La Iglesia de Cristo es UNA , solo UNA

Una gran multitud lo siguió   Mt 19, 2

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Uno solo serán los dos Mt 19, 5

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Un único Señor Dt 6, 4

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Un solo Cuerpo

Un solo Espíritu

Una misma esperanza

Un solo Señor

Una sola fe

Un solo bautismo

Un solo Dios

Efesios 4

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Un solo rebaño

Un solo pastor

Jn 10, 16

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Uno somos, el Padre y Yo

Jn 10, 30

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Uno en Cristo Jesús.

Gal 3, 28

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Un solo corazón

Una sola alma

Hch 4, 32

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Un mismo sentir

1 Pe 3, 8

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Único Dios

Jd 24

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Mi Iglesia

Mt 16, 18

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Un solo cuerpo en Cristo

Rom 12, 5

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Unidos en el mismo sentir y pensar

1 Co 1, 10

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Un solo Espíritu

1 Co 6, 17

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Un solo Dios

1 Co 8, 4

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Un solo Dios

1 Co 8, 6

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Un solo pan

1 Co 10, 17

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Un solo cuerpo

1 Co 10, 17

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Uno es el cuerpo

1 Co 12, 12

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Un solo Espíritu

1 Co 12, 13

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Un solo cuerpo

1 Co 12, 13

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Un mismo Espíritu

1 Co 12, 13

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Un Salvador

Lc 2, 11

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Un Salvador

Hch 13, 23

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Dará a luz Un Hijo

Mt 1, 21

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La Iglesia de Dios

1 Co 15, 9

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Firmes en la fe

1 Co 16, 13

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Que todos sean uno

Jn 17, 11

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Una puerta

1 Co 16, 9

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Uno solo es Dios

Gal 3, 20

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Uno en Cristo Jesús

Gal 3, 28

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Un solo pueblo

Ef 2, 14

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Un solo hombre nuevo

Ef 2, 15

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Un solo cuerpo

Ef 2, 16

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Unidad de la fe

Ef 4, 13

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Una sola carne, serán los dos

Ef 5, 31

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Una promesa

Ef 6, 2

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Un mismo Espíritu

Fil 1, 27

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Un mismo amor

Fil 2, 2

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Un mismo corazón

Fil 2, 2

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Un mismo pensamiento

Fil 2, 2

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Único Dios

1 Tim 1, 17

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Una conciencia

1 Tim 3, 9

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Único Soberano

1 Tim 6, 15

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Así dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error

Ef 4, 14

POR TANTO, UNA SOLA IGLESIA, LA IGLESIA CATÓLICA

Nace el niño Jesús en navidad

Hoy es 25 de diciembre y la Iglesia celebra con mucha alegría “el nacimiento de Jesús”. Hoy, celebramos ese gran acontecimiento, ese hecho inasible en el que Dios se hace hombre, de Dios que se encarna y viene a vivir entre nosotros. Un día como hoy se cumplió aquella profecía del profeta Isaías “la joven está embarazada y dará a luz un hijo” Is 7, 14

Es un acontecimiento extraordinario. Dios deja su trono como Hacedor de todo y viene a vivir a nuestro mundo, a sufrir nuestras debilidades y carencias humanas, a ser presa de las leyes de la física. Dios deja su hogar y “pone su tienda entre nosotros” (Cfr. Jn 1, 14). Eso celebramos, y es lo que nos hace felices en estos tiempos donde una noticia indescriptible llena nuestro corazón. Cuando los pastores regresaron de ver al niño, iban inundados de gozo “Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído” Lc 2, 20 y los magos de oriente igualmente, se regocijaron “Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría” Mt 2, 10

¿Y cómo lo viven los protestantes?

Pero nunca falta “el pelo en la sopa”. ¿Nunca has escuchado el ataque protestante aquel que dice que “Jesús no nació el 25 de diciembre”? Los protestantes, como siempre, atacan y cuestionan las celebraciones cristianas católicas, en este caso, argumentan que esa fecha es errónea y que por tanto, no debemos celebrarla. Algunos van más allá y dicen que esta fiesta está dedicada al dios de nombre “no se qué”, el caso es que se esmeran en desvirtuarla y descalificarla. Así son ellos, siempre “protestando” cuando desconocen algo. Siempre en discordia, cuando la Iglesia define estas cosas. El demonio siempre se ofende, por cualquier cosa, sea la razón que sea.

Hay que tener claro, en primer lugar, que la Iglesia “no celebra fechas concretas” sino “hechos concretos”. Los católicos NO celebramos que “Jesús nació el 25 de diciembre”, sino que “Jesús nació y puso su morada entre nosotros”. La Iglesia celebra ese gran acontecimiento en el cual Dios, el Omnipotente, el Omnipresente, el Hacedor de todo, viene a este mundo y se hace como uno de nosotros.

Ciertamente, la fecha del nacimiento de Cristo no es el 25 de diciembre, la fecha correcta es desconocida, algunos estudiosos creen que nació aproximadamente en Junio, pero no hay suficiente evidencia científica e histórica. Ahora bien, ¿Solo porque no conocemos la fecha exacta del cumpleaños de Cristo, no lo vamos a celebrar? Algún día tenemos que celebrar el nacimiento del Salvador, y la Iglesia sabiamente ha decidido celebrarlo al final del año civil ¿Qué más da? Hay que alegrarnos.

Una fecha especial

Veamos los signos que dan razón a la Iglesia. Con el tiempo, esta fecha se ha convertido en una fecha especial. Por razones que creemos de origen divino, estos tiempos, nos llenan de esperanza, de fe, de ganas de abrazar a todos, conocidos y desconocidos. Las familias se reúnen, los enfadados se reconcilian, los hijos vuelven a casa, los hermanos que no se hablaban durante el año, se vuelven a contentar, el vecino te invita a la cena de navidad, los amigos se reencuentran. Esta fecha es alegría, como lo es Cristo. Y va más allá que sentimientos entre personas. En estas fechas, todo es paz. Las guerras se detienen, surgen las treguas, hay gestos de buena voluntad entre los enemigos, la muerte que acampa entre los hombres se sienta y no trabaja. Por supuesto que hay sus excepciones, pero en general, es un tiempo que nos llena de alegría y de buena voluntad. La navidad es algo de Dios.

Los protestantes, prefieren no celebrar nada

Curiosamente, los protestantes con esa su cantaleta de que “Jesús no nació el 25 de diciembre”, prefieren no celebrarlo a celebrar una fecha incorrecta, allá ellos, son pobres seres que con tal de llevar la contraria a la Iglesia, prefieren no celebrar nada. Luchan contra el aguijón y no se dan cuenta.

Los testigos de Jehová, por ejemplo. Detestan la navidad. No la celebran. En sus casas no hay una sola imagen que nos recuerde este acontecimiento. No hay luces de colores, ni árbol de navidad, ni una bolita navideña, ni un listón de color, ni nacimiento, ni un pesebre, ni una estrella. La tristeza de un día monótono, invade sus vidas en estas fechas. Para ellos, es una fecha igual como todas. No hay nada que celebrar. No hay nada por lo que alegrarse. No existen los regalos. Los desdichados niños, hijos de adultos testigos de Jehová, no conocen la alegría de un regalo, la sorpresa de un juguete. Qué tristeza de gente, que por no tener la certeza de una fecha, les niegan alegría a los suyos. El mundo mágico de los niños, se pierde en la tozudez de su terquedad religiosa.

Si por alguna razón no supieras su fecha de nacimiento de un familiar, ¿No le celebrarías cualquier día del año? ¿Acaso no conocer con certeza un dato, es motivo para nunca celebrarlo? ¿Y si un familiar tuyo, nace un 29 de febrero… le celebrarás el cumpleaños cada cuatro años? Es el fanatismo de rechazar siempre a una Iglesia que ellos creen que “adora al diablo”, pero les pasa las de Pablo, “Se lastiman al dar coces contra el aguijón” Cfr. Hch 26, 14

Deberían tomar para sí el consejo de Gamaliel, el gran maestro de Pablo Hch 5, 38 – 39 “…porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios”

Y es así, de cómo los católicos celebramos con alegría, estas fechas, donde el Hijo de Dios viene a nosotros, acampa entre los pecadores y nos regocija con su paz. Lo celebramos desde hace miles de años y seguiremos celebrándolo año con año.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, 25 de diciembre de 2019

La Virgen de Guadalupe

La madre María, quiso visitar a sus hijos en América y ´para ello, quiso hacerse visible a un indígena campesino, en quien se representa toda la cristiandad. ¿No estoy aquí, que soy tu madre? Le dice la Virgen a Juan Diego.

El cerro del Tepeyac fue el lugar elegido. Hace 500 años, Juan Diego caminaba cuando fue sorprendido por una hermosa señora, que trataba de llamar su atención. Juan Diego, obediente y atento a lo que la señora le mandaba, hizo todo cuanto ella le había dicho, pero un indígena, no era digno de crédito, por su condición de indígena. Así ha sido siempre el mundo. Lo pequeño, lo simple, lo humilde, curiosamente no es digno de crédito, por eso la Señora, le dio una señal imposible de ignorar: “Rosas de castilla” en un tiempo en el que las rosas no se daban en el lugar donde Juan Diego las recogió. Con la señal en su tilma (el manto que usaba, muy común entre los indígenas mexicanos de ese tiempo, el cual está hecho de fibras de cactus), descubierta solo ante el Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, se pudo dar lugar a uno de los más grandes milagros de los que se pueda tener memoria en nuestro continente, muestra de ello, es que en los siguientes siete años, más de nueve millones de indígenas mexicanos se convirtieron al cristianismo.

La tilma, aún se conserva, en la Basílica de Guadalupe, en México para todo aquel que quiera ver con sus propios ojos, “las cosas grande que el Todopoderoso, hizo por ella”

Siempre existieron los escépticos, los que no creen, los que piensan que es un burdo fraude, los hay y siempre los habrá, sin embargo, hay hechos concretos que no pueden pasar inadvertidos y negarlos es ir contra la verdad y la realidad de este portento.

  • Mientras con el paso del tiempo la imagen original en la tilma, mantiene sus colores, las réplicas que se han hecho a lo largo de los años, comienzan a deteriorarse.
  • La superficie en la cual está la imagen de la virgen es bastante suave, como la seda, sin embargo, donde no está, sigue siendo una superficie rústica, ordinaria. Recordemos que la tilma, al ser hecha con fibras de cactus, no es una buena superficie para pintar una imagen, los científicos que han estudiado la tilma, aseveran que no se usó ninguna técnica de previa para adecuar la superficie.
  • En la imagen, no hay trazos de pincel, parece haber sido impresa de una sola vez, como una especie de “estampado”, algo obviamente imposible en 1531.
  • En la década de los setentas, un oftalmólogo peruano, el Dr. José Aste Tonsmann, estudió los ojos de la imagen de la virgen. Se le aplicó un aumento de 2.500 %. Los resultados de este estudio son sorprendentes. El doctor Tonsmann, fue capaz de identificar 13 personas en ambos ojos en diferentes proporciones, de la misma manera en que un ojo humano real reflejaría una imagen. Visto en retrospectiva, parece ser una captura del momento exacto en el que Juan Diego desplegó la tilma delante de Fray Juan de Zumárraga.

Dios es capaz de hacer esto y mucho más. Lamentablemente, siempre habrá ataques a la Iglesia, por parte de enviados demoníacos que con cualquier excusa  tratan de borrar toda evidencia que Dios en su infinita misericordia da como prueba a la Iglesia de su existencia.

En 1921, un sujeto con odio a la Iglesia, escondió 29 candelas de dinamita en un jarrón de rosas y lo puso ante la imagen dentro de la (antigua) Basílica de Guadalupe, con la clara intención de acabar con la tilma y con la historia. La bomba funcionó a la perfección, explotó tal como estaba planeado, casi todo, desde el piso y el reclinatorio de mármol voló en pedazos. La explosión fue de tal magnitud, que alcanzó incluso a ventanas a 150 metros de distancia, pero ¿Y la tilma? La imagen en la tilma y el vidrio a su alrededor permanecieron intactos. El único daño que ocurrió cerca a la tilma fue en un pesado crucifijo de bronce, que terminó doblado hacia atrás. Este atentado, sería el preludio de lo que sería la guerra cristera en México, donde muchos mártires mexicanos, darían razón de su fe, entre ellos, el padre Miguel Pro.

El atentado y sus consecuencias, lo podemos interpretar con los ojos de la fe. Una bomba fue colocada. Una bomba estalló, Un crucifijo doblado y la imagen de la Virgen intacta. Es Cristo quien defiende a su Madre. La Madre no tiene poder para defenderse a sí misma, por eso, viene a su rescate el Hijo, el Todopoderoso, el que todo lo puede y el que “hizo cosas grandes por ella” desde la antigüedad. Lo que debe quedar claro es que, todo ataque a la Madre María, es un ataque a Cristo mismo.

No hay ataques de protestantes, ni de musulmanes, ni de ateos, ni bombas que puedan acabar con el amor que le tenemos a nuestra Madre María. La virgen María asiste a sus hijos y como hijos, está en nuestra fe y en nuestro corazón.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, 12 de diciembre de 2019

San Dámaso I, Papa

Sumo pontífice, elegido Papa en el 366. Nació en el 304 y murió el 11 de diciembre del 384. La Sagrada Tradición nos enseña que:

  • San Dámaso, defendió con vigor la fe católica, amenazada constantemente por la comunidad arriana (Seguidores de Arrio, que enseñaban, entre otras cosas, que somos malos por naturaleza y que no tenemos la culpa de nada malo que hagamos)
  • Fue el Papa que introdujo en las oraciones el «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén», pero por supuesto, el Papa San Dámaso, hizo mucho más que esto.
  • Compuso numerosas inscripciones sepulcrales de los primeros cristianos quienes en las catacumbas yacían como si fueran desconocidos. Inició una labor de embellecimiento de las catacumbas, construyó nuevas entradas y se dispuso a la identificación de las tumbas con sus correspondientes epitafios, por esto fue proclamado como patrón de la arqueología cristiana.
  • Destacó el culto a los mártires, escribiendo con gran elegancia cerca de cincuenta poemas a santos y mártires. Hizo investigaciones para encontrar sus tumbas olvidadas, los honró con bellas inscripciones de gran interés para conocer la historia y el enterramiento de los mismos.
  • Estableció el principio de que la comunión con el obispo de Roma es signo de reconocimiento de un católico y de un obispo legítimo. Defendía que Constantinopla debía obediencia a Roma.

Sin embargo, hay una obra muchísimo más importante que destacar de Dámaso I: “El canon Bíblico”. En este tiempo, los libros considerados “sagrados” no estaban definidos claramente. Con el pasar de los años, después de la muerte de los apóstoles, un creciente número de libros se presentaban como sagrados y causaban controversia, unos eran aceptados en algunas regiones y rechazados en otras. Existían escritos que daban lugar a confusión. El evangelio de Tomás, el evangelio de Pedro, el evangelio de María Magdalena, otras cartas que se adjudicaban a San Pablo, el apocalipsis de Pedro, la carta a Bernabé, etc. Son los que llamamos “libros apócrifos”. Algunos eran de influencia gnóstica, había que poner orden. Con la autoridad Apostólica que Cristo le dio, la Iglesia iba a tomar cartas en el asunto para definir los libros sagrados de la Biblia.

Con ayuda de toda la cristiandad, se reunieron los libros que se considerarían «inspirados de Dios», aceptando los del Antiguo Testamento, y bajo ciertas características que se debían cumplir, se agregaron 27 libros a las Sagradas Escrituras. Se recopilaron las diferentes cartas diseminadas en todo el territorio conocido y se fue dando forma a lo que más adelante, sería considerado como “Palabra de Dios”. Es importante entender entonces, que la Iglesia fundada por Cristo, precede al Nuevo Testamento. Es la Iglesia, la autoridad que establece el canon de la Biblia y no al revés, como creen algunos protestantes. La Biblia salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Cuando en el Nuevo Testamento habla de las «Escrituras» se refiere al A.T. El nombre de «Nuevo Testamento» no se usó sino desde el siglo II.

San Dámaso promulgó en el sínodo romano del año 374, el Canon de Escritura Sagrada. En el año 377, Dámaso convocó a un concilio en Roma (en el cual también se condenó el arrianismo), se editó una primer lista de los libros que conformarían el Nuevo Testamento, los 73 libros que la cristiandad deberá considerar la palabra inspirada de Dios. Como no era un Concilio ecuménico, no era definitivo, pero sí, la base de él.

En el concilio de Roma, en el 382, la Iglesia católica constituyó el Canon bíblico, por eso, los libros sagrados se llaman también canónicos,  que conformaban los 46 ya conocidos del Antiguo Testamento y que la Iglesia primitiva había recibido, el canon del Antiguo Testamento de la tradición judía, y se agregaban 27 que constituirían el Nuevo Testamento.

En el concilio de Hipona en el 393, donde participó San Agustín, se ratificó esta lista de Roma 382. El concilio de Cartago en el 397, de nuevo ratificó los libros inspirados de Roma 382. Aún con esto, todavía quedaban dudas sobre las cartas de Santiago, Judas y la epístola de los Hebreos por lo cual en el II Concilio de Cartago, en el 419, se reafirmó definitivamente. El canon dogmático se constituyó en el siglo XVI.

Una vez definido el canon, la Iglesia católica prohibió la lectura de las biblias que no tenían estrictamente este canon, esto debido a que había traducciones particulares que los herejes usaban para esparcir sus errores doctrinales, haciendo traducciones alteradas, incluyendo o excluyendo libros desechados o aceptados formalmente por el canon de la Iglesia. Por ejemplo, los albigenses del siglo XIII hicieron una traducción de la Biblia que correspondía con sus enseñanzas. En el siglo XIV, John Wycliff estaba en contradicción de la Iglesia Católica por cuestiones doctrinales, después de esto, tradujo la biblia del latín al inglés y con esto iniciaría la reforma protestante. Santo Tomás Moro dijo que «Wycliff tradujo la Biblia por sí mismo. Y en esta traducción, él, a propósito, corrompió el texto sagrado agregando palabras para aportar a las enseñanzas erróneas que sembraba«. 

Los protestantes, hoy día, dicen que “La Iglesia Católica prohibía leer la Biblia” y en parte es cierto, pero prohibía la lectura de las adulteraciones de las Sagradas Escrituras, precisamente para evitar desviaciones de fe, para cuidar ese depósito de la fe que le había sido encomendado.

Como podemos observar, casi 400 años después de la muerte y resurrección de Cristo, se formaría la biblia como hoy la conocemos, en parte porque durante ese tiempo, la Iglesia había sido perseguida sin descanso, por lo mismo, hubiera sido muy peligroso reunir todos los libros y fue hasta que el emperador Constantino, dejó de perseguir a la Iglesia, que con el empuje del Papa Dámaso, se reunieron los libros sagrados. La definición dogmática final sobre el canon bíblico del Antiguo y del Nuevo Testamento fue proclamada por el Concilio de Trento en el 1546.

Retomando la historia del Papa San Dámaso, podemos también anotar que en este tiempo coincidieron con Dámaso, hombres ejemplares, santos y eruditos, como San Jerónimo de Estridón (340 – 420), San Atanasio de Alejandría (296 – 373), San Agustín de Hipona (354 – 430), quienes le ayudaron con este tema del “canon bíblico”, Cristo siempre suscita estos apoyos a su Iglesia, nunca le abandona, es la promesa del Maestro (Mt 16, 18). En el caso muy particular de San Jerónimo, Dámaso supo apreciar sus dotes. Lo designó como su secretario, por eso, con los libros del canon definidos, Dámaso ordenó a San Jerónimo de Estridón, la traducción de las Sagradas Escrituras y es lo que hoy conocemos como “Biblia” en el amplio sentido de la palabra. San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras de las lenguas originales al latín, traducción que ahora conocemos como “La Vulgata”.

Entre San Jerónimo y san Dámaso, existió comunicación epistolar, recogemos un extracto de una de estas cartas donde Jerónimo, implícitamente, expresa su fidelidad al Papa en Roma.

«El enemigo infatigable me sigue de cerca, y los asaltos que sufro en el desierto son más severos que nunca; para delirios de frenesí de los arrianos y los poderes mundiales lo apoyan. La Iglesia está dividida en tres facciones y cada una de ellas está impaciente por cogerme para sí. La influencia de los monjes es de alto nivel y está dirigida contra mí. Mientras tanto, sigo gritando: «Únicamente quien se una a la silla de Pedro será aceptado por mí».

San Jerónimo de Estridón, Carta XVI enviada a San Dámaso

Con una enorme labor realizada, Dámaso murió en el 384. Sobre su sepulcro está construida la Basílica que lleva su nombre.

En la cripta de los Papas de las catacumbas de San Calixto, Dámaso redactó su propio epitafio así: 

«Yo, Dámaso, hubiera querido ser sepultado junto a las tumbas de los santos, pero tuve miedo de ofender su santo recuerdo. Espero que Jesucristo que resucitó a Lázaro, me resucite también a mí en el último día».

Celebramos este día a San Dámaso, Papa, quien por inspiración del Espíritu Santo, nos dio las Sagradas Escrituras. Creer en el canon bíblico es “Dogma de fe” de la Iglesia, aquí podemos comprobar que los protestantes creen en los dogmas, pero ni ellos lo saben. En este caso, el Dogma no lo constituye la Iglesia, sino que solo lo reconoce y lo acepta.

Si tenemos biblia es gracias al orden dentro de la Iglesia Católica, la cual, con el pasar de los siglos preservó las Sagradas Escrituras hasta nuestros días. La Iglesia Católica es a la que debemos estar todos agradecidos, hasta los protestantes, que si no fuera por la Iglesia, no tuvieran la verdad revelada, ni fe, ni siquiera la biblia conocieran, esa que tienen en sus manos y que, irónicamente, utilizan para despotricar a la santa madre Iglesia.

La Iglesia Católica, la única Iglesia de Cristo, diciembre de 2019