“…todos los que predican a Cristo son voz, pero la voz pasa, los predicadores mueren, sólo queda la Palabra. La Palabra queda y este es el gran consuelo del que predica: mi voz desaparecerá pero mi palabra que es Cristo, quedará en los corazones que lo hayan querido recoger” 17 de Diciembre de 1978 RobertoSigue leyendo «Portada»