya ha contribuido con esa lista de personas ejemplares que nos señalan el camino hacia Jesús. Sí, por supuesto. La Iglesia salvadoreña ha dado un santo de altos quilates a la Iglesia universal, para que sea puesto como ejemplo e imitado por todas las generaciones venideras. MONSEÑOR ROMERO. No solo un santo, sino también un mártir, lo cual le acerca muchísimo más a Jesús, mucho más que los santos piadosos que conocemos, ya que fue capaz de entregar no solo su vida, sino también su sangre por la causa del Evangelio. Pero ¿por qué decimos miles de salvadoreños y de cristianos que Monseñor Romero es un Santo? ¿En qué nos basamos? ¿Por qué estamos tan seguros? ¿Será posible que este personaje esté a la altura de los grandes santos de la Iglesia? ¿Qué es lo que NO nos hace dudar? Con estas líneas pretendemos responder estas preguntas.

Hagamos remembranzas de lo que es un santo.

Hace muchos siglos, cuando había un hombre o una mujer con virtudes excepcionales y moría, el pueblo empezaba a decir “era un santo”. Así se comentaba de boca en boca, en las calles, en las plazas, en los caminos, era un santo, era un santo, era un santo. La Iglesia retomaba ese sentir del pueblo y lo elevaba a los altares después de investigarlo un poco. El proceso no era largo. Así tenemos los casos de San Francisco de Asís, murió en 1226 y fue canonizado 2 años después, en el 1228, Santo Tomás Becket, murió en el 1170, fue canonizado en el 1173, 3 años después. San Antonio de Padua murió en 1231 y fue canonizado 1 año después, en el 1232. Porque bien dice el dicho VOX POPULI, VOX DEI (La voz del pueblo, es la voz de Dios), el pueblo no se equivoca.

El pueblo conoce a sus hijos, por tanto, siempre tuvo la palabra definitiva. El pueblo los hizo santos, el pueblo tenía la última palabra, el pueblo decidía. La Iglesia retomaba la opinión del pueblo y los elevaba a los altares.

Ahora es diferente. La Iglesia proclama quién es santo y quién no lo es. Con mucha pena, debo decir, que la Iglesia se ha apropiado de la decisión de hacer un santo. La Iglesia despojó al pueblo de esta decisión.

Quienes conocemos a monseñor, sabemos que su vida, obra, sacerdocio y martirio lo hacen un santo como muy pocos en la historia de la Iglesia. Monseñor no es “un santo más”.

Es la intención de estos artículos, analizar los diferentes aspectos de la vida de Monseñor Romero, para descubrir su amor total y la valentía de su ministerio, confirmando así su santidad. Aseguro al lector, quedar realmente conmovidos y sorprendidos de ver el talante de cristiano, de ver los altos quilates de este salvadoreño. Nos sentiremos orgullosos de ser católicos, de ser salvadoreños, de ser centroamericanos, de ser latinoamericanos.

Su vida fue un tormento, ciertamente, un caminar sobre espinas, grandes, dolorosas y puntiagudas, y solo el Espíritu Santo le dio la fuerza de soportarlo todo, solo así se comprende su excepcional vida.

SU VIDA

Nacido en una pobreza normal, como la gran mayoría de salvadoreños. Desde su nacimiento, podemos observar una vida marcada por Jesús de Nazareth. Su entrada al seminario a su corta edad, sus estudios eclesiales, su austera vida de sacerdocio, su merecida elevación al episcopado y su sorpresiva y turbulenta misión como arzobispo. Cada día, cada año, cada etapa de su vida, fue respondiendo a Jesús de una manera honesta, transparente, fiel. Su forma de ver la vida y el Evangelio fue una luz para los salvadoreños, y algún día lo será para la Iglesia universal, cuando sea proclamado Santo oficial de la Iglesia, puesto que su palabra, al igual que la de los santos padres de la Iglesia, iluminan nuestra forma de vivir la fe. Estoy seguro que la palabra de monseñor Romero, dentro de algunos años, será puesta a la par de las palabras de los doctores de nuestra Iglesia, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa, San Bernardo de Claraval. Ahí tenemos sus homilías, cargadas de testimonio, de amor, de fe, de entrega, de discernimiento. Ahí está su testimonio, podemos leerlo en los libros, escucharlo en sus homilías e incluso verlo en algunos videos que por gracia de Dios le tomaron y aún existen. Una persona cuya vida ha sido inmortalizada en libros, películas, obras de teatro, fotografías, canciones, cantatas, óperas, llaveros, artesanías, hospitales con su nombre, calles con su nombre, camisas con su estampa, imágenes en Iglesias, posters, etc., una persona con todos estos recuerdos, es porque tienen muchísimo que decirnos. Es alguien a quien definitivamente, debemos conocer.

Estas líneas no pretenden ser una “biografía” del santo de la justicia social, por lo cual, vamos directamente a sus tres años de ministerio profético, tan cargados de muerte, dolor, testimonio, amor y fidelidad al Evangelio. Un ministerio lleno de homilías proféticas que llevaban aguijón y miel, pero también traían consecuencias graves, entre ella, la difamación del señor arzobispo, lo cual no hacía otra cosa, que autenticar, la misión del profeta.

LAS CALUMNIAS

Las homilías de Monseñor Romero eran toda una cátedra de teología, información y fidelidad a la verdad. En esos años, la gente común no podía decir la verdad de lo que ocurría en el país porque era asesinada por ese simple hecho, ¡decir la verdad!. Los medios de información, (o mejor dicho de “desinformación”) periódicos, TV y las radios estaban al servicio del Gobierno de turno, de los ricos y poderosos. No decían la verdad, la ocultaban para beneficiar sus oscuros intereses. Pero cuando monseñor Romero hablaba, desde el púlpito de la catedral de San Salvador, todo el pueblo escuchaba, hasta los asesinos, porque sabían que sólo en las homilías escucharían la verdad de lo que sucedía en el país. Era la persona más escuchada del país. Ni siquiera se le comparaba el presidente de la república. Monseñor Romero, estaba en la cúspide de los personajes dignos de credibilidad… y era el único digno de crédito. Veamos este pequeño testimonio, contado por el mismo monseñor Romero.

“…me contaron que cuando sacaban mi valija ayer, – la sacaban del aeropuerto internacional de El Salvador. Monseñor acababa de regresar de México –  alguien dijo “ahí va la verdad”. La frase breve me llena de optimismo, porque en mi valija no traigo contrabando, ni traigo mentira, traigo la verdad…”                                    18 Febrero 1979

Este relato se refiere a cuando Monseñor Romero regresa de la reunión de los Obispos latinoamericanos en Puebla, México.

Pero por absurdo que parezca, la verdad no gusta a todos. El que vive en las tinieblas, detesta la luz. Quien vive de la mentira, detesta la verdad. Así como la luz molesta al malhechor, la verdad es como el ácido sulfúrico para los mentirosos. Los que se confabulan con la oscuridad, le temen a la luz, le temen a la verdad, por eso le temían a la verdad de su palabra, y como en El Salvador los oligarcas se cobijaban en la oscuridad, Monseñor era un estorbo mayúsculo para ellos, para el Estado y para todos los poderosos.

Aunque lo intentaban, no podían rebatir sus ideas, sus reclamos, sus denuncias, no podían competir con su palabra, con la santidad de monseñor. Para callarlo, intentaron la mentira, el soborno, la intimidación, el miedo, intentaron también las presiones desde el Gobierno, las esferas de poder, e incluso desde la propia Iglesia. Como fue imposible detener su misión profética, se dedicaron a lo último que podían hacer, sacaron su “as bajo la manga”: la calumnia, la ofensa, el ultraje, el maltrato y aún aquí, salen perdiendo porque monseñor sabe que todo esto ya había sido anunciado por Jesús. Una vez más, el Evangelio no falla.

“…dichosos ustedes cuando por causa mía, los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo…” Mt 5 11-12

Como no pudieron sobornarlo, intimidarlo, asustarlo, callarlo, se dedicaron a las calumnias, los insultos. Todos los medios escritos de ese tiempo. La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, El Mundo, La Opinión (periódico que ya no existe), la Tv, la radio, se dedicaron a hacer una campaña de difamación de Monseñor Romero, y esto era lógico pues los dueños de estos medios de “información” eran las esferas de poder que tanto odiaban a monseñor. Cualquiera podía escribir un insulto. Si era contra monseñor Romero y contra la Iglesia católica progresista, el insulto era bienvenido. Esto envenenó la mente de muchos compatriotas, quienes diariamente leían, escuchaban que el arzobispo era “guerrillero”, “revolucionario” y al final, vieron en Monseñor Romero al diablo mismo, al cura “comunista”. Muchos compatriotas, jóvenes en esos años, hoy adultos, han llegado a comprender la labor pastoral de monseñor y con ello, han expiado sus culpas, otros sin embargo, siguen con la misma venda impuesta por los medios de desinformación social de esos años, ya que 30 años después, ese veneno que les insertaron en sus venas, sigue activo, y lo que es peor, se lo transmiten a sus hijos. Para muchos compatriotas, monseñor sigue siendo, el “cura comunista”, el “causante” de miles de salvadoreños muertos. Por algo a estos medios les llaman “El cuarto poder”.

Lo acusaban de terrorista

Lo que leerán a continuación, son “noticias”, escritos de PRIMERA PLANA que publicaban periódicos salvadoreños empecinados en difamar a monseñor Romero.

“TERRORISTAS INVOLUCRAN A MONSEÑOR ROMERO”, decía la “noticia” de primera plana, con letras grandes, luego, con letras pequeñas, decía.

“Sale a recibir consignas: Monseñor Romero, quien se encuentra sumamente preocupado por sus enlaces con grupos terroristas salió fuera del país – según informaron fuentes del palacio arzobispal – con el objeto de reunirse con ciertos elementos que se encargan de transmitir las consignas  de la subversión internacional. En otras fuentes se dijo que se trata de un viaje de negocios (el terrorismo es un buen negocio) y que aprovecharía la oportunidad para efectuar consultas en clínicas de neurología”.

Esta era la noticia de primera plana del Periódico LA OPINIÓN, Junio 1978[1], parece increíble, pero estas eran las noticias difamatorias sobre Monseñor. ¡Aunque no lo creas! Asociaban libre y cínicamente al pastor de la Iglesia con el terrorismo. No se escondían. Eran claros, directos, no tenían una pizca de decencia. Su índice de maldad y de difamación era enorme. Nótese que al final de esta calumnia informan que hará “consultas en clínicas de neurología”, sugiriendo que tenía problemas mentales.

En otro suplemento del mismo dizque “periódico” lo acusaban de terrorista y de incitar, de provocar, de impulsar a la violencia. Veamos y leamos.

 “Monseñor Romero dirige grupo terrorista” , “Arzobispo, gran aliado de los agentes de la subversión”

Otro número traía una caricatura de Monseñor Romero quien desde el púlpito decía:

Si es necesario actúen con violencia, secuestren, maten, vida larga a la clase combatiente, arriba el terrorismo”. LA OPINION, NOVIEMBRE DE 1977[2]

Estas mentes perversas, llegaron a publicar incluso, que monseñor Romero era un agente del demonio y que tenía posesión diabólica.

“… HARÁN EXORCISMO A MONSEÑOR ROMERO…mentes diabólicas dirigen a monseñor (Romero), que se encuentra poseído del espíritu del mal…”

“Noticia” también de primera plana del Periódico LA OPINIÓN, Abril 1978[3]

Esto solo como ejemplo. El ataque fue frontal, desde todos los medios, para engañar y confundir a la opinión pública y para acrecentar el odio en las clases altas, medias y bajas, hacia monseñor Romero, lo cual lograron en parte, ya que muchísima gente les creyó y se llegaron a hacer un concepto tergiversado de monseñor Romero. Le llegaron a odiar. Como ya señalamos, incluso hoy en día hay gente que no le acepta su misión y simplemente dicen “se metió en política”. Podríamos continuar citando ejemplos, sin embargo, espero basten los anteriores, para que se tenga una idea del odio visceral y acérrimo que se pregonaba hacia Monseñor Romero.

Pero Monseñor, lejos de desanimarse,  reconocía en estos ataques, la autenticidad de su predicación y de su forma de actuar.

 “…Me hacen un inmenso honor cuando me rechazan, porque me parezco un poquito a Jesucristo que también fue piedra de escándalo…” 31 Diciembre 1978

Consciente de que los medios publicitarios, contribuían a tergiversar la verdad y de que alimentaban el odio hacia su persona, les denuncia enérgicamente y lo hacía de la siguiente manera:

“…es lástima tener unos medios de comunicación tan vendidos a las situaciones. Es lástima no poder confiar en la noticia del periódico de la televisión o de la radio porque todo está comprado está amañado y no se dice la verdad…” 2 Abril 1978

Pero no los denuncia porque le atacaran a él, sino porque nunca decían la verdad de lo que sucedía en el país. Cada masacre que hacía el ejército contra el pueblo, los medios de desinformación decían que habían sido guerrilleros, en un combate. Cada campesino asesinado, decían que era un subversivo, un comunista. Cada sacerdote expulsado, decían que era por meterse en política.

En síntesis, los “periodistas” salvadoreños de los años 70s y 80s, eran otra cosa, menos periodistas. Porque “un periodista o dice la verdad, o no es periodista” 29 Julio 1979

Vale señalar que hubieron hombres y mujeres que eran verdaderos periodistas, pues sí decían la verdad de lo que sucedía, pero estos fueron perseguidos, secuestrados y asesinados para callarles. El periódico “El Independiente” y “La Crónica”, fueron cerrados por la persecución de su personal. Koos Koster, Hans ter Laag, Jan Kuiper y Joop Willemsen, fueron periodistas holandeses que reportaban desde el campo de batalla, fueron emboscados y asesinados por el ejército salvadoreño.

ROBERTO CAMPOS

MARZO DE 2013

SEPTIEMBRE 2014


[1] Romero Cese la Represión, Equipo Maiz, pág 22

[2] La Palabra queda. James Brockman, pag 144

[3] La palabra queda, pág 144

Nota

NOTA IMPORTANTE

Este libro nació como simple expresión de las ideas que se fueron plasmando en el papel a partir del año 2010 en adelante. Les llamaba simplemente “reflexiones” y en ellas plasmaba el testimonio sagrado de un hijo de Dios que ha sido inspiración de millones de cristianos en el mundo. Mi compatriota, mi amigo, mi hermano, mi maestro, mi inspiración, mi guía hacia Dios, Monseñor Romero. Luego, por lo extensas que resultaron las dividí en “partes”. Cada parte tiene su fecha propia, pero como siempre hay revisiones que hacer, se fueron dando revisiones en los años siguientes. Es así como puede leerse que una parte fue escrita en un año determinado, pero de pronto aparece una nota que hace referencia a hechos conocidos años después, sin embargo, esas son pequeñas modificaciones realizadas en el tiempo. La idea central de cada parte fue escrita en el año correspondiente. Por ejemplo, la parte III, “El ofertorio de su última misa”, fue escrita entre los años 2013 y 2014, pero hay una nota a pie en esa parte, la nota # 9, que hace referencia a la beatificación de monseñor Romero, la cual sucedió en el año 2015. Al revisar y re leer el artículo me pareció prudente introducir esa nota, pues fue de conocimiento durante los días en que monseñor era elevado a los altares, sin embargo, esa parte del presente libro fue escrita dos años antes cuando no se sabía si lo beatificarían.